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Martes, 31 de mayo de 2005


Seguridad Alimentaria y Protección Biotecnológica

Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

 “Los ecologistas lamentarían que no llegara el fin del mundo”

Sir Dick Taverne, Lord inglés y autor de "La marcha de la sinrazón"

 

Sir Dick Taverne representa una de las posturas más críticas con los movimientos ecologistas en el Reino Unido. Miembro de la Cámara de los Lores, aboga por hacer caso a la evidencia científica frente al dogmatismo de estas organizaciones.

Foto: Expansión

Lord Dick Taverne tiene 77 años y una amplia experiencia en la política británica. Primero en el Partido Laborista, luego con los socialdemócratas y ahora con los liberaldemócratas. Apasionado de la ciencia y la Ilustración, ha escrito un libro, La marcha de la sinrazón (Oxford University Press), en el que trata de desmontar mediante estudios y evidencias científicas varias modas actuales como el miedo a los alimentos transgénicos, el auge de la comida orgánica o la medicina alternativa. Polémico y agresivo, Lord Taverne ataca frontalmente a los movimientos ecologistas: “Son deshonestos en muchos de sus argumentos y son un peligro para el mundo”.

Pregunta: ¿Es necesaria la ciencia para la convivencia?

Respuesta: La ciencia está estrechamente relacionada con la democracia. La democracia depende de que la gente esté preparada para escuchar las evidencias, cambiar de opinión, no ser dogmática. El movimiento anticiencia generado por los ecologistas es peligroso, porque rechaza los datos científicos en favor de la intuición y el dogma.

P.: ¿Hay también un peligro para la economía?

R.: El fundamentalismo verde en Europa es un peligro real del que debemos cuidarnos. El impacto económico puede ser bastante serio. La investigación sobre la modificación genética de los alimentos, por ejemplo, ha emigrado a Estados Unidos, e incluso a China, y cuando Europa acepte esta tecnología, como finalmente hará, las compañías europeas reaccionarán más lentamente que sus rivales. Hay un riesgo de que Europa pueda quedarse atrás en áreas tecnológicas muy importantes.

P.: Usted es muy crítico con los movimientos ecologistas… ¿Cree que sus protestas son infundadas?

R.: No les ahorro ninguna crítica. Están siempre anunciando la catástrofe. Ahora dicen que el mundo va a arder, que va a ser imposible vivir en la Tierra por el calentamiento del planeta. Hace cincuenta años decían que nos íbamos a morir todos de hambre, que todo iba a ir a peor. En algunos momentos parece que sería una decepción para ellos que el mundo no desapareciera. Pero actualmente, el aire, las playas y los ríos están más limpios; en América se plantan más árboles de los que se están talando…

P.: ¿La gente de Greenpeace o Amigos de la Tierra es tan mala como dice en su libro?

R.: Aunque apoyo personalmente algunas de las causas de estos movimientos, muchos de sus miembros son muy peligrosos. Creo que la gente de Greenpeace, por ejemplo, comenzó con objetivos nobles, pero como ha pasado otras veces en la historia, gente que empieza con objetivos nobles se olvida de la evidencia y de la razón y se convierte en peligrosa.

P.: ¿Recomienda a los socios de Greenpeace que cancelen su suscripción?

R.: No, les recomiendo que hablen con sus líderes y les presionen para que basen sus argumentos en evidencias científicas. No les pido que abandonen Greenpeace, simplemente que la cambien desde dentro y vuelva a parecerse más a la organización que era al principio.

P.: ¿Por qué la gente acude a la medicina alternativa. Es sólo por decepción de la tradicional?

R.: El problema es que hay gente que muchas veces no piensa racionalmente. Basta ver lo popular que es el horóscopo en los periódicos. A la gente le encanta aplicar algo de misticismo a las cosas que no tienen una explicación absoluta: comida orgánica, medicina alternativa… Si una hierba se usaba hace cuatrocientos años para curar enfermedades, ya vale. Da igual que hace cuatrocientos años la gente muriese como moscas.

P.: Pero usted reconoce que algunos remedios alternativos funcionan, aunque no tengan fundamento. Un cínico no vería ningún problema en ello…

R.: Si es algo leve no pasa nada. Pero si estás gravemente enfermo, debes ser curado por un doctor en condiciones. Si tienes cáncer, necesitas quimioterapia o radioterapia. No te vas a poner mejor por ir al homeópata. Hay una comunidad religiosa en Indiana que rechaza la medicina moderna y sólo aplica curas tradicionales. Su grado de mortalidad infantil ha retrocedido al de hace cien años.

La amenaza fantasma de los transgénicos

Para sir Dick Taverne, una de las soluciones al hambre en el mundo es la utilización de organismos genéticamente modificados (OGM), razón por la que critica abiertamente a los movimientos que se oponen a ellos: “Sin la aplicación de la ingeniería genética a la agricultura, corremos serio peligro de no poder alimentar al planeta. Se trata de aprovechar al máximo recursos que son escasos, de hacer crecer dos granos de arroz donde antes crecía sólo uno, de proteger los cultivos de las plagas... Y por eso soy tan crítico con Greenpeace, porque no entiendo cómo se pueden oponer tan radicalmente a algo que ayudaría al mundo subdesarrollado”. Taverne basa su opinión en que no existen evidencias científicas de que estos cultivos sean perjudiciales: “En estos momentos la agricultura transgénica ocupa 80 millones de hectáreas, tres veces la superficie del Reino Unido. Y no hay ni una sóla evidencia de que sea perjudicial para la salud. Lo único que hace la ingeniería genética es aplicar más eficazmente técnicas que se han usado desde el comienzo de la agricultura y ganadería: los cruces genéticos para hallar especies más resistentes”.

Una opinión muy diferente es la que tiene acerca de la conocida como comida orgánica, la cultivada siguiendo los métodos tradicionales, sin pesticidas ni agentes químicos: “Yo no digo que la comida orgánica tenga dos o tres cosas malas. No, lo que yo digo es que la agricultura y la ganadería orgánica es mala para el planeta, porque no utiliza eficientemente los recursos de la tierra. Y esto es especialmente peligroso en un mundo en el que necesitamos ser eficientes con la producción de alimentos, ya que en los próximos cincuenta años vamos a tener que alimentar a 3.000 millones de bocas más y ahora mismo 1.000 millones de personas no tienen comida suficiente”.

 

Fuente: Expansión
23.05.05

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