Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
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El mayor agujero en 50
años
Más de un 30% de la
capa de ozono del Polo Norte se ha destruido
Algo
ocurre en la estratosfera del Polo Norte, a decenas de kilómetros de
altura. Científicos de la Universidad de Cambridge en Reino Unido
concluyeron el pasado 25 de abril en la reunión de la Unión Europea de
Geofísica en Viena (Austria) que el «agujero» de la capa de ozono
alcanzó su máximo en los últimos 50 años. Los primeros signos de
esta destrucción fueron observados en enero, el comienzo del fin de la
noche polar, y se prolongaron durante febrero y marzo. «La destrucción
observada supera el 30 por ciento», dijo el doctor Markus Rex, del
Instituto Alfred Wegener en Postdam (Alemania). Este hecho contrasta con
las optimistas predicciones de otros científicos, que profetizaron que
la capa de ozono, tanto sobre el Ártico como sobre la Antártida, se
recuperaría a lo largo de este siglo. En 2003, por ejemplo, la Antártida
registró el mayor agujero conocido, como puede verse en estas
instantáneas. El ozono sufre aún un duro castigo.

El
panorama alentador se debía a la prohibición para emitir
clorofluorocarbonos (CFC, de los que hay presentes en nuestra
atmósfera dos tipos, el CFC-11 y el CFC-12), los gases inertes de los
esprays y neveras antiguas que contribuyen a la destrucción del ozono
estratosférico. ¿Recuerdan la fecha? Montreal, año 1987.
Hace sólo
dos años, un estudio de la NASA con tres satélites mostró que la
destrucción del ozono entre 35 y 45 kilómetros se ralentizaba. Los
efectos del protocolo empezaban a ser verificados científicamente. Uno
de los autores, Michael Newchurch, de la Universidad de Alabama en EE UU,
llegó a declarar: «éste es el comienzo de la recuperación de la capa de
ozono».
Pero en septiembre de ese año, caía un jarro de agua fría: la NASA
también detectaba el mayor agujero de ozono sobre la Antártida, que
cubrió ¡toda la superficie del continente blanco!
Efectos
perjudiciales
Las
noticias del Polo Norte no resultan alentadoras. ¿Qué ocurre? ¿Estaban
todos equivocados? El debate acentúa si cabe el vital papel protector
del ozono; y es que nos jugamos mucho. Esta delgada capa de oxígeno
triatómico actúa como un escudo para determinadas radiaciones
ultravioletas de tipo B (UVB) que son muy perjudiciales para la vida
y su crecimiento.
Los UVB
propician la aparición de más casos de cataratas y de cegueras, el
envejecimiento prematuro de la piel, melanomas, e interfieren en los
procesos fotosíntéticos. La Agencia de Protección Ambiental de EE UU (EPA)
cita estudios en los que los científicos han detectado reducciones en la
producción de fitoplacton en las zonas de entre el 6 y el 12 por ciento,
atribuibles de forma directa al aumento de los rayos UVB en zonas
marginales de hielo de la Antártida.
¿Quién
tiene razón? El «agujero» no es más que un adelgazamiento extremo de
la capa de ozono. Los científicos sospechan que parte de la explicación
radicaría en el cambio climático, y examinan las relaciones entre el
calentamiento global y la destrucción del ozono: aquí podría residir una
de las claves.
Los
«adelgazamientos» ocurren cuando la luz solar rompe la larga noche
ártica y antártica, y golpea los CFC hacinados en la estratosfera.
Sueltan el cloro, que es el que se «come» literalmente vivo el ozono.
El
histórico químico Sherwood Rowland, de la Universidad de
California en Irvine, y premio Nobel de Química 1995 junto con Mario
Molina y Paul Crutzen por haber descubierto que los CFC destruían
teóricamente el ozono (una predicción que fue ratificada
experimentalmente en la Antártida por vez primera hacia 1985), nos lo
explica así: «La destrucción del ozono estratosférico depende de los
átomos de cloro que se derivan al descomponerse los CFC en la
estratosfera».
