Gestión y Protección del
Conocimiento
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Copiar en la era digital
¿Debe haber nuevos
cánones para defender a los autores?
Los
ingresos de la industria musical en España por la venta de discos
cayeron un 12,6% en 2004; el sector del software calcula que dejó de
facturar 421 millones el año pasado por la copia ilegal de programas
informáticos; y el cine presenta crecimientos por debajo de lo
previsto. Discográficas, productoras, fabricantes y autores buscan a los
culpables de la crisis y piden un mayor control sobre la piratería, al
tiempo que exigen que se mantenga una política férrea de cánones para
compensar las pérdidas que originan las copias privadas.
La patata caliente ha caído en las manos del Gobierno, que debe escuchar
a quienes abogan por proteger los beneficios de la industria de
producción cultural y a quienes creen necesaria una mayor libertad para
facilitar la difusión de dicha cultura, aunque sea mediante copias.
Las armas contra la piratería son fundamentalmente la concienciación
social y los métodos policiales. En cuanto a la copia de originales
sin fines lucrativos (copia privada), el ordenamiento español, a través
de la Ley de Propiedad Intelectual, contempla remuneraciones
compensatorias para los autores y demás sujetos de los derechos de
propiedad intelectual. Por tanto, grabar música, imágenes, fotocopiar
las páginas de un libro, está permitido por ese texto legal siempre y
cuando sea para uso particular. Y la misma Ley contempla, en el artículo
25, medidas para amortiguar las pérdidas.
Los cánones llevan años afectando a los dispositivos de grabación,
copiadoras y equipos multifunción, gravan el precio de los soportes
vírgenes (CD y DVD) y hay quien asegura que el Gobierno está recibiendo
presiones para que los establezca también sobre las líneas de conexión a
internet ADSL. Y es que internet se ha convertido en campo
abonado para el intercambio clandestino de música, cine, juegos y
todo tipo de contenidos. Este rumor, que trascendió tras algunos
contactos entre el ministerio de Cultura y la Sociedad General de
Autores y Editores (SGAE), ha avivado una vez más el debate sobre el
canon.
El Ejecutivo niega que vaya a actuar sobre la conexión a internet, pero
la cuestión ya ha llegado al Senado, donde el Partido Popular presentó
hace una semana una proposición de ley para blindar al ADSL ante
posibles cánones. Además, el PP solicita que se proteja de imposiciones
a los equipos informáticos y que se levanten las que pesan sobre los
soportes CD, DVD o cualquier sistema de almacenamiento y reproducción
digital. 'Los primeros sorprendidos hemos sido nosotros y sabemos que la
propuesta ha causado la misma sensación en el propio PP', aseguran en la
SGAE.
La Asociación de Internautas, por su parte, eleva el rumor del
ADSL a hecho prácticamente consumado y teme que el Ministerio de
Cultura haya otorgado ya su bendición a las gestoras de derechos de
autor para encarecer la conexión a la red. En cuanto a la patronal del
sector tecnológico, Aetic, recomienda 'acomodar los derechos de autor a
una senda de racionalidad y acorde con las nuevas tecnologías'.
En España hay contratadas 2,8 millones de líneas ADSL con un ritmo
creciente de unos 100.000 nuevos abonados cada mes. Telefónica, que es
el mayor distribuidor de ADSL, cree que no tiene sentido imponer
impuestos adicionales a los usuarios de internet cuando todas las
Administraciones, así como la propia Telefónica y otros agentes del
sector, tratan de incentivar su uso para que nuestro país se incorpore
plenamente a la sociedad de la información. Fuentes del operador
aseguran que el discutito e hipotético canon sería 'injusto y
desmotivador'.
La última vez que se debatió con ardor sobre la instauración de una
cantidad extra para compensar por la copia privada fue en 2003.
Entonces se entendió que el principal uso de los soportes digitales
vírgenes (CD y DVD) es la copia, y que lo recaudado sirve para compensar
a las discográficas o productoras de cine.
Los fabricantes de soportes y las gestoras de derechos de autor
alcanzaron un acuerdo y se acabó imponiendo el canon sobre el CD y el
DVD, independientemente del uso que se dé a esos dispositivos (que
también pueden guardar documentos personales en lugar de originales
protegidos). Ahora, el PP, en línea con la opinión de la Asociación de
Internautas (AI) y del Consejo General de la Abogacía, estima que este
tipo de medidas frenan el desarrollo de la sociedad de la información en
España. En cuanto a la SGAE, critica que se remueva algo que considera
que ya está asumido.
Nuevas medidas
¿Puede un Gobierno limitar el uso de internet o de un PC para
difundir o copiar contenidos? La respuesta desde el Estado será la
aprobación de un plan antipiratería en la primera mitad de abril contra
las copias ilegales; la inminente transposición de la Directiva sobre
Derechos de Autor y Derechos afines en la Sociedad de la Información, de
mayo de 2001, a la Ley de Bases de Derechos de Autor; y el diseño, en la
presente legislatura, de un nuevo texto legal que hable de la relación
entre autores y consumidores.
Distintos expertos jurídicos apuntan que la normativa española
respecto a este asunto se desarrolló en un contexto muy distinto
al que se da en la actualidad y explican que la directiva dará pie a la
introducción de cambios. Las últimas tendencias en protección y
gestión de contenidos hablan de los sistemas digitales de gestión de
derechos (DRM) o de las medidas técnicas de protección (TPM) para que el
autor pueda controlar qué copias se pueden hacer de su trabajo, quién
las realiza, a qué precio y cobrar por ellas directamente. De este modo
desaparecerían los cánones y sólo pagarían quienes usan los grabadores,
CD o DVD para copiar obras (música, películas, textos, etcétera)
protegidas. La patronal Aetic denuncia que incluso se están cobrando
cánones sobre soportes de grabación digital que incorporan sistemas que
impiden la realización de copias. De ahí lo anacrónico de la
legislación.
Hasta que se produzca dicha transposición o ganen terreno las nuevas
medidas de protección digital, los productores de dispositivos como
fotocopiadoras, impresoras, grabadores de vídeo, de CD y de DVD,
etcétera, seguirán aportando millones de euros a las nueve gestoras
de derechos de autor autorizadas por Cultura, por introducir sus
dispositivos en el mercado. Lo normal es que el canon repercuta en el
precio final del producto, con la consiguiente pérdida de competitividad
de la empresa, o que sea el fabricante quien lo asuma con el desgaste
que eso supone para sus arcas.
Fuente: Cinco Días
21.03.05
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