Seguridad Pública y Protección Civil
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La mochila número 13
Ocultaron al juez
más de tres meses una radiografía
En la comisaría de
Vallecas se encontró en la noche del 12-M una bolsa que contenía un
artefacto explosivo. El valor de un artificiero hizo que se conservaran
intactas pruebas claves para la detención de los 'moritos de Lavapiés'.
Siempre se dejó en el aire la causa de por qué no había funcionado esa
bomba. El sumario del juez Juan del Olmo revela que el comisario de los
Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, le ocultó durante más de tres meses
una radiografía que dejaba claro, desde el primer momento, que la bomba
no explotó porque uno de los cables estaba suelto. La tarjeta que se
encontró en el móvil fue clave para llegar a Zougam y el locutorio de
Lavapiés. Lo que nadie ha dicho es que para activar la alarma de muchos
modelos de móviles no es necesario que tengan tarjeta. ¿Por qué entonces
dejaron esa tarjeta, esa pista que iba a identificarles?
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Las
rutas del teléfono y la tarjeta de la mochila nº 13
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Nos han
tomado el pelo. Al menos eso es lo que pensó el juez instructor del
sumario del 11-M, Juan del Olmo, en julio de 2004.
Su profundo enfado tenía una clara justificación. Los informes del
responsable de los Tedax -los especialistas en desactivación de
explosivos-, el comisario Juan Jesús Sánchez Manzano, eran
deliberadamente ambiguos y enmascaraban una verdad simple y meridiana.
La policía conocía desde el primer momento que la bolsa bomba encontrada
18 horas después de los atentados en una comisaría de Vallecas no podía
explosionar. Como se contó posteriormente, una radiografía hecha en el
primer momento, en la misma noche del día 12 de marzo, y ocultada
durante más de tres meses al juez, así lo revelaba. Alguien se preocupó
de que no llegara el dato a la opinión pública para que la bomba de
Vallecas, la mochila número 13, resultara más creíble.
El juez Del Olmo pormenoriza en sus autos los informes periciales que le
remite la Unidad Central de Desactivación de explosivos y NBQ. Así, en
el del 26 de abril de 2004, con registro de salida número 12.567, se
asegura que la alarma del teléfono utilizado en el artefacto de Vallecas
estaba programada para las 07.40 horas.
...«Una vez que llegase la hora de alarma o despertador, programada en
el teléfono, del mismo modo que se activaría el vibrador, también
fluiría la energía de la batería del propio teléfono al detonador con su
consiguiente iniciación y explosión de la carga; sin embargo, y aun
contando el artefacto con todos los elementos necesarios para su
correcto funcionamiento, no se produjo explosión alguna a la hora
programada»...
UN ARTEFACTO CON TODOS LOS ELEMENTOS
...«El artefacto contaba, en definitiva, con todos y cada uno de los
elementos necesarios para su correcto funcionamiento»...«Respecto a la
cuestión de por qué no funcionó el artefacto en su momento, no es
posible establecer unas circunstancias determinadas, suficientemente
concluyentes, para determinar el fallo; la propia confección artesanal
del artefacto, con la consiguiente ausencia de rigor industrial en su
fabricación, conlleva a que existan tanto posibilidades de que funcione
como de que no lo haga»...
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LAS FOTOS QUE DIFUNDIÓ ABC
NEWS Fue el 29
de marzo de 2004. En la página web de ABC News pudimos ver
las primeras imágenes (y las últimas que se difundieron) del
contenido del artefacto explosivo que se encontró en la
comisaría de Vallecas. La bolsa no era real y el resto
(obsérvese la regleta con el escudo) eran fotos oficiales de
la policía
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En definitiva, el informe de Manzano emplea miles de palabras para
explicar al juez algo que debiera ser tan simple como: «En la
radiografía que hicimos en la madrugada del día 12 de marzo de 2004 del
artefacto encontrado esa noche en una bolsa en la comisaría de Vallecas
se veía con claridad que uno de los cables estaba suelto por lo que -sin
volver a unir los cables- no podía explosionar».
