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Viernes, 25 de noviembre de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Cuando el III Reich se sentó en el banquillo

60 años del juicio de Nuremberg

 

Los horrores de la guerra. El martes 20 de noviembre de 1945, 21 jerarcas del régimen nazi eran sometidos a juicio en la derruida ciudad de Nuremberg.

El fiscal estadounidense Robert Jackson realizaba entonces un encendido alegato contra la barbarie: «El último recurso para impedir que las guerras se repitan periódicamente y se hagan inevitables por desprecio a las leyes internacionales es hacer que los estadistas sean responsables ante estas leyes»

El presidente del Tribunal impuso silencio con vigorosos golpes de mazo: «La vista queda abierta»... De inmediato, tomó la palabra el juez Jackson, el padre del Proceso de Nuremberg, fiscal en representación de Estados Unidos: «La Justicia ha de alcanzar a aquellos hombres que se arrogan un gran poder y que, basándose en él y, previa consulta entre ellos, provocan una catástrofe que no deja inmune hogar alguno de este mundo», argumentó.

Eran las 10.15 horas de la mañana del 20 de noviembre de 1945.Comenzaba el Juicio de Nuremberg, en el que los vencedores en la II Guerra Mundial juzgaban a los principales responsables del III Reich y de sus actos.

En el Salón 600 del Palacio de Justicia de la destruida ciudad, ante más de 500 personas -fiscales, abogados, funcionarios judiciales, testigos, periodistas y militares- se sentaba el Tribunal Internacional, compuesto por ocho jueces -cuatro titulares y cuatro suplentes, uno por cada uno de los Cuatro Grandes- que debería juzgar a los 21 acusados en aquel primer y solemne proceso contra el nazismo.

Los vencedores, que a partir del otoño de 1942, en plena guerra, debatían la idea de procesar a los responsables del conflicto y de las atrocidades cometidas durante su desarrollo, habían adoptado una política ejemplificadora para abrir los juicios: se debía castigar a los que provocaron la guerra -los políticos-, a los que la posibilitaron -funcionarios, industriales y banqueros-, a los que la llevaron a cabo -los militares- y a los responsables de las atrocidades del régimen hitleriano.

Por eso, en la doble grada que hacía de banquillo para los acusados, se sentaba Hermann Goering, nazi de primera hora, político fundamental en el triunfo del partido, ministro en el primer Gobierno de Hitler, fundador de la aviación militar alemana y su jefe durante todo el conflicto, y segundo hombre del régimen tras Hitler.

Hess y Von Ribbentrop

A su lado se sentaba Rudolf Hess, estrecho colaborador del Führer en su escalada hacia el poder y su imprescindible colaborador en la redacción del ideario nazi, contenido en Mein Kampf («Mi lucha»). Junto a él, Joachim von Ribbentrop, ministro de Exteriores y uno de los grandes responsables de la guerra. A continuación, el mariscal Wilhelm Keitel, jefe del Departamento de Mando y Operaciones (OKW), superestructura de todas las fuerzas armadas alemanas. Luego, Alfred Rosenberg, filósofo del nazismo, paladín de la superioridad aria... Y así, hasta 20 personajes del nazismo, pues en aquella sesión inaugural se hallaba en la enfermería Ernst Kaltenbrunner -lugarteniente de Himmler y uno de los grandes protagonistas de la represión- a causa de una hemorragia cerebral.

Los organizadores del juicio hubieran deseado tener en ese megaproceso a Heinrich Himmler, señor del terror nazi, pero se les había escurrido entre los dedos, mordiendo una cápsula de cianuro que llevaba escondida en la boca. Tampoco pudieron llevar a Martin Bormann, desaparecido en la agonía de Berlín; ni a Robert Ley, organizador del trabajo esclavo a base de prisioneros de guerra y ciudadanos arrancados de los países vencidos: se había ahorcado el mes anterior en su celda de Nuremberg. Finalmente, tampoco estaba allí Gustav Krupp, uno de los industriales que había propiciado el encumbramiento de Hitler y de los hombres de negocios que, con su producción armamentística, más había contribuido a la guerra. Octogenario, padecía demencia senil y de nada hubiera servido en aquella sala.

