Cárceles cubanas: la muerte como alivio
El periodista
Víctor Rolando Arroyo, un preso del grupo de los 75 encarcelados por
Fidel Castro, está muy grave tras 25 días en huelga de hambre
Se está muriendo ahora
mismo en Cuba el periodista Víctor Rolando Arroyo. Entró, con este
amanecer, en el día 25 de una huelga de hambre. La inició para exigir
que el alto mando del Ministerio del Interior le quite de encima a un
oficial de apellido Armesto que es el encargado de reprimirlo en la
prisión de Guantánamo desde la primavera de 2003
Arroyo nació en diciembre
de 1952 y cumple una condena de 26 años. Fue uno de los 75 cubanos que
fue a la cárcel durante una ola de arrestos desatada por el régimen de
Fidel Castro en la que se le impusieron largas penas a periodistas
independientes y a activistas de la oposición pacífica interna.
Guantánamo está en el extremo oriental de Cuba. Arroyo y su familia
viven en Pinar del Río, exactamente a 1.074 kilómetros de distancia de
la nave de hormigón y hierro que se conoce como el Combinado y que
almacena a centenares de prisioneros.
Desde que el periodista llegó al centro penitenciario, hace ya más de 30
meses, le asignaron a ese oficial para que lo «atienda».Ese es el
eufemismo que se usa para indicar el trabajo de agobio, vigilancia y
control que se ejerce dentro de las cárceles contra los presos
políticos.
Abusos y humillaciones
Recuerdo que ya en diciembre de 2003, me llegó a la celda donde yo
cumplía una sanción de 20 años, la informacion de que a Arroyo le habían
dado una paliza la víspera de Año Nuevo. Después, gracias a su familia,
conocimos todos los abusos, las humillaciones, el trato degradante que
ha usado siempre el oficial contra el periodista que no recibía
correpondencia, no podía realizar las llamadas telefónicas que contempla
el reglamento, ni tenía derecho a visitas familiares.
Arroyo, un hombre con experiencia carcelaria, se negó recientemente a
que se le hiciera una requisa en sus propiedades sin estar él presente.
Temía que el obstinado policía le colocara algún elemento comprometedor
y se le iniciara un nuevo proceso.
El informador se negó a salir de la galería y se sentó en el suelo.
Entonces, el militar, ayudado por dos guardias, lo arrastró por el
pasillo hasta otra celda y Arroyo se declaró en huelga de hambre hasta
la muerte.
Félix Navarro, otro preso político que extingue una condena de 25 años
también en Guantánamo, aunque natural de la occidental provincia de
Matanza, fue testigo del episodio en el que el oficial arrastró al
periodista y, en solidaridad con él, se declaró poco después en huelga.
Claro que el caso de Arroyo es el que se ha convertido en el centro de
atención debido a la extrema gravedad del convicto. La primera vez que
estuvo encarcelado el periodista fue en 1996.Cumplió un año porque
publicó un análisis crítico sobre los métodos del cultivo del tabaco en
su provincia, que es el santuario de los célebres y aromáticos puros.
En febrero de 2000 volvió a los calabozos. Ahora por seis meses y
mediante una figura jurídica que estaba en desuso. Arroyo se dedicó a
comprar juguetes en dólares en las tiendas especiales para regalarlos a
los niños pobres el día de los Reyes Magos. El dinero le llegaba por
donaciones de instituciones y familias cubanas radicadas en el sur de
Florida. Lo acusaron de acaparar bienes públicos y le confiscaron los
juguetes. El rey mago guajiro que no andaba en camello, sino en
bicicleta, fue a parar a una rústica prisión llamada Kilo 4, casi donde
Cuba toca a Yucatán y se pueden ver las dos costas ( la norte y la sur)
desde la Carretera Central.
Cuando fue condenado en 2003 era director de la Unión de Periodistas y
Escritores Cubanos Independientes (UPECI) y tenía bajo su
responsabilidad una biblioteca fuera del control del Estado con cerca de
5.000 volúmenes.
En los últimos días llegan informes de su familia angustiada. Su esposa,
Elsa González Padrón, viajó a Guantánamo para verlo y tener noticias
directas. Le permitieron que lo viera dos minutos. El doctor Chediak
(atención: ninguno da sus nombres y apellidos completos) le informó a
Elsa González que haría una excepción porque ella «no tiene derecho a
verlo ni nada»
La mujer solicitó que el paciente fuera trasladado a otra sala por si el
caso se complicaba y se producía una situación de emergencia.«El está
así por su voluntad», le dijo el médico, «no vamos a ocupar una cama que
pueda necesitar otra persona. Si se quiere morir, que se muera».
Ante la gravedad del estado de salud de Arroyo, el cardenal Jaime Ortega
pidió a los tres presos en huelga de hambre que desistieran de sus
protestas. El jueves, la UE pidió al Gobierno de Castro tomar medidas
para mejorar la situación de los tres disidentes que se encuentran en
huelga de hambre.
A mi casa de Madrid llegó un mensaje directamente desde Pinar del Río.
Lo firma Pedro Pablo Arencibia y su familia, son amigos de Arroyo. Y
dice esto: «Estamos desesperados. Marta, la madre, no sabe nada. Elsa
sigue en oriente. Esto es muy triste. Es un hermano el que se está
muriendo».
Fuente: El Mundo
02.10.05