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Miércoles, 5 de octubre de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Los militares de la alambrada se encuentran «muy cansados»

Hacen turnos de más de treinta horas y nunca saben cuando van a ser relevados en su puesto.

 

«Yo llevo aquí desde las 12 de la mañana del domingo y aún no sé cuándo podré descansar. Todos estamos muy cansados», remachó.

La soldado no tenía buena cara. Contó que a eso de las doce de la noche de ayer, les dieron permiso para sentarse un rato y descansar en el puesto, sobre una pequeña manta de espuma, que ella misma mostró. «A las cinco de la mañana, yo estaba que me caía de cansancio», añadió. A esa hora se produjo la avalancha y a la mujer enseguida le desbordó la llegada por sorpresa y en tropel de inmigrantes. «Cuando les vi encima de la valla me aparté para que no se me calleran encima».

«Corrían y corrían». Relató que le dieron órdenes de capturarlos, pero «ellos corrían y corrían, era imposible cogerlos». Así que decidió intentar convencerles al otro lado de la valla. «Yo les gritaba que no saltaran, que no saltaran, pero ellos seguían». Lo que más le sorprendió fue que «escalaban la valla unos encima de otros».

La soldado narró así cómo empezó todo: «Comencé a escuchar pasos, ese ruido que hace la hierba seca cuando se la pisa. Pero la verdad es que no me imaginaba que pudieran ser ellos. De repente aparecieron por todos lados y, la verdad, hicimos lo que pudimos». Reconoció que por delante de sus narices se colaron todos los que quisieron. «¿Y qué iba a hacer? Tú no sabes cómo se movía esa gente». La joven, que no tendría más de 20 años, se llevó una grata sorpresa. «Pensamos que venían con intención de agredir, pero no, no iban ni con armas ni intención de hacer daño a nadie. Su objetivo es combatir el hambre y derribar la frontera», detalló.

Tras cinco días al cargo de la custodia del perímetro fronterizo bajo el mando de la Guardia Civil, los soldados repartidos en ella han empezado a flaquear. El caso de esta soldado no es único.

Según fuentes militares, ya se han producido las primeras bajas médicas por parte de aquellos que no aguantan a pleno sol más de doce horas en una labor que, además, muchos consideran que no es propia del Ejército.

El hecho de que no dispongan de material antidisturbios ni munición les hace pensar que su presencia allí es puramente testimonial y esto les desanima bastante. Mucho más ahora que se ha demostrado que las avalanchas continúan, e incluso son superiores, pese a su presencia. Entre los miembros de la Guardia Civil también comienza a cundir cierto desánimo.

El crecimiento de la valla, inútil. El recrecido de la valla, en la que había puesto todas sus esperanzas el Ministerio del Interior, se ha demostrado inútil, como ya habían predicho muchos agentes y las propias autoridades de Melilla.

Sienten que su esfuerzo no sirve de nada y lo peor es que están convencidos de que la entrada de inmigrantes clandestinos por la frontera irá a más y más.

Fuente: La Razón
04.10.05

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