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Miércoles, 22 de noviembre de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Historia de los cuarteles de Campamento

Testigos mudos de la posguerra, los cuarteles de la carretera de Extremadura han estado más de cincuenta años al servicio de España. En pocas semanas serán un recuerdo del pasado

 

No es fácil tener conciencia de la extensión de los cuarteles de Campamento. Para los futboleros, podría decirse que ocupan el mismo espacio que 1.200 veces el estadio Santiago Bernabéu. Para el resto de los mortales, incluido el ministro Bono, el desarrollo (891 hectáreas) es tan grande como Toledo. Campamento es una miniciudad dentro de Madrid. Un mundo aparte que se pone de manifiesto nada más cruzar las murallas que rodean el complejo de 891 hectáreas, a ambos lados de la carretera de Extremadura.

Foto: ABCTodo comenzó a finales de los años veinte. La seguridad nacional, y la necesidad de «blindar» Madrid, llevó a las autoridades a levantar complejos cuartelarios en todas las carreteras de entrada o salida de la capital. Era el plan de construcción de los Cantones Militares. Así surgieron las instalaciones de Campamento. Su denominación inicial era la de «Campamento Militar» o «Campamento de Carabanchel Alto», pues entonces no se encontraban situados en el término municipal de Madrid.

Su aspecto exterior presentaba similitudes estilísticas con otros cuarteles de la época como los de Getafe, Vicálvaro, Remonta, paseo de Moret o Pacífico, tal y como recuerda Antonio Morcillo, presidente del Grupo de Estudios del Frente de Madrid (Gefrema). Pero las instalaciones de entonces nada tenían que ver con las de ahora. Para empezar porque ocupaban una décima parte de la superficie actual. Hasta la conclusión de la guerra civil sólo ocho cuarteles defendían la zona. Era el Batallón de Zapadores número 1; el Regimiento de Artillería a Caballo; el Servicio de Información; el Grupo de Defensa contra Aeronaves; la Escuela Central de Tiro; una estación militar; la base aérea de Cuatro Vientos y una serie de fortines desaparecidos.

Casi todas desaparecieron durante la contienda nacional. Sólo el Batallón de Zapadores y unas pequeñas dependencias del Regimiento de Artillería a Caballo se conservan en la actualidad. Del primero dicen que su monumentalidad le permitirá sobrevivir a las excavadoras que entrarán en la zona dentro de unas semanas.

Pero de las antiguas instalaciones, las crónicas destacan con mayor profusión la terraza de la Escuela Central de Tiro. Cuentan, como recuerda Antonio Morcillo, que el general Varela la utilizaba para dirigir las operaciones destinadas a la ocupación de Pozuelo, Aravaca, Cuesta de las Perdices y Cerro del Águila, en la Batalla de Madrid. Los corresponsales extranjeros también se asomaron por ella para informar al resto del mundo de los últimos coletazos de la guerra.

En primera línea de fuego

Las antiguas dependencias se reforzaron en 1938 con la construcción de dos fortines circulares en las cercanías de la actual estación de Metro de Campamento. Hoy en día han desaparecido. Uno permanece enterrado en la plaza de Carmona, mientras que el otro todavía puede apreciarse (por su perfil cementado) en el aparcamiento subterráneo de los pisos de la Caja de Ahorros en la calle del Padre Piquer.

Los cuarteles de Campamento se encontraban casi en primera línea de fuego. Por eso cuando la contienda concluyó apenas quedaron en pie unas pocas instalaciones. La posguerra trajo la restauración de algunos (Batallón de Zapadores-Minadores) y la desaparición del resto. Aunque no tardó el desarrollo en resurgir de sus cenizas. Pero esta vez el renacimiento fue a lo grande. Así, de los ocho cuarteles que se levantaron en sus orígenes, se pasaron, años más tarde, a veinte.

El monstruoso complejo dio servicio a los intereses militares durante más de cincuenta años. Hileras de angares, una tras otra, pueblan la zona desde entonces hasta conseguir un aspecto casi industrial. Los vecinos de viviendas colindantes recuerdan el sonido, firme y rítmico, de las botas golpeando el suelo cuando los soldados desfilaban por sus cuarteles. La puesta en marcha de los tanques, las órdenes y cantos militares, el disparar de las armas, el toque de corneta... Estos registros forman ya parte del pasado.

El Ministerio ha ido desalojando gradualmente las instalaciones. En la actualidad sólo quedan cinco cuarteles en activo: Cuartel General de Fuerza Acción Rápida, Servicio Geográfico del Ejército, Unidad Veterinaria, Unidad de Apoyo de Capitanía y Parque Central de Mantenimiento de Material de Intendencia.

Entrar ahora en Campamento no es sencillo. Desde hace unos años, el Ejército amuralló todas las dependencias abandonadas para evitar la entrada de intrusos. Por donde antes se paseaban soldados, sargentos o capitanes, comenzó a convertirse en un lugar frecuentado por drogadictos, «okupas», mendigos y «grafiteros». Jeringuillas y basura por el suelo, y paredes llenas de pintadas acabaron por formar parte de la decoración de un entorno que había sido construido para afianzar la unidad y seguridad de la capital.

Sólo tras enviar reiteradas instancias a diferentes organismos (Defensa, Capitanía...) uno consigue traspasar las barreras que separan la ciudad de Madrid de la «ciudad» de Campamento. Una vez dentro, un laberinto de pasadizos y calles estrechas hacen que el visitante pierda la noción del tiempo y, sobre todo, su sentido de la orientación. Construcciones de baja densidad, modulares, alineadas simétricamente y de escasas ventanas se multiplican a lo largo del recorrido. «Nosotros nos decantamos más por el románico que por el gótico», comenta con sorna un soldado.

Pesadez y horizontalidad

Y es que en Campamento prima la pesadez y horizontalidad, frente a la ligereza y verticalidad de los nuevos edificios de oficinas del centro de la capital. El exterior de los cuarteles combina paredes de ladrillo con un blanco descascarillado que anuncia su inminente fecha de caducidad. De entre los estrechos callejones se abre, en ocasiones, amplios espacios que demuestran que en algún momento de la historia se utilizaron como zona de pruebas de tiro o, simplemente, como campo de fútbol.

Defensa ya ha comenzado a elaborar su plan de demolición. Los primeros cuarteles en caer serán el General Muñoz Grandes, el Capitán Agrados y la estación militar de Campamento. Todo comenzará antes de Navidad, según afirmó Bono. Villaverde y Colmenar serán algunos de los municipios que acojan las dependencias que todavía se encuentran en activo.

De todos ellos se salvará el Servicio Geográfico del Ejército. Esta dependencia compartirá suelo con las futuras viviendas y vecinos de la zona. No en vano, entre sus cuatro paredes se celebró el juicio por el fallido golpe de Estado del 23-F. Y es que una cosa es intentar modernizar el pasado y otra acabar con la historia.

Fuente: ABC
20.11.05

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