El día 10 de junio de 2004, tres meses después de los atentados, a
respuesta de una solicitud del juez de fecha 3 de mayo de 2004, Manzano
vuelve a enviar al juez otro informe. Viene a decir prácticamente lo
mismo que en el anterior. Se extiende sobre los componentes del
artefacto de Vallecas. Se olvida de nuevo de la radiografía y añade
consideraciones generales como que los artefactos son parecidos a los
que utilizan los palestinos en su lucha contra Israel. Una afirmación,
por cierto, que produce sonrisas escépticas en la embajada de Israel.
Mientras tanto, la Brigada Provincial de Policía Científica envía al
juez un juego de fotografías -junto a un informe de un inspector de
policía, cuyo número de identificación es 28.296- que corresponden a una
radiografía tomada por los Tedax el día 12 de marzo de 2004 al artefacto
de Vallecas, en el Parque Azorín de Madrid, antes de proceder a su
desactivación. El juez, enfadado y con razón, reenvía el informe y las
fotografías el día 15 de julio de 2004 a los Tedax y les pide que a la
mayor brevedad le amplíen por escrito todos los detalles referentes a la
radiografía y a su interpretación.
CUATRO MESES PARA RECONOCERLO
Sánchez Manzano contesta 12 días más tarde al juez, el 27 de julio de
2004, y le manda un estudio de dos peritos -los tedax números 19.568 y
27.390- en el que se especifica que «a la vista de la nueva
documentación remitida por el juez» -que no es otra que la constatación
de que la radiografía existe-, «se ve con claridad desde la parte
superior del artefacto cómo uno de los cables que salen del teléfono se
encuentra sin conexión alguna».
Advierten también que el extremo del cable denota que ha sido torsionado.
La inspección ocular ya había demostrado que el cable no tenía ningún
trozo de cinta aislante, lo que parece una precaución elemental para
cualquiera que quiera empalmar dos cables. No digamos si los cables son
parte de una bomba para unos atentados de tanta trascendencia como los
del 11-M.
Pero ni siquiera sabiendo que el juez ha visto el juego de fotos
correspondientes a la radiografía, los Tedax reconocen la explicación de
la desconexión del cable como la causa definitiva de por qué no
explosionó la bomba a la hora prefijada. Insisten en que la desconexión
del cable pudo ser «uno de los motivos» por los que «podría haber
fallado».
Aun hoy, más de un año después, cierto sector de la policía -según se ha
publicado el 24 de abril de 2005- difunde la idea de que «pudo no
explosionar» porque el Imei -la matrícula de identificación- del
teléfono utilizado como iniciador podría haber coincidido en la zona con
otro idéntico. Es decir que había dos móviles en el mismo sitio con dos
Imei clonados que se anulaban entre sí.
La explicación es tan poco rigurosa y tan inverosímil que los propios
que la difunden insisten en que es algo muy poco probable y
prácticamente lo han descartado.
El juez escribe un auto extenso el 19 de julio. Faltan ocho días para
que los Tedax contesten definitivamente a su requerimiento del estudio
de la radiografía, por lo que no incluye el dato del cable suelto en su
escrito.
ENMASCARAMIENTO ESTRATÉGICO
No puede ponerse en duda que si la información de la radiografía y el
cable suelto se hubiese sacado a la luz cuando se conoció, es decir, al
día siguiente de los atentados, y se hubieran remarcado las profundas
diferencias de la bomba de Vallecas con la bomba que encontró el policía
municipal Jacobo Barrero en la estación de El Pozo -la única que un
testigo ha tenido oportunidad de examinar en el lugar de los hechos-, el
efecto en la opinión pública habría sido muy diferente.
No hay que quitar ni un ápice de mérito al tedax -al que en los medios
de comunicación hemos llamado Pedro- que fue capaz, en solitario y bajo
la lluvia, de neutralizar definitivamente la bomba de Vallecas. Pero
también es indudable que cuando comenzó su trabajo ya conocía, por la
radiografía, que uno de los cables estaba suelto. Quede claro que la
bomba podía haber tenido alguna trampa -como ha sucedido en muchas
ocasiones con las de ETA- y por ello el mérito del que la desactivó es
el mismo, con cable suelto o sin él. Pero lo que habría que preguntarse
es por qué no proporcionan los Tedax la información al juez en sus
primeros informes.
Los propios policías de la comisaría de Vallecas han contado a este
periódico varios datos que sólo sirven para aumentar la aureola de
misterio que rodea a la bomba de Vallecas.
