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Lunes, 14 de noviembre de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Las 10 claves de una explosión social en Francia, según Bertrand Tavernier

El cineasta francés, que ya en 1998 rodó una película sobre el malestar en los suburbios de París, ofrece su análisis del conflicto

 

www.dartmouth.eduInimitable cuentacuentos de la ficción más ensoñadora (La vida y nada más, Capitán Conan...), Bertrand Tavernier ha ejercido también de cronista feroz de los problemas del mundo real. Las brigadas antidroga (L627), la guerra colonial (La guerra sin nombre) o la adopción de niños (La pequeña Lola) fueron algunos de sus temas. Y otro: en 1998 se fue con su guionista predilecto, su hijo Nils, a vivir tres meses al suburbio de Grands Pêchés, en Montreuil, cerca de París, en respuesta a una carta del entonces ministro de la Integración Social, Eric Raoult, acusando a los intelectuales «de hablar sin haber puesto un pie en las zonas calientes». Tavernier diseccionó las razones del malestar -germen de la explosión social que hoy vive Francia- en su película Al otro lado del periférico. Hoy ofrece para EL MUNDO su personal decálogo de las claves del desastre francés.


Los suburbios y la Prensa. «Mi película hablaba de algo que hoy ha vuelto a quedar demostrado: los periodistas y los políticos no se interesan por la vida en los suburbios más que cuando la cosa explota. Cuando rodé Al otro lado del periférico, mucha gente me lo decía: 'Nunca vienen a vernos cuando las cosas van bien'. Por eso muchos de esos alborotadores exhiben hoy un odio contra los fotógrafos y los informadores que van allí sólo para ver cómo queman coches y luego se van».

Absurda carestía de vida. «La electricidad allí era astronómicamente cara. Y todo era eléctrico, apenas había gas. Era invierno, hacía frío, y las facturas eran increíbles, mucho más caras que la que yo pago en mi casa del centro de París. La gente se quejaba, y a los que no pagaban les expulsaban».

Cierre de escuelas. «El otro problema era la amenaza de cierre de la escuela maternal, que era un lugar de integración y encuentro.Hoy, esa escuela ya está cerrada. En resumen: en vez de ayudar a la gente, los responsables de la Educación Nacional se han dedicado a adoptar medidas puramente contables».

Vándalos con motivo. «No hay vándalo feliz. El que lo hace es porque está jodido, aunque con ello no quiero justificarlo, sólo tomo nota de ello, o sea, que hay motivos para el descontento.Eso sí: hay imbéciles que se refugian tras la insatisfacción social y se dedican a quemar guarderías, algo odioso que da una idea de su inteligencia».

Sin recursos sociales. «Desde el Gobierno Raffarin, la derecha ha ido recortando los presupuestos sociales: se cargaron la policía de proximidad porque era un invento de Jospin, primer ministro de la izquierda. Y recortaron las subvenciones a asociaciones de defensa de la alfabetización de adolescentes. Muchas de ellas han cesado su actividad».

Contra el toque de queda. «El toque de queda es una medida completamente absurda, puesto que afecta a los menores, pero ocurre que hay muchísimos alborotadores e incendiarios de más de 18 años que pueden circular sin problemas; es una medida destinada a epatar al ciudadano, pero que no tendrá eficacia alguna. Cualquier policía te lo dirá: es una decisión absurda. E inaplicable».

El 'Nintendo' político. «Tanto la derecha como la izquierda han cometido un grave error en este país en los últimos 20 años: creer que la política es lanzar consignas desde la televisión.Mire usted a Sarkozy: toda su política es hacer declaraciones en televisión; y el drama de la izquierda, lo que es todavía más idiota, es que gasta todas sus energías en responder a la derecha, en lugar de afrontar los hechos en la calle. Conclusión: entre la derecha y la izquierda practican una política virtual que les tiene muy contentos; para ellos, es como un juego, un nintendo de la política».

Tolerancia cero... ¿cómo? «Desde que empezó el jaleo, Sarkozy no hace más que proclamar la tolerancia cero. ¡Pero si los alcaldes de suburbios tan problemáticos como La Courneuve, Clichy o Montreuil llevan tres años protestando porque les quitan dotaciones policiales! O sea: la derecha dice que la prioridad es la seguridad, pero cada vez hay menos medios para garantizarla, porque hay menos patrullas y también menos comisarías».

Racismo laboral. «Cualquier chaval de los que viven en estos suburbios lo tiene complicadísimo para encontrar trabajo. En cuanto dice que vive en Clichy, o en Montreuil, y que se llama Tarik o Mohammed, se le cierran las puertas. Hay un racismo laboral insostenible. Muchos de estos críos ya están diciendo que se llaman François en vez de Mohammed, para ver si cuela».