El proceso se prolongaría 218 días, durante los que desfilaron ante el tribunal centenares de testigos y se examinaron toneladas de documentos.

Desde noviembre de 1945 a marzo, se desarrolló la primera fase del juicio, el trabajo de los fiscales para establecer las responsabilidades de cada acusado; a partir de marzo, en la segunda fase, los inculpados desplegaron su defensa. En julio, los fiscales expusieron sus conclusiones y las defensas, sus últimos alegatos exculpadores.

En septiembre, el tribunal, valoradas las pruebas, estudiadas las demandas del Ministerio Fiscal y escuchadas las razones de la defensa y el testimonio de los acusados, dictó sentencia: Goering, Ribbentrop, Keitel, Kaltenbrunner, Rosenberg, Frank, Frick, Streicher, Sauckel, Jodl, Seyss-Inquart y Bormann (en rebeldía) fueron condenados a muerte.

Hess, Raeder y Funk, a cadena perpetua; Speer y Schirach, a 20 años de reclusión; Neurath, a 15; Doenitz, a 10 años; Von Papen, Fritzsche y Schacht fueron absueltos.

Goering prefiere el cianuro

Los condenados elevaron a las autoridades aliadas demandas de revisión de sus procesos y de conmutación de sus penas, pero fue inútil. En la madrugada del 16 de octubre de 1946, sin anuncio previo a los condenados, se llevaron a cabo las ejecuciones.Justo antes, Goering se suicidó ingiriendo una cápsula de cianuro, cuya procedencia sigue siendo un misterio. Pese a la conmoción que originó el suicidio, el programa se inició tal como estaba previsto.

En el patíbulo erigido en el gimnasio de la prisión fueron ahorcados, uno tras otro, los diez condenados restantes, comenzando por Ribbentrop y concluyendo con Seyss-Inquart, que llegó ante el patíbulo a las 2.45 horas y cuya muerte fue certificada por el médico 12 minutos más tarde, a las 2.57.

Había concluido la ejecución. El sargento mayor del Ejército norteamericano John C. Woods, el verdugo, dijo satisfecho: «Diez hombres en 103 minutos; esto es un trabajo rápido». A las cuatro de la madrugada, fueron sacados del Palacio de Justicia los once féretros.

Dos camiones, escoltados por motoristas y dos vehículos militares, los condujeron hasta la localidad bávara de Dachau, cerca de Munich, donde fueron incinerados en uno de los hornos crematorios situados en el campo de concentración, que funcionó por última vez. Sus cenizas terminaron en el río Isar. Todo esto se hizo dentro del mayor secreto y los detalles no se conocerían hasta una década más tarde.

Otros crímenes y criminales de guerra desde 1945
Finalizados los juicios de Nuremberg, la Guerra Fría pasó a ser prioridad absoluta entre los vencedores de la II Guerra Mundial.Los principios alumbrados en la ciudad alemana fueron sepultados por los intereses estratégicos de las superpotencias. No se volvió a hablar del tema, con excepción de foros jurídicos, y la idea de una jurisdicción internacional fue borrada de la agenda. Eso no quita que los casos seleccionados a continuación sigan siendo crímenes internacionales.

Durante la guerra de la independencia argelina (1954-1962), Francia recurrió a estrategias similares a las de los nazis en los países ocupados. Decenas de pueblos fueron arrasados por el ejército colonial francés y miles de argelinos no combatientes asesinados.

Vietnam

A medida que fracasaban los esfuerzos de EEUU para vencer a la guerrilla, aumentó el uso de armas prohibidas por las convenciones de Ginebra. Entre 1965 y 1974, EEUU recurrió a los métodos más brutales contra la población civil, convertida en objetivo militar.Las principales ciudades de Vietnam del Norte fueron bombardeadas, causando muerte, heridas y mutilaciones a centenares de miles de civiles. En el campo, se generalizó el uso de bombas de napalm, una sustancia que se incendiaba al estallar y se adhería al cuerpo sin forma alguna de apagarla.