La poderosa cadena de televisión norteamericana ABC News transmitió en
la semana posterior a los atentados del 11-M una serie de imágenes sobre
los componentes de la bomba de Vallecas. Era una exclusiva mundial que
también difundió a través de su página web.
Todas las fotografías menos una correspondían a las imágenes oficiales
hechas por la propia policía. Eran perfectamente identificables porque
llevaban en la parte inferior una regleta marcada en centímetros que
servía -como en todas las fotos de este tipo- para que el que las vea se
haga una idea aproximada del tamaño de los objetos fotografiados.
Según se apreciaba en las imágenes, se trataba de un teléfono móvil
marca Trium T110, el cargador correspondiente a ese teléfono, una
tarjeta y la batería, así como una masa compacta -que resultó ser
dinamita Goma dos Eco- y los clavos empleados como metralla.
FOTOGRAFÍAS DE LA INTERPOL
Las fotografías habían sido enviadas a las distintas oficinas mundiales
de Interpol. Fue precisamente desde una oficina policial extranjera
desde donde fueron filtradas a ABC News para su publicación.Nadie ha
sabido explicar nunca por qué se publicaron esas imágenes antes en
Estados Unidos que en España. Y qué interés se pretendía con ello. De
cualquier manera, era una forma de ratificar a nivel mundial la
importancia de las pruebas encontradas.
La imagen en la que se ve la bolsa azul es diferente y no pertenece al
mismo juego de fotos. En efecto, ésta sí fue grabada por un equipo de
televisión. Sólo se le puede poner una pega: que no se trata de la bolsa
auténtica.
En la comisaría de Vallecas querían ayudar a los periodistas de ABC News,
pero cuando llegó el equipo de grabación no tenían a mano la bolsa que
había albergado la bomba, así que a uno de los policías se le ocurrió
que podían emplear otra parecida que pertenecía a un compañero.
Ignoro si la televisión conocía esta circunstancia o si simplemente dio
por buena la bolsa que le presentaron.
Nadie ha podido corroborar, hasta ahora, que fuera el comisario general
de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro, es decir, el jefe directo de
Manzano, quien diera la orden de que no se destruyera la bomba de
Vallecas. Sin embargo, Cuadro presumió de ello delante de gente que
ahora lo cuenta. Empleó -según las mismas fuentes- términos tan
expresivos como: «Esa bomba se desactiva por mis...».La realidad es que,
lo dijera o no, la decisión última de desactivar un artefacto explosivo
corresponde siempre al tedax que lo va a hacer. Parece lógico, ya que es
él quien se juega la vida.
El comisario responsable de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, tenía
una preparación muy ligera en materia de explosivos. Los que trabajaron
con él en Madrid lo recuerdan como un policía atildado, «siempre olía a
colonia cara y llevaba unos trajes impecables».
Estuvo vinculado mucho más a temas de formación de personal y de
seguridad privada -ver su libro Seguridad Privada editado por Dílex- que
al de los explosivos. Trabajó en Pamplona durante algo más de un año,
donde desempeñó el cargo de comisario de Seguridad Ciudadana. No se
distinguió por su iniciativa. Más bien pasó desapercibido y el entonces
delegado del Gobierno, Javier Ansuátegui, se lo quitó de en medio, por
lo que volvió a Madrid.
Compañeros suyos comentan que es curioso que sabiendo tan poco de
explosivos le concedieran la medalla roja al mérito policial por la
desactivación en Burgos de la maleta bomba con la que ETA pretendía
atentar en la Nochebuena de 2003 en un tren que llegaba a la estación de
Chamartín.
Pero lo que más sorprende es que, sin ser un experto en la materia,
apostara desde el primer momento, y cuando aún no había habido tiempo
material para ninguna investigación, por la tesis de que el origen de
los explosivos era Mina Conchita.
Es más, el propio Manzano acudió a Asturias y participó sobre el terreno
en la investigación del entorno del que presuntamente proporcionó los
explosivos a los terroristas, Emilio Suárez Trashorras.Y todo ello
cuando el juez Del Olmo ya había encargado oficialmente la investigación
de los explosivos a la Guardia Civil. Fueron miembros de la Benemérita
los que resaltaron que en casa de la mujer de Emilio, Carmen Toro, se
había encontrado una agenda en la que estaba apuntado junto al nombre de
Manzano un número de teléfono. El comisario salió al paso diciendo que
el número correspondía a un inspector al que llamaban por ese nombre.
