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Miércoles, 19 de octubre de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Un espía filipino se cuela en la Casa Blanca

Leandro Aragoncillo robó documentos secretos desde 2000 en las oficinas de Gore y Cheney

 

La sombra de la traición planeaba sobre la Casa Blanca. La justicia estadounidense ha acusado a un ex marine de origen filipino que trabajó para el vicepresidente Dick Cheney de pasar información clasificada a la oposición política de Manila que busca derrocar al Gobierno de Gloria Macapagal Arroyo. El espía se llama Leandro Aragoncillo, tiene 46 años y trabajó durante casi tres años en la oficina de la Vicepresidencia donde, según los investigadores, podría haber robado documentos clasificados de Estados Unidos.

El perjuicio que ha podido causar con el supuesto hurto de documentos en la Casa Blanca todavía no ha sido evaluado. Pero la Oficina Federal de Investigación (FBI), para el que Aragoncillo trabajaba tras dejar la Marina como analista de inteligencia, ya ha sufrido el golpe seco del espionaje. La fiscalía federal de Nueva Jersey acaba de acusar a Aragoncillo de robar más de 100 documentos, 37 de ellos clasificados como «secretos», procedentes del FBI, la CIA y el Departamento de Estado.

Valorar el daño.

Los cargos contra Aragoncillo se refieren sólo a la información clasificada que sustrajo de los ordenadores del FBI, pero la investigación se ha ampliado, ya que el supuesto traidor ha trabajado también en la Casa Blanca, primero para el vicepresidente demócrata Al Gore y luego para el republicano Dick Cheney, donde los militares están autorizados al libre acceso de material más sensible. Supuestamente, Aragoncillo enviaba al exterior la información a través del correo electrónico, el teléfono y los mensajes a móviles.

Junto a él, ha sido acusado su amigo Michael Ray Aquino, que ocupó un alto cargo en la Policía Nacional de Filipinas bajo el Gobierno del ex presidente Joseph Estrada. En las últimas semanas, el diario filipino «Philippine Daily Inquirer» ha publicado noticias que, aparentemente, se basan en la información filtrada por Aragoncillo, según informa «The Washington Post». En uno de los artículos, por ejemplo, se dice que la Embajada americana en Manila cree que facciones del Ejército de Filipinas podrían estar planeando un golpe de Estado contra Arroyo, por lo que la presidenta estaría recabando apoyo de simpatizantes fuera del Ejército para defenderse. Joseph Estrada, el ex presidente filipino que fue expulsado del poder hace cuatro años tras numerosas manifestaciones en su contra, ha reconocido haber recibido documentos de Aragoncillo mientras el sospechoso estaba todavía en la marina. Según Estrada, que sigue bajo arresto domiciliario por cargos de corrupción, la información que recibió era «no-clasificada» y nunca pensó que Aragoncillo estaba haciendo algo ilegal.

La investigación de los supuestos espías ha provocado una auténtica tormenta política en Filipinas. El «Philippine Daily Inquirer» publicó también declaraciones atribuidas a diplomáticos estadounidenses que describen a la presidenta Arroyo como una política «débil» y a su vicepresidente como «inepto e inapropiado» para el puesto. Varios miembros importantes de la oposición al Gobierno filipino han reconocido que obtuvieron información de Aragoncillo y Aquino. Así, el senador filipino Panfilo Lacson, antiguo director de la Policía Nacional de Filipinas y uno de los principales enemigos políticos de la presidenta filipina, señaló haber recibido los correos de Aquino. De hecho, afirma que varios de estos correos electrónicos fueron distribuidos ampliamente por miembros de la policía nacional, pero que no contenían informes clasificados del Gobierno estadounidense, sino que eran noticias de dominio público.

Según «The Washington Post», una fuente cercana a la investigación afirmó que Aragoncillo recibió pagos por el robo del material, pero los mensajes electrónicos citados también muestran que el supuesto espía tenía un interés personal en intervenir en la política de su país de origen.

Fuente: La Razón
07.10.05

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