Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
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Vandellós reabre el
debate nuclear
Greenpeace alerta
de que ha aumentado el riesgo de accidente, mientras el CSN afirma que
la seguridad en los reactores es mayor
En la
actualidad, hay 441 centrales nucleares en funcionamiento en 31 países
(la edad media asciende a 20 años) y 22 reactores en
construcción. El envejecimiento, los fallos tecnológicos y una menor
cultura de seguridad incrementa las posibilidades de que se produzca un
accidente nuclear, según el informe que Greenpeace presentó el 25 de
abril al Organismo Internacional para la Energía Atómica. Un estudio que
concluye que la probabilidad de que se produzca un accidente nuclear es
ahora mayor que nunca. Sin embargo, para el Consejo de Seguridad Nuclear
(CSN) la situación es la contraria, a pesar de los tres sucesos
significativos para la seguridad registrados en verano de 2004 (Zorita,
Almaraz y Vandellós). Sucesos que han devuelto al primer plano de la
actualidad la seguridad nuclear y que cobran mayor trascendencia si
tenemos en cuenta que el CSN decidió rebajar el listón de la seguridad
-aplicando exámenes menos rigurosos- después de haber detectado los
primeros signos de corrosión en Vandellós (que se remontan a 1993 y
se suceden a partir de 1999). Pues bien, la rebaja tiene lugar en 1999.
Pero aún hay más, porque en 2002 el titular de la central decide cambiar
de empresa inspectora, un cambio que el CSN evalua así: «Los informes de
la nueva empresa reflejan un menor detalle en la definición de los
problemas».
En la
actualidad, «el accidente nuclear más grave podría ser hasta cinco veces
peor que Chernobil», manifiesta el responsable de energía nuclear
de Greenpeace, Carlos Bravo. El envejecimiento de las centrales y la
falta de cultura de seguridad han incrementado las posibilidades de un
accidente nuclear, según el informe realizado por expertos para
Greenpeace Internacional que ha sido presentado en Viena al Organismo
Internacional para la Energía Atómica.

«La
posibilidad de un accidente se incrementa durante los primeros meses de
vida de la central y en la última etapa, tras 20 años de permanecer
operativa. Actualmente, la edad media del parque nuclear internacional
ronda los 20 años, por lo que se prevé que el número medio de sucesos
aumente en los próximos años, pues los componentes envejecen y
disminuyen los márgenes de seguridad», manifiesta Antony Froggatt,
director del informe. Sin embargo, según un estudio del Foro de la
Industria Nuclear Española, la posibilidad de un accidente como el de
Chernobil, sería imposible en España, ya que los reactores son cada vez
más seguros y están sometidos a mayor control.
Los
nueve reactores del país registraron tres sucesos significativos para la
seguridad en 2004. Errores humanos y deficiencias en el
mantenimiento fueron las causas de las anomalías. Los incidentes
ocurridos en Zorita, (cuyo desmantelamiento se prevé para abril de 2006)
el 29 de julio, y en Almaraz (Cáceres), el 5 de agosto, han sido
calificados por el CSN de nivel 1 (es decir, una anomalía en la
instalación nuclear que rebasa el régimen de explotación autorizada,
según la Escala Internacional de Sucesos Nucleares). No obstante, aún
queda por recalificar el suceso del 25 de agosto de 2004 en Vandellós II,
que continuó operativa pese a la rotura de una boca de hombre (una
abertura) de una de las dos tuberías de aguas esenciales encargadas de
la refrigeración del núcleo, mientras que la otra tubería se encontraba
en estado de corrosión. Este suceso fue calificado en un principio de
nivel 0 (sin incidencia para la seguridad) y luego de nivel 1. Sin
embargo, y después de que Greenpeace comunicara este suceso antes que el
CSN, la presidenta del organismo, Mª Teresa Estevan Bolea, manifestó que
«podrá recalificarse de nivel» según concluyan los estudios en el
reactor. De este modo, todo apunta a que el suceso acabe siendo
considerado de nivel 2, por lo que pasaría a convertirse en el incidente
de mayor gravedad junto al de Trillo, tras el ocurrido en 1989 en
Vandellós I, que fue calificado de nivel 3. «Es previsible que de nivel
1 pase a ser registrado entre hoy y mañana como de nivel 2, pero no al
3, ya que eso hubiera conllevado radiación para los trabajadores y
emisión de radioactividad en el exterior, y eso es una exageración»,
avanza el portavoz del CSN, José Francisco Morales.