Los guardias civiles que llegaron desde Madrid a Asturias para
investigar la trama de explosivos jamás se creyeron esa versión.
«SANTIAGO CUADRO DIJO TITADYNE»
No sabemos lo que pudieron influir Manzano o Cuadro a la hora de que la
mochila de Vallecas se salvara. Pero hay que asumir que fue el tedax
Pedro, como ya hemos dicho, el que tomó la decisión última y salvó así
elementos claves para la investigación como la tarjeta, el propio
aparato telefónico y la dinamita Goma dos Eco.
El nombre de Santiago Cuadro se vio envuelto en una durísima polémica.
Hay que recordar que fue él, en la mañana del 11-M, quien informó al
subdirector operativo de la Policía, Pedro Díaz Pintado -desde el mismo
escenario de los hechos-, de que el explosivo empleado por los
terroristas era Titadyne.
El propio Díaz Pintado así lo aseguró ante la Comisión de Investigación
en el Congreso. Santiago Cuadro negó en la misma tribuna los hechos. En
cualquier caso, es la palabra de uno contra la del otro.
Nadie niega que ese error inicial a la hora de identificar el tipo de
dinamita y que se transmitió a través de la cadena de mando de las
distintas brigadas provinciales de Información, como ha reconocido el
comisario general de Información, Jesús de la Morena, fue determinante a
la hora de engañar al Gobierno en sus primeras apreciaciones.
La decisión de no destruir la bolsa bomba de Vallecas resultó, en
cualquier caso, providencial para los investigadores, porque en esa
bolsa se encontraba el teléfono con la tarjeta de móvil que llevó hasta
el locutorio de Lavapiés regentado por Zougam.Es evidente que sin la
mochila de Vallecas habría sido prácticamente imposible llegar a los
moritos de Lavapiés.
El entonces jefe de la comisaría de Vallecas, Rodolfo Ruiz, ha sido
promocionado a comisario provincial de Información de Madrid.Estuvo
involucrado -él se ocupó de realizar la investigación- en la detención
de dos militantes del PP que asistían a una manifestación anti ETA junto
al ministro José Bono.
Nadie se explica por qué los presuntos autores del atentado dejaron
rastros tan claros de su culpabilidad. ¿Por qué usaron un teléfono móvil
en el que es necesario poner la tarjeta para que funcione la alarma?
NO HACE FALTA TARJETA
En efecto. Hay que destacar que en muchos modelos de teléfono la tarjeta
no es imprescindible para programar y activar la alarma de un móvil. Si
tienen ustedes, por ejemplo, un teléfono móvil marca Siemens, les
propongo un pequeño juego que les llevará tan sólo un par de minutos. Es
sencillo: apague usted su móvil.Abra la carcasa posterior y saque la
batería. A continuación retire la tarjeta SIM y déjela lejos del
teléfono. Vuelva a colocar la batería y la carcasa en su sitio y
encienda el aparato.
En pantalla le aparecerá una frase en la que le pide el número de su
tarjeta SIM. No haga usted ni caso. Vaya al menú, seleccione
reloj/alarma. Presione modificar y marque la hora de una nueva alarma
para el minuto siguiente. Es importante que el reloj despertador que
sale en pantalla no tenga una barra cruzada, es decir que esté activado.
Si ya ve el reloj sin la raya, apague el aparato.Comprobará que, a pesar
de que no tiene la tarjeta introducida, el teléfono se encenderá a la
hora programada, y sonará la alarma con precisión y naturalidad.
La pregunta es clara: si Zougam regentaba un negocio de teléfonos
móviles y sus colaboradores hacían en la trastienda todo tipo de
manipulaciones con los aparatos y las tarjetas, ¿por qué eligió como
iniciador un móvil como el Trium T110 con el que no se puede accionar la
alarma sin la tarjeta puesta?
En definitiva, hay modelos que no necesitan la tarjeta para programar y
accionar la alarma y hay modelos que sí. ¿Cómo es posible que los
terroristas no colocaran como iniciador un teléfono Siemens, por
ejemplo, sin tarjeta, y así no habrían dejado la mayor de las piedras de
Pulgarcito?
