La
guerra santa de Sania Mirza
La primera tenista
india del circuito profesional ha recibido amenazas de muerte de un
grupo fundamentalista islámico por considerar que su vestimenta es
ofensiva para el Corán
Mientras
Maria Sharapova y las hermanas Williams usan su legión de guardaespaldas
para protegerse de los fans más acérrimos y de algún desaprensivo, la
india Sania Mirza, de 19 años, se ha visto obligada a contratar su
propio cuerpo de seguridad para evitar las iras de los grupos
integristas islámicos de su país. La primera tenista india del
circuito ha recibido una «fatwa», una especie de comunicado, de un grupo
fundamentalista islámico en la que se la insta «a cambiar de
indumentaria» por considerarla contraria al islam. Este grupo pronto ha
encontrado apoyo entre los sectores más radicales del país y durante el
torneo de Calcuta, celebrado la pasada semana, Mirza recibió varios
anónimos en los que se la amenazaba de muerte.
Jamaat-e-Ulema-e-Hind,
que así se denomina el grupo ultraconservador, era tajante en su edicto:
«Una mujer musulmana puede quitarse el velo en determinadas
ocasiones, pero no de la manera que lo hace ella yendo y jugando en
cualquier sitio». Y es que las camisetas sin mangas y de colores y
las habituales faldas de las tenistas son tenidas como una ofensa para
este grupo.
Ella ha tenido una
respuesta inmediata. En Calcuta, donde cayó en segunda ronda, siguió
jugando con la vestimenta habitual, un modelo clásico, recatado, nada
que ver con el exhibicionismo de Sharapova o las herma- nas
afroamericanas. «No tengo ningún comentario que hacer. Yo me considero
una buena musulmana haciendo lo que hago y como lo hago. No creo que
por jugar al tenis con minifalda insulte a mi religión». Mirza
declaró nada más llegar a profesionales su condición de musulmana y
reconoce que reza cinco veces diarias.
El grupo integrista
incluso intentó presionar a los organizadores del torneo de Calcuta, en
la edición de su estreno, para impedir que compitiera. No tuvieron éxito
y provocaron que un Consejo que vela por los derechos de las mujeres
musulmanas en la India acudiera en su auxilio. Su máximo responsable,
Mohammad Athar, la ofreció como un ejemplo de superación para todas las
mujeres del país. Antes de la polémica, Sania Mirza, que se ha declarado
admiradora de Ghandi, ya era una celebridad en la India. El Gobierno del
país la utilizó como reclamo publicitario de una campaña en la que se
promovía la defensa de los derechos de la mujer.
Mirza era hasta el año
pasado una raqueta anónima. Desde que accedió al profesionalismo en 2003
siempre se había movido más allá del «top 100», pero este año ha
despegado. Se trasladó hace dos años desde la India a la escuela
italiana que Bob Brett, el descubridor de Becker, tiene en San Remo.
«Hasta entonces jugaba en pistas de tierra, pero no de tierra batida,
sino en sitios llenos de agujeros y en los que me torcía el tobillo 12
veces cada día», afirmó al llegar a Italia. En su traslado era la 206
del mundo y ahora, a pesar de una lesión de tobillo que la molesta desde
enero, ocupa el puesto 37.
Vivi Ruano, que fue su
compañera de dobles en Calcuta donde llegaron a semifinales, la ha
definido como una jugadora con un tenis muy agresivo y que se defiende
bien en pistas rápidas. Su físico no está de moda en el circuito. Mide
1,53 y pesa 59 kilos, pero su tenis está en plena evolución. Este año
logró su primer torneo en Hyderabad y fue fina- lista en Forest Hill,
donde tiene su residencia, además, fue la primera india que alcanzó la
tercera ronda en el Abierto de Australia y los octavos en el Abierto de
Estados Unidos. Fuera de la pista, Sania Mirza es una adolescente más.
La gusta el rap, su cantante favorito es Eminem y sus actores preferidos
son Brad Pitt y Hugh Grant, aunque algunos estén empeñados en abrir una
guerra santa contra ella.
Fuente: La Razón
27.09.05