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Lunes, 5 de septiembre de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

El vídeo de la papelera de la mezquita no lo recogió la Policía

Un agente no operativo buscó y encontