El
Metro de Madrid abre sus puertas para enseñar los talleres y el
laboratorio donde se ubica un aula contra incendios
En busca del fuego
Estamos en la estación de
Islas Filipinas», explica Miguel Ángel Martínez, técnico de Protección
Civil encargado de la supervisión de las instalaciones, mientras señala
la taquilla, los tornos de acceso y los demás elementos propios del
lugar.
Aunque en realidad se trata de dicha estación, esto se sitúa a más de
diez kilómetros de distancia y, en vez de bajo tierra, a nivel de calle.
Esto es el centro de formación que el Metro tiene en Canillejas.
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Cuadro de activación del
puesto de control de una estación de Metro, desarrollado por
la propia compañía |
Se utiliza para los continuos
cursos de formación y reciclaje del
personal del Metro, donde se aprende desde el funcionamiento de los
expendedores a, lo que es mucho más importante, los sistemas de control
de la estación.
También está una precisa reproducción de la sala central del Alto del
Arenal, el epicentro del control de todo lo que ocurre en el Metro
madrileño. Desde el movimiento de los trenes, al incendio ocasional de
una papelera, todo se ve, se analiza y se soluciona desde este lugar.
Con todo, a los visitantes que estos días aprovechan para conocer las
instalaciones, lo que verdaderamente les llama la atención es la sala de
al lado.
Es el Aula del Fuego, donde pueden ver los diferentes sistemas empleados
para atajar los incendios en la red que, por cierto, desde la
prohibición de fumar en toda la red, han disminuido espectacularmente.
Este año sólo se han registrado dos o tres alarmas.
«Tenemos representados los sistemas de detección y extinción de
incendios, presentes en las estaciones de la red», explica Mónica García
Blanco, otra de los técnicos que controlan estas instalaciones.
Se controlan desde los cuadros de activación de los puestos de control
local, las taquillas, y también el puesto central de mando del Metro.
Estos sistemas buscan sobre todo una detección precoz. Por ello, están
afinados al máximo. «Detectan humos que el hombre es incapaz de oler»,
señala García. En el momento que lo hacen, el sistema se activa y
empieza a echar agua nebulizada sobre el foco.
«El agua sale a una altísima presión, por lo que se atomiza mucho,
formándose una niebla que no transmite la electricidad pero que apaga el
fuego pues lo enfría y desplaza el oxígeno sofocando el fuego», explica
García mientras tras los cristales de la Sala Hidráulica de Descargas,
los extintores se activan automáticamente, apagando unas llamas que se
acaban de provocar en cuestión de segundos.
Además de este Aula del Fuego, se visitan los talleres de la compañía y
el laboratorio, donde se revisa y pone a punto todo el material
utilizado por la empresa.
Talleres Centrales, Laboratorio y Aula de Fuego de Metro. Tel.: 91 379
01 55/57 y www.metromadrid.es
Fuente: El Mundo
15.11.05
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