Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
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Huracanes del pasado
No tienen nombres
como «Katrina» o «Rita» porque antes se les asignaba el santo del día o
un número, pero pudieron ser igual de violentos que éstos.
Los registros del Archivo General de
Indias han permitido a un grupo de investigadores españoles
reconstruir la frecuencia de huracanes entre los siglos XVI y XIX,
encontrando 70 no recogidos hasta ahora en ninguna cronología
«Dos violentos huracanes acaecidos el 10 y el 31 de agosto próximo
pasado no sólo han destruido casi enteramente las cosechas de añil,
arroz y maíz, sumergiendo en la miseria la mayor parte de estos
agricultores y privando en general al vecindario de los medios de
subsistencia, sino que destrozando cuantas embarcaciones se hallaban en
este río imposibilitan a los comerciantes hacer expediciones para traer
las cosas de primera necesidad, que por su escasez son extremamente
caras. Recayendo esta calamidad sobre otra igual padecida el año
anterior, su reiteración aumenta el dolor e infidelidad de los
desdichados moradores, víctimas de tales desastres».
Esta es la descripción que Francisco Rendón, intendente de la Luisiana,
hace de los daños causados por dos huracanes que afectaron a esta zona
en 1794. Salvando la distancia temporal, lo cierto es que podría
describir lo ocurrido en Nueva Orleáns hace pocas semanas. Este
documento, procedente del Archivo General de Indias, es uno de los que
ha servido a un equipo de investigadores españoles para reconstruir
la recurrencia de huracanes desde el siglo XVI al XIX. Una
«tarea artesanal», explica Ricardo García Herrera, profesor titular de
Física Atmosférica en la Universidad Complutense de Madrid y coordinador
de esta investigación conjunta con las universidades de Vigo y Pablo
Olavide de Sevilla.
Los primeros resultados de estos tres años de trabajo han permitido
identificar 70 huracanes que no estaban incluidos en ninguna cronología.
Uno de ellos es el que afectó a Nueva Orleáns el 10 de agosto de 1794.
Aunque es demasiado comprometido evaluar su intensidad, pues la escala
está confeccionada para evaluarlo ahora y no en función de los daños de
los edificios de entonces. García Herrera cree que pudo ser de categoría
cuatro o superior.
Luisiana, agosto de 1794
Así, el barón de Carondelet, gobernador de la Luisiana por aquel
entonces, escribía que «el día 10 del corriente agosto, padeció esta
capital un furioso huracán mucho más largo que el del año pasado, pues
que habiendo principado a las diez de la noche, se mantuvo con mucha
violencia hasta las siete de la mañana en que empezó a aflojar. Sus
estragos se han extendido desde la Baliza o boca del Mississippi, hasta
Baton Rouge, esto es, en la extensión de más de 60 leguas». Más adelante
explica que las aguas subieron «más de seis pies (dos metros) encima de
la superficie de la tierra», dejando «una grande porción de árboles
mezclados con cuerpos de animales y peces muertos que infeccionan la
atmósfera».
Con descripciones como ésta los investigadores han conseguido añadir
a la cronología esos 70 nuevos huracanes y también aportar nuevos
datos sobre otros que sí se conocían. «Los huracanes tienen
un comportamiento que presenta una característica que se llama
variabilidad multidecadal, es decir, que tienen como grandes ondas en
las que la frecuencia aumenta o disminuye dependiendo del comportamiento
del océano Atlántico. Es interesante conocer cómo se han comportado en
el pasado esos patrones para poder, por ejemplo, conocer la posible
influencia del cambio climático». Y lo que han comprobado es que este
patrón de oscilaciones se observa ya en estos registros tan antiguos.
Tanto es así que los cronistas Bartolomé de las Casas y Gonzalo
Fernández de Oviedo narraban que desde que habían llegado los cristianos
a esas tierras había menos huracanes y después, cuando éstos vuelven a
aumentar, lo atribuyen a los pecados, cuenta García Herrera.
Impacto del cambio climático
Lo cierto es que los datos analizados por los investigadores sugieren
que la segunda mitad del siglo XVIII fue un periodo especialmente
activo de huracanes, sobre todo entre 1766 y 1780. Las
reconstrucciones climáticas para ese mismo periodo indican que la
temperatura del Atlántico Norte se incrementó en el tercer cuarto del
siglo XVIII y en ese periodo no se produjo un episodio ni moderado ni
fuerte del fenómeno El Niño (los huracanes no son tan comunes durante
este evento). Por tanto, este estudio viene a demostrar el valor de los
archivos españoles para reconstruir los huracanes del Atlántico, pero
«todavía no hay evidencias concluyentes de cuál puede ser el impacto
del cambio climático en la frecuencia de los huracanes», explica
Ricardo García Herrera.
Fuente: ABC
26.09.05
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