La tarjeta era una de las 30 que, como desarrollaremos más adelante,
llevaron a la detención de la célula de Lavapiés. Los terroristas,
teóricamente, no sólo dejaron en la mochila de Vallecas sus señas de
identidad, sino que continuaron utilizando las tarjetas de esa serie
después de los atentados. Es como si dijeran: «¡Oigan, que estamos
aquí!».
Nadie entiende por qué dejaron en el camino esas evidencias.A no ser,
claro está, que no fueran ellos los que hubieran preparado la mochila
número 13 y que los que les proporcionaron las tarjetas pretendieran
poner en marcha un señuelo encaminado a llamar la atención sobre
culpables prefabricados.
¿ERAN TONTOS O INTELIGENTES?
Lo contrario es presuponer una extrema estupidez en unos hombres que
demostraron por otro lado una eficacia milimétricamente perfecta a la
hora de cometer los atentados.
Antes de que nos adentremos en quiénes son los responsables de que los
teléfonos móviles y las tarjetas presuntamente empleadas en los
atentados llegaran a manos de los terroristas, es preciso remarcar las
diferencias entre la bomba encontrada por el policía municipal Jacobo
Barrero en la estación de El Pozo -destruida por los Tedax poco después-
y la encontrada en la comisaría de Vallecas.
La realidad de los hechos demuestra que la configuración física de ambas
tenía poco que ver. Jacobo la halló debajo de un asiento en uno de los
vagones del tren siniestrado en El Pozo, a primera hora de la mañana del
mismo 11-M. Llevaba menos de un año ejerciendo en la calle su profesión.
A sus 27 años se encontró por casualidad con la bomba y reaccionó con un
valor encomiable al retirarla hasta el andén, lo más lejos posible de la
gente.
El policía describió, en el calor del momento, lo que había visto en su
interior con mucha precisión.
En el sumario figura el testimonio de dos policías motorizados de la
Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana que relatan cómo en la mañana
del 11-M encuentran en el andén de El Pozo dos mochilas, una negra y una
azul, ésta apoyada en un muro. La mochila negra está entreabierta -la
había abierto e inspeccionado el policía municipal Jacobo Barrero- y en
su interior pudieron ver un teléfono móvil con dos cables que iban a
parar a una bolsa de plástico azul.
Jacobo Barrero contradijo con su testimonio espontáneo -y sin ningún
filtro- a los periodistas estas afirmaciones. La encontró en el tren y
no en el andén. La bomba estaba en el interior de una mochila vertical
de color negro, pero los cables que salían de un móvil, uno negro y uno
rojo, llegaban hasta una tartera de color naranja. Sin ánimo de
polémica, debo advertir que ésa es la coloración de la Titadyne.
En las diligencias del sumario se recoge el testimonio de Jacobo
Barrero. Especifica cómo encuentra la mochila negra debajo de un
asiento. Al abrirla comprueba que contiene en la parte inferior una
fiambrera de plástico -en las diligencias no se dice el color- del
tamaño de un plato, de la que salen unos cables rojo y negro.Ni rastro
de la bolsa azul. Por cierto, la combinación de colores de los cables
-negro y rojo- no corresponde a ninguno de los que llevan enganchados
los detonadores que se fabrican en España.La saca del vagón y la coloca
junto al muro, al lado de una papelera.
Nada que ver con los detalles de la bomba encontrada en la comisaría de
Vallecas. Los cables en esta ocasión eran rojo y azul. La dinamita
estaba introducida en una bolsa de basura de color azul similar a las
encontradas en el interior de la furgoneta que estaba, en la mañana de
los atentados, estacionada en las cercanías de la estación de Alcalá de
Henares.
¿Mienten los policías que hablan de bolsa azul o miente Barrero?
«UNAS VECES SE VAN Y OTRAS NO»
Barrero no menciona la otra mochila sospechosa que estaba en el andén a
10 metros de la negra. ¿Por qué no la explosionaron? ¿Desecharon que
fuera una bomba? ¿O quieren hacernos creer que es la que apareció 18
horas después en la comisaría de Vallecas, sin que durante todo ese
tiempo se hubiera hecho sobre ella el menor control?
