Vicente Díaz de Villegas,
general en
jefe de la Brigada Aerotransportable (Brilat):
«No hay
seguridad total ni en Afganistán ni en España»
El general en jefe
de la Brigada Aerotransportable (Brilat), Vicente Díaz de Villegas,
viajó ayer a Afganistán para visitar el lugar del siniestro,
entrevistarse con los mandos, saludar a sus hombres y homenajear a los
caídos en una emotiva ceremonia celebrada en Camp Arena, el
acuartelamiento español en Herat.
Tras
el acto, recibió a este diario para insistir en la legalidad de la
misión española, amparada por las resoluciones del Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas que conminan a las tropas de la OTAN a estabilizar el
país amenazado por los talibán y por los grupos terroristas.
Pregunta.- ¿Cuál ha
sido el propósito de su visita a Herat?
Respuesta.- Tenía que venir porque, como les he dicho a mis hombres, es
mi devoción, y no cabe duda de que éste era el mejor momento después de
la muerte de los 17 compañeros, 12 de ellos de la Brilat. Me hubiera
gustado que la visita se hubiera acercado más al periodo de elecciones,
poder haber hablado con ellos, porque sabía que iban a hacer bien su
trabajo. Sinceramente, no me esperaba esto. E incluso esto también lo
han hecho bien. Ha sido una lección para todos.
P.- ¿Cómo están sus hombres?
R.- Fenomenal, muy bien de ánimo, lo cual es motivo de orgullo. Y si
alguien necesita ánimo, que venga aquí, porque ellos se lo van a dar.
Igual que las familias: he tenido la suerte de conocerlas; me han dado
lecciones todos los días. No podía esperar otra cosa, pero en el breve
espacio de tiempo que he estado aquí les he visto animados, con ganas de
seguir haciendo su trabajo y de hacerlo con cariño. Nosotros ponemos en
lo que hacemos cariño y exigencia, autoestima y autocrítica. Es
fundamental. Saben a qué han venido a Afganistán, que están en una
fuerza de Naciones Unidas y que esta gente ha sufrido, que ha tenido una
época larga de guerras. Saber que vienes a transmitir esperanza es algo
que llena. No hay más que ver a los soldados cuando ven a los niños: se
deshacen. Además, se alimenta el compañerismo, al trabajar 24 horas al
día y siete días a la semana. Todas las misiones son bonitas y duras,
pero, cuando se abordan con cariño, las cosas difíciles suelen ir mejor.
P.- ¿Cómo valora la actuación de la tripulación del segundo Cougar?
R.- Las noticias que tengo son las que tienen los demás y no puedo
valorar la actuación del piloto. He estado en el lugar y he visto lo que
hay: el helicóptero aterrizó, si se puede llamar así, en una vaguada muy
estrecha. Ha habido mucha suerte. Han dicho que seguramente podría ser
un accidente, y lo que se ha descrito es cierto. Hay unas alturas que
luego bajan y una altura casi imperceptible donde hay una marca: ahí
pegó, parece ser [el primer Cougar], y a partir de ahí se debió romper y
produjo un reguero [de restos]. El porqué, no lo sé; hay una
investigación en curso.
P.- ¿Cómo fue el trabajo de sus hombres en el segundo aparato?
R.- La actuación de mis hombres fue muy adecuada. En el momento en que
se pegaron el trompazo había heridos dentro y siguieron los
procedimientos: ayudar a la gente a salir porque aquello podía explotar
y adoptar posición de combate y seguridad para rodear la zona y hacer
frente a lo que pudiera ocurrir, aunque no era el caso. Sabemos por qué
estamos aquí y estamos preparados, para eso vienen los soldados y por
eso se aplica el capítulo 7 de Naciones Unidas. Nunca se sabe lo que
puede ocurrir, y creo que el capitán Martín [jefe de patrulla de los dos
Cougar siniestrados] ha aplicado lo que ha inculcado a su gente y lo que
nosotros le hemos enseñado a él. Me ha parecido muy buena actuación.
Elevaré una propuesta para que reciba la recompensa que el mando crea
oportuno. Obviamente, todo lo que diga son halagos hacia mis hombres,
pero, aunque me pierda el corazón, es objetivo decir que son estupendos
y que hacen muy bien las cosas. Estoy encantado de que manifestaran la
voluntad de quedarse en Afganistán. En cuanto a las familias, la viuda
del teniente fue al aeropuerto a despedir a los que volvían, y eso es
algo que tenemos que valorar.
P.- ¿Cuál es la situación de la zona en la que trabajan sus hombres?
R.- Para mí una guerra es una enfermedad social, y esto es una situación
de posguerra con elementos terroristas latentes. De hecho, la resolución
1.563 de Naciones Unidas habla de las elecciones, pero también de que
hay una presencia latente de terroristas. La recuperación de un país
como éste es buena para todos. La generosidad de nuestros soldados es
extrema. No todas las noticias son malas, también las hay buenas. Por
ejemplo, cómo han reaccionado las familias y la tropa. He pasado la
mañana en Herat y he visto gente saludándonos. Y muchos niños. Eso es
bueno, porque significa esperanza. La situación que he percibido es
tranquila, aunque no sé si hay algo por dentro. Creo que no hay que
bajar nunca la guardia, también en España hay terroristas y allí tampoco
podemos hacerlo. No debemos confiarnos, siempre hay que estar ojo
avizor. La seguridad total no está aquí, ni en España. Nosotros, que
hemos conseguido al cabo de los años un desarrollo en España muy
importante, agradeceríamos que alguien nos echara una mano en las mismas
circunstancias. Además, hay que ver dónde se han instruido los del 11-M.
Algunos habían pasado por aquí. Hay que estar aquí y habrá gente que nos
lo agradezca.
Fuente: El Mundo
25/08/2005
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