Inercia educativa. «Hay una inercia de la Educación Nacional, institución que desde hace 10 años ha venido demostrando una inmensa hipocresía en las reformas educativas. Por ejemplo, jamás, ¡jamás! han incluido en ellas la mínima referencia al papel que juega la televisión en la formación de los adolescentes y los niños. Hay un bombardeo de imágenes tal que se convierte en una descomunal escuela de irresponsabilidad. Si se permite que la imagen virtual devore a los adolescentes, la vida misma acabará siendo virtual para ellos. Mire lo que pasa hoy: queman coches y edificios igual que ocurre en los videojuegos. Esos críos son expertos en tecnología pero no saben que hubo una Guerra Civil en España. Está ocurriendo lo que Fellini nos avisó un día que iba a ocurrir: estamos construyendo generaciones enteras de cretinos impacientes. Y la impaciencia acaba en disturbio».

El maldito departamento 93
Saint-Denis, origen de la revuelta, tiene el mayor índice de homicidios de Francia

Saint-Denis constituye el departamento 93 de la periferia parisina con una población de 1,3 millones, pero también es el número uno de Francia en homicidios, fracaso escolar, desempleo, inmigración clandestina, degradación urbanística, islamismo de garaje, pandilleo armado, delincuencia juvenil y ajetreo de estupefacientes.

Lo dicen las cifras. Por ejemplo, los 135.000 delitos y crímenes cometidos el año pasado. Es decir, un 32% más de cuantos se registraron en 1995, con particular incidencia en los robos a mano armada y en los asesinatos.
Para ampliar, por favor, pulse sobre el gráfico

Conviene recordarlo porque aquí ha nacido sociológica y geográficamente la oleada de violencia callejera que mantiene en jaque a las periferias francesas. Muchas veces con la participación de menores de edad que han dejado de estudiar y que engrosan las filas de las bandas armadas.

La prueba está en que los adolescentes cometen el 21,92% de los delitos verificados en Saint-Denis. Generalmente involucrados en asaltos y en el tráfico de estupefacientes, precisamente porque se trata de una fuente de dinero fácil. Fácil porque los camellos pueden ganar al día entre 50 y 300 euros. Dependiendo de la oferta y de la demanda, aunque Saint-Denis es un mercado próspero y fecundo donde cinco gramos de cocaína se cotizan normalmente a 250 euros.

«A este problema se añade otro no menos singular: el 45% de las ventas de hachís se realiza en los propios colegios, de modo que se envenena todo el sistema», explicaba a la revista L'Express el abogado de menores Daniel Merchat.

La situación es tan grave que las instituciones francesas han creado en el barrio caliente de Bobigny (Saint-Denis) el primer tribunal específico de menores que existe en Francia. Sin duda como una respuesta funcional a una realidad estadística acomplejante: Saint-Denis registra el doble de los expedientes delictivos juveniles de Marsella y de París, siendo muchísimo menos populosa que ambas ciudades.

«Desgraciadamente, muchos chavales encuentran en la violencia y en la calle una salida. Está comprobado que el perfil de los infractores coincide con los muchachos que han dejado de estudiar y que viven en familias con poquísimos recursos», explica la juez Charlotte Trabut.

Los datos le dan la razón, sobre todo considerando que 250.000 habitantes de Saint-Denis viven en condiciones miserables y que un 28% de ellos tienen menos de 18 años.

¿Soluciones? Hay muchachos que no trafican ni consumen estupefacientes, pero que cobran 80 euros al día desempeñado las funciones de vigilantes. No para imponer el orden, sino para prevenir de la llegada de la policía a los barrios.

Aunque las fuerzas del orden pierden peso y autoridad cuando penetran en las calles destartaladas de Saint-Denis. Resulta que una quinta parte de las infracciones provienen de desacato a la autoridad y de agresiones verbales o físicas a los agentes uniformados que intentan poner orden.

Hay una explicación antidisciplinaria de fondo: los 4.300 funcionarios policiales desplegados en el Bronx de Saint-Denis llegan al departamento 93 desprovistos de experiencia profesional. Sin olvidar que el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, antagonista de la oleada vandálica, decidió suprimir la policía de barrio que había establecido el ex premier Jospin para intentar buscar un vínculo de confianza entre la ciudadanía y las fuerzas del orden. Ahora no existe, pero sobre todo, se ha multiplicado sin arreglo la discordia entre los policías y los guerrilleros.

El porvenir preocupa tanto como los datos archivados en 2004.Porque este Bronx edificado a orillas del Sena multiplica de manera progresiva los delitos de sangre. 57 personas fueron asesinadas el año pasado. Exactamente un 18% más de cuantas se registraron en el ejercicio de 2003.

Nicolas Sarkozy se enorgullece de haber reducido un 8% el número de delitos cometidos en Francia desde su llegada al Ministerio de Interior de 2003.

Lástima que las cifras de Saint-Denis le ensucien el expediente.

Fuente: el Mundo
11.11.05

Artículo: Las desventuras de los gendarmes (14.11.05)
Artículo: Arde Paris (09.11.05)
 

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