«Los ejércitos deben defender el territorio y la población del país»
Michèle Alliot-Marie,
Ministra de Defensa francesa
Michèle
Alliot-Marie, ministra francesa de Defensa y número tres del Gobierno,
no da un paso en falso. Cada respuesta está calibrada; cada silencio,
medido. En su entrevista con LA RAZÓN, Alliot-Marie defiende el papel
tradicional de los ejércitos, aunque insiste en que es prematuro
plantear una intervención militar para apaciguar los disturbios
callejeros que, desde hace una semana, mantienen en vilo a Francia. Por
el momento, Alliot-Marie patricipa en todas las reuniones del gabinete
de crisis, como la presidida ayer por el primer ministro, y se muestra
solidaria con la política de «firmeza» y «justicia» del Gobierno.
Pregunta.– El papel de
los Ejércitos en el siglo XXI parece en plena mutación...
Respuesta.– El primer
objetivo de los ejércitos sigue siendo la defensa del territorio y la
población de un país. También es cierto que la defensa de los intereses
y de los valores de un país o un grupo de ellos no puede limitarse al
interior de sus fronteras. El terrorismo, la proliferación nuclear o el
desbordamiento de las crisis regionales, obligan a extender su campo de
acción.
P.– Este jueves se
celebra en París una cumbre franco-española, en la que usted se reunirá
con su homólogo español, José Bono. ¿Cuáles son los mayores riesgos
militares y diplomáticos que se ciernen sobre Europa?
R.– El primero, el
terrorismo. No es un fenómeno reciente, pero el terrorismo de masas
presenta un perfil nuevo profundamente inquietante, caracterizado por el
carácter masivo y anónimo del objetivo, la pulsión de autosacrificio del
asesino dispuesto a morir y la ausencia de reivindicación. Cada vez es
más difícil anticipar los atentados y neutralizar a sus autores, bien
integrados en la sociedad. A la estructura única de los grupos
tradicionales ha sucedido un sistema de redes cada vez más autónomas,
como franquicias que usan la misma etiqueta.
P.– Hoy parece que la
mayor atención diplomática se centra en la carrera nuclear de Corea del
Norte o Irán.
R.– En efecto; ése el
segundo riesgo que se cierne sobre Europa. El armamento nuclear estuvo
reservado durante largo tiempo a las grandes potencias, con la intención
de disuadir al enemigo. Más tarde, otros países se hicieron con él, como
India, Pakistán e Israel. Corea del Norte e Irán intentan unirse a este
club nuclear, así como dotarse de lanzamisiles, lo que conferiría a su
capacidad un riesgo máximo. En el caos que sucedió a la implosión del
imperio soviético, el material nuclear pudo circular y acabar en manos
poco recomendables. Hay que asumir que existe el riesgo de que grupos
terroristas o mafiosos estén en grado de producir artesanalmente una
bomba sucia. Las armas químicas son de fabricación sencilla. Las
bacteriológicas, aunque exigen una producción más sofisticada, no por
ello constituyen un menor peligro.
P.– ¿Qué papel debe
jugar la política de Defensa en una UE en plena crisis?
R.– El papel de la
Defensa europea es triple. Debe tranquilizar a los ciudadanos europeos
frente a los nuevos riesgos. También debe permitir a Europa, en esta
fase de incertidumbre, relanzar su construcción a partir de la defensa
común de sus valores e intereses. Por último, debe preservar y
desarrollar la capacidad tecnológica y los numerosos empleos que supone
para la UE.
P.– ¿Qué próximos
pasos propone Francia para la Defensa europea?
R.– Tenemos que continuar
apostando por objetivos concretos. Lo hemos hecho con los grupos
tácticos 1500 («Battle groups» en inglés), que permitirán movilizar
1.500 hombres en menos de dos semanas como respuesta a una crisis. Con
la Fuerza de Gendarmería europea, creada en 2004 y que estará en grado
de actuar en paralelo a un proceso de retirada de las fuerzas armadas de
una situación de conflicto. Y no olvidemos a la Agencia Europea de
Defensa, cuyo rol es organizar las necesidades de la Europa de la
Defensa.
