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Lunes, 23 de mayo de 2005


Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

El mayor agujero en 50 años

Más de un 30% de la capa de ozono del Polo Norte se ha destruido

Algo ocurre en la estratosfera del Polo Norte, a decenas de kilómetros de altura. Científicos de la Universidad de Cambridge en Reino Unido concluyeron el pasado 25 de abril en la reunión de la Unión Europea de Geofísica en Viena (Austria) que el «agujero» de la capa de ozono alcanzó su máximo en los últimos 50 años. Los primeros signos de esta destrucción fueron observados en enero, el comienzo del fin de la noche polar, y se prolongaron durante febrero y marzo. «La destrucción observada supera el 30 por ciento», dijo el doctor Markus Rex, del Instituto Alfred Wegener en Postdam (Alemania). Este hecho contrasta con las optimistas predicciones de otros científicos, que profetizaron que la capa de ozono, tanto sobre el Ártico como sobre la Antártida, se recuperaría a lo largo de este siglo. En 2003, por ejemplo, la Antártida registró el mayor agujero conocido, como puede verse en estas instantáneas. El ozono sufre aún un duro castigo.

Foto: La Razón

 

El panorama alentador se debía a la prohibición para emitir clorofluorocarbonos (CFC, de los que hay presentes en nuestra atmósfera dos tipos, el CFC-11 y el CFC-12), los gases inertes de los esprays y neveras antiguas que contribuyen a la destrucción del ozono estratosférico. ¿Recuerdan la fecha? Montreal, año 1987.

Hace sólo dos años, un estudio de la NASA con tres satélites mostró que la destrucción del ozono entre 35 y 45 kilómetros se ralentizaba. Los efectos del protocolo empezaban a ser verificados científicamente. Uno de los autores, Michael Newchurch, de la Universidad de Alabama en EE UU, llegó a declarar: «éste es el comienzo de la recuperación de la capa de ozono».
Pero en septiembre de ese año, caía un jarro de agua fría: la NASA también detectaba el mayor agujero de ozono sobre la Antártida, que cubrió ¡toda la superficie del continente blanco!

Efectos perjudiciales

Las noticias del Polo Norte no resultan alentadoras. ¿Qué ocurre? ¿Estaban todos equivocados? El debate acentúa si cabe el vital papel protector del ozono; y es que nos jugamos mucho. Esta delgada capa de oxígeno triatómico actúa como un escudo para determinadas radiaciones ultravioletas de tipo B (UVB) que son muy perjudiciales para la vida y su crecimiento.

Los UVB propician la aparición de más casos de cataratas y de cegueras, el envejecimiento prematuro de la piel, melanomas, e interfieren en los procesos fotosíntéticos. La Agencia de Protección Ambiental de EE UU (EPA) cita estudios en los que los científicos han detectado reducciones en la producción de fitoplacton en las zonas de entre el 6 y el 12 por ciento, atribuibles de forma directa al aumento de los rayos UVB en zonas marginales de hielo de la Antártida.

¿Quién tiene razón? El «agujero» no es más que un adelgazamiento extremo de la capa de ozono. Los científicos sospechan que parte de la explicación radicaría en el cambio climático, y examinan las relaciones entre el calentamiento global y la destrucción del ozono: aquí podría residir una de las claves.

Los «adelgazamientos» ocurren cuando la luz solar rompe la larga noche ártica y antártica, y golpea los CFC hacinados en la estratosfera. Sueltan el cloro, que es el que se «come» literalmente vivo el ozono.

El histórico químico Sherwood Rowland, de la Universidad de California en Irvine, y premio Nobel de Química 1995 junto con Mario Molina y Paul Crutzen por haber descubierto que los CFC destruían teóricamente el ozono (una predicción que fue ratificada experimentalmente en la Antártida por vez primera hacia 1985), nos lo explica así: «La destrucción del ozono estratosférico depende de los átomos de cloro que se derivan al descomponerse los CFC en la estratosfera».

