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Viernes, 28 de octubre de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

"El fracaso moral de España fue no rehacer la flota"

Hugo O`Donnell, Conde de Lucena, abogado, marino de guerra e historiador,

 

El historiador madrileño (1948) es abogado, marino de guerra y conde de Lucena. Además, es miembro de la Real Academia de la Historia, Premio Nacional de Historia y autor, entre otros libros, del ambicioso estudio 'La campaña de Trafalgar'

Foto: Sur Digital

Abogado y marino de guerra, Hugo O'Donnell lleva años dedicado a la Historia. Autor de libros como La fuerza de desembarco de la Gran Armada contra Inglaterra (1588) o El mapamundi denominado Carta de Juan de la Cosa, es miembro de la Academia de la Historia, vicepresidente de la Comisión Española de Historia Militar y Premio Nacional de Historia. Su trabajo más reciente es La campaña de Trafalgar (Tres naciones en pugna por el dominio del mar), que ha publicado La Esfera de los Libros.

Pregunta.- Se descuelga usted con más de 700 páginas sobre Trafalgar. Casi podía haber titulado el libro Todo sobre Trafalgar...

Respuesta.- Es que no es sólo sobre Trafalgar, sino sobre la campaña dentro de la cual Trafalgar es una batalla más. La batalla duró cinco horas, y ya se han contado hasta los detalles más nimios. Era muy difícil decir cosas nuevas, así que me lo pensé mucho cuando me propusieron hacer el libro. De hecho, yo estaba metido en un tema muy distinto: las hijas de Felipe II. Pero había nueva documentación y era necesario hablar más de la campaña que de la batalla en sí. Yo creo que he hecho algunas aportaciones importantes, fruto de mi trabajo de investigación.

P.- ¿Por ejemplo?

R.- He procurado demostrar que la guerra contra Gran Bretaña era inevitable. Y he refutado cosas como que el casus belli fuera el ataque inglés de octubre de 1804 a unas fragatas que venían de Montevideo. La guerra se declaró en diciembre, y en esos dos meses hubo gestiones muy intensas para evitarla. Luego, el ataque no fue el factor único porque hubo otros ataques ingleses. Gran Bretaña buscaba que España le declarase la guerra. Otro aspecto nunca tratado es que se logró la defensa de la España peninsular y un buen ritmo de construcción en los arsenales. Se logró un sistema de abastecimiento de los arsenales por un método original, un sistema de convoyes protegidos por lanchas cañoneras que iban de una batería costera a otra sin exponerse al enemigo. Gracias a este procedimiento, se consiguió que España cumpliera su compromiso de armamento de buques.

Otra cosa que se da por hecha es que los almirantes tenían que ser Nelson, Villeneuve y Gravina. Pero yo estudio cómo fueron nombrados y no está claro que Nelson fuera a serlo, ni Villeneuve el encargado de invadir Gran Bretaña. En cuanto a Gravina, Godoy estuvo a punto de no nombrarlo porque lo consideraba un enemigo político y personal. De hecho, Godoy tenía una alternativa: Domingo de Grandallana, el anterior secretario de Marina.

P.- No son pocas aportaciones.

R.- Por lo menos es un libro muy documentado. Un buen trabajo histórico es una combinación de documentación e interpretación, y yo espero haberlo logrado en este caso. De creer que no podría haber sido así, me habría negado a escribirlo. Ningún libro es definitivo, pero sí hay libros necesarios; yo espero que éste lo sea. También me han interesado mucho las ilustraciones. Trafalgar es cosa de tres, y en España se ha tendido a usar sólo nuestra documentación. Pero no se entiende sin un estudio comparado de hombres, medios y tácticas. Yo estudio los sistemas políticos; eran tres sistemas diferentes, tres marinas diferentes y tres concepciones de la vida diferentes, en combate. Eso se refleja en el texto y en las ilustraciones.

P.- Creo que también sostiene que la bala que acabó con Nelson salió de un arma española.

R.- Ese es un tema que me propongo investigar porque vale la pena. La versión oficial es que Nelson murió por un mosquetazo que partió del Redoutable, y no ha sido puesta en duda. Quiero estudiar cuándo se adoptó esa versión, porque la primera relación de un periódico francés hablaba de un tirador del Santísima Trinidad y, de hecho, en Francia no condecoraron a nadie por matar a Nelson.¿Qué pudo haber ocurrido? Pues que ese tirador del Santísima Trinidad muriese en el barco y que España prefiriera no aparecer como la responsable de la muerte de Nelson en cuanto Gran Bretaña pasó a ser nuestra aliada contra los franceses.

P.- Trafalgar no es sólo una batalla dentro de una campaña más amplia, sino que estuvo a punto de no ser una batalla.