En las mismas diligencias, el funcionario del Cuerpo Nacional de Policía
con carné número 78.884 declara que, al llegar a la estación de El Pozo,
los Tedax le informan de que hay una mochila -no dos- con un artefacto
explosivo en el andén, por lo que ordenan un acordonamiento de la zona.
A las 09.45 horas, se hace explosionar el artefacto -sólo uno, el de la
mochila negra con la tartera naranja- de una forma controlada.
Desgraciadamente, sólo ha quedado el testimonio disonante de Jacobo
Barrero para saber lo que contenía la mochila bomba negra de la estación
de El Pozo. Ya que se perdió cualquier posible rastro tras su explosión.
Manzano explicó ante la comisión que explosionaron; «no es que las
explosionemos nosotros», «las tratamos de neutralizar y en esa operación
se van», «unas veces sale bien y otras se nos van».Todo ello como si se
tratara casi del azar.
La realidad descrita con minuciosidad por el juez Del Olmo es bien
distinta. Los Tedax esa mañana explosionaron tres bolsas.La primera que
eliminan es precisamente la que encontró Barrero en El Pozo. A las 09.59
horas, «explosionan», según consta en el auto, la bolsa bomba encontrada
en el primer vagón del tren de Atocha. Catorce minutos antes habían
hecho explosionar en El Pozo la mochila negra. A las 10.57 horas, los
Tedax, bajo las órdenes de Manzano y Cuadro, «ceban» y «hacen
explosionar» otra bolsa. La mejor demostración de que no intentan
desactivarla es que en realidad no se trata de ninguna bomba. Lo que
destruyen es una bolsa cualquiera con un contenido irrelevante.
El juez da por hecho en su auto que la mochila encontrada en la
comisaría de Vallecas fue hallada en el andén de la estación de El Pozo.
Nadie se hace responsable de haberla llevado a la comisaría. Ningún
perro ha detectado el explosivo a pesar de que se revisaron los bultos
encontrados en las estaciones.
En Vallecas las mentiras comienzan con las primeras informaciones que se
difunden sobre el artefacto encontrado. Se dijo, y así se publicó en
todos los medios, que a medianoche había sonado la alarma de un móvil en
el interior de una bolsa y que eso llevó a los agentes a abrirla y de
esa forma fortuita se encontró el artefacto.
La información fue modificada sobre la marcha para dar más verosimilitud
a que la bomba podía haber explotado en cualquier momento. Incluso
Pedro, el desactivador, aún sostiene que si no la hubiera desarmado
habría explosionado a las 07.40 horas de la mañana del día 12.La
realidad es que, con un cable suelto -a no ser que se volviera a
empalmar-, no habría funcionado ni aunque la hubieran golpeado con un
martillo pilón.
Por supuesto que cabe la posibilidad de que el cable se soltara de forma
accidental. El tedax remarcó que existía una divergencia muy acusada
entre la perfección técnica de una de las partes del artefacto -la del
teléfono, la soldadura de los cables en los polos negativo y positivo de
la alarma- y la chapuza de la parte referente a la conexión de los
cables del detonador y la bolsa barata de basura con la masa de dinamita
a la que habían añadido de una forma artesanal los clavos. Era como si
ambas partes las hubieran confeccionado personas con muy diferente
preparación.
NINGUN RASTRO DE ADN EN VALLECAS
Es curioso observar también cómo la bomba de Vallecas presentaba una
diferencia esencial con la bomba que colocaron junto a las vías del AVE,
en la provincia de Toledo, días más tarde del 11-M y que no llegó a
explosionar. En ésta se encontraron restos de ADN que llevaron a la
identificación de la persona que había manipulado la dinamita, uno de
los terroristas teóricamente suicidas de Leganés.
En la mochila de Vallecas la persona que manipuló la dinamita y el
artefacto no dejó ningún tipo de huellas.
Respecto a la mochila número 13, la de Vallecas, se difundió otra
mentira flagrante. Llegó a los medios de comunicación que se habían
encontrado en su interior dos cartuchos de dinamita Goma dos Eco de 125
gramos. Rubalcaba llegó a decir que en los «culotes» (?) estaba escrita
la procedencia de los cartuchos.Todo llevaba a Asturias, a Mina Conchita
y a Emilio Suárez Trashorras.