P.– ¿Qué especificidad
puede aportar la personalidad militar europea frente a los ejércitos
aliados?
R.– En el terreno, los
militares europeos, por su historia y su proximidad con otras
civilizaciones, son a menudo más cercanos en sus contactos con las
poblaciones. Existe, por tanto, una complementariedad entre lo que hace
la Defensa europea y lo que hace la OTAN en operaciones de mayor
envergadura.
P.– ¿Qué conflictos
del mundo presentan hoy una mayor peligrosidad?
R.– Del Cáucaso a Angola,
de Palestina a Pakistán, de Afganistán a África, sin olvidar Iraq, de
luto casi a diario por los atentados, gigantescos arsenales, salidos
principalmente de la desintegración de la URSS, alimentan estos
conflictos y a los traficantes. A ello podríamos añadir la
multiplicación de zonas grises, regiones que escapan a toda regla
nacional e internacional. Además del África subsahariana, esta
inestabilidad crónica afecta sobre todo al Cáucaso y a Asia Central,
incomparables santuarios para actividades ilegales y mafias. Frente a
estas situaciones, conviene aportar respuestas que, aunque no sean sólo
militares, se quiera o no, son, ante todo, militares.
P.– Usted ha
mencionado Iraq. ¿Francia no enviará nunca soldados a este país? Toda
vez que la ONU dio su acuerdo a la presencia internacional, no parece
que haya diferencias con Afganistán.
R.– Francia sigue siendo
fiel a su decisión. No habrá ni un militar francés en Iraq. Francia
quiere contribuir a la estabilidad y la continuación del proceso
político. El plazo más importante es el de las elecciones, que
permitirán a los iraquíes involucrarse en la reconstrucción con
instituciones legítimas. Participaremos en la reconstrucción, pero sin
presencia militar. La situación es, además, bien diferente de la de
Afganistán. El compromiso de Francia en Afganistán desde 2001, en el
marco de la Fuerza Internacional de Seguridad en Afganistán y de la
lucha contra el terrorismo internacional, se funda en el derecho
internacional. Nuestra presencia allí es a la vez deseada y necesaria.
P.– ¿Ha pedido Francia
explicaciones a España tras la adjudicación del sistema de combate del
submarino S-80 a la empresa norteamericana Lockheed Martín, un contrato
al que postulaba el grupo francés Armaris?
R.– La elección de esta
empresa es una decisión soberana que Francia respeta. Lo que no impide
que Europa mantenga su propia política industrial, una necesidad
tecnológica y operacional que tendrá repercusiones en materia de empleo.
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En primera persona
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Decir que Michèle
Alliot-Marie es mujer de armas tomar resulta un juego de
palabras demasiado fácil, pero no por ello menos cierto. Esta
gaullista convencida de 59 años consiguió ser alcaldesa de San
Juan de Luz en 1995. De sus orígenes vascos le viene su
«estrecha relación» con España, que visita a menudo y a cuya
Prensa mima. Crecida en la machista derecha francesa, se
presenta como una fiel del presidente Chirac. Quien, sin
embargo, comprobó el rocoso carácter de Alliot-Marie cuando ésta
decidió presentarse en 1999 a la secretaría general del RPR,
partido de centroderecha luego convertido en la UMP, frente al
candidato apadrinado por el jefe de Estado. Nadie la esperaba y
venció. De la número tres del Gobierno francés se dice que
podría repetir idéntica jugada en 2007, con Sarkozy y Villepin
dándose estopa cada día. Y ella, sin daños en su escudo,
agazapada esperando su momento.
ha luego
convertido en la UMP, frente al candidato apadrinado por el jefe
de Estado. Nadie la esperaba y venció. De la número tres del
Gobierno francés se dice que podría repetir idéntica jugada en
2007, con Sarkozy y Villepin dándose estopa cada día. Y ella,
sin daños en su escudo, agazapada esperando su momento.
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Fuente: La Razón
06.11.05