R.- A España la política que le convenía era continuar con la flota bloqueada en Cádiz, con una flota inglesa retenida allí y que no atacara las colonias. Así se evitaban ataques como los que se produjeron, en 1762, en La Habana o Manila. Además de mantener paralizada a la flota inglesa, no se arriesgaban los barcos españoles. Esa política de Godoy era correcta, y ésa era también la opinión de las oficialidades francesa y española, dada la evidente superioridad inglesa. Pero se tomaron decisiones que tienen que ver con la psicología.

P.- ¿La decisión de Villeneuve de salir?

R.- Sí; Napoleón no hacía más que pinchar para que la flota saliera, y Villeneuve, además de que idolatraba al emperador, se vio empujado a salir porque sabía que se ha nombrado su relevo, un vicealmirante con menos méritos que él, lo que suponía una doble humillación. Pensó, además, que las condiciones eran favorables cuando Nelson mandó algunos barcos a repostar a Gibraltar. Creyó que las flotas quedarían equilibradas, lo que no era cierto, porque los ingleses contaban con menos barcos, pero con más cañones. Villeneuve, que ya había eludido el bloqueo inglés en Tolón y el ser alcanzado en La Martinica, salió con la esperanza de que no se produjera el encuentro o, caso de combatir, hacerlo en condiciones más favorables y seguir hacia Nápoles. Por eso digo que Villeneuve cometió dos suicidios: el colectivo de Trafalgar, y el suyo personal cuando el emperador le rechazó al regreso de su prisión.

P.- El otro error de Villeneuve fue la maniobra por la que hizo virar a toda la flota hispanofrancesa.

R.- Fue una maniobra desastrosa porque ni hubo tiempo para realizarla ni las tripulaciones estaban preparadas. La maniobra de colocar los barcos en una línea de combate, con una posición asignada a cada uno, requería tiempo. Hubiera sido factible en otras condiciones, pero hubo poco tiempo, poco viento y poco entrenamiento. Cuando se ordena formar, todos saben el lugar que les corresponde, pero tienen que esperar a que maniobre el buque de delante. Se producen pequeños choques, apelotonamientos y quedan grandes espacios abiertos. La idea era hacer una muralla infranqueable, pero quedó totalmente agujereada, lo que aprovechó Nelson.

P.- Que se lanza en picado.

R.- En picado, en efecto. Esa táctica no fue un invento suyo; era lo más simple y figuraba en todos los manuales. La usó porque tenía un buen conocimiento del enemigo. Sabía que Villeneuve no era capaz de oponerle una verdadera línea de combate. Además, aunque sufriera más en el inicio del combate próximo, Nelson quería exterminar al enemigo, que era de lo que se trataba. Y la única forma era llegar al abordaje, o poner a sus buques en tal situación que se rindiesen, debido a ese combate próximo y aniquilador, combinado de cañones y carronadas, un arma muy eficaz que barría las cubiertas de metralla.

P.- Además de los errores de Villeneuve, tampoco Napoleón era muy ducho en temas navales.

R.- Ese es un lugar común. Pero Napoleón era un magnífico estratega militar, y lo militar comprende también lo naval. Lo que ocurre es que el desarrollo de las operaciones es muy diferente en cada caso. En tierra, los movimientos son mucho más previsibles.

P.- En cuanto a las tripulaciones, se ha dicho que era mejor la inglesa.

R.- Las tripulaciones españolas no estaban tan bien entrenadas porque habían estado bloqueadas. Los mandos ingleses estaban muy entrenados, pero también los españoles y los franceses. Teóricamente, el nivel español era superior. La marinería estaba muy esquilmada porque se enrolaban para una campaña, pero las campañas se prolongaban; así que entraban pescadores y delincuentes. Pero eso ocurría en las tres armadas. En cuanto al sistema de recluta, el inglés era más duro y cruel que el español.

P.- Un aspecto llamativo de la batalla es la caballerosidad que se dio, con gestos como el de las barcazas inglesas acercándose a los barcos españoles para preguntar si se rendían, y volviéndose tranquilamente.

R.- Si hay una característica de esta guerra es la caballerosidad, sobre todo entre ingleses y españoles. No tanto entre ingleses y franceses. Eso se ve también en el inmediato canje de prisioneros entre ingleses y españoles. Es algo muy digno de reseñarse.

P.- Lo que no impide que en la batalla se dieran lo que Roy Adkins ha llamado visiones del infierno.

R.- Todas las batallas navales son especialmente espantosas. Ya lo decían las Partidas de Alfonso X, que a los horrores propios de la guerra había que añadir los del fuego y el agua. Un incendio a bordo es horrible, supone que se quemen vivos muchos hombres, además de las explosiones.

