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Jueves, 5 de mayo de 2005


Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

Más de 30.000 aves mueren cada año en una telaraña de cables eléctricos

Más de 30.000 aves mueren cada año al chocar contra los cables eléctricos o electrocutarse en los mismos

 

Las compañías tratan de evitar la sangría señalizando con dispositivos especiales los puntos negros donde más colisiones se producen, pero aún queda mucho por hacer, según la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife).

Es el caso de Red Eléctrica de España (REE), la compañía que transporta la electricidad en alta tensión a los cuatro puntos cardinales del país por tendidos con 27.000 kilómetros de longitud. Las otras compañías son las que distribuyen la energía eléctrica localmente por cables que llevan menor tensión, son más finos y van más cerca del suelo, en otros tantos miles de kilómetros de tendidos.

La maraña de cables teje una auténtica tela de araña entre los seis y los 25 metros de altura, allí por donde la avifauna vuela...y se estrella. O bien las aves colisionan contra los cables al no verlos en situaciones de baja visibilidad o quedan achicharradas por electrocución al posarse sobre ellos y tocar con sus alas un cable y alguna de las torres provocando un cortocircuito que pagan con su vida.

Foto: El Mundo

Cuatro nidos de cigüeña y 'salvapájaros' en un apoyo de REE

En este último caso de muerte, es muy fácil detectar el problema y poner soluciones, porque el cadáver queda bajo el punto negro. Sólo hay que separar suficientemente los apoyos metálicos de los cables y éstos entre sí, para evitar que un ave toque los dos polos a la vez o algunos de ellos con la torre.

Pero más difícil es estudiar la muerte por colisión, puesto que cuando un ave choca contra el cable puede quedar sólo herida y seguir volando, o caminar en tierra y alejarse, por lo que se detecta el problema sólo cuando la mortalidad es muy alta o se trata de especies en peligro sometidas a mayor vigilancia.

REE ha señalizado 600 kilómetros de sus cables con unos dispositivos denominados salvapájaros, que son unas espirales de plástico que se sujetan al cable. Ahora, esas espirales tienen colores fluorescentes, en vista de que incluso en esos lugares se dan colisiones.

La Estación Biológica de Doñana colabora en un proyecto de REE para experimentar los salvapájaros más eficaces. El campo de investigación es la línea de Palos a Guillena, en Huelva, de 12 kilómetros, señalizado con distintos modelos de varios colores.

«Ahora experimentamos uno que lanza reflejos metálicos como si fuera un CD. Es un aspa con láminas rectangulares sobre las que siempre incide la luz», afirma Javier Roig, director medioambiental de REE. Tras meses de estudio se ha determinado que el color más castigado por el Sol y que antes se degrada es el naranja, mientras que el amarillo resiste la intemperie.

Los salvapájaros no son excesivamente caros, tan sólo 10 euros.Otro tanto cuesta su colocación si la línea está sin fluido.Pero los costes se disparan si hay que hacerlo con tensión puesta, ya que hay que utilizar un helicóptero y personal muy especializado.Un trabajo de riesgo que sólo se realiza si se hacen otras reparaciones simultáneas.

Aunque Roig afirma que en los 600 kilómetros señalizados se encuentra la mayor parte de los puntos negros de su red, el director de Conservación de SEO/BirdLife, Juan Carlos Atienza, asegura que queda mucho por hacer, «sobre todo en las redes de media y baja tensión». «Las eléctricas hacen esfuerzos, pero no lo suficiente pese a que les gusta vender la imagen de conservación. Algunos de los problemas no se solucionarán hasta que no cambien la línea o la entierren», afirma Atienza.

Se refiere especialmente a la muerte de avutardas en los Llanos de Cáceres y en las terrazas cerealistas del Henares y el Jarama, en Madrid, zonas protegidas donde viven poblaciones de estas enormes aves esteparias en situación muy vulnerable.

Salvo las rapaces -de muy penetrante vista-, las demás aves distingen mal los cables más finos de los tendidos. Entre las especies más castigadas están las palomas torcaces (caen como chinches al entregarse al juego en sus vuelos), las aves acuáticas o las esteparias. Cada una de ellas impacta de manera distinta y con diferentes velocidades contra el cable. Conociendo qué pasó en otros accidentes similares con humanos, no son difíciles de imaginar las graves lesiones de un choque imprevisto en pleno vuelo con un objeto tan cortante.

Ramita a ramita

«Las cigüeñas son muy cabezotas, anidan donde quieren y se sienten protegidas», afirma Jorge Roig. De ahí que REE haya tenido que innovar durante años un sistema para evitar que construyan los nidos en determinados puntos de las torres de alta tensión, para evitar la electrocución.

Se trata de unas varillas que se pueden ver en la foto y que les impide anidar cerca de los cables. Pero hasta que se dio con el diseño correcto que impidiera que se posasen y a la vez durase años, ha pasado mucho tiempo.

Los altos apoyos de REE son los preferidos por las cigüeñas en ciertos puntos del país, como en la línea entre Almaraz y Marmolejo.Allí ariba, agrupadas juntas en varios nidos, deben sentirse más protegidas de los depredadores y con mayor área de visión.Anidan año tras año los mismos ejemplares en el mismo nido.

Pero en la misma zona, cerca de Almadén, en Ciudad Real, también anidan sobre encinas que no levantan más de ocho metros del suelo.Una costumbre demasiado extraña, más de acuerdo con las querencias de sus congéneres la cigüeña negra, el buitre negro o el águila imperial.

Estas cabezonerías tan repetitivas provocan no pocos fallos en la red eléctrica. Hace un mes, Iberdrola ha reclamado a la Junta de Extremadura 600.000 euros por los daños provocados por las cigüeñas al provocar apagones -y su muerte-. «Hay que tener en cuenta que los usuarios reclaman indemnizaciones y hay protestas, mientras a la compañía no le dejan retirar el nido», asegura Jorge Roig.

Juan Carlos Atienza, considera los «problemas logísticos» de las compañías, pero afirma que la solución es evitar que hagan el nido. «No creo que haya que indemnizar a las eléctricas, porque primero estaban las cigüeñas en el territorio y luego llegaron los tendidos». Ramita a ramita siguen haciendo el nido donde les parece.

 

Fuente: El Mundo
03.05.05
 

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