Camboya

Tras la derrota de EEUU en 1975, tomó el poder en este país la guerrilla de los Jemeres Rojos, de ideología maoísta, extremista y fanática, decidida a refundar el país destruyendo todo lo que considerara «contaminado» por Occidente.

Guatemala

En 1954, la CIA derrocó al gobierno democrático de Juan Jacobo Arbenz, iniciándose un periodo de represión, que se agudizará con el surgimiento de movimientos guerrilleros. Siguiendo la doctrina de contrainsurgencia de EEUU, los militares diseñaron una estrategia de exterminio, que llevó a la destrucción de centenares de pueblos y al asesinato de la población sospechosa de apoyar a la guerrilla.

Argentina

El Ejército, la policía y los cuerpos de seguridad se convirtieron en máquinas de matar en nombre de la cruzada anticomunista. Unas 30.000 personas fueron asesinadas o desaparecidas entre 1976 y 1982, otras miles torturadas y decenas de miles debieron exiliarse para huir del horror.

Irán

En 1980, Irak invadió Irán, con la bendición de Occidente, la URSS y las petromonarquías árabes, temerosas de la revolución del ayatolá Ruhola Jomeini. La feroz resistencia iraní llevó a Irak al empleo de armas prohibidas, químicas y tóxicas, facilitadas por EEUU y Europa. Decenas de miles de soldados iraníes perecieron y sufrieron lesiones. La guerra dejó 800.000 muertos, 500.000 de ellos iraníes.

Nicaragua

En 1981, Ronald Reagan autorizó el inicio de acciones dirigidas a destruir la revolución. La CIA creó una fuerza contrarrevolucionaria (la contra), que llevó la guerra a Nicaragua. La guerra provocó 62.000 víctimas, la mitad de ellos muertos, y un país en ruinas.Así sigue.

El
Salvador

El temor a que el vigoroso movimiento guerrillero salvadoreño pudiera triunfar, llevó a EEUU a apoyar estrechamente al gobierno de este país. Siguiendo el modelo de Guatemala, las fuerzas armadas se ensañaron con la población civil, especialmente en las zonas rurales. Hubo, en total, 60.000 muertos.

Ruanda

El pequeño país centroafricano fue escenario, en 1994, del mayor genocidio de las últimas décadas. Unos 900.000 tutsis fueron asesinados, sin que la comunidad internacional supiera reaccionar.

Yugoslavia

En 1999, al margen de la ONU, la UE y EEUU lanzaron una guerra de agresión contra la reducida Yugoslavia formada por Serbia y Montenegro. El mundo pudo seguir, en vivo y en directo, cómo eran bombardeados ciudades, puentes, ferrocarriles y fábricas, en nombre de una presunta defensa de los derechos humanos de la población albanesa de Kosovo.

Afganistán

El régimen talibán se convirtió en chivo expiatorio de EEUU tras los atentados de 2001. Con la complicidad de todo el mundo, Afganistán fue invadido y los talibán derrocados, perseguidos y muertos en una guerra que aún continúa. Más de 5.000 civiles afganos han sido muertos por las fuerzas de ocupación.

Liberia y Sierra Leona

Estos dos países africanos sufrieron, sobre todo Liberia, la demagogia homicida del ex presidente liberiano Charles Taylor.Al menos 200.000 liberianos perdieron la vida durante la guerra civil que ensangrentó el país entre 1996 y 2003. Las imágenes de civiles, incluso niños, con sus manos amputadas a machetazos, dieron la vuelta al mundo.

Irak

El país sufrió en 2003 la más bárbara guerra de agresión sufrida por país alguno desde 1990. Desde entonces, más de 100.000 iraquíes han sido muertos por las fuerzas de ocupación, decenas de ciudades y pueblos han sido destruidos y el país vive sumido en la violencia y el caos. Las violaciones de los Convenios de Ginebra se acumulan contra EEUU y Gran Bretaña.

