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Jueves, 6 de octubre de 2005


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

La cara oculta del billete de 500 euros

Una cuarta parte de los que hay en Europa circula por España

 

Las cuentas están echadas: 1.000 billetes de 500 euros pesan 1,140 kilos. Así que una de las ventajas de este particular billete de color morado, de 160 milímetros de largo por 82 de alto, cuyo diseño versa sobre la arquitectura moderna del siglo XX, que se fabrica exclusivamente en Alemania y dispone de algunas medidas de seguridad secretas, salta a la vista: reúne mucho valor en muy poco espacio.

Foto: El País

Las novelas y el cine de serie negra hicieron mucho por universalizar una medida de volumen según la cual un millón de dólares en billetes de 100 caben casi exactamente en el interior de un maletín de tamaño estándar. Desde esa perspectiva, y una vez entra en escena el euro con su billete estrella, para la ocasión sirve un bolso de mano. Sin ir más lejos, a nadie se le escapa que el equivalente a un millón de las antiguas pesetas, es decir, 12 billetes de 500 euros, entra sin levantar sospechas en el bolsillo de la camisa. Numerosos expertos advirtieron con antelación de las futuras consecuencias de la emisión de un billete de 500 euros y el riesgo de que se convirtiera rápidamente en la divisa de referencia del mercado negro. En el año 1998, Jeffrey Robinson, un experto británico en temas de blanqueo de capitales, afirmaba que "una Europa sin fronteras y con moneda única será el sueño de traficantes y blanqueadores". Puestos a hacer cuentas a lo grande, en un artículo del departamento de drogas norteamericano (DEA), queda bien a las claras que si 1.000 millones en billetes de 100 dólares pesan 11 toneladas, esa fortuna en billetes de 500 euros sería más llevadera: dos toneladas y media.

Siete años después de aquellas advertencias sobre el futuro, los expertos policiales no tienen ninguna duda sobre el papel que interpreta el billete de 500 euros en algunos mercados. De hecho, al billete se le conoce en el argot policial como el Bin Laden, por aquello de que nadie lo ve a pesar de lo mucho que se oye hablar de él.

Siete años después, también, resulta que el billete de 500 es el que más crece en España.

No abundan las explicaciones a cara descubierta sobre las causas de su rampante difusión en España, donde circula una cuarta parte de todos los billetes de este tamaño en la Unión Europea. Se trata de un porcentaje que no es proporcional al peso de la economía española, sobre todo si se tiene en cuenta que, en ese terreno, sólo nos supera Alemania, país que impuso este billete a pesar de la oposición de la mayoría porque deseaba el equivalente al billete de 1.000 marcos.

El Banco de España se limita a decir que se emite más porque son los bancos quienes lo reclaman para sus clientes. Los bancos consultados por este periódico no tienen nada que añadir a esta versión oficial ni están en disposición de remitir al periodista a algún experto que ofrezca alguna otra explicación a este fenómeno. Es más, un portavoz de uno de los bancos prefiere que ni siquiera se cite que el banco ha sido consultado al respecto.

Lo cierto, lo indiscutible, es que la expansión en España del billete de 500 es notable. En el año 2003 circulaban 43 millones de billetes. A finales del 2004, la cifra aumentó hasta los 69 millones. Los últimos datos del Banco de España ponen la cifra en 84 millones, lo cual representa un incremento del 43,6% en el último semestre. Ninguna otra moneda del euro ha tenido aumentos semejantes. De hecho, sólo el de 50 euros ha registrado una subida, del 5%. El resto ha bajado, dándose la circunstancia de la retirada de billetes de 20 y 5 euros del mercado.

La primera conclusión es evidente: hay una gran demanda. Hay una segunda que parece una inocentada: los españoles nos dedicamos a hacer acopio de este billete (tocaríamos a dos billetes por ciudadano). Y la tercera abunda en numerosos artículos y parece generalmente aceptada, según la cual su expansión es un síntoma de la buena salud de la economía sumergida y el blanqueo de capitales. "En España", dice José María Peláez, presidente de APIFE, la Asociación de Inspectores de Hacienda, "se perdió la gran oportunidad de combatir el dinero negro cuando se obligó a transformar pesetas en euros, pero lo dejamos pasar: se dio una moratoria demasiado larga. Dado que tenemos un nivel de fraude tremendo, no es difícil sospechar que un fenómeno como éste sea un síntoma más de lo que está pasando. Prima la libertad de circulación y hechos como éste se asumen como un riesgo. Evidentemente se podría poner un cerco a este billete, pero no hay interés, no hay voluntad. Es lo mismo que sucede con las sospechas de corrupción en el sistema inmobiliario. Hay muchos planes pero pocos medios, así que no conseguiremos nunca ponerle freno. Si vamos al detalle, observaremos cómo sólo en Madrid se van a inspeccionar a 500 promotoras inmobiliarias de un total de 20.000".