Pero no ocurre inmediatamente tras la emisión. Los CFC tardan hasta diez años en alcanzar la baja estratosfera, donde está la mayor concentración de ozono (la franja de atmósfera entre 20 y 35 kilómetros). Si paramos las emisiones, el ozono continuará muriendo. Como apunta el premio Nobel, la «recuperación del agujero de ozono estará determinada por la cantidad de CFC en la baja atmósfera, y eso llevará la mayor parte de este siglo. Empezamos a detectar que la cantidad de CFC-11 empieza a decrecer en la atmósfera. Eso quiere decir que la cantidad de cloro no está aumentando, pero tampoco está disminuyendo mucho. La cantidad de CFC-11 en la atmósfera es ahora de 540 partes por billón (ppb). Esperamos que baje hasta 200 ppb hacia 2015».

En cuanto a los CFC-12, aún estables, habrá que esperar también cien años para que los niveles caigan a los que había en 1970 (200 ppb). Por tanto, Rowland avisa que la destrucción del ozono va a continuar. «Habrá adelgazamientos de este gas en esa escala de tiempo», asegura. Eso concilia, en parte, la destrucción observada en el Polo Norte con las predicciones de una «recuperación».
Otro factor es la virulencia de esta destrucción. El ozono que se esfuma más rápidamente en la baja estratosfera lo hace por culpa... del frío intenso: las partículas de hielo que forman las nubes polares estratosféricas son las auténticas «asesinas» del ozono. Cuando aparecen, la destrucción es mayor. «Estas pequeñas partículas ofrecen superficies sobre las que ocurren las reacciones», dice Rowland. «Cuanto más frío hace, más nubes polares se forman, y la destrucción crece».

El caso es que el invierno ártico de 2004 fue extremadamente frío y «rico» en estas nubes polares (que son más frecuentes en la Antártida que en el polo norte). «Cuando vino la luz solar, la cantidad usual de cloro fue más eficiente al destruir el ozono debido al efecto extra de las nubes», dice Rowland. «y eso es lo que hemos observado este año».

La cuestión crucial aquí es, ¿por qué hizo más frío? Es posible que sea una variación del clima polar, dice Rowland. O bien señala al calentamiento global. «El término se aplica sólo a la superficie; pero mientras ésta se calienta, la estratosfera se enfría, es algo que hemos observado». En otras palabras, el cambio climático produce un enfriamiento de las capas altas de la atmósfera...y ralentizaría la recuperación de la capa de ozono.

Otros expertos están apuntando esta paradoja. En una reunión de geofísicos americanos de la American Geophysical Union (AGU) hace cinco años se esbozó esta posibilidad. Las observaciones de campo sobre el ozono (y el bromo) sugerían que destruirían más ozono de lo esperados si los gases de invernadero continuaban aumentando.

El experto Paul A. Newman, del Centro Espacial Goddard de la NASA, indicó que, según las predicciones, por culpa del efecto invernadero se continuaría destruyendo ozono en 2050 y hasta incluso en 2070.

Una nota optimista

Pero la ciencia de la química atmosférica es tan compleja que la certidumbre es algo difícil. «La cuestión de cuánto es una variabilidad normal (en referencia a los inviernos árticos más fríos) y cuánto se debe al dióxido de carbono es algo que averiguaremos en los próximos años», dice Sherwood Rowland.

«En referencia a lo que hemos visto este pasado invierno en el polo norte, no creo que este tipo de fenómenos vayan a empeorar», asegura a este diario Joseph M. Zawodny, del Centro Langley de la NASA. Zawodny participó en el primer estudio que ratificaba la desaceleración de la destrucción del ozono en 2003. «Creo que los modelos sugieren que las cosas se van a normalizar». Para este experto, el Protocolo de Montreal fue histórico. «La comunidad científica habló con una sola voz. El problema es que los CFC permanecen mucho tiempo en la atmósfera, algunos durante centenares de años, por lo que llevará bastante tiempo el que desaparezcan».

Fuente: La Razón
05.05.05

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