 

«La guerra es el recurso al crimen»
Extractos del alegato del fiscal ante el Tribunal en agosto de 1946
«El sentido común del hombre después de la I Guerra Mundial exigió...que la ley condenara la guerra con más energía, y que no solamente reprobara las formas salvajes de hacer la guerra sino también la promoción y la conducta de cualquier guerra de agresión. Pero de nuevo, los estadistas del mundo no llegaron más lejos de donde se han visto obligados a ir.
 
Foto: EL Mundo
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Cualquier recurso a la guerra -cualquier clase de guerra- es recurrir a medios criminales. La guerra, inevitablemente, es una serie de matanzas, asaltos, privaciones de libertad y destrucciones de propiedad. Una guerra verdaderamente defensiva es, por supuesto, legal y exime de responsabilidad criminal a los que legalmente la dirigen. Pero los actos inherentemente criminales no pueden ser defendidos alegando que quienes los perpetraron estaban en guerra, puesto que hacer la guerra es ilegal. La mínima consecuencia legal impuesta por los tratados que hacen ilegal la guerra agresiva, es despojar a los que la incitan o la realizan de toda defensa al amparo de la ley, y hacerlos responsables conforme a los principios usualmente aceptados de los códigos penales».

«A la luz del Derecho Internacional, y en lo que respecta a la evidencia de este caso, considero que por agresor generalmente se entiende, el Estado que primero comete una de las acciones siguientes:

1) Declaración de guerra a otro Estado.

2) Invasión por sus fuerzas armadas, con declaración de guerra o sin ella, del territorio de otro Estado.

3) Ataque por sus fuerzas aéreas, navales o terrestres, con declaración de guerra o sin ella...

4) Prestar ayuda material a bandos armados formados en el territorio de otro Estado, o negarse, aunque medie la petición del Estado invadido, a tomar en su propio territorio todas las medidas a su alcance para privar a dichos bandos de toda asistencia y protección.

Y además, sugiero que el punto de vista general es que ninguna consideración de orden político, militar, económico, u otro cualquiera pueda servir de excusa o de justificación para tales acciones.Que el ejercicio del derecho de legítima defensa -es decir, la resistencia a un acto de agresión o la acción de asistir a un Estado que haya sido víctima de la agresión- no se considerará como guerra de agresión.»

Los siguientes actos, o cualquiera de ellos, son crímenes que entran dentro de la jurisdicción del Tribunal y por los cuales se deberá responder de manera individual:

1) Crímenes contra la Paz: A saber, planificar, preparar, iniciar o entablar una guerra de agresión, o una guerra en violación de tratados, acuerdos o resoluciones internacionales, o la participación en un plan común o conspiración para el cumplimiento de alguna de las acciones mencionadas.

2) Crímenes de Guerra: a saber, violaciones de las leyes o de las costumbres de la guerra. Tales violaciones deben incluir, pero no limitarse al asesinato, el maltrato o el confinamiento al trabajo esclavo o para algún otro propósito de la población civil en el territorio ocupado, el asesinato o maltrato de prisioneros de guerra o de personas en los mares, la muerte de rehenes, el saqueo de la propiedad pública o privada, la destrucción sin propósito de ciudades, pueblos, o aldeas, o la devastación no justificada por la necesidad militar.

3) Crímenes contra la Humanidad. A saber, el asesinato, el exterminio, la esclavitud, la deportación, y otros actos cometidos contra cualquier población civil, antes o durante la guerra, o las persecuciones sobre bases políticas, raciales, o religiosas en la ejecución o en conexión con algún delito dentro de la jurisdicción del Tribunal, ya sea que fuese o no en violación del derecho del país donde fuera perpetrado.

Los líderes, organizadores y cómplices de estos hechos, que participaran en la preparación o ejecución de un plan común o conspiración para la comisión de cualquiera de estos crímenes son responsables de todos los actos cometidos por cualquier persona en la ejecución de dicho plan».

Fuente: El Mundo
19.11.05

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