La realidad es que la dinamita encontrada en la mochila estaba
apelmazada y no existía ningún tipo de envoltorio ni de restos de
cartuchos. Por cierto, Unión Española de Explosivos, teóricamente el
fabricante de la dinamita utilizada, jamás ha manufacturado cartuchos de
125 gramos. En todo caso, podrían haber sido de 152 gramos.
¿Cómo llegaron las tarjetas y los teléfonos a manos de los terroristas?
Se ha contado ya con detalle ese recorrido, pero el tiempo transcurrido
y ciertos detalles confusos hacen que buena parte de la opinión pública
aún no lo tenga claro. Un test rápido entre diversos periodistas de mi
entorno lo pone en evidencia. Por ejemplo, todos los encuestados piensan
que un bazar regentado por indios proporcionó las tarjetas y los
teléfonos a la célula de Zougam.
DOS BAZARES A 15 KILOMETROS
En realidad, fueron ciudadanos indios los que proporcionaron ambas
cosas, pero regentaban establecimientos que no tenían nada que ver uno
con otro. Es más, estaban ubicados en el barrio madrileño de Villaverde
y en la localidad de Alcorcón, a más de 15 kilómetros de distancia. A
unos, Suresh Kumar y Vinay Kohli, los detuvieron durante 43 días en los
que las Fuerzas de Seguridad sólo pudieron sonsacarles que en su tienda
de bazar Top habían vendido a unos individuos que decían ser búlgaros y
que hablaban español sin acento, seis teléfonos marca Trium, modelo
T110, el día 4 de marzo de 2004.
Los clientes querían los teléfonos liberados. Por eso, el mismo día 4
enviaron esos seis y seis más al establecimiento Test Ayman, como habían
hecho en otras ocasiones, para que los liberaran.El día 8 de marzo
enviaron un nuevo teléfono, el número siete, para que lo liberaran
también.
Ni rastro de moros, ni de Zougam, ni del locutorio de la calle Tribulete.
El juez Del Olmo puso a los dos indios en libertad el día 23 de abril de
2004. No pudo relacionar a los comerciantes con los terroristas
implicados.
¿De dónde procedía el lote de los teléfonos Trium que se vendieron en el
bazar Top? De un mayorista denominado Telefonía San Diego.El 21 de
octubre de 2003 vendió un lote de 80 teléfonos Trium al bazar Top. El
dueño de Telefonía San Diego es José Ramón Pascual Molinillo, presidente
de la compañía Imasqu, propiedad al 100% de Imasatec. Esta compañía es
una gran constructora que edifica en Cuba, Rusia, Italia, República
Dominicana, Angola Honduras y en varias localidades españolas.
Sin duda, por una de esas casualidades mágicas relacionadas con el 11-M
-una vez más el azar, que diría nuestro presidente-, Test Ayman, la
tienda que liberó los teléfonos a petición del bazar Top, es propiedad
de Maussili Kalaji, un policía español de origen sirio.
LA RUTA DE LAS TARJETAS
La ruta de las tarjetas es muy diferente. Parten de la empresa Uritel
2000 SA. El día 4 de febrero de 2004 vende al establecimiento Sindhu
Enterprise SL, de Alcorcón, regentado por el indio Shringi Kasntesh, 30
teléfonos móviles Morola C-450 provistos de sus correspondientes
tarjetas Amena.
En Sindhu Enterprise se venden por separado los teléfonos y las
tarjetas. Estas llegan al locutorio de Tribulete de Zougam dentro de un
lote de 100 unidades.
La policía detiene a Shringi Kasntesh y, tras un duro interrogatorio, le
hace confesar que ha vendido las tarjetas al locutorio Siglo Nuevo, que
regenta Zougam en la calle Tribulete, después de lo cual queda en
libertad y le declara testigo protegido. Zougam y su grupo, como ya
hemos dicho anteriormente, venden esas tarjetas y utilizan parte del
lote en sus teléfonos móviles con absoluta naturalidad, antes y después
de los atentados.
Cómo llegaron a juntarse el teléfono Trium vendido en el bazar Top y la
tarjeta vendida por Sindhu Enterprise, a 15 kilómetros de distancia,
para que aparecieran juntos en la mochila número 13, la de Vallecas, no
ha podido ser acreditado.
Fuente: Fernando Múgica
El Mundo
16.05.05
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