Seguridad Colectiva y Defensa Nacional
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La reconstrucción de un
pasado vergonzante
Enric Marco cambió
una etapa oscura de trabajo voluntario en la Alemania de Hitler por una
vida heroica que narraba como nadie
Un héroe
no puede tener claroscuros, manchas en su pasado. Eso debió pensar
Enric Marco cuando, en 1978, en pleno proceso de ascenso a la
cúpula de la CNT, el sindicato que se reconstruía entonces tras 40 años
de brutal represión del anarquismo, decidió mentir públicamente.
Antes, seguro, lo había hecho en privado. A su mujer, a sus hijas, a sus
amigos. Pero en 1977, cuando comenzó a elaborarse el libro Los cerdos
del comandante, el primero que narraba las peripecias de los españoles
que sobrevivieron a campos de concentración nazis, Marco decidió dar el
gran paso. Él, rodeado de gente de izquierdas, militante del anarquismo,
mecánico de los de mono azul, casado con una mujer mucho más joven y
también con familia relacionada con el exilio, no podía o no quería
contar lo que hizo en los años duros, los de la posguerra.
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Enric
Marco, al lado de una bandera republicana en el campo de
exterminio de Mauthausen, en Austria, en 2003 |
Él, dotado
de una gran capacidad oratoria, llamado al liderazgo de su organización,
la CNT, tenía que ocultar que al acabar la guerra no se fue al
exilio, como muchos compañeros. Y no sólo eso. Que en 1941, con 20
años, en plena Guerra Mundial, tal vez para escapar de la miseria, tal
vez para huir del brutal servicio militar, se apuntó voluntario y
trabajó en la Alemania de Hitler, en una de las múltiples expediciones
que Franco mandó para ayudar al Führer en la retaguardia y, de paso,
sacar del país a algunos miles de obreros hambrientos.
Marco tomó la decisión de inventarse un pasado heroico. Eligió
para ello el campo de concentración de Flossenbürg, en Alemania, un
lugar del que entonces no se conocían supervivientes españoles, aunque
hay una lista con 14 muertos de esta nacionalidad. Fue además un campo
con 80 comandos de trabajo muy separados entre sí, donde la gente apenas
se conocía, muy diferente, por ejemplo, de Mauthausen, donde fueron a
parar la mayoría de los españoles, que estaban todos juntos.
La narración de 1978, vista con perspectiva, sorprende por su exactitud.
Pero ya se curaba en salud. "En Flossenbürg estuve muy poco tiempo, y
como me llevaban de un lado a otro en plan de incomunicado, no podía
entrar en contacto con nadie". Poco antes había contado que con 14 años
participó en el desembarco de Mallorca y luego se unió, con 15, a la
columna Durruti. Difícil de comprobar. Después, en el campo, empieza el
héroe, siempre sin testigos rastreables. "Allí encontré a otro español,
un andaluz. Éramos toda la representación ibérica de Neumünster, pero
nos bastamos para meternos en un organismo internacional de resistencia
que crearon los franceses y los letones. Luego estuve en el penal de
Kiel ocho meses incomunicado. Aprendí alemán gracias a una biblia
protestante, cuyo texto era bilingüe, en latín y en alemán".
Marco cuenta que le liberaron los canadienses en Kiel en 1945. En
realidad los españoles le reclamaron en 1943 para que hiciera el
servicio militar, y volvió, aunque él insiste en que lo detuvieron por
hacer sabotaje. Su vida siguió, hasta que empezó a inventársela.
Ya en ese libro de 1978, según la copia que conserva la Amical de
Mauthausen, la asociación que presidió hasta hace 15 días, Marco
demostraba su capacidad para definir un sufrimiento que no había vivido,
algo que todos los que le conocieron destacan ahora. "Una de las cosas
que me salvó cuando estuve incomunicado en Kiel fue el oír los gritos de
las gaviotas y a los niños de los funcionarios del penal, cuando jugaban
en un patio vecino. Yo me decía: mientras haya gaviotas sobre el mar y
niños que juegan no todo está perdido. Como era joven las secuelas de la
deportación desaparecieron pronto. Pero una cosa que me marcó durante
muchos años fue el que, cuando iba por la calle y me fijaba en el ritmo
de los pasos de la persona que andaba delante mío, me sentía forzado a
marcar el paso".
Pilar Molins, histórica de la Amical de Mauthausen, hija de un hombre
que murió allí, ha conocido a decenas de deportados. "Marco era
diferente. Llevaba tan adentro esa segunda piel, que fascinaba, nos los
creímos todo. Muchos deportados dicen que no pueden contar toda la
verdad, muchos han hecho cosas feas para sobrevivir o las han visto
hacer. Pero Marco no. Admiraba su desparpajo. Nunca lloraba", asegura.
Sin embargo, en 1978 Marco no ejercía de deportado, de hecho no tuvo
vinculación con la Amical de Mauthausen hasta finales de los 90. Él se
dedicaba a la política. En abril de ese 1978, Marco llegó a ser
secretario general de la entonces poderosa CNT. "Era uno de esos que
siempre están en las manifestaciones, que se enfrentaba a la policía. Un
valiente", recuerda Carlos Navarro, ahora responsable de comunicación de
la CGT catalana y en 1978 joven militante.
Luego llegó la escisión, y en diciembre de 1979 Marco dejó la cúpula del
sindicato. Pero no se paró. Activo como era, locuaz y comunicador de
raza, se metió en el mundo de las asociaciones de padres y llegó también
a la cúpula en Cataluña. Siempre compaginó todas esas actividades no
remuneradas con su trabajo de mecánico de coches en un taller de
Barcelona, en la Travessera de Les Corts.
