Bosnia, en busca de una policía federal... y un Estado
Tras años de
bloqueo, el embrión de cuerpo de seguridad estatal que patrocina la UE
se apunta una victoria gracias a la decisión del Parlamento serbobosnio
de reformar su policía local
Apenas a 100 metros de la
anodina torre que alberga el cuartel general de la Misión de la Policía
de la Unión Europea (MPUE) en Sarajevo, y a tiro de piedra de la antigua
línea de fuego, se alza uno de los mitos de la resistencia de una ciudad
frente a la barbarie que salpicó de muerte y vergüenza al Viejo
Continente hace ahora una década: el periódico Oslobodenje.
La mole gris y chata del
diario, con visibles desperfectos a causa de la lluvia de proyectiles,
se pierde bajo altos edificios de nueva factura erigidos a sólo escasos
centímetros. Su destrozada figura aún rememora los más de 10.000 ataques
que sufrió durante los tres años (1992-1995) de sitio sobre esta
población europea de los Balcanes. No en vano, el periódico se
convirtió en un objetivo militar serbio por su espíritu
multicultural y su obsesión por sacar cada día un amasijo de noticias en
papel, sin agua corriente, electricidad ni calefacción.
Hoy, una crisis económica galopante que le coloca a
las puertas de su desaparición vuelve a convertir al periódico en
símbolo de la nueva Bosnia-Herzegovina nacida de los Acuerdos de Dayton
(1995), un difuso Estado conformado por dos entidades confederadas y
tres comunidades perfectamente diferenciadas (serbia, croata y
musulmana), un triunvirato presidencial sobre el papel en Sarajevo, y
más de una quincena de gobiernos en la realidad, poco o nada
interconectados, con sus respectivos cuerpos de policía igualmente
descoordinados.
Y éste es el problema que se ha propuesto desenmarañar la UE en su
primera misión policial, aprobada en enero de 2003 y cuya labor debe
finalizar, en principio, en diciembre de 2005. «Sin un mandato
ejecutivo», aclara con insistencia el número dos de la iniciativa, el
general de la policía francesa Lambert Lucas.
Esta necesidad de crear un embrionario cuerpo policial a nivel
estatal es el espítitu que mueve a los asesores de la misión, «amén
de desarrollar primero los pilares civiles, ya que lo que Bosnia
necesita es una policía civil», sentencia Lambert.
«Se trata de aplicar los estándares de la policía europea a
este país surgido de la guerra, teniendo como prioridades
estratégicas el entrenamiento de los agentes locales, la
independencia respecto a las fuerzas políticas, la lucha contra el
crimen organizado y la corrupción, la viabilidad financiera...»,
señala Jesper Knud Friedrichsen, responsable de los programas y de la
coordinación entre departamentos de la MPUE, el cerebro, según destacan
sus colegas entre bromas.
De los programas aplicados por los expertos policiales de Bruselas
destacan dos cuerpos: la Agencia Estatal de Investigación y
Protección (SIPA en sus siglas inglesas), una suerte de policía
federal dedicada a labores de investigación -la
inteligencia de la misión- y a la protección de personalidades,
por no olvidar la detención de criminales de guerra; y el Servicio
Estatal de Fronteras (SBS), nacido en el año 2000 bajo la batuta de la
ONU y ocupado hoy, bajo mando de la UE, en frenar el incesante tráfico
ilegal de una de las fronteras más porosas de Europa, donde el trasiego
de droga y seres humanos (inmigración ilegal) alcanza cotas asombrosas,
como reconoce uno de sus principales asesores, el finlandés Kai Juhani
Skogstrom.
El director de la SIPA, Sredoje Novic, no duda en hablar de «fracaso» al
comentar el hecho de que hasta hoy, diez años después del fin de la
guerra, aún no se hayan unificado las fuerzas de seguridad:
«Actualmente hay no menos de 15 cuerpos funcionando en Bosnia.Y están
descoordinados, lo que no es bueno para su efectividad».
Skogstrom va más allá: «Lo absurdo de la descoordinación es que un
delincuente que huye de la policía de un cantón puede escapar si logra
llegar a alguna de las fronteras de otro cantón. Eso sin hablar de la
corrupción policial y la interdependencia con los políticos».
Por ello, uno de los principales escollos a los que se enfrenta el MPUE
es la necesidad urgente de reformas en los diferentes cuerpos de
seguridad locales. Tras un largo bloqueo, hace unos días la entidad
serbia, la República Srpska, dio su brazo a torcer y su Parlamento local
aprobó la reforma de su Ley de Seguridad, que abre la vía a un cuerpo de
policía federal. Sólo un mes antes la había rechazado.
Muchos serbios miran con desconfianza la creación de estos organismos de
seguridad y ven en sus agentes una amenaza a su propia existencia como
entidad diferenciada de Bosnia. «Es un paso correcto y muy necesario, el
siguiente es aplicar a la policía la cultura de la independencia»,
destaca Skogstrom.
O como reconoce otro asesor policial a EL MUNDO: «Ya hay voces que piden
adherirse a la UE; primero deben salir del caos actual, parecer un país,
actuar como tal, tener una policía estatal, disponer de una base de
datos criminal que incluya a todas las comunidades... Y más tarde, si
consiguen hablar con una sola voz, ya discutiremos su entrada en la UE»
Pero sin lugar a dudas, es algo más al este, en el area serbobosni de
Bjeljina, junto a la llamada frontera azul que conforma el caudaloso y
sucio río Sava, donde se perciben mejor las dificultades de la misión de
la UE. Con los bosques de Serbia a la vista en la otra ribera, las
escasas cinco lanchas del SBS encargadas de patrullar los 276 kilómetros
de frontera fluvial (1.600 kilómetros en total, incluyendo los límites
con Croacia y terrestres con Serbia) buscan signos de contrabandistas.
«Cinco lanchas pueden no parecer mucho. Pero es una fuerza excepcional
si se considera que el presupuesto anual de todo el SBS es sólo de 25
millones de euros», afirma Dragan Kulic, el oficial al mando del SBS en
esta zona. Y como muestra de las limitaciones enseña una de las lanchas
amarrada al embarcadero de una propiedad privada: «No tenemos
embarcaderos propios, usamos los que nos dejan».
La falta de dinero es uno de los comentarios más habituales entre los
asesores y oficiales del SIPA y el SBS. «Además de los puntos
fronterizos vigilados, calculamos que hay otros 350 ilegales. Son miles
los inmigrantes sin papeles que las mafias introducen por estas
fronteras. Mucha de la droga que se consume en las calles de Londres,
París o Roma ha pasado por la Ruta de los Balcanes», destaca Skogstrom.
Si bien a finales de los años 90 la mayoría de los inmigrantes que
entraban o cruzaban Bosnia eran turcos, iraníes, iraquíes o chinos, en
los últimos años han sido sustituidos por albaneses de Serbia y
Montenegro, rumanos, moldavos y ucranianos, según el SBS.
El reloj corre y un optimismo moderado se ha instalado entre los
asesores y los propios agentes locales tras la decisión serbobosnia de
reformar sus policías locales. «Los criminales en esta parte del
mundo trabajan bajo los mejores estándares europeos. Ya es hora de que
la policía también lo haga», deja claro el policía norirlandés David
Hamilton.
«Bosnia es Europa, y además de compartir con los países europeos altas
tasas de desempleo y de consumo de droga, tiene las mismas tendencias
criminales, el mismo tipo de banda criminal», sentencia el jefe de la
MPUE, Kevin Carty.
Fuente: El Mundo
23.10.05