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Viernes, 13 de mayo de 2005


Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

Vandellós reabre el debate nuclear

Greenpeace alerta de que ha aumentado el riesgo de accidente, mientras el CSN afirma que la seguridad en los reactores es mayor

 

En la actualidad, hay 441 centrales nucleares en funcionamiento en 31 países (la edad media asciende a 20 años) y 22 reactores en construcción. El envejecimiento, los fallos tecnológicos y una menor cultura de seguridad incrementa las posibilidades de que se produzca un accidente nuclear, según el informe que Greenpeace presentó el 25 de abril al Organismo Internacional para la Energía Atómica. Un estudio que concluye que la probabilidad de que se produzca un accidente nuclear es ahora mayor que nunca. Sin embargo, para el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) la situación es la contraria, a pesar de los tres sucesos significativos para la seguridad registrados en verano de 2004 (Zorita, Almaraz y Vandellós). Sucesos que han devuelto al primer plano de la actualidad la seguridad nuclear y que cobran mayor trascendencia si tenemos en cuenta que el CSN decidió rebajar el listón de la seguridad -aplicando exámenes menos rigurosos- después de haber detectado los primeros signos de corrosión en Vandellós (que se remontan a 1993 y se suceden a partir de 1999). Pues bien, la rebaja tiene lugar en 1999. Pero aún hay más, porque en 2002 el titular de la central decide cambiar de empresa inspectora, un cambio que el CSN evalua así: «Los informes de la nueva empresa reflejan un menor detalle en la definición de los problemas».

En la actualidad, «el accidente nuclear más grave podría ser hasta cinco veces peor que Chernobil», manifiesta el responsable de energía nuclear de Greenpeace, Carlos Bravo. El envejecimiento de las centrales y la falta de cultura de seguridad han incrementado las posibilidades de un accidente nuclear, según el informe realizado por expertos para Greenpeace Internacional que ha sido presentado en Viena al Organismo Internacional para la Energía Atómica.

Foto: La Razón

«La posibilidad de un accidente se incrementa durante los primeros meses de vida de la central y en la última etapa, tras 20 años de permanecer operativa. Actualmente, la edad media del parque nuclear internacional ronda los 20 años, por lo que se prevé que el número medio de sucesos aumente en los próximos años, pues los componentes envejecen y disminuyen los márgenes de seguridad», manifiesta Antony Froggatt, director del informe. Sin embargo, según un estudio del Foro de la Industria Nuclear Española, la posibilidad de un accidente como el de Chernobil, sería imposible en España, ya que los reactores son cada vez más seguros y están sometidos a mayor control.

Los nueve reactores del país registraron tres sucesos significativos para la seguridad en 2004. Errores humanos y deficiencias en el mantenimiento fueron las causas de las anomalías. Los incidentes ocurridos en Zorita, (cuyo desmantelamiento se prevé para abril de 2006) el 29 de julio, y en Almaraz (Cáceres), el 5 de agosto, han sido calificados por el CSN de nivel 1 (es decir, una anomalía en la instalación nuclear que rebasa el régimen de explotación autorizada, según la Escala Internacional de Sucesos Nucleares). No obstante, aún queda por recalificar el suceso del 25 de agosto de 2004 en Vandellós II, que continuó operativa pese a la rotura de una boca de hombre (una abertura) de una de las dos tuberías de aguas esenciales encargadas de la refrigeración del núcleo, mientras que la otra tubería se encontraba en estado de corrosión. Este suceso fue calificado en un principio de nivel 0 (sin incidencia para la seguridad) y luego de nivel 1. Sin embargo, y después de que Greenpeace comunicara este suceso antes que el CSN, la presidenta del organismo, Mª Teresa Estevan Bolea, manifestó que «podrá recalificarse de nivel» según concluyan los estudios en el reactor. De este modo, todo apunta a que el suceso acabe siendo considerado de nivel 2, por lo que pasaría a convertirse en el incidente de mayor gravedad junto al de Trillo, tras el ocurrido en 1989 en Vandellós I, que fue calificado de nivel 3. «Es previsible que de nivel 1 pase a ser registrado entre hoy y mañana como de nivel 2, pero no al 3, ya que eso hubiera conllevado radiación para los trabajadores y emisión de radioactividad en el exterior, y eso es una exageración», avanza el portavoz del CSN, José Francisco Morales.

Un suceso que ha levantado la polémica y ha suscitado la petición de cambios en el organigrama del CSN, empezando por el cargo de su actual presidenta. El motivo es que primó lo económico (la producción) y la ocultación sobre la seguridad. Hay indicios de que los responsables de la central (propiedad de Endesa e Iberdrola, en un 72 y 28 por ciento, respectivamente) «lo sabían, por lo que con toda seguridad se abrirá un expediente sancionador», reconoce Morales.

Según ha revelado el informe del CSN, Vandellós II operó desde el mes de agosto hasta octubre de 2004 con «márgenes de seguridad reducidos». Pero, ¿hasta que punto un reactor nuclear es seguro si dos de sus cinco sistemas de refrigeración fallan? y ¿por qué el CSN permitió que la central continuase operativa varios meses?

«El 25 de agosto se rompió una boca de hombre de una de las tuberías de aguas esenciales (la misma en la que desde 1999 se había detectado corrosión, por lo que se recomendaba a la central medir espesores de la tubería, consejo que no llega a atender la central) y la otra tubería se encontraba en estado de corrosión. No obstante, los otros tres sistemas de refrigeración continuaban funcionando (la bomba, la turbobomba y la piscina de combustible como foco frío) por lo que de todos modos era suficiente» para salvaguardar la seguridad, manifiesta el portavoz del CSN.

