Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
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Más de 30.000 aves mueren
cada año en una telaraña de cables eléctricos
Más de 30.000 aves
mueren cada año al chocar contra los cables eléctricos o electrocutarse
en los mismos
Las
compañías tratan de evitar la sangría señalizando con
dispositivos especiales los puntos negros donde más
colisiones se producen, pero aún queda mucho por hacer, según la
Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife).
Es el caso
de Red Eléctrica de España (REE), la compañía que transporta la
electricidad en alta tensión a los cuatro puntos cardinales del país por
tendidos con 27.000 kilómetros de longitud. Las otras compañías son las
que distribuyen la energía eléctrica localmente por cables que llevan
menor tensión, son más finos y van más cerca del suelo, en otros tantos
miles de kilómetros de tendidos.
La maraña de cables teje una auténtica tela de araña entre los seis y
los 25 metros de altura, allí por donde la avifauna vuela...y se
estrella. O bien las aves colisionan contra los cables al no verlos en
situaciones de baja visibilidad o quedan achicharradas por electrocución
al posarse sobre ellos y tocar con sus alas un cable y alguna de las
torres provocando un cortocircuito que pagan con su vida.
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Cuatro
nidos de cigüeña y 'salvapájaros' en un apoyo de REE |
En este
último caso de muerte, es muy fácil detectar el problema y poner
soluciones, porque el cadáver queda bajo el punto negro. Sólo hay que
separar suficientemente los apoyos metálicos de los cables y éstos entre
sí, para evitar que un ave toque los dos polos a la vez o algunos de
ellos con la torre.
Pero más difícil es estudiar la muerte por colisión,
puesto que cuando un ave choca contra el cable puede quedar sólo herida
y seguir volando, o caminar en tierra y alejarse, por lo que se detecta
el problema sólo cuando la mortalidad es muy alta o se trata de especies
en peligro sometidas a mayor vigilancia.
REE ha
señalizado 600 kilómetros de sus cables con unos dispositivos
denominados salvapájaros, que son unas espirales de plástico que se
sujetan al cable. Ahora, esas espirales tienen colores fluorescentes, en
vista de que incluso en esos lugares se dan colisiones.
La Estación Biológica de Doñana colabora en un proyecto de REE para
experimentar los salvapájaros más eficaces. El campo de
investigación es la línea de Palos a Guillena, en Huelva, de 12
kilómetros, señalizado con distintos modelos de varios colores.
«Ahora experimentamos uno que lanza reflejos metálicos como si fuera un
CD. Es un aspa con láminas rectangulares sobre las que siempre incide la
luz», afirma Javier Roig, director medioambiental de REE. Tras meses de
estudio se ha determinado que el color más castigado por el Sol y que
antes se degrada es el naranja, mientras que el amarillo resiste la
intemperie.
Los salvapájaros no son excesivamente caros, tan sólo 10
euros.Otro tanto cuesta su colocación si la línea está sin fluido.Pero
los costes se disparan si hay que hacerlo con tensión puesta, ya que hay
que utilizar un helicóptero y personal muy especializado.Un trabajo de
riesgo que sólo se realiza si se hacen otras reparaciones simultáneas.
Aunque Roig afirma que en los 600 kilómetros señalizados se encuentra la
mayor parte de los puntos negros de su red, el director de Conservación
de SEO/BirdLife, Juan Carlos Atienza, asegura que queda mucho por hacer,
«sobre todo en las redes de media y baja tensión». «Las eléctricas
hacen esfuerzos, pero no lo suficiente pese a que les gusta vender
la imagen de conservación. Algunos de los problemas no se solucionarán
hasta que no cambien la línea o la entierren», afirma Atienza.
Se refiere especialmente a la muerte de avutardas en los Llanos de
Cáceres y en las terrazas cerealistas del Henares y el Jarama, en
Madrid, zonas protegidas donde viven poblaciones de estas enormes aves
esteparias en situación muy vulnerable.
Salvo las rapaces -de muy penetrante vista-, las demás aves distingen
mal los cables más finos de los tendidos. Entre las especies más
castigadas están las palomas torcaces (caen como chinches al entregarse
al juego en sus vuelos), las aves acuáticas o las esteparias. Cada una
de ellas impacta de manera distinta y con diferentes velocidades contra
el cable. Conociendo qué pasó en otros accidentes similares con humanos,
no son difíciles de imaginar las graves lesiones de un choque imprevisto
en pleno vuelo con un objeto tan cortante.
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Ramita a ramita |
«Las cigüeñas
son muy cabezotas, anidan donde quieren y se sienten
protegidas», afirma Jorge Roig. De ahí que REE haya tenido
que innovar durante años un sistema para evitar que construyan
los nidos en determinados puntos de las torres de alta tensión,
para evitar la electrocución.
Se trata de unas varillas que se pueden ver en la foto y que les
impide anidar cerca de los cables. Pero hasta que se dio con el
diseño correcto que impidiera que se posasen y a la vez durase
años, ha pasado mucho tiempo.
Los altos apoyos de REE son los preferidos por las cigüeñas en
ciertos puntos del país, como en la línea entre Almaraz y
Marmolejo.Allí ariba, agrupadas juntas en varios nidos, deben
sentirse más protegidas de los depredadores y con mayor área de
visión.Anidan año tras año los mismos ejemplares en el mismo
nido.
Pero en la misma zona, cerca de Almadén, en Ciudad Real, también
anidan sobre encinas que no levantan más de ocho metros del
suelo.Una costumbre demasiado extraña, más de acuerdo con las
querencias de sus congéneres la cigüeña negra, el buitre negro o
el águila imperial.
Estas cabezonerías tan repetitivas provocan no pocos fallos
en la red eléctrica. Hace un mes, Iberdrola ha reclamado a
la Junta de Extremadura 600.000 euros por los daños provocados
por las cigüeñas al provocar apagones -y su muerte-. «Hay que
tener en cuenta que los usuarios reclaman indemnizaciones y hay
protestas, mientras a la compañía no le dejan retirar el nido»,
asegura Jorge Roig.
Juan Carlos Atienza, considera los «problemas
logísticos» de las compañías, pero afirma que la solución es
evitar que hagan el nido. «No creo que haya que indemnizar a las
eléctricas, porque primero estaban las cigüeñas en el territorio
y luego llegaron los tendidos». Ramita a ramita siguen haciendo
el nido donde les parece. |
Fuente: El Mundo
03.05.05