"El fracaso moral de España fue no rehacer la flota"
Hugo O`Donnell,
Conde de Lucena, abogado, marino de guerra e historiador,
El historiador madrileño (1948) es abogado, marino de guerra y conde de
Lucena. Además, es miembro de la Real Academia de la Historia, Premio
Nacional de Historia y autor, entre otros libros, del ambicioso estudio
'La campaña de Trafalgar'

Abogado y marino de guerra, Hugo
O'Donnell lleva años dedicado a la Historia. Autor de libros como La
fuerza de desembarco de la Gran Armada contra Inglaterra (1588) o El
mapamundi denominado Carta de Juan de la Cosa, es miembro de la Academia
de la Historia, vicepresidente de la Comisión Española de Historia
Militar y Premio Nacional de Historia. Su trabajo más reciente es La
campaña de Trafalgar (Tres naciones en pugna por el dominio del mar),
que ha publicado La Esfera de los Libros.
Pregunta.- Se
descuelga usted con más de 700 páginas sobre Trafalgar. Casi podía haber
titulado el libro Todo sobre Trafalgar...
Respuesta.- Es que no es sólo sobre Trafalgar, sino sobre la campaña
dentro de la cual Trafalgar es una batalla más. La batalla duró cinco
horas, y ya se han contado hasta los detalles más nimios. Era muy
difícil decir cosas nuevas, así que me lo pensé mucho cuando me
propusieron hacer el libro. De hecho, yo estaba metido en un tema muy
distinto: las hijas de Felipe II. Pero había nueva documentación y era
necesario hablar más de la campaña que de la batalla en sí. Yo creo que
he hecho algunas aportaciones importantes, fruto de mi trabajo de
investigación.
P.- ¿Por ejemplo?
R.- He procurado demostrar que la guerra contra Gran Bretaña era
inevitable. Y he refutado cosas como que el casus belli fuera el ataque
inglés de octubre de 1804 a unas fragatas que venían de Montevideo. La
guerra se declaró en diciembre, y en esos dos meses hubo gestiones muy
intensas para evitarla. Luego, el ataque no fue el factor único porque
hubo otros ataques ingleses. Gran Bretaña buscaba que España le
declarase la guerra. Otro aspecto nunca tratado es que se logró la
defensa de la España peninsular y un buen ritmo de construcción en los
arsenales. Se logró un sistema de abastecimiento de los arsenales por un
método original, un sistema de convoyes protegidos por lanchas cañoneras
que iban de una batería costera a otra sin exponerse al enemigo. Gracias
a este procedimiento, se consiguió que España cumpliera su compromiso de
armamento de buques.
Otra cosa que se da por hecha es que los almirantes tenían que ser
Nelson, Villeneuve y Gravina. Pero yo estudio cómo fueron nombrados y no
está claro que Nelson fuera a serlo, ni Villeneuve el encargado de
invadir Gran Bretaña. En cuanto a Gravina, Godoy estuvo a punto de no
nombrarlo porque lo consideraba un enemigo político y personal. De
hecho, Godoy tenía una alternativa: Domingo de Grandallana, el anterior
secretario de Marina.
P.- No son pocas aportaciones.
R.- Por lo menos es un libro muy documentado. Un buen trabajo histórico
es una combinación de documentación e interpretación, y yo espero
haberlo logrado en este caso. De creer que no podría haber sido así, me
habría negado a escribirlo. Ningún libro es definitivo, pero sí hay
libros necesarios; yo espero que éste lo sea. También me han interesado
mucho las ilustraciones. Trafalgar es cosa de tres, y en España se ha
tendido a usar sólo nuestra documentación. Pero no se entiende sin un
estudio comparado de hombres, medios y tácticas. Yo estudio los sistemas
políticos; eran tres sistemas diferentes, tres marinas diferentes y tres
concepciones de la vida diferentes, en combate. Eso se refleja en el
texto y en las ilustraciones.
P.- Creo que también sostiene que la bala que acabó con Nelson salió
de un arma española.
R.- Ese es un tema que me propongo investigar porque vale la pena. La
versión oficial es que Nelson murió por un mosquetazo que partió del
Redoutable, y no ha sido puesta en duda. Quiero estudiar cuándo se
adoptó esa versión, porque la primera relación de un periódico francés
hablaba de un tirador del Santísima Trinidad y, de hecho, en Francia no
condecoraron a nadie por matar a Nelson.¿Qué pudo haber ocurrido? Pues
que ese tirador del Santísima Trinidad muriese en el barco y que España
prefiriera no aparecer como la responsable de la muerte de Nelson en
cuanto Gran Bretaña pasó a ser nuestra aliada contra los franceses.
P.- Trafalgar no es sólo una batalla dentro de una campaña más
amplia, sino que estuvo a punto de no ser una batalla.
