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Jueves, 5 de mayo de 2005


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

El sistema contraincendios del Windsor tenía graves fallos

Las mangueras carecían de suficiente presión, según los bomberos

 

Los bomberos que actuaron en la catástrofe del rascacielos Windsor el pasado 12 de febrero en Madrid se encontraron con que las mangueras contraincendios del edificio carecían de suficiente presión y que las columnas secas (tuberías por las que es posible introducir agua o espuma) estaban inservibles. Sus esfuerzos por luchar contra las llamas resultaron estériles y, ante lo arriesgado de la situación, se vieron obligados a abandonar, según consta en las declaraciones que hicieron los bomberos ante la policía.

El vigilante Roberto G. estaba en la sala de control del sótano 1 del edificio Windsor cuando oyó cómo saltaba una alarma en la consola. Eran las 23.15 del 12 de febrero. Inmediatamente pidió a su compañero Yago E. que descifrara el código de aviso en la centralita Honeywell para determinar de dónde precedía exactamente la alarma. En unos segundos, Yago dictaminó que la alerta contraincendios procedía de un punto de la zona sur de la planta 21 del rascacielos. Apenas cuatro minutos más tarde, los encargados de seguridad decidieron llamar a los bomberos del Ayuntamiento de Madrid ante la imposibilidad de atacar por sí mismos el foco del incendio: un despacho inundado de humo en el que eran visibles unas llamas de 50 centímetros de altura, pegadas a una pared.

Yago E., empleado de la compañía Prosegur, ha declarado a la policía que el incendio inicial no presentaba signos de ser de grandes dimensiones y que está convencido de que habría podido apagarlo con un simple extintor si hubiera podido acceder al interior de la oficina. Pero algo bloqueaba la puerta del despacho y él y sus compañeros sólo pudieron abrir una pequeña rendija por la que les resultaba imposible afrontar el origen del fuego. Y la intensa humareda les hizo retroceder.

La primera dotación de bomberos que llegó al rascacielos incendiado lo hizo tras recibir en su parque de la calle de Santa Engracia una llamada a las 23.19. Unos cuatro o cinco minutos después, estaban en el lugar (calle de Raimundo Fernández Villaverde). Subieron rápidamente a la planta 21 y, nada más hacerlo, se desplomó parte del techo atrapando al bombero 682. Éste, junto con otro compañero aturdido por el humo, tuvieron que ser auxiliados por sus compañeros. Preguntaron a Beatriz S, una de los cuatro vigilantes del Windsor, dónde están las columnas secas, pero ésta no supo decírselo. Los propios bomberos localizaron las columnas, pese a no tener ningún signo de identificación, pero comprobaron que algunas de ellas estaban inservibles, según su declaración ante la Brigada de Policía Judicial.

La segunda dotación acudió al Windsor en ayuda de sus compañeros apenas tres minutos más tarde, encontrando a algunos de éstos justo cuando intentaban atacar el fuego con una BIE (boca de incendio equipada), es decir, con una de las mangueras existentes en el propio edificio. La presión de agua suministrada por la BIE era insuficiente, según han declarado, por lo que recibieron la orden de evacuación, al ser el fuego "incontrolable".

La tercera dotación de bomberos fue movilizada a las 23.35. Tres minutos después estaban ante el coloso humeante y con las llamas avanzando de forma inexorable. Como había problemas con las bocas secas, decidieron alimentarlas todas, es decir, introducir agua por ellas. A continuación subieron hasta la planta 21, pero decidieron trasladarse hasta la 22 para intentar atacar al fuego desde allí. En medio de una humareda negra y asfixiante, los bomberos notaron falta de presión en las mangueras de esa planta, pero, tras revisar toda la instalación, no pudieron aumentarla. Subieron al piso 23, donde les ocurrió lo mismo, según declaración policial. En medio de una situación cada vez más angustiosa, treparon hasta la planta 24 para intentar cortar una llave de sección de una columna seca. Pero estaba bloqueada, por lo que la presión se escapaba hasta las plantas superiores. Tras oír una explosión sobre sus cabezas (posiblemente el desplome de algún forjado) recibieron la orden de evacuación inmediata del rascacielos. Durante varias horas, el coloso de hormigón y hierro ardió como una tea, quedando reducido a un esqueleto calcinado.

Ángel G., jefe de los servicios de mantenimiento del Windsor, ha declarado ante la Brigada de Policía Judicial de Madrid que el día de la catástrofe estaba en su casa cuando fue avisado. Al entrar en el rascacielos oyó que los bomberos tenían problemas con la columna seca y que no les llegaba agua porque faltaba presión. Colaboró con ellos, dándoles indicaciones para que conectaran sus mangueras a todas las bocas secas del edificio, al no poder precisar cuál de ellas era la que correspondía a la zona incendiada. Ángel G. declaró a la policía que el sistema de extinción del edificio era simplemente manual, consistente en seis extintores de polvo y Co2, así como dos mangueras BIE, en cada planta, junto con las columnas secas existente en la escalera interior.

Casi tres meses después de la catástrofe, la policía sólo ha logrado establecer que el incendio se inició en el despacho 2.109, en la planta 21, habitualmente ocupado por Eva R., supervisora de Riesgos Laborales de la consultora Deloitte. Pero no ha logrado saber qué fue lo que provocó el fuego ni por qué éste se extendió de forma tan rápida y voraz.

Fuente: El País
01.05.05

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