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Miércoles, 30 de marzo de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

 Indonesia teme que se eleve a 2.000 el número de muertos por el terremoto

Las ONG ya se han movilizado para auxiliar a los damnificados; por el momento, la necesidad más urgente es el envío de personal sanitario y medicinas

 

La catástrofe no es equiparable a la provocada por el maremoto que barrió las costas del sureste asiático el pasado mes de diciembre, pero el terremotó de 8,7 grados en la escala de Richter que sacudió el lunes la costa occidental de Sumatra ha arrasado con vidas y viviendas en las islas de Nias, Simeulue y pequeños islotes que les rodean. Las autoridades indonesias temen que el número final de víctimas se eleve a unos 2.000 cuando se contabilicen los cuerpos de quienes yacen bajo los escombros de los edificios destruidos por este nuevo azote.

La situación se hace además especialmente dramática por las dificultades para transportar la ayuda a Nias, donde el terremoto ha dañado el aeropuerto. Allí sólo pueden aterrizar pequeñas avionetas en las que se envía poco a poco material y equipo médico -el más necesario por el momento- junto a pequeñas cantidades de material de socorro, como tiendas, lonas y agua, según explicó a ABC Rubén Cano, responsable de Cruz Roja del plan especial del maremoto.

Si se tiene en cuenta que podrían haber sido destruidos hasta un 60 por ciento de los edificios de Nias y un 30 por ciento de los de Simeulue, difícilmente podrían cumplirse las necesidades de transporte de equipo de socorro en avionetas o helicópteros.

La torre del aeropuerto de Nias ha quedado gravemente dañada y la pista está agrietada. Y no menos difícil es el desplazamiento en el interior de la isla, donde el terremoto destruyó varios puentes.

El Ejército indonesio intenta llevar medicinas y alimentos en helicópteros; y también la Armada ha enviado tres barcos de guerra para apoyar a los equipos de salvamento. La tragedia y la situación de emergencia han obligado al presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono, a suspender una visita a Australia, Nueva Zelanda y Timor Oriental, pues se espera que acuda mañana a la zona afectada.

Pese a las dificultades para desplazarse a la zona afectada, las ONG ya se han movilizado para estudiar necesidades y ayudar a los afectados, entre los que por el momento no hay ningún español, según fuentes diplomáticas.

Evaluación y emergencia

Un equipo de la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja trabaja ya en labores de evaluación y emergencia en Nias. Entre ellos se encuentra una delegada de Salud de Cruz Roja Española, la doctora Sara Beneit, que fue uno de los primeros cooperantes que pudieron llegar a la isla. Según Cruz Roja, Beneit permanecerá durante los próximos días en Nias facilitando atención sanitaria a los heridos.

Intermón Oxfam ha enviado a un ingeniero y a un técnico de emergencias a Nias. Cáritas informó por su parte de que el personal que trabaja desde el maremoto de diciembre en varias regiones de Indonesia prepara un envío aéreo de urgencia con material médico, mientras que miembros de Save The Children ya han comenzado a proporcionar ayuda humanitaria a los niños, y Médicos Sin Fronteras han iniciado una «misión exploratoria».

Queda por aclararse el enigma de por qué el terremoto, afortunadamente, no provocó un gran tsunami. Una posible explicación dada por Emilio Carreño, director de Red Sísmica Española, es que el seísmo tuvo su epicentro a mayor profundidad que el ocurrido en las pasadas Navidades.

«La tierra se movía tanto que caminábamos como borrachos»

«La tierra se movía tanto que caminábamos como si estuviésemos borrachos. Todo el mundo trataba de subir a las colinas andando, en motos o en coches». Así relataba Yulianus Zebua los dos minutos de pánico vividos durante el terremoto que asoló la isla de Nias. El recuerdo del maremoto que barrió las costas del sureste asiático hace tres meses acentuó el temor de los habitantes de este archipiélago. Pero la furia del seísmo era también estremecedora por sí sola.

La gente se echó a la calle. «Era difícil andar por unas calles atestadas de coches, de motos, de gente que huía hacia cualquier parte. Sólo había pánico; nos costaba caminar, pero no dejábamos de seguir andando», cuenta Zia Kala.

El 6o por ciento de los edificios de Nias han sido destruidos por el terremoto, señala Ruben Cano, responsable de Cruz Roja Española para el plan especial del maremoto. El panorama es desolador. «El hospital de la capital está medio derruido y hay muchos más heridos de los que podíamos suponer. Tratamos de evacuar a los afectados en helicóptero. La población está muy asustada», explicó Sara Beneit, delegada de la Cruz Roja en Asia y única española que logró llegar a Nias.

Agus Mendrofa, vicealcalde de Gunungsitoli, capital de Nias, resumía la situación con una lacónica frase: «Gunungsitoli es una ciudad muerta». En la ciudad no hay agua ni electricidad. Sus habitantes se han quedado sin casa; y los que aún tienen la fortuna de conservar un hogar temen que éste también pueda derrumbarse en las próximas horas. La inmensa mayoría prefería pasar la noche al raso.

Estadio convertido en hospital

El campo de fútbol de la ciudad se ha convertido en improvisado hospital de campaña, al igual que las iglesias cristianas. Una mezquita hacía las veces de morgue.

Apenas tres meses después del anterior maremoto, cuando la región empezaba a reconstruir mal que bien sus vidas, este terremoto va a convertirse en un trauma muy difícil de superar por toda la población de la zona. «La gente todavía no ha rehecho sus vidas, y ahora viene este segundo seísmo... Es un golpe muy duro para todos los que viven allí», afirmó Jude Barrand de Surf Aid International.

Queda, eso sí, un consuelo, y es que esta vez al menos la alarma general «funcionó» en toda la región, donde no se perdió ni un minuto antes de declarar el estado de emergencia y de desalojar a toda la población que habitaba en la costa. Los Gobiernos de India, Malasia, Sri Lanka y Tailandia hicieron sonar la alarma de tsunami. Las cadenas de televisión y emisoras de radio se convirtieron en el medio más eficaz para difundir la alerta. Y los turistas fueron evacuados de los hoteles y balnearios costeros.

 

Fuente: ABC
30.03.05

Suplemento temático: Tsunami

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