Ya entonces comenzaba a dar charlas en colegios contando su falsa
experiencia. Con los años fue aportando detalles nuevos, creando
anécdotas cada vez más perfectas. Él siempre era el héroe. En 2002, en
otro libro, Memoria de l'Infern, relataba cómo le ganó una partida de
ajedrez a un SS, jugándose la vida. Y cómo salvaba la de muchos otros
robando carbón, o convenciendo a checos y franceses para organizar las
listas y evitar que miles de deportados fueran enviados a la enfermería
sin otro final posible que la muerte. O cuando se armó de valor y
abofeteó a otros compañeros histéricos que pensaban que los habían
llevado a la cámara de gas, y sólo los estaban duchando. En este libro
también había datos y fechas contradictorios con los de 1978. Según su
nueva versión aderezada por los años, no había sido liberado en Kiel en
mayo por los canadienses, sino en Flossenbürg el 22 de abril por los
estadounidenses. Siempre, claro, él era "el único catalán en su
barraca".
A finales de los 90, después de años dedicado a otras cosas, decidió
entrar en la Amical de Mauthausen. Nadie comprobó su historia. "Tampoco
aquí pedimos el carné en la boca. No hay cola para hacer esto, que es
todo trabajo sin remunerar. Y Enric, que nos ha hecho ahora tanto daño,
fue sin embargo un gran trabajador", cuenta Rosa Torán, presidenta en
funciones.
Marco pudo engañar tanto tiempo porque en España ningún instituto
oficial se ha dedicado a registrar a los deportados y, como en otros
países, a darles una pensión. "Si supiera la de papeles que tuve que
presentar yo en París... Tardamos 12 años en que nos reconocieran, y
tuvimos que ir con testigos", rememora Francisco Batiste, deportado en
Mauthausen, desde Vinaroz (Castellón), donde vive ahora después de pasar
50 años en Francia.
Él, desolado por la traición de Marco, lleva siempre su tarjeta
oficial de deportado del Gobierno francés, que le da derecho a
descuentos de todo tipo y una pensión vitalicia. "Yo he visto muchos
casos de intento de suplantación. Buscaban pensiones, pero claro, con
esas comprobaciones, en Francia nunca habrían podido presidir una
asociación. A mí me gusta buscar a deportados y me he encontrado con
impostores, pero nunca llegaron a nada. Una vez, en Francia, me fui a
ver a un supuesto preso de Mauthausen y decía que allí perdió un brazo.
Era imposible sobrevivir así en el campo. Le pregunté su número y me
dijo que no se acordaba. Era poco creíble", rememora.
Marco, a sus 84 años, se declara "muerto". Pero aún trata de defender su
historia. Incluso después de confesar pidió a la Amical seguir dando
charlas en los colegios. Ayer, desde su casa aún luchaba por mantener
viva su criatura, esa memoria falsa. "Todas las cosas que
dije son verdades en boca de un mentiroso. Las he leído y escuchado a
otros compañeros. Soy un falsario, un impostor, sí, pero digo grandes
verdades".
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La caza del
impostor |
Cuando Benito Bermejo,
profesor de Historia de la Universidad Nacional de Educación a
Distancia, tuvo en mayo de 2003 su primera conversación con
Enric Marco, en el transcurso de una comida en Mauthausen, ya
había oído hablar mucho de él, y la experiencia vital que
narraba le resultaba fascinante. "No conocía a ningún
superviviente español del campo de concentración de Flossenbürg
y, además, decía que había participado en las colectivizaciones
durante la Guerra Civil, vivido los bombardeos de Barcelona,
estado en el desembarco de las tropas republicanas en Mallorca,
dirigido la CNT y estudiado Historia. Le pregunté sobre todo
ello, pero sus respuestas eran vagas. Me sorprendió su
falta de disponibilidad para hablar con detalle y me
inquietó la poca rigurosidad histórica de su
relato. Afirmaba haber sido detenido por la Gestapo en
Marsella en 1941 y en esa época las tropas alemanas todavía no
habían llegado al sur de Francia", relata Bermejo.
El historiador no desaprovechó ocasión en sus encuentros con
deportados para preguntar sobre Marco, sin obtener demasiados
resultados. Pero mientras trabajaba en una investigación junto a
la historiadora Sandra Checa sobre el caso de un supuesto falso
deportado andaluz, el de Marco se cruzó en las pesquisas. "Me da
igual. Me sirve el palo de una escoba", afirma Checa que Marco
le dijo en Almería, en otoño de 2003, cuando le manifestó sus
sospechas sobre la impostura del andaluz.
Bermejo no cejó en su empeño por saber más de Enric Marco, a
través de otros deportados españoles y en el Archivo Memorial
Flossenbürg, que en otoño de 2004 informó al historiador que su
nombre no figuraba en el registro. Sin embargo, la prueba
concluyente de la falsedad de la historia de Marco, que
le permitió desenmascararlo y alertar a Presidencia de Gobierno
y colectivos de deportados, la halló en febrero de este año en
el archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores. Son dos
documentos de 1943 que certifican su estancia en Alemania
como trabajador voluntario "... Enrique Marco Batlle, que se
encuentra prestando servicios como productor y contratado por la
casa Deutsche Wreck [por Werk] A. G. de Kiel (Alemania)...", se
lee en uno de los exhortos. |
Fuente: El País
15.05.05
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