Seguridad Colectiva y Defensa Nacional
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Cuando el III Reich se sentó en el banquillo
60 años del juicio
de Nuremberg
Los horrores de la guerra. El martes
20 de noviembre de 1945, 21 jerarcas del régimen nazi eran sometidos a
juicio en la derruida ciudad de Nuremberg.
El fiscal estadounidense
Robert Jackson realizaba entonces un encendido alegato contra la
barbarie: «El último recurso para impedir que las guerras se repitan
periódicamente y se hagan inevitables por desprecio a las leyes
internacionales es hacer que los estadistas sean responsables ante estas
leyes»
El presidente del Tribunal impuso silencio con vigorosos golpes de mazo:
«La vista queda abierta»... De inmediato, tomó la palabra el juez
Jackson, el padre del Proceso de Nuremberg, fiscal en representación de
Estados Unidos: «La Justicia ha de alcanzar a aquellos hombres que se
arrogan un gran poder y que, basándose en él y, previa consulta entre
ellos, provocan una catástrofe que no deja inmune hogar alguno de este
mundo», argumentó.
Eran las 10.15 horas de la mañana del 20 de noviembre de 1945.Comenzaba
el Juicio de Nuremberg, en el que los vencedores en la II Guerra Mundial
juzgaban a los principales responsables del III Reich y de sus actos.
En el Salón 600 del Palacio de Justicia de la destruida ciudad, ante más
de 500 personas -fiscales, abogados, funcionarios judiciales, testigos,
periodistas y militares- se sentaba el Tribunal Internacional, compuesto
por ocho jueces -cuatro titulares y cuatro suplentes, uno por cada uno
de los Cuatro Grandes- que debería juzgar a los 21 acusados en aquel
primer y solemne proceso contra el nazismo.
Los vencedores, que a partir del otoño de 1942, en plena guerra,
debatían la idea de procesar a los responsables del conflicto y de las
atrocidades cometidas durante su desarrollo, habían adoptado una
política ejemplificadora para abrir los juicios: se debía castigar a los
que provocaron la guerra -los políticos-, a los que la posibilitaron
-funcionarios, industriales y banqueros-, a los que la llevaron a cabo
-los militares- y a los responsables de las atrocidades del régimen
hitleriano.
Por eso, en la doble grada que hacía de banquillo para los acusados, se
sentaba Hermann Goering, nazi de primera hora, político fundamental en
el triunfo del partido, ministro en el primer Gobierno de Hitler,
fundador de la aviación militar alemana y su jefe durante todo el
conflicto, y segundo hombre del régimen tras Hitler.
Hess y Von Ribbentrop
A su lado se sentaba Rudolf Hess, estrecho colaborador del Führer en su
escalada hacia el poder y su imprescindible colaborador en la redacción
del ideario nazi, contenido en Mein Kampf («Mi lucha»). Junto a él,
Joachim von Ribbentrop, ministro de Exteriores y uno de los grandes
responsables de la guerra. A continuación, el mariscal Wilhelm Keitel,
jefe del Departamento de Mando y Operaciones (OKW), superestructura de
todas las fuerzas armadas alemanas. Luego, Alfred Rosenberg, filósofo
del nazismo, paladín de la superioridad aria... Y así, hasta 20
personajes del nazismo, pues en aquella sesión inaugural se hallaba en
la enfermería Ernst Kaltenbrunner -lugarteniente de Himmler y uno de los
grandes protagonistas de la represión- a causa de una hemorragia
cerebral.
Los organizadores del juicio hubieran deseado tener en ese megaproceso a
Heinrich Himmler, señor del terror nazi, pero se les había escurrido
entre los dedos, mordiendo una cápsula de cianuro que llevaba escondida
en la boca. Tampoco pudieron llevar a Martin Bormann, desaparecido en la
agonía de Berlín; ni a Robert Ley, organizador del trabajo esclavo a
base de prisioneros de guerra y ciudadanos arrancados de los países
vencidos: se había ahorcado el mes anterior en su celda de Nuremberg.