Pero no
ocurre inmediatamente tras la emisión. Los CFC tardan hasta diez años en
alcanzar la baja estratosfera, donde está la mayor concentración de
ozono (la franja de atmósfera entre 20 y 35 kilómetros). Si paramos las
emisiones, el ozono continuará muriendo. Como apunta el premio Nobel, la
«recuperación del agujero de ozono estará determinada por la cantidad de
CFC en la baja atmósfera, y eso llevará la mayor parte de este siglo.
Empezamos a detectar que la cantidad de CFC-11 empieza a decrecer en la
atmósfera. Eso quiere decir que la cantidad de cloro no está
aumentando, pero tampoco está disminuyendo mucho. La cantidad de CFC-11
en la atmósfera es ahora de 540 partes por billón (ppb). Esperamos que
baje hasta 200 ppb hacia 2015».
En cuanto
a los CFC-12, aún estables, habrá que esperar también cien años para que
los niveles caigan a los que había en 1970 (200 ppb). Por tanto, Rowland
avisa que la destrucción del ozono va a continuar. «Habrá
adelgazamientos de este gas en esa escala de tiempo», asegura. Eso
concilia, en parte, la destrucción observada en el Polo Norte con las
predicciones de una «recuperación».
Otro factor es la virulencia de esta destrucción. El ozono que se esfuma
más rápidamente en la baja estratosfera lo hace por culpa... del frío
intenso: las partículas de hielo que forman las nubes polares
estratosféricas son las auténticas «asesinas» del ozono. Cuando
aparecen, la destrucción es mayor. «Estas pequeñas partículas ofrecen
superficies sobre las que ocurren las reacciones», dice Rowland. «Cuanto
más frío hace, más nubes polares se forman, y la destrucción crece».
El caso
es que el invierno ártico de 2004 fue extremadamente frío y «rico» en
estas nubes polares (que son más frecuentes en la Antártida que en
el polo norte). «Cuando vino la luz solar, la cantidad usual de cloro
fue más eficiente al destruir el ozono debido al efecto extra de las
nubes», dice Rowland. «y eso es lo que hemos observado este año».
La
cuestión crucial aquí es, ¿por qué hizo más frío? Es posible que sea una
variación del clima polar, dice Rowland. O bien señala al calentamiento
global. «El término se aplica sólo a la superficie; pero mientras ésta
se calienta, la estratosfera se enfría, es algo que hemos observado». En
otras palabras, el cambio climático produce un enfriamiento de las capas
altas de la atmósfera...y ralentizaría la recuperación de la capa de
ozono.
Otros
expertos están apuntando esta paradoja. En una reunión de geofísicos
americanos de la American Geophysical Union (AGU) hace cinco años se
esbozó esta posibilidad. Las observaciones de campo sobre el ozono (y el
bromo) sugerían que destruirían más ozono de lo esperados si los gases
de invernadero continuaban aumentando.
El experto
Paul A. Newman, del Centro Espacial Goddard de la NASA, indicó que,
según las predicciones, por culpa del efecto invernadero se continuaría
destruyendo ozono en 2050 y hasta incluso en 2070.
Una
nota optimista
Pero la
ciencia de la química atmosférica es tan compleja que la certidumbre es
algo difícil. «La cuestión de cuánto es una variabilidad normal (en
referencia a los inviernos árticos más fríos) y cuánto se debe al
dióxido de carbono es algo que averiguaremos en los próximos años», dice
Sherwood Rowland.
«En
referencia a lo que hemos visto este pasado invierno en el polo norte,
no creo que este tipo de fenómenos vayan a empeorar», asegura a este
diario Joseph M. Zawodny, del Centro Langley de la NASA. Zawodny
participó en el primer estudio que ratificaba la desaceleración de la
destrucción del ozono en 2003. «Creo que los modelos sugieren que las
cosas se van a normalizar». Para este experto, el Protocolo de Montreal
fue histórico. «La comunidad científica habló con una sola voz. El
problema es que los CFC permanecen mucho tiempo en la atmósfera, algunos
durante centenares de años, por lo que llevará bastante tiempo el que
desaparezcan».
Fuente: La Razón
05.05.05