Un suceso
que ha levantado la polémica y ha suscitado la petición de cambios en el
organigrama del CSN, empezando por el cargo de su actual presidenta. El
motivo es que primó lo económico (la producción) y la ocultación sobre
la seguridad. Hay indicios de que los responsables de la central
(propiedad de Endesa e Iberdrola, en un 72 y 28 por ciento,
respectivamente) «lo sabían, por lo que con toda seguridad se abrirá un
expediente sancionador», reconoce Morales.
Según ha
revelado el informe del CSN, Vandellós II operó desde el
mes de agosto hasta octubre de 2004 con «márgenes de seguridad
reducidos». Pero, ¿hasta que punto un reactor nuclear es seguro si
dos de sus cinco sistemas de refrigeración fallan? y ¿por qué el CSN
permitió que la central continuase operativa varios meses?
«El 25 de
agosto se rompió una boca de hombre de una de las tuberías de aguas
esenciales (la misma en la que desde 1999 se había detectado corrosión,
por lo que se recomendaba a la central medir espesores de la tubería,
consejo que no llega a atender la central) y la otra tubería se
encontraba en estado de corrosión. No obstante, los otros tres sistemas
de refrigeración continuaban funcionando (la bomba, la turbobomba y la
piscina de combustible como foco frío) por lo que de todos modos era
suficiente» para salvaguardar la seguridad, manifiesta el portavoz del
CSN.
Sin
embargo, para el responsable de energía de Greenpeace: «en caso de
accidente, la seguridad no se hubiera garantizado». Y denuncia a su vez
«que ha habido una situación de riesgo desde el mes de agosto» y que
aunque «no se ha producido un accidente podría haber ocurrido un suceso
como el de Vandellós I en el que estuvieron a punto de emitirse al
exterior 200 toneladas de CO2 radioactivo, pero un turbo soplante que
estaba parado empezó a funcionar». Y es que el problema de fondo es que
en ambas situaciones «se sabía la existencia de fallos en la seguridad».
Anomalías en las pruebas de seguridad
Pero la
cosa no acaba ahí. A principios de los años 90 el CSN obligó a Vandellós
II a reparar una tubería del reactor. En 1998 tuvo lugar el primer caso
de fuga, según Greenpeace, y después, a pesar de este fallo registrado,
el CSN decidió sustituir la realización de la prueba hidrostática, que
consiste en llenar de agua los dos trenes de refrigeración y presurizar
para ver si las tuberías se encuentran o no en perfecto estado, por una
prueba de estanqueidad (sin presión). Tras esta modificación, en 1999 se
realizó el test de estanqueidad en la central. Esta prueba es eficaz,
según el portavoz del CSN, «para comprobar si hay o no pérdidas de agua,
pero no para comprobar la integridad de los trenes». Es decir, que el
examen de estanqueidad no permite conocer si los sistemas de seguridad
aludidos están o no corrompidos ya que de darse el caso no se romperían
con este test, pero sí con el hidrostático. El propio portavoz del CSN
ha afirmado que «no se entiende por qué se cambió la prueba por una de
menor rango» y que «se prevé restaurar la hidrostática en el manual de
servicio».