Sin embargo, para el responsable de energía de Greenpeace: «en caso de accidente, la seguridad no se hubiera garantizado». Y denuncia a su vez «que ha habido una situación de riesgo desde el mes de agosto» y que aunque «no se ha producido un accidente podría haber ocurrido un suceso como el de Vandellós I en el que estuvieron a punto de emitirse al exterior 200 toneladas de CO2 radioactivo, pero un turbo soplante que estaba parado empezó a funcionar». Y es que el problema de fondo es que en ambas situaciones «se sabía la existencia de fallos en la seguridad».

Anomalías en las pruebas de seguridad

Pero la cosa no acaba ahí. A principios de los años 90 el CSN obligó a Vandellós II a reparar una tubería del reactor. En 1998 tuvo lugar el primer caso de fuga, según Greenpeace, y después, a pesar de este fallo registrado, el CSN decidió sustituir la realización de la prueba hidrostática, que consiste en llenar de agua los dos trenes de refrigeración y presurizar para ver si las tuberías se encuentran o no en perfecto estado, por una prueba de estanqueidad (sin presión). Tras esta modificación, en 1999 se realizó el test de estanqueidad en la central. Esta prueba es eficaz, según el portavoz del CSN, «para comprobar si hay o no pérdidas de agua, pero no para comprobar la integridad de los trenes». Es decir, que el examen de estanqueidad no permite conocer si los sistemas de seguridad aludidos están o no corrompidos ya que de darse el caso no se romperían con este test, pero sí con el hidrostático. El propio portavoz del CSN ha afirmado que «no se entiende por qué se cambió la prueba por una de menor rango» y que «se prevé restaurar la hidrostática en el manual de servicio».

El motivo, la seguridad. Una seguridad mermada ya que en 1999 se tenía que haber realizado, según explica Bravo «la hidróstatica para comprobar el estado de los sistemas de seguridad (trenes de aguas esenciales)». Y más si se tiene en cuenta que tras la detección del proceso de corrosión en el exterior de algunos de los cuellos de las bocas hombre (por el ambiente marino, entre otras causas), la central no siguió la recomendación de la empresa contratada para la inspección de hacer una medida de espesores. Un ejemplo evidente del estado de corrosión se comprobó a principios de abril de 2005 cuando «no hubo ni siquiera que aplicar presión para la prueba hidrostática, lo que demuestra qué tipo de reparaciones se llevaron a cabo», explica Bravo.

Otra central que padece problemas de corrosión es Garoña, según un informe de Ecologistas en Acción. Este reactor lleva 34 años operando por lo que el kWh producido es muy barato al estar ya la inversión amortizada. Pero la corrosión que afecta al barrilete, a pesar de las reparaciones hechas, no garantiza, según el informe, el estado de seguridad de la misma, por lo que se debería adelantar su desmantelamiento fijado para octubre de 2009, ya que además sólo produce el 2,5 por ciento de la electricidad consumida en el país.

Cambio climático y nucleares

Pero si no fuera suficiente con los errores humanos y los problemas de mantenimiento, las inundaciones, las sequías extremas y la subida del nivel del mar (efectos del cambio climático) incrementan el riesgo nuclear. «Las olas de calor que se produjeron en Europa hace dos años provocaron la parada de reactores ya que no tenían capacidad de refrigeración. Tal y como sucedió en Francia y en Alemania», explica Bravo. Las centrales utilizan el agua que capturan, bien de los ríos o bien del mar, para refrigerar el núcleo y si éstos se encuentran a una temperatura por en-cima de la considerada segura se procede a la parada por seguridad. En España, sin embargo, las centrales continuaron a pleno rendimiento «ya que están preparadas para capturar agua de entre 45 y 46 grados centígrados», analiza Morales. Quien explica que en caso de sequía se procedería a bajar la potencia por lo que se necesitaría menos agua para refrigerar o no tan fría, y, además, se revisarían las normas para ver si pueden funcionar con dos o tres grados menos de temperatura». Así, hace dos años «el CSN permitió operar a Zorita (que coge agua del Tajo) con menor capacidad de refrigeración», según manifiesta Bravo.

La otra cara de la moneda nuclear: los usos militares

El Tratado de no proliferación de armas nucleares, vigente desde 1970, atraviesa su peor momento debido a la falta de confianza y a las violaciones de algunos estados que desarrollan armas nucleares. Con esta sentencia, el secretario general de la ONU, Kofi Annan ha iniciado la conferencia de revisión del Tratado que comenzó el lunes en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, y a la que acudirán representantes de casi 190 países, según informa Efe.

Un ejemplo de la compleja situación que atraviesa el panorama internacional es Corea del Norte, país que abandonó el Tratado de 2003 y que ha reanudado sus programas nucleares. También Irán se ha situado en el centro del debate, al anunciar que esta semana podría decidir si retoma sus actividades de enriquecimiento de uranio, tras haber fracasado las negociaciones con la UE.

El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Mohamed El Baradei, manifestó que el temor a que se produzca una "detonación nuclear, se ha vuelto a despertar, debido a factores como el terrorismo internacional, el descubrimiento de programas nucleares clandestinos, y la existencia de un mercado negro de material nuclear. El director de la OIEA insistió en la propuesta de establecer una moratoria de cinco años en el desarrollo de nuevas capacidades para el enriquecimiento de uranio y el procesamiento de plutonio, algo a la que se oponen potencias como EEUU, Francia o Japón, que las considera un obstáculo para el desarrollo de su industria nuclear.

 

Fuente: La Razón
05.05.05

Experto: Nuevo Plan Básico de Emergencia Nuclear, por Miguel Calvín, Eugenio Gil, J. Manuel Martín, Javier Ramón y J. Ignacio Serrano  (03.12.04)

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