Finalmente, tampoco estaba allí Gustav Krupp, uno de los industriales
que había propiciado el encumbramiento de Hitler y de los hombres de
negocios que, con su producción armamentística, más había contribuido a
la guerra. Octogenario, padecía demencia senil y de nada hubiera servido
en aquella sala.
El proceso se prolongaría 218 días, durante los que desfilaron ante el
tribunal centenares de testigos y se examinaron toneladas de documentos.
Desde noviembre de 1945 a marzo, se desarrolló la primera fase del
juicio, el trabajo de los fiscales para establecer las responsabilidades
de cada acusado; a partir de marzo, en la segunda fase, los inculpados
desplegaron su defensa. En julio, los fiscales expusieron sus
conclusiones y las defensas, sus últimos alegatos exculpadores.
En septiembre, el tribunal, valoradas las pruebas, estudiadas las
demandas del Ministerio Fiscal y escuchadas las razones de la defensa y
el testimonio de los acusados, dictó sentencia: Goering, Ribbentrop,
Keitel, Kaltenbrunner, Rosenberg, Frank, Frick, Streicher, Sauckel, Jodl,
Seyss-Inquart y Bormann (en rebeldía) fueron condenados a muerte.
Hess, Raeder y Funk, a cadena perpetua; Speer y Schirach, a 20 años de
reclusión; Neurath, a 15; Doenitz, a 10 años; Von Papen, Fritzsche y
Schacht fueron absueltos.
Goering prefiere el cianuro
Los condenados elevaron a las autoridades aliadas demandas de revisión
de sus procesos y de conmutación de sus penas, pero fue inútil. En la
madrugada del 16 de octubre de 1946, sin anuncio previo a los
condenados, se llevaron a cabo las ejecuciones.Justo antes, Goering se
suicidó ingiriendo una cápsula de cianuro, cuya procedencia sigue siendo
un misterio. Pese a la conmoción que originó el suicidio, el programa se
inició tal como estaba previsto.
En el patíbulo erigido en el gimnasio de la prisión fueron ahorcados,
uno tras otro, los diez condenados restantes, comenzando por Ribbentrop
y concluyendo con Seyss-Inquart, que llegó ante el patíbulo a las 2.45
horas y cuya muerte fue certificada por el médico 12 minutos más tarde,
a las 2.57.
Había concluido la ejecución. El sargento mayor del Ejército
norteamericano John C. Woods, el verdugo, dijo satisfecho: «Diez hombres
en 103 minutos; esto es un trabajo rápido». A las cuatro de la
madrugada, fueron sacados del Palacio de Justicia los once féretros.
Dos camiones, escoltados por motoristas y dos vehículos militares, los
condujeron hasta la localidad bávara de Dachau, cerca de Munich, donde
fueron incinerados en uno de los hornos crematorios situados en el campo
de concentración, que funcionó por última vez. Sus cenizas terminaron en
el río Isar. Todo esto se hizo dentro del mayor secreto y los detalles
no se conocerían hasta una década más tarde.
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Otros crímenes y criminales
de guerra desde 1945 |
Finalizados los juicios de
Nuremberg, la Guerra Fría pasó a ser prioridad absoluta entre
los vencedores de la II Guerra Mundial.Los principios alumbrados
en la ciudad alemana fueron sepultados por los intereses
estratégicos de las superpotencias. No se volvió a hablar del
tema, con excepción de foros jurídicos, y la idea de una
jurisdicción internacional fue borrada de la agenda. Eso no
quita que los casos seleccionados a continuación sigan siendo
crímenes internacionales.
Durante la guerra de la independencia argelina (1954-1962),
Francia recurrió a estrategias similares a las de los nazis en
los países ocupados. Decenas de pueblos fueron arrasados por el
ejército colonial francés y miles de argelinos no combatientes
asesinados.
Vietnam
A medida que fracasaban los esfuerzos de EEUU para vencer a la
guerrilla, aumentó el uso de armas prohibidas por las
convenciones de Ginebra. Entre 1965 y 1974, EEUU recurrió a los
métodos más brutales contra la población civil, convertida en
objetivo militar.Las principales ciudades de Vietnam del Norte
fueron bombardeadas, causando muerte, heridas y mutilaciones a
centenares de miles de civiles. En el campo, se generalizó el
uso de bombas de napalm, una sustancia que se incendiaba al
estallar y se adhería al cuerpo sin forma alguna de apagarla.
Camboya
Tras la derrota de EEUU en 1975, tomó el poder en este país la
guerrilla de los Jemeres Rojos, de ideología maoísta, extremista
y fanática, decidida a refundar el país destruyendo todo lo que
considerara «contaminado» por Occidente.
Guatemala
En 1954, la CIA derrocó al gobierno democrático de Juan Jacobo
Arbenz, iniciándose un periodo de represión, que se agudizará
con el surgimiento de movimientos guerrilleros. Siguiendo la
doctrina de contrainsurgencia de EEUU, los militares diseñaron
una estrategia de exterminio, que llevó a la destrucción de
centenares de pueblos y al asesinato de la población sospechosa
de apoyar a la guerrilla.
Argentina
El Ejército, la policía y los cuerpos de seguridad se
convirtieron en máquinas de matar en nombre de la cruzada
anticomunista. Unas 30.000 personas fueron asesinadas o
desaparecidas entre 1976 y 1982, otras miles torturadas y
decenas de miles debieron exiliarse para huir del horror.
Irán
En 1980, Irak invadió Irán, con la bendición de Occidente, la
URSS y las petromonarquías árabes, temerosas de la revolución
del ayatolá Ruhola Jomeini. La feroz resistencia iraní llevó a
Irak al empleo de armas prohibidas, químicas y tóxicas,
facilitadas por EEUU y Europa. Decenas de miles de soldados
iraníes perecieron y sufrieron lesiones. La guerra dejó 800.000
muertos, 500.000 de ellos iraníes.
Nicaragua
En 1981, Ronald Reagan autorizó el inicio de acciones dirigidas
a destruir la revolución. La CIA creó una fuerza
contrarrevolucionaria (la contra), que llevó la guerra a
Nicaragua. La guerra provocó 62.000 víctimas, la mitad de ellos
muertos, y un país en ruinas.Así sigue.
El Salvador
El temor a que el vigoroso movimiento guerrillero salvadoreño
pudiera triunfar, llevó a EEUU a apoyar estrechamente al
gobierno de este país. Siguiendo el modelo de Guatemala, las
fuerzas armadas se ensañaron con la población civil,
especialmente en las zonas rurales. Hubo, en total, 60.000
muertos.
Ruanda
El pequeño país centroafricano fue escenario, en 1994, del mayor
genocidio de las últimas décadas. Unos 900.000 tutsis fueron
asesinados, sin que la comunidad internacional supiera
reaccionar.
Yugoslavia
En 1999, al margen de la ONU, la UE y EEUU lanzaron una guerra
de agresión contra la reducida Yugoslavia formada por Serbia y
Montenegro. El mundo pudo seguir, en vivo y en directo, cómo
eran bombardeados ciudades, puentes, ferrocarriles y fábricas,
en nombre de una presunta defensa de los derechos humanos de la
población albanesa de Kosovo.
Afganistán
El régimen talibán se convirtió en chivo expiatorio de EEUU tras
los atentados de 2001. Con la complicidad de todo el mundo,
Afganistán fue invadido y los talibán derrocados, perseguidos y
muertos en una guerra que aún continúa. Más de 5.000 civiles
afganos han sido muertos por las fuerzas de ocupación.
Liberia y Sierra Leona
Estos dos países africanos sufrieron, sobre todo Liberia, la
demagogia homicida del ex presidente liberiano Charles Taylor.Al
menos 200.000 liberianos perdieron la vida durante la guerra
civil que ensangrentó el país entre 1996 y 2003. Las imágenes de
civiles, incluso niños, con sus manos amputadas a machetazos,
dieron la vuelta al mundo.