Explicaciones policiales

Puestos a buscar explicaciones, es a los expertos policiales en blanqueo de capitales a quienes el fenómeno no resulta ninguna sorpresa, pero sí la poca voluntad de las autoridades monetarias para ponerle freno. "Los bancos dan la callada por respuesta", argumenta una fuente policial. "Resulta que no son aceptados por los comerciantes en sus transacciones y que no circulan en cajeros automáticos en un país donde se maneja mucho el efectivo, y, sin embargo, su circulación aumenta. ¿Quiénes son esos clientes que lo demandan? ¿Qué tipos de pagos se hacen en ese tipo de billetes?".

La policía comenzó a tener noticias bien pronto del destino de estos billetes. ¿Lugares? Por ejemplo, Colombia... o Miami.

A los pocos meses de salir el euro a escena, y aun cuando su cotización oficial le situaba por debajo del dólar, el billete de 500 tenía un valor superior al oficial en Colombia, donde se aceptaba en paridad con el dólar. Dos años después, sin embargo, y tal como destaca un informe policial, el billete de 500 se comenzó a devaluar hasta en un 6% de su valor en algunos mercados de Suramérica, "lo cual era un síntoma de que se había producido una saturación de tales billetes en el mercado negro", dice el citado informe, que termina: "A partir de 2004, comenzaron a apreciarse los de 200 y de 100 euros".

Las noticias que llegaban del mercado negro propiciaron que organismos especializados en la lucha contra el blanqueo hicieran serias recomendaciones a los Gobiernos y a la Comisión Europea sobre un mayor control de la circulación del euro. Sin embargo, estas medidas todavía no se han puesto en marcha.

En tanto se toman algunas medidas, los investigadores policiales perciben cómo el dinero negro y el dinero sucio concentra cada vez más sus actividades en el billete de 500 euros. Ya se ha dado el caso de atrapar en el aeropuerto de El Prat un avión privado con 5,5 millones de euros en su interior con destino a Canadá. "Las investigaciones nos muestran cómo se han puesto en marcha algunas estructuras para conseguir billetes de 500 de una forma muy diversificada y a partir de la acumulación de billetes de menor cantidad, transacciones sobre las que no tenemos ningún tipo de información".

"Pero lo más grave", advierte la citada fuente, "es que estamos comprobando cómo están aumentando los casos de corrupción a pequeña escala en las sucursales bancarias con empleados que aceptan pequeñas comisiones a cambio de permitir o reservar para ciertos clientes los billetes de 500. A ese nivel estamos llegando y los bancos no dicen nada".

Los nuevos 'pitufos' cobran el 2% de comisión
La entrada en vigor del euro como moneda única en 12 países de la Unión Europea trajo consigo algunos efectos inmediatos en el trabajo de las organizaciones criminales y en la investigación policial. Con anterioridad al 1 de enero de 2002, las organizaciones delictivas, sobre todo las relacionadas con el narcotráfico, empleaban una parte de su infraestructura en el cambio de moneda, porque la divisa de referencia era el dólar. Esa actividad cambiaria originó la aparición de unos especialistas en la materia que pronto se conocieron en el argot policial como pitufos, que se encargaban de cambiar cualquier tipo de moneda al dólar. Los pitufos cambiaban y las mulas (también en el argot) hacían el transporte del dinero a su destino.

Para la Policía, el cambio de divisas era una buena fuente de información a la hora de detectar actividades que pudieran ser sospechosas, dado que las entidades bancarias y las agencias de cambio tenían la obligación de declarar todas sus operaciones. Con la llegada del euro, los pitufos dejaron de tener trabajo y la Policía perdió una valiosa fuente de información. Efectivamente, casi todo el dinero ilícito del mercado europeo (salvo el caso de las libras esterlinas) comenzó a manejarse en euros, al mismo tiempo que el euro pasaba a ser aceptado como moneda de pago entre las organizaciones criminales. Comenzaron así, en el término de unas semanas, a llegar las primeras noticias de la aparición de euros en Colombia y en otras partes de Suramérica, como resultado de las actividades del narcotráfico.

El pitufo parecía haber pasado a mejor vida cuando, tiempo después, la Policía y la Guardia Civil comenzaron a observar la actuación de sujetos que cambiaban euros por billetes de 500. Eran los nuevos pitufos. Los pitufos del euro, que se llevan una comisión del 2% del valor del dinero cambiado.

Fuente: El País
02.10.05

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