Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
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Red Eléctrica de España
ya ha instalado salvapájaros en 600 kilómetros de cables
Son espirales de
plástico reflectante que cuelgan de los cables para avisar a las aves de
la presencia de los tendidos. La compañía está instalando, además,
plataformas de anidamiento para que las aves ubiquen sus nidos lejos de
los puntos de electrocución
Cinco
millones de aves perecen cada año en Estados Unidos tras colisionar
contra torres de telefonía. Cinco millones... por lo menos, porque el
Servicio de Pesca y Vida Salvaje de aquel país estima que esa cifra
podría elevarse hasta los cincuenta. En Estados Unidos existen
actualmente 85.000 torres de telefonía, televisión y radio. Es más, cada
año se añaden 7.000 torres nuevas al parque existente, según la
organización conservacionista American Bird Conservacy, que acaba de
publicar un informe en el que documenta colisiones de aves de 230
especies distintas (la cuarta parte de todas las especies presentes en
aquel país).

Pero el
problema de los «obstáculos aéreos» no es, ni mucho menos, exclusivo de
los Estados Unidos. En nuestro país, según la Sociedad Española de
Ornitología, mueren cada año, como consecuencia de colisiones contra
cables eléctricos o sencillamente electrocutadas, 30.000 aves. El mes
pasado, por ejemplo, fueron localizados cuatro cadáveres de avutarda
(Otis tarda) electrocutados en Llanos de Cáceres y Madrid. Y estamos
hablando de una de las joyas de la avifauna española. Porque la avutarda
es el ave voladora más pesada del Planeta, más que el buitre, el cóndor
o el águila imperial (Otis tarda puede pesar hasta quince kilos). En
fin, una joya natural ibérica de la que sólo restan en nuestro país
23.000 ejemplares (hay menos de 50.000 en todo el mundo).
Pues bien,
para proteger a las aves de la invisibilidad de los tendidos y asimismo
para hacer posible la convivencia de torretas, cables y avifauna, Red
Eléctrica de España (REE), la empresa pública que gestiona la red de
transporte de electricidad en nuestro país, está poniendo en marcha
varios planes de señalización de cables y acondicionamiento de torretas
en los considerados «puntos negros» de su red, allí donde el anidamiento
«furtivo» o las colisiones son más frecuentes. Así, a estas alturas, la
empresa ya ha instalado «salvapájaros» en 600 kilómetros de su cableado
(los «salvapájaros» –término acuñado por la propia compañía– son
pequeñas espirales de plástico que jalonan los cables más peligrosos
para hacerlos más visibles a los ojos de las aves). Según Jorge Roig,
jefe del departamento de Medio Ambiente de REE, «todos los puntos negros
de los que tenemos conocimiento los señalizamos».
La empresa
está trabajando en «laboratorios de envejecimiento de materiales» con
diversos modelos (formas, colores) de salvapájaros. Uno de los
objetivos, apunta Roig, «es averiguar qué color resiste más la
degradación del tiempo». Otro, «sustituir el PVC por otro plástico» (los salvapájaros que emplea la compañía –diez euros la unidad– son de policloruro de vinilo, un material que los ecologistas consideran muy
contaminante y sobre el que Roig también es explícito: «Resiste bien la
intemperie pero no nos gusta emplear- lo»). REE, que fue en su momento
la primera empresa del mundo dedicada «en exclusividad» al transporte de
electricidad y a la operación de sistemas eléctricos, comenzó a instalar
estos ingenios en sus cables allá por 1989. Actualmente, además, está
ensayando «disuasores de anidamiento», grupos de varillas que tratan de
evitar que las cigüeñas y otras aves instalen sus nidos en ciertos
puntos de sus torretas, allí donde pueden electrocutarse o entorpecer
los trabajos de mantenimiento. En esa línea, la empresa ha emprendido
también la instalación de plataformas de anidamiento para «animar» a las
aves a que aniden allí donde haya menos peligro. Sólo en la línea Almaraz-Guadame, en el valle de Alcudia (Ciudad Real), en apenas doce
torres de alta tensión en las que se han instalado estas plataformas,
hay ya 33 nidos de cigüeña, «ave testaruda» que, según Roig, «cuando se
propone anidar en una torreta no para hasta que lo consigue». En fin,
que, para «ordenar» tanto anidamiento –la población de cigüeña blanca se
ha duplicado en nuestro país en los últimos diez años– REE está
instalando estos ingenios en los «puntos negros» de su red, práctica que
los ecologistas ven con buenos ojos, si bien señalan, no obstante,
cierta insuficiencia (en España hay 33.000 kilómetros de tendidos y «aún
queda mucho por hacer. Es más, en algunos casos la solución pasa por
soterrar la línea», según Blas Molina, biólogo de la Sociedad Española
de Ornitología).
Según el
equipo de investigación de Águila Perdicera de la Universidad de
Barcelona, durante los años noventa las electrocuciones han sido la
principal causa de muerte del águila perdicera (Hieraaetus fasciatus),
especie de la que ya sólo quedan 1.500 parejas en toda España (el dato
es del Libro Rojo de las Aves de España, editado en 2004 por el
ministerio de Medio Ambiente). La SEO ha elegido al águila perdicera
«Ave del año 2005».
Fuente: La Razón
19.05.05
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