Un
puerto a prueba de bombas
El Puerto de Málaga ha
instalado escáneres y lectores además de atraques vallados, para
reforzar la seguridad
Dan las doce de la mañana
en el reloj de la sala de espera. Decenas de pasajeros se abrazan a sus
equipajes y fijan sus ojos en la puerta de embarque. Medio día de viaje
les separa de Melilla. Se levantan un poquito del asiento, pareciendo
dispuestos a emprender una desenfrenada carrera para ocupar su sitio a
bordo del Volcán de Tinache. Pero eso acabó hace un año. Ahora hay un
escáner por donde pasar sus maletas y un arco de seguridad que atravesar
obligatoriamente. Sin prisa pero sin pausa. Como en los aeropuertos y
estaciones de tren. Se hacen los embarques más tediosos, pero la
seguridad es lo primero.
Desde hace un año el Puerto de Málaga aplica el Código
Internacional para la Protección de Buques e Instalaciones Portuarias (ISPS).
Impuesta por la Organización Marítima Internacional (OMI), esta
normativa es de obligado cumplimiento en todos los puertos
internacionales desde el pasado 1 de julio de 2004. «Seguimos protocolos
de seguridad adoptados a raíz de los atentados del 11 de septiembre en
Estados Unidos», explica el máximo responsable del despliegue del
operativo, uno de los oficiales de Protección del Puerto, Jesús
Llanes. En los barcos de pasaje de tipo 'A', como es el caso de las
líneas Málaga-Melilla, esta normativa es obligatoria desde julio de este
año.
Las instalaciones se han blindado. Se ha dotado al puerto de
kilómetros de vallas de protección, cámaras de vigilancia,
lectores de matrículas y se ha incrementado el número de
efectivos de la Policía Portuaria. Todo para controlar a
buques de pasaje y carga. La inversión en seguridad el año pasado fue de
1,32 millones de euros.
Este sistema se gestiona desde puntos de control. Los efectivos
de protección hablan de ellos con perspectiva de futuro, dado que los
que existen ahora son provisionales y abiertos a cambios, más que de
ubicación, de tamaño. Todo porque las instalaciones han de sufrir
modificaciones hasta la culminación del Plan Especial del Puerto.
Puntos de atraque
En total serán unas diez las zonas de control, repartidas por todo el
puerto. En ellas cada buque desembarcará a su tripulación o mercancías,
controlados por el personal de seguridad. «Una valla rodea
el perímetro del barco en un área de seguridad que puede ir de 25 hasta
50 metros dependiendo de las necesidades», especifica Jesús Llanes. Eso
sí, esta linde metálica de tres metros de altura, permite versatilidad.
«Es fácil de mover, y se adapta a un buque que quiera, por ejemplo,
estacionar autobuses», matiza.
Y tanto, porque días pasados descargaba el espectacular Envoyager frente
al silo. Un gigante procedente de Singapur que traía piezas de varias
toneladas para la renovación de la fábrica de cemento de La Araña. «Las
vallas se han podido mover y dos puntos de control se han convertido en
uno solo», explica. Sobre todo para abrir paso a los camiones
articulados.
En esta zona, los puntos de entrada a los barcos lo tendrán más
difícil para crecer cuando el Palmeral del Parque llegue hasta donde hoy
está el silo. Por ello se habla de «provisionalidad». De todas formas,
tres puntos están construidos ya de forma definitiva en el muelle de
levante; cuatro más son eventuales en los muelles 1 y 2, y dos más en la
zona de graneros.
Prohibido el paso. Hans, un turista alemán en bicicleta, se
acerca tímidamente hasta el enrejado y pone pie en tierra. Ha pedaleado
hasta casi llegar el barco, pero las vallas -con el fin evitar ataques
terroristas- acaban con una tradición: ver barcos a pie de muelle. Otra
novedad de la nueva normativa es que a las zonas protegidas no pueden
entrar personas sin identificación o sin el pasaje correspondiente.
«¿Pero está demostrado que desde donde mejor se ven los barcos es desde
lejos!», bromea Llanes. Habrá que acostumbrarse a tenerlos a 25 metros y
con la perspectiva de una jaula.
Recuerda que la primera ocasión en que aplicaron este plan de
seguridad fue con el 'Queen Mary 2'. «Nos avisaron desde otros
puertos que 40.000 visitantes llegarían sólo para tocar el casco del
barco», explica el oficial. Como si fuera el Cristo del Gran Poder.
Decidieron poner en marcha este sistema por primera vez aquel septiembre
de 2004. Desde entonces, hasta hoy, cuando ya es el plan de cada día.
Vehículos a raya
La valla no siempre se pasa a pie. De entre los centenares de
tripulantes que esperaban la partida del Volcán de Tinache, doscientos
no estaban sentados en los fríos sillones de la sala de espera, sino en
coches. Entrar en el puerto en automóvil no es sencillo; subirlo al
barco, menos. Porque la nueva normativa prevé la instalación de
lectores de matrícula para todos los vehículos que se muevan por las
instalaciones, conectada a un sistema informático que indique cuál será
su destino o fin. Un segundo lector levantará otra valla para
permitir su entrada al barco.
«Desde luego va a hacer nuestro trabajo mucho más sencillo, más ágil»,
explica sin dudar uno de los 57 policías portuarios que cada día podría
ocupar el puesto de control del Volcán de Tinache, Juan Carlos Muñoz.
Pero, por ahora, se dedica a dar el visto bueno visual a los coches.
Planes de futuro
De momento sólo hay lectores para el desembarco internacional y pronto
se instalarán en la entrada del Paseo Marítimo de Antonio Machado, en
San Andrés. «Es la única que funciona 24 horas y permite acceso a
camiones», explica el oficial Jesús Llanes. Se llegan a dar más de mil
entradas diarias. En cambio, en Muelle Heredia quizá el proceso no se
lleve nunca a cabo, porque el paso será modificado con las obras.
En esta relación que afecta a buque y puerto, no todo está en manos de
la Policía Portuaria. «Tenemos el apoyo de la Guardia Civil y
de la Policía Nacional; ellos tendrían que intervenir en caso de
amenaza de bomba, por ejemplo». Se encargarían del barco, del pasaje y
del posible terrorista.
Y por si algo escapa al control de patrullas o escáneres, siempre queda
el 'gran hermano'. El puerto se ha dotado de 20 cámaras de seguridad que
vigilan 24 horas. Está previsto que los dispositivos aumenten en número
conforme avancen los planes especiales y los puntos vayan haciéndose
definitivos. «Todas las cámaras se conectan con el centro de control
-indica Llanes-, situado en el edificio de la Autoridad Portuaria».
Todavía se realizan visitas a importantes puertos, como el de Algeciras,
«para aprender de sus medidas de protección», explica el oficial. Los
puntos de control de San Andrés serán definitivos a mediados de 2006 y
el resto cuando finalice el Plan Especial. En los días de más trasiego,
siete barcos cargados de turistas han llegado a comprobar que aunque
todo sea provisional, el plan es seguro.
Los únicos intrusos que ponen en duda la seguridad son los pescadores
del morro. «Llueva, truene o haga sol están ahí», dice Llanes. Los
observa con la cámara trazando con el dedo su peligroso camino de
entrada: se cuelan por el espigón de la Malagueta. Hasta este búnker
tiene fisuras.
Fuente: Diario Sur
03.10.05
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Suplemento temático: Seguridad
Portuaria.