El
motivo, la seguridad. Una seguridad mermada ya que en 1999 se tenía
que haber realizado, según explica Bravo «la hidróstatica para comprobar
el estado de los sistemas de seguridad (trenes de aguas esenciales)». Y
más si se tiene en cuenta que tras la detección del proceso de corrosión
en el exterior de algunos de los cuellos de las bocas hombre (por el
ambiente marino, entre otras causas), la central no siguió la
recomendación de la empresa contratada para la inspección de hacer una
medida de espesores. Un ejemplo evidente del estado de corrosión se
comprobó a principios de abril de 2005 cuando «no hubo ni siquiera que
aplicar presión para la prueba hidrostática, lo que demuestra qué tipo
de reparaciones se llevaron a cabo», explica Bravo.
Otra
central que padece problemas de corrosión es Garoña, según un
informe de Ecologistas en Acción. Este reactor lleva 34 años
operando por lo que el kWh producido es muy barato al estar ya la
inversión amortizada. Pero la corrosión que afecta al barrilete, a pesar
de las reparaciones hechas, no garantiza, según el informe, el estado de
seguridad de la misma, por lo que se debería adelantar su
desmantelamiento fijado para octubre de 2009, ya que además sólo produce
el 2,5 por ciento de la electricidad consumida en el país.
Cambio
climático y nucleares
Pero si no
fuera suficiente con los errores humanos y los problemas de
mantenimiento, las inundaciones, las sequías extremas y la subida del
nivel del mar (efectos del cambio climático) incrementan el riesgo
nuclear. «Las olas de calor que se produjeron en Europa hace dos
años provocaron la parada de reactores ya que no tenían capacidad de
refrigeración. Tal y como sucedió en Francia y en Alemania», explica
Bravo. Las centrales utilizan el agua que capturan, bien de los ríos o
bien del mar, para refrigerar el núcleo y si éstos se encuentran a una
temperatura por en-cima de la considerada segura se procede a la parada
por seguridad. En España, sin embargo, las centrales continuaron a pleno
rendimiento «ya que están preparadas para capturar agua de entre 45 y 46
grados centígrados», analiza Morales. Quien explica que en caso de
sequía se procedería a bajar la potencia por lo que se necesitaría menos
agua para refrigerar o no tan fría, y, además, se revisarían las normas
para ver si pueden funcionar con dos o tres grados menos de
temperatura». Así, hace dos años «el CSN permitió operar a Zorita
(que coge agua del Tajo) con menor capacidad de refrigeración», según
manifiesta Bravo.
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La otra cara
de la moneda nuclear: los usos militares |
| El Tratado de no
proliferación de armas nucleares, vigente desde 1970, atraviesa
su peor momento debido a la falta de confianza y a las
violaciones de algunos estados que desarrollan armas nucleares.
Con esta sentencia, el secretario general de la ONU, Kofi Annan
ha iniciado la conferencia de revisión del Tratado que comenzó
el lunes en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, y a la
que acudirán representantes de casi 190 países, según informa
Efe.
Un ejemplo de la compleja
situación que atraviesa el panorama internacional es Corea del
Norte, país que abandonó el Tratado de 2003 y que ha reanudado
sus programas nucleares. También Irán se ha situado en el centro
del debate, al anunciar que esta semana podría decidir si retoma
sus actividades de enriquecimiento de uranio, tras haber
fracasado las negociaciones con la UE.
El director general del
Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Mohamed El
Baradei, manifestó que el temor a que se produzca una
"detonación nuclear, se ha vuelto a despertar, debido a factores
como el terrorismo internacional, el descubrimiento de programas
nucleares clandestinos, y la existencia de un mercado negro de
material nuclear. El director de la OIEA insistió en la
propuesta de establecer una moratoria de cinco años en el
desarrollo de nuevas capacidades para el enriquecimiento de
uranio y el procesamiento de plutonio, algo a la que se oponen
potencias como EEUU, Francia o Japón, que las considera un
obstáculo para el desarrollo de su industria nuclear. |
Fuente: La Razón
05.05.05
Experto: Nuevo Plan Básico de
Emergencia Nuclear, por
Miguel Calvín, Eugenio Gil, J. Manuel Martín,
Javier Ramón y J. Ignacio Serrano (03.12.04)
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