Los detectives del ADN
viven en Bosnia
Cuando el Gobierno
tailandés se enfrentó hace un año a los miles de restos no identificados
de las víctimas del tsunami supo rápidamente que sólo había un lugar en
el mundo donde podía recibir ayuda inmediata: Bosnia-Herzegovina.
Unos años antes, EE UU
también había recurrido, para identificar a las víctimas del 11-S, a la
experiencia del horror desarrollada en los Balcanes por la Comisión
Internacional de las Personas Desaparecidas (ICMP,
www.icmp.org).
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La morgue de Tuzla, donde se
encuentran los restos sin identificar de miles de personas
asesinadas en Srebrenica |
Las guerras que arrasaron
la antigua Yugoslavia durante los noventa, desde Croacia hasta Kosovo,
dejaron cientos de miles de muertos y decenas de miles de desaparecidos.
La ICMP fue creada en 1997 para enfrentarse a este problema,
especialmente grave en el caso de Bosnia, no sólo por la magnitud de los
crímenes, sino porque los cuerpos, sobre todo tras la matanza en julio
de 1995 de 8.000 musulmanes en Srebrenica, fueron removidos de una fosa
común a otra haciendo la identificación forense tradicional imposible.
Las cifras son brutales: en Bosnia la guerra dejó más de 20.000
desaparecidos, de los cuales han sido identificados hasta ahora 6.731.
Diez años después del Tratado de Dayton, firmado el 21 de noviembre de
1995 y ratificado en París el 14 de diciembre, que puso fin a la guerra,
el tema de los desaparecidos es el terreno en el que se ha producido un
acuerdo político mayor entre las tres comunidades, ya que la Federación
Croata Musulmana y la República Serbia (las dos entidades en las que
está dividida Bosnia) decidieron este verano crear una única
institución
estatal para la búsqueda de desaparecidos, un paso enorme ya que este
país carece prácticamente de organismos federales (y, en general, de
cualquier tipo de acuerdo entre las comunidades). La Corte Estatal para
crímenes de guerra, creada a principios de año, es la otra excepción.
"Nuestra organización ha desarrollado un método que es capaz de
identificar a un número enorme de personas", asegura Doune Porter,
portavoz de la ICMP. El sistema consiste en la recolección de ADN de las
familias de los desaparecidos, así como de los huesos encontrados en las
fosas comunes. Toda la información se introduce en una base de datos y
se cruzan utilizando un programa propio hasta que dan resultados
positivos: entonces, cuando se tiene una certeza científica superior al
99,95% de que se trata de esa persona, comienza el proceso de
identificación tradicional con la información posterior y anterior a la
muerte.
"Desgraciadamente por el horror que hemos encontrado aquí, tenemos más
experiencia que cualquier otro laboratorio del mundo en sacar muestras
de ADN de huesos. Por eso nos llegaron tantos restos desde Tailandia
tras el tsunami, 1.579 muestras de las que hemos conseguido 530
identificaciones de 20 países. También nuestra experiencia en
identificación a ciegas a través de un ordenador hizo que el Gobierno
estadounidense adoptase nuestro sistema para las víctimas del World
Trade Center", agrega Porter en las oficinas en Sarajevo de la
organización, que actúa de forma independiente de la ONU y que está
financiada por una quincena de países.
En la morgue de Tuzla, una ciudad situada 120 kilómetros al norte de
Sarajevo, donde la ICMP tiene sus laboratorios centrales, Edin H.
Jasaragic, responsable de la coordinación de identificaciones para Srebrenica, explica junto a una morgue que alberga los restos de unas
4.000 víctimas de las matanzas: "Con los sistemas tradicionales, a
través de la ropa o de la información proporcionada por los huesos, era
imposible identificar a las víctimas. El trabajo era enorme y los
resultados mínimos. Desde que se puso en marcha el sistema nuevo, las
cosas han cambiado totalmente". Las cifras son contundentes: en 2000
hubo 26 identificaciones, pero desde que se puso en marcha el sistema de
ADN son unas 500 al año.
La elección de Tuzla como base de operaciones para la ICMP no es una
casualidad: está cerca de las fosas secundarias y terciarias de
Srebrenica -aquellas a las que las huestes de Mladic y Karadzic
trasladaron los cuerpos desde las fosas originales cuando fueron
descubiertas por satélite poco después de la masacre- y también del
noreste y noroeste del país, donde los radicales serbios cometieron las
peores atrocidades en su genocidio contra los bosnios.
"Nosotros no trabajamos con datos de nacionalidad. Nuestra misión es
identificar a una persona y comunicárselo a la familia. Para nosotros
todos los desaparecidos son iguales", señala Zlatan Sabanovic,
responsable del centro de la ICMP en Tuzla, donde se han recogido 75.313
muestras de ADN (es necesaria una media de 3 personas por desaparecido
para realizar una identificación). Organizaciones de derechos humanos y
el Gobierno bosnio proporcionan unas cifras aterradoras: el 92% de los
desaparecidos en Bosnia son civiles musulmanes (un 13% de ellos mujeres
y un 3% niños).
Conocer la verdad
La organización se ocupa de todas las fases del proceso, desde la
búsqueda de las fosas comunes (en verano presentaron un nuevo método
basado en patrones geográficos para localizar enterramientos masivos que
pretenden utilizar en Irak en el futuro) hasta la firma final, por parte
del médico forense, de la identificación positiva. "A través de este
proceso se logra que los familiares conozcan la verdad. Es una ayuda en
el camino hacia la estabilización y, ojalá, alguna forma de
reconciliación", señala Doune Porter, quien aclara que no hacen
investigación penal, a diferencia de la organización creada por el
Estado bosnio.
Fabiana Frascaroli, una antropóloga forense argentina que trabaja en
casos de Srebrenica, sobre todo en la recomposición de cuerpos que han
aparecido en diferentes fosas, explica ante los restos de un joven de 14
años que sólo los análisis de ADN permitieron llegar a tener un
esqueleto relativamente completo. El nombre de este joven, cuyos restos
aparecieron en dos fosas diferentes, sigue siendo un misterio, otro caso
abierto del horror sin límites de Bosnia.
Fuente: El País
20.11.05
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