El
jefe del Ejército japonés, 'condenado' a vivir en la sombra
Pese a estar
presentes en misiones en todo el mundo, los militares nipones siguen
siendo casi clandestinos en su país, donde ni siquiera pueden vestir el
uniforme en público
Si se encontrara con
Tsutomu Mori de camino al trabajo en el centro de Tokio, nunca
adivinaría su profesión. Cada día, cientos de personas como él, vestidos
de paisano, se reúnen en un complejo dotado con las más sofisticadas
medidas de seguridad en el barrio de Ichigaya, en Tokio.

Sólo entonces se ponen el
uniforme verde oliva, con sus medallas y sus estrellas. A salvo de las
miradas indiscretas, aparece entonces el general Mori, jefe del Estado
Mayor de las Fuerzas de Autodefensa.
Durante décadas, los militares nipones han intentado elevar la
categoría
de una de las fuerzas mejor equipadas del mundo. Pero 60 años después de
la II Guerra Mundial, -durante la cual su padre luchó contra los
británicos en Myanmar (la antigua Birmania), el general Tsutomu Mori no
puede vestir de uniforme en público ni referirse a su organización como
un Ejército.
«Es una cuestión delicada y compleja», comenta el militar. «Pero para la
gente como yo es difícil llevar uniforme en un tren abarrotado».Esta es
la paradoja del Ejército japonés. A pesar de estar más activo que nunca
en misiones repartidas por el mundo, continúa siendo casi una vergüenza
para muchos de sus compatriotas.
De hecho, en Japón, es más probable ver a alguno de los 47.000 soldados
estadounidenses emplazados en el país que a cualquiera de los 240.000
miembros de sus Fuerzas de Autodefensa (SDF).
En la Constitución
Estas fuerzas se crearon en 1954, cuando la Guerra Fría se intensificó e
hizo que la política original de EEUU de impedir que Japón contara con
un Ejército de Tierra, Mar y Aire empezara a parecer poco razonable.
Pero las palabras permanecen en la Constitución, y de ahí el título
eufemístico de estas fuerzas. Incluso Yoshinori Mori, ministro de
Defensa, es oficialmente el director general de la Agencia de Defensa de
Japón, y no un ministro.
Hace unos días, el Gobierno de Tokio decidió prolongar un año la misión
que desempeñaba desde principios de la década en el Océano Indico, donde
varios barcos de la Marina japonesa reabastecen de combustible a los
navíos estadounidenses que rodean Afganistán.
Se espera que durante el mes de diciembre se anuncie una prórroga
similar para los 500 soldados japoneses destinados en la ciudad de
Samawa, en Irak.
Para la sociedad nipona, éstas son empresas atrevidas y
arriesgadas. Desde la traumática derrota japonesa en la guerra, los
militares se encerraron en su caparazón y sólo en los últimos años se
han dejado ver un poco. Las Fuerzas de Autodefensa ocupan una posición
muy ambigua en la sociedad, y la reaparición gradual ha provocado tanto
malestar como orgullo.
Recientemente, por ejemplo, hubo grandes manifestaciones de protesta de
grupos pacifistas en la ciudad costera de Sasebo, tras un desfile anual
de los miembros de las Fuerzas Armadas, cuyos representantes exhibían,
por primera vez, rifles y bayonetas.
«Es importante para la historia reciente de Japón, un asunto muy
controvertido», afirma el general Mori. «Mientras tengamos esta
Constitución, no podemos contar con un Ejército, por lo que ni siquiera
nosotros mismos podemos calificarnos como Ejército...Yo, personalmente,
deseo que podamos seguir la normas internacionales en materia militar,
pero en mi posición, no es apropiado que haga estos comentarios...»
Durante la Guerra Fría, parecía obvio que el enemigo contra el que
debían actuar las Fuerzas de Autodefensa era la Unión Soviética.
Pero hoy en día, el país está en proceso de adaptación a otro tipo de
amenazas mucho menos precisas, como los misiles balísticos de Corea del
Norte -convencionales o nucleares- o la amenaza del terrorismo
internacional. A lo largo de los últimos meses, los medios de
comunicación nipones informaron de que la Administración ha comenzado a
trabajar en una nueva estrategia de Defensa para el país, centrada cada
vez más en anticiparse a una creciente amenaza de China.
Fuente: El Mundo
13.11.05