Historia de los cuarteles de Campamento
Testigos mudos de
la posguerra, los cuarteles de la carretera de Extremadura han estado
más de cincuenta años al servicio de España. En pocas semanas serán un
recuerdo del pasado
No es fácil tener
conciencia de la extensión de los cuarteles de Campamento. Para los
futboleros, podría decirse que ocupan el mismo espacio que 1.200 veces
el estadio Santiago Bernabéu. Para el resto de los mortales, incluido el
ministro Bono, el desarrollo (891 hectáreas) es tan grande como Toledo.
Campamento es una miniciudad dentro de Madrid. Un mundo aparte que se
pone de manifiesto nada más cruzar las murallas que rodean el complejo
de 891 hectáreas, a ambos lados de la carretera de Extremadura.
Todo comenzó a finales de los años veinte. La seguridad nacional, y la
necesidad de «blindar» Madrid, llevó a las autoridades a levantar
complejos cuartelarios en todas las carreteras de entrada o salida de la
capital. Era el plan de construcción de los Cantones Militares. Así
surgieron las instalaciones de Campamento. Su denominación inicial era
la de «Campamento Militar» o «Campamento de Carabanchel Alto», pues
entonces no se encontraban situados en el término municipal de Madrid.
Su aspecto exterior presentaba similitudes estilísticas con otros
cuarteles de la época como los de Getafe, Vicálvaro, Remonta, paseo de
Moret o Pacífico, tal y como recuerda Antonio Morcillo, presidente del
Grupo de Estudios del Frente de Madrid (Gefrema). Pero las instalaciones
de entonces nada tenían que ver con las de ahora. Para empezar porque
ocupaban una décima parte de la superficie actual. Hasta la conclusión
de la guerra civil sólo ocho cuarteles defendían la zona. Era el
Batallón de Zapadores número 1; el Regimiento de Artillería a Caballo;
el Servicio de Información; el Grupo de Defensa contra Aeronaves; la
Escuela Central de Tiro; una estación militar; la base aérea de Cuatro
Vientos y una serie de fortines desaparecidos.
Casi todas desaparecieron durante la contienda nacional. Sólo el
Batallón de Zapadores y unas pequeñas dependencias del Regimiento de
Artillería a Caballo se conservan en la actualidad. Del primero dicen
que su monumentalidad le permitirá sobrevivir a las excavadoras que
entrarán en la zona dentro de unas semanas.
Pero de las antiguas instalaciones, las crónicas destacan con mayor
profusión la terraza de la Escuela Central de Tiro. Cuentan, como
recuerda Antonio Morcillo, que el general Varela la utilizaba para
dirigir las operaciones destinadas a la ocupación de Pozuelo,
Aravaca,
Cuesta de las Perdices y Cerro del Águila, en la Batalla de Madrid. Los
corresponsales extranjeros también se asomaron por ella para informar al
resto del mundo de los últimos coletazos de la guerra.
En primera línea de fuego
Las antiguas dependencias se reforzaron en 1938 con la construcción de
dos fortines circulares en las cercanías de la actual estación de Metro
de Campamento. Hoy en día han desaparecido. Uno permanece enterrado en
la plaza de Carmona, mientras que el otro todavía puede apreciarse (por
su perfil cementado) en el aparcamiento subterráneo de los pisos de la
Caja de Ahorros en la calle del Padre Piquer.
Los cuarteles de Campamento se encontraban casi en primera línea de
fuego. Por eso cuando la contienda concluyó apenas quedaron en pie unas
pocas instalaciones. La posguerra trajo la restauración de algunos
(Batallón de Zapadores-Minadores) y la desaparición del resto. Aunque no
tardó el desarrollo en resurgir de sus cenizas. Pero esta vez el
renacimiento fue a lo grande. Así, de los ocho cuarteles que se
levantaron en sus orígenes, se pasaron, años más tarde, a veinte.
El monstruoso complejo dio servicio a los intereses militares durante
más de cincuenta años. Hileras de angares, una tras otra, pueblan la
zona desde entonces hasta conseguir un aspecto casi industrial. Los
vecinos de viviendas colindantes recuerdan el sonido, firme y rítmico,
de las botas golpeando el suelo cuando los soldados desfilaban por sus
cuarteles. La puesta en marcha de los tanques, las órdenes y cantos
militares, el disparar de las armas, el toque de corneta... Estos
registros forman ya parte del pasado.
El Ministerio ha ido desalojando gradualmente las instalaciones. En la
actualidad sólo quedan cinco cuarteles en activo: Cuartel General de
Fuerza Acción Rápida, Servicio Geográfico del Ejército, Unidad
Veterinaria, Unidad de Apoyo de Capitanía y Parque Central de
Mantenimiento de Material de Intendencia.
Entrar ahora en Campamento no es sencillo. Desde hace unos años, el
Ejército amuralló todas las dependencias abandonadas para evitar
la
entrada de intrusos. Por donde antes se paseaban soldados, sargentos o
capitanes, comenzó a convertirse en un lugar frecuentado por
drogadictos, «okupas», mendigos y «grafiteros». Jeringuillas y basura
por el suelo, y paredes llenas de pintadas acabaron por formar parte de
la decoración de un entorno que había sido construido para afianzar la
unidad y seguridad de la capital.
Sólo tras enviar reiteradas instancias a diferentes organismos (Defensa,
Capitanía...) uno consigue traspasar las barreras que separan la ciudad
de Madrid de la «ciudad» de Campamento. Una vez dentro, un laberinto de
pasadizos y calles estrechas hacen que el visitante pierda la noción del
tiempo y, sobre todo, su sentido de la orientación. Construcciones de
baja densidad, modulares, alineadas simétricamente y de escasas ventanas
se multiplican a lo largo del recorrido. «Nosotros nos decantamos más
por el románico que por el gótico», comenta con sorna un soldado.
Pesadez y horizontalidad
Y es que en Campamento prima la
pesadez y horizontalidad, frente a la
ligereza y verticalidad de los nuevos edificios de oficinas del centro
de la capital. El exterior de los cuarteles combina paredes de ladrillo
con un blanco descascarillado que anuncia su inminente fecha de
caducidad. De entre los estrechos callejones se abre, en ocasiones,
amplios espacios que demuestran que en algún momento de la historia se
utilizaron como zona de pruebas de tiro o, simplemente, como campo de
fútbol.
Defensa ya ha comenzado a elaborar su plan de demolición. Los primeros
cuarteles en caer serán el General Muñoz Grandes, el Capitán Agrados y
la estación militar de Campamento. Todo comenzará antes de Navidad,
según afirmó Bono. Villaverde y Colmenar serán algunos de los municipios
que acojan las dependencias que todavía se encuentran en activo.
De todos ellos se salvará el Servicio Geográfico del Ejército. Esta
dependencia compartirá suelo con las futuras viviendas y vecinos de la
zona. No en vano, entre sus cuatro paredes se celebró el juicio por el
fallido golpe de Estado del 23-F. Y es que una cosa es intentar
modernizar el pasado y otra acabar con la historia.
Fuente: ABC
20.11.05