R.- A España la política que le convenía era continuar con la flota
bloqueada en Cádiz, con una flota inglesa retenida allí y que no atacara
las colonias. Así se evitaban ataques como los que se produjeron, en
1762, en La Habana o Manila. Además de mantener paralizada a la flota
inglesa, no se arriesgaban los barcos españoles. Esa política de Godoy
era correcta, y ésa era también la opinión de las oficialidades francesa
y española, dada la evidente superioridad inglesa. Pero se tomaron
decisiones que tienen que ver con la psicología.
P.- ¿La decisión de Villeneuve de salir?
R.- Sí; Napoleón no hacía más que pinchar para que la flota saliera, y
Villeneuve, además de que idolatraba al emperador, se vio empujado a
salir porque sabía que se ha nombrado su relevo, un vicealmirante con
menos méritos que él, lo que suponía una doble humillación. Pensó,
además, que las condiciones eran favorables cuando Nelson mandó algunos
barcos a repostar a Gibraltar. Creyó que las flotas quedarían
equilibradas, lo que no era cierto, porque los ingleses contaban con
menos barcos, pero con más cañones. Villeneuve, que ya había eludido el
bloqueo inglés en Tolón y el ser alcanzado en La Martinica, salió con la
esperanza de que no se produjera el encuentro o, caso de combatir,
hacerlo en condiciones más favorables y seguir hacia Nápoles. Por eso
digo que Villeneuve cometió dos suicidios: el colectivo de Trafalgar, y
el suyo personal cuando el emperador le rechazó al regreso de su
prisión.
P.- El otro error de Villeneuve fue la maniobra por la que hizo virar
a toda la flota hispanofrancesa.
R.- Fue una maniobra desastrosa porque ni hubo tiempo para realizarla ni
las tripulaciones estaban preparadas. La maniobra de colocar los barcos
en una línea de combate, con una posición asignada a cada uno, requería
tiempo. Hubiera sido factible en otras condiciones, pero hubo poco
tiempo, poco viento y poco entrenamiento. Cuando se ordena formar, todos
saben el lugar que les corresponde, pero tienen que esperar a que
maniobre el buque de delante. Se producen pequeños choques,
apelotonamientos y quedan grandes espacios abiertos. La idea era hacer
una muralla infranqueable, pero quedó totalmente agujereada, lo que
aprovechó Nelson.
P.- Que se lanza en picado.
R.- En picado, en efecto. Esa táctica no fue un invento suyo; era lo más
simple y figuraba en todos los manuales. La usó porque tenía un buen
conocimiento del enemigo. Sabía que Villeneuve no era capaz de oponerle
una verdadera línea de combate. Además, aunque sufriera más en el inicio
del combate próximo, Nelson quería exterminar al enemigo, que era de lo
que se trataba. Y la única forma era llegar al abordaje, o poner a sus
buques en tal situación que se rindiesen, debido a ese combate próximo y
aniquilador, combinado de cañones y carronadas, un arma muy eficaz que
barría las cubiertas de metralla.
P.- Además de los errores de Villeneuve, tampoco Napoleón era muy
ducho en temas navales.
R.- Ese es un lugar común. Pero Napoleón era un magnífico estratega
militar, y lo militar comprende también lo naval. Lo que ocurre es que
el desarrollo de las operaciones es muy diferente en cada caso. En
tierra, los movimientos son mucho más previsibles.
P.- En cuanto a las tripulaciones, se ha dicho que era mejor la
inglesa.
R.- Las tripulaciones españolas no estaban tan bien entrenadas porque
habían estado bloqueadas. Los mandos ingleses estaban muy entrenados,
pero también los españoles y los franceses. Teóricamente, el nivel
español era superior. La marinería estaba muy esquilmada porque se
enrolaban para una campaña, pero las campañas se prolongaban; así que
entraban pescadores y delincuentes. Pero eso ocurría en las tres
armadas. En cuanto al sistema de recluta, el inglés era más duro y cruel
que el español.
P.- Un aspecto llamativo de la batalla es la caballerosidad que se
dio, con gestos como el de las barcazas inglesas acercándose a los
barcos españoles para preguntar si se rendían, y volviéndose
tranquilamente.
R.- Si hay una característica de esta guerra es la caballerosidad, sobre
todo entre ingleses y españoles. No tanto entre ingleses y franceses.
Eso se ve también en el inmediato canje de prisioneros entre ingleses y
españoles. Es algo muy digno de reseñarse.
P.- Lo que no impide que en la batalla se dieran lo que Roy Adkins ha
llamado visiones del infierno.
R.- Todas las batallas navales son especialmente espantosas. Ya lo
decían las Partidas de Alfonso X, que a los horrores propios de la
guerra había que añadir los del fuego y el agua. Un incendio a bordo es
horrible, supone que se quemen vivos muchos hombres, además de las
explosiones.
P.- Trafalgar, en definitiva, fue el choque de tres imperios.
R.- Fue un choque de imperios, de economías y de mentalidades. Gran
Bretaña necesitaba abrir nuevos mercados y España se los cerraba. España
eligió entonces el aliado inevitable en esas circunstancias, por temor a
Gran Bretaña. Pero sólo retrasó tres años la amenaza de Francia, que se
consumaría en la invasión de 1808.