P.- Trafalgar, en definitiva, fue el choque de tres imperios.

R.- Fue un choque de imperios, de economías y de mentalidades. Gran Bretaña necesitaba abrir nuevos mercados y España se los cerraba. España eligió entonces el aliado inevitable en esas circunstancias, por temor a Gran Bretaña. Pero sólo retrasó tres años la amenaza de Francia, que se consumaría en la invasión de 1808.

P.- ¿Fue España, como se ha dicho, un títere en aquel juego a tres bandas?

R.- Títere, no. Fue un protagonista de segundo orden. Era imposible que España desarrollara una política independiente. Ni Francia ni Gran Bretaña se lo hubieran permitido.

P.- ¿Hasta qué punto fue grave para España la derrota de Trafalgar?

R.- En Trafalgar quedaron destrozadas las tres flotas que intervinieron, inútiles para el servicio durante varios años. El problema para España es que tenía menos barcos; a Gran Bretaña le sobraban. Francia y España dejaron de ser una amenaza. Ese fue el gran triunfo táctico de Gran Bretaña en Trafalgar. Y el fracaso moral de España fue que no fue capaz de reconstruir la flota. Esto supuso la renuncia de España a ser una potencia naval. ¿Por qué no se reconstruyó la flota? Por la crisis moral que significó Trafalgar y porque, enseguida, empezó la guerra terrestre contra los franceses. Los buques se abandonaron y se pudrieron. Los marinos pasaron a luchar en tierra y el armamento también se usó en tierra. Eso influyó en América, adonde no se pudieron enviar tropas para luchar contra los independentistas de las colonias por falta de barcos.

P.- Lo de la honra sin barcos parece un destino histórico de España.

R.- Antonio Escaño, el mayor general de la escuadra, dijo algo parecido: «Todo se ha perdido menos el honor», frase tomada, a su vez, de Francisco I de Francia a raíz de la batalla de Pavía. Eso demuestra que el cuerpo de marinos estaba dispuesto a acatar las órdenes hasta el final. Lo negativo fue la mala utilización por los políticos de las fuerzas navales. Nosotros fuimos heroicos, pero los otros también. Hubo gente que cumplió con su deber, cuando ese deber exigía el último sacrificio.

P.- ¿Qué se debe conmemorar en este centenario?

R.- Se debe mantener la memoria histórica de una actitud muy digna. Y además tampoco se perdió tanto, porque lo perdido se pudo haber recuperado. Los ingleses, por supuesto, van a celebrar el centenario. Los franceses ni siquiera lo van a recordar. Nosotros vamos a conmemorar, que siempre es positivo. Conocer la Historia siempre es bueno. Nuestra actitud pudo ser inadecuada, pero no deshonrosa. Y los historiadores tenemos que estar a las duras y a las maduras: «La verdad os hará libres».

P.- Entre otras cosas, los ingleses celebrarán a Nelson, lo que no siempre fue así.

R.- En su época, Nelson fue piedra de escándalo por su vida privada. La sociedad inglesa, aunque todavía no victoriana, era muy conservadora. A Nelson le salvaba su éxito y la comprensión de que era necesario, casi providencial, en ese momento. Nelson, como militar, fue desobediente en varias ocasiones, y en eso hubiera merecido un castigo público. Pero era un genio naval, y a los genios no les gusta ser mandados. Además, supo manejar muy bien a la prensa. Las relaciones de alguno de sus hechos, como los de Cabo San Vicente, las mandaba a la prensa él directamente. Era el niño bonito de la prensa y del pueblo de Londres.

P.- ¿Qué le parece la literatura a que ha dado lugar Trafalgar?

R.- La novela histórica, para mí, es la puerta falsa de la Historia, en el buen sentido, en cuanto a que es otro modo de entrar en la Historia. Si yo me interesé por Lepanto es porque, de pequeño, leí Jeromín. La novela histórica es interesante para todos los que amamos la Historia. Pero, cuando pasas a la Historia, descubres que ésta, a veces, es más novelesca. Los referentes narrativos de Trafalgar son Galdós y, actualmente, Pérez-Reverte. Los dos son muy significativos y a los dos los valoro dentro de su género. Ninguno tiene pretensiones de historiador, como yo no las tengo de novelista. También añadiría la presencia que Trafalgar tiene en algunas páginas de Torrente Ballester.

P.- Usted, que es marino de guerra, ¿suscribe eso de que «ministro, aunque sea de Marina»?

R.- Ja, ja. Eso se acuña en el 98, a raíz del Desastre. La verdad es que yo no quisiera ser ministro de nada.
 

Fuente: El Mundo
20.10.05

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