Seguridad
Corporativa y Protección del
Patrimonio
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El «Armani» de la ropa
blindada
Miguel Caballero se
jacta de ser el único empresario en el mundo que confecciona y blinda
ropa de alta costura. Su firma ha convertido a Colombia en la meca del
blindaje. Entre sus clientes figuran los Príncipes de Asturias
«Por
favor, dispáreme», suelen pedirle apenas atraviesan el portón negro de
hierro forjado. Miguel Caballero, el dueño de una casa esquinera
bogotana en la que se oyen tiros a diario, ofrece alternativas para
el ataque. Granadas, fusiles, pistolas. «No tengo ni un muerto
encima», comenta mientras le apunta a una de sus empleadas con una nueve
milímetros. «Mis blindajes son cinco veces más fuertes que el acero».
Y entonces aprieta el gatillo. La mujer ríe. Dice que las balas producen
cosquillas.
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Prendas
del catálogo |
Es inevitable entrar con dudas y salir convencido del negocio de Miguel
Caballero, el Armani de la moda blindada, como lo definió
recientemente un programa de Discovery Channel sobre innovaciones
tecnológicas. Todo resiste a sus balas. Desde calzoncillos
-muy vendidos en Barcelona donde, según Caballero, suelen atacar las
partes bajas con demasiada frecuencia-, hasta abrigos, chaquetas,
blazers, camisetas, camisas y sotanas para sacerdotes amenazados en
estas tierras tropicales de guerrillas y paramilitares.
«Mi
sueño es blindar un traje de torero o diseñar una prenda que pese sólo
500 gramos», dice este administrador de empresas de 38 años, trece
de los cuales lleva confeccionando ropa blindada. «No doy abasto. Desde
el 11 de septiembre el mundo se blindó. La gente quiere andar protegida
sin que se note» explica mientras desenrolla rollos de aramida, esa
fibra sintética que importa de Holanda y que tiene la virtud de retener
la energía de una bala, achatarla y frenarla.
Kilo y medio de blindaje
Su técnica explica por qué al presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez
se le ve tan plácido cuando viaja a pueblos remotos para encontrarse con
habitantes abandonados entre las balas y el olvido. Uribe, uno de los
presidentes más amenazados de la región andina, suele vestir una
guayabera, como se le dice a las camisas de algodón fresco para climas
cálidos. No se le ve pesado ni incómodo. Va fresco, liviano y sin
embargo está forrado con kilo y medio de blindaje de Caballero.
«Discreción, comodidad, diseño. Ésa fue mi idea. Y resultó».
Hoy en día, aparte del Ejército colombiano y la policía secreta de
este país, varios mandatarios y personalidades de América Latina usan
alguno de los 92 modelos que Caballero ofrece por precios que oscilan
entre los 150 y los 1.900 dólares. A Hugo Chávez, el presidente
venezolano, le gustan por ejemplo las mismas guayaberas de Uribe pero
las exige en colores vivos. Los Príncipes de Asturias tienen en su
armario chaquetas de caza blindadas por Caballero. «Desde el 11 M se
disparó el negocio en España. Del 70% de mis ventas, el 40% se hacen
allá, sobre todo en Barcelona, País Vasco y Valencia. La guardia civil
compra 400 chalecos antibalas cada año», explica.
Paradójicamente ser colombiano ha sido su carta de presentación. «Somos
reconocidos más por nuestro conflicto que por otra cosa. Por eso afuera
piensan que si un blindaje funciona en Colombia puede funcionar en
cualquier parte del mundo. Tanto así que en este país hay empresas
que se dedican a blindar limusinas para Oriente Medio», comenta.
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Cuayabera y gabardinas blindadas en imágenes del catálogo de
productos de la empresa colombiana |
No hay duda que este hombre acertó con el negocio del momento. En los
últimos tres años Caballero conquistó mercados en 14 países y el año
pasado su empresa creció en un 686 por ciento lo que en cifras redondas
significa tres millones de dólares en ventas. Y aunque Caballero compite
con 600 empresas expertas en blindaje en el mundo, es el único en
marcarse el tanto de confeccionar ropa de alta costura para
particulares.
Protección y comodidad
«A veces me da paranoia de que alguien me copie la idea», dice mientras
recuerda que la luz se le encendió un día en que salía de la universidad
y vio que los escoltas de una compañera no se ponían los chalecos, a
pesar del riesgo que corrían. «La causa: eran engorrosos y pesados.
Entonces, empecé mi empresa pidiéndole plata a mi mamá y haciéndole un
chaleco blindado al hombre que hoy es mi suegro», apunta mientras mira
un mapamundi colgado en la pared: el 70 por ciento de sus productos se
venden fuera de Colombia.
Cae la tarde y en el segundo piso de la casa las máquinas de coser
traquetean sin cesar. Caballero fabrica 700 chalecos antibalas
mensuales. Cada uno tarda en hacerse tres horas pero hay prendas que
llevan un día.
Trabajo tiene y de sobra. En Colombia más de 17.000 personas
viven amenazadas por paramilitares, guerrilleros, narcotraficantes o
delincuencia común y reciben protección del Ministerio del Interior que
destina un 25 por ciento de su presupuesto para coches, guardaespaldas y
ropa blindada. Caballero les cose muchas de ellas. Ahora está cosiendo
una para él mismo. Lo amenazaron con secuestrarlo y decidió blindarse.
Fuente: ABC
01.05.05