P.- ¿Fue España, como se ha dicho, un títere en aquel juego a tres
bandas?
R.- Títere, no. Fue un protagonista de segundo orden. Era imposible que
España desarrollara una política independiente. Ni Francia ni Gran
Bretaña se lo hubieran permitido.
P.- ¿Hasta qué punto fue grave para España la derrota de Trafalgar?
R.- En Trafalgar quedaron destrozadas las tres flotas que intervinieron,
inútiles para el servicio durante varios años. El problema para España
es que tenía menos barcos; a Gran Bretaña le sobraban. Francia y España
dejaron de ser una amenaza. Ese fue el gran triunfo táctico de Gran
Bretaña en Trafalgar. Y el fracaso moral de España fue que no fue capaz
de reconstruir la flota. Esto supuso la renuncia de España a ser una
potencia naval. ¿Por qué no se reconstruyó la flota? Por la crisis moral
que significó Trafalgar y porque, enseguida, empezó la guerra terrestre
contra los franceses. Los buques se abandonaron y se pudrieron. Los
marinos pasaron a luchar en tierra y el armamento también se usó en
tierra. Eso influyó en América, adonde no se pudieron enviar tropas para
luchar contra los independentistas de las colonias por falta de barcos.
P.- Lo de la honra sin barcos parece un destino histórico de España.
R.- Antonio Escaño, el mayor general de la escuadra, dijo algo parecido:
«Todo se ha perdido menos el honor», frase tomada, a su vez, de
Francisco I de Francia a raíz de la batalla de Pavía. Eso demuestra que
el cuerpo de marinos estaba dispuesto a acatar las órdenes hasta el
final. Lo negativo fue la mala utilización por los políticos de las
fuerzas navales. Nosotros fuimos heroicos, pero los otros también. Hubo
gente que cumplió con su deber, cuando ese deber exigía el último
sacrificio.
P.- ¿Qué se debe conmemorar en este centenario?
R.- Se debe mantener la memoria histórica de una actitud muy digna. Y
además tampoco se perdió tanto, porque lo perdido se pudo haber
recuperado. Los ingleses, por supuesto, van a celebrar el centenario.
Los franceses ni siquiera lo van a recordar. Nosotros vamos a
conmemorar, que siempre es positivo. Conocer la Historia siempre es
bueno. Nuestra actitud pudo ser inadecuada, pero no deshonrosa. Y los
historiadores tenemos que estar a las duras y a las maduras: «La verdad
os hará libres».
P.- Entre otras cosas, los ingleses celebrarán a Nelson, lo que no
siempre fue así.
R.- En su época, Nelson fue piedra de escándalo por su vida privada. La
sociedad inglesa, aunque todavía no victoriana, era muy conservadora. A
Nelson le salvaba su éxito y la comprensión de que era necesario, casi
providencial, en ese momento. Nelson, como militar, fue desobediente en
varias ocasiones, y en eso hubiera merecido un castigo público. Pero era
un genio naval, y a los genios no les gusta ser mandados. Además, supo
manejar muy bien a la prensa. Las relaciones de alguno de sus hechos,
como los de Cabo San Vicente, las mandaba a la prensa él directamente.
Era el niño bonito de la prensa y del pueblo de Londres.
P.- ¿Qué le parece la literatura a que ha dado lugar Trafalgar?
R.- La novela histórica, para mí, es la puerta falsa de la Historia, en
el buen sentido, en cuanto a que es otro modo de entrar en la Historia.
Si yo me interesé por Lepanto es porque, de pequeño, leí Jeromín. La
novela histórica es interesante para todos los que amamos la Historia.
Pero, cuando pasas a la Historia, descubres que ésta, a veces, es más
novelesca. Los referentes narrativos de Trafalgar son Galdós y,
actualmente, Pérez-Reverte. Los dos son muy significativos y a los dos
los valoro dentro de su género. Ninguno tiene pretensiones de
historiador, como yo no las tengo de novelista. También añadiría la
presencia que Trafalgar tiene en algunas páginas de Torrente Ballester.
P.- Usted, que es marino de guerra, ¿suscribe eso de que «ministro,
aunque sea de Marina»?
R.- Ja, ja. Eso se acuña en el 98, a raíz del Desastre. La verdad es que
yo no quisiera ser ministro de nada.
Fuente: El Mundo
20.10.05
Experto: Trafalgar, la batalla de los intereses, por Hugo O´Donnell (27.10.05)
Experto:
Trafalgar, la última batalla nacional, por Rafael Vidal (25.10.05)
Experto:
Trafalgar, 1805-2005: la Historia olvidada, por Henry Kamen (15.06.05)
Artículos: Trafalgar: El año en que España
se equivocó de bando (24.10.05)
Artículos:
El significado de Trafalgar (10.10.04)
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