España decide quedarse fuera del mercado único de Defensa
El Gobierno no
abrirá las fronteras a las empresas europeas de armamento para no
perjudicar a los pequeños y medianos fabricantes nacionales
España no se atreve a
abrir sus fronteras a los productores de armamento militar de sus
vecinos europeos. Junto con Dinamarca, es el único país de la UE que se
niega a aceptar la liberalización del mercado recomendada por la mayoría
de ministros de Defensa de los Veinticinco.
El plan comunitario
presentado, un código de conducta no vinculante, formará un mercado
único valorado en 30.000 millones de euros y en el que fabricantes de
armas y equipamiento militar de los estados miembros de la Unión Europea
competirán sin obstáculos. Aunque Javier Solana, el Alto Representante
para la Política Exterior y de Seguridad de la UE, insistió en sus
beneficios para «los contribuyentes europeos y sus Fuerzas Armadas»,
España expresó sus dudas, porque considera que el acuerdo no protegerá a
los pequeños y medianos fabricantes nacionales contra la competencia de
los grandes productores.
Los firmantes tienen hasta el próximo abril para adoptar su decisión
definitiva antes de que se ponga en marcha el mercado único de armamento
en julio, pero el representante español dejó ayer claro en Bruselas que
la decisión está tomada: a pesar de apoyar el concepto de un mercado
único, España no pondrá en práctica el acuerdo en su territorio.
«Nuestra preocupación es la industria española de Defensa», explicó
Francisco Pardo, secretario de Estado del ramo. «Las empresas pequeñas y
medianas son competitivas, pero pueden verse perjudicadas» al tener una
dimensión reducida en un mercado totalmente abierto y con un periodo de
adaptación muy corto.
Pardo pidió que se avance también en la reestructuración del sector
militar en Europa y se haga más hincapié, por ejemplo, en las reglas
para la subcontratación de empresas, un área donde España tiene más
ventajas por la presencia de pequeñas compañías con alta capacidad
tecnológica. El secretario de Estado criticó que se progrese «muy
deprisa» en el código y no se resuelva la seguridad de suministro o se
trate la fusión entre empresas europeas.
En cualquier caso, la liberalización de la industria armamentística
dependerá sólo de hasta dónde quieran llegar los gobiernos europeos.Sus
contratos con empresas privadas han quedado hasta ahora excluidos de las
competencias de la UE e, incluso después de este acuerdo, los ejecutivos
nacionales se reservan gran discrecionalidad de acción.
El plan es un intento de competir en el mercado internacional, donde los
europeos tienen una presencia simbólica en comparación con el gran
productor, EEUU. Siete de las 10 mayores empresas de defensa son
estadounidenses, entre ellas Lockheed Martin y Boeing, que doblan en
beneficios a las mayores europeas, la inglesa BAE Systems PLC y la
holandesa European Aeronautic. La UE se está quedando atrás en la
producción de equipamiento militar, donde también avanzan Rusia, Israel
y los países asiáticos emergentes.
Este mercado único militar impondrá una mayor transparencia, con la
debida publicación en Internet de los contratos que salgan a concurso
superiores al millón de euros y a los que podrá presentarse cualquier
compañía europea (con excepciones, por motivos de seguridad).
La liberalización del sector es una de las apuestas de la actual
Comisión, que sostiene, sin embargo, la necesidad de una directiva
comunitaria, es decir, obligatoria para todos, en lugar del código.El
riesgo es que los principales productores, Gran Bretaña, Suecia,
Francia, Alemania, Holanda e Italia, sigan privilegiando sólo a los
contratistas nacionales y pongan obstáculos a las ofertas del resto de
países europeos.
Fuente: El Mundo
22.11.05