Irak
El país sufrió en 2003 la más bárbara guerra de agresión sufrida
por país alguno desde 1990. Desde entonces, más de 100.000
iraquíes han sido muertos por las fuerzas de ocupación, decenas
de ciudades y pueblos han sido destruidos y el país vive sumido
en la violencia y el caos. Las violaciones de los Convenios de
Ginebra se acumulan contra EEUU y Gran Bretaña. |
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«La guerra es el recurso al
crimen» |
Extractos del alegato del
fiscal ante el Tribunal en agosto de 1946
«El sentido común del hombre
después de la I Guerra Mundial exigió...que la ley condenara la
guerra con más energía, y que no solamente reprobara las formas
salvajes de hacer la guerra sino también la promoción y la
conducta de cualquier guerra de agresión. Pero de nuevo, los
estadistas del mundo no llegaron más lejos de donde se han visto
obligados a ir.
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Cualquier recurso a la guerra
-cualquier clase de guerra- es recurrir a medios criminales. La
guerra, inevitablemente, es una serie de matanzas, asaltos,
privaciones de libertad y destrucciones de propiedad. Una guerra
verdaderamente defensiva es, por supuesto, legal y exime de
responsabilidad criminal a los que legalmente la dirigen. Pero
los actos inherentemente criminales no pueden ser defendidos
alegando que quienes los perpetraron estaban en guerra, puesto
que hacer la guerra es ilegal. La mínima consecuencia legal
impuesta por los tratados que hacen ilegal la guerra agresiva,
es despojar a los que la incitan o la realizan de toda defensa
al amparo de la ley, y hacerlos responsables conforme a los
principios usualmente aceptados de los códigos penales».
«A la luz del Derecho
Internacional, y en lo que respecta a la evidencia de este caso,
considero que por agresor generalmente se entiende, el Estado
que primero comete una de las acciones siguientes:
1) Declaración de guerra a otro Estado.
2) Invasión por sus fuerzas armadas, con declaración de guerra o
sin ella, del territorio de otro Estado.
3) Ataque por sus fuerzas aéreas, navales o terrestres, con
declaración de guerra o sin ella...
4) Prestar ayuda material a bandos armados formados en el
territorio de otro Estado, o negarse, aunque medie la petición
del Estado invadido, a tomar en su propio territorio todas las
medidas a su alcance para privar a dichos bandos de toda
asistencia y protección.
Y además, sugiero que el punto de vista general es que ninguna
consideración de orden político, militar, económico, u otro
cualquiera pueda servir de excusa o de justificación para tales
acciones.Que el ejercicio del derecho de legítima defensa -es
decir, la resistencia a un acto de agresión o la acción de
asistir a un Estado que haya sido víctima de la agresión- no se
considerará como guerra de agresión.»
Los siguientes actos, o cualquiera de ellos, son crímenes que
entran dentro de la jurisdicción del Tribunal y por los cuales
se deberá responder de manera individual:
1) Crímenes contra la Paz: A saber, planificar, preparar,
iniciar o entablar una guerra de agresión, o una guerra en
violación de tratados, acuerdos o resoluciones internacionales,
o la participación en un plan común o conspiración para el
cumplimiento de alguna de las acciones mencionadas.
2) Crímenes de Guerra: a saber, violaciones de las leyes o de
las costumbres de la guerra. Tales violaciones deben incluir,
pero no limitarse al asesinato, el maltrato o el confinamiento
al trabajo esclavo o para algún otro propósito de la población
civil en el territorio ocupado, el asesinato o maltrato de
prisioneros de guerra o de personas en los mares, la muerte de
rehenes, el saqueo de la propiedad pública o privada, la
destrucción sin propósito de ciudades, pueblos, o aldeas, o la
devastación no justificada por la necesidad militar.
3) Crímenes contra la Humanidad. A saber, el asesinato, el
exterminio, la esclavitud, la deportación, y otros actos
cometidos contra cualquier población civil, antes o durante la
guerra, o las persecuciones sobre bases políticas, raciales, o
religiosas en la ejecución o en conexión con algún delito dentro
de la jurisdicción del Tribunal, ya sea que fuese o no en
violación del derecho del país donde fuera perpetrado.
Los líderes, organizadores y cómplices de estos hechos, que
participaran en la preparación o ejecución de un plan común o
conspiración para la comisión de cualquiera de estos crímenes
son responsables de todos los actos cometidos por cualquier
persona en la ejecución de dicho plan». |
Fuente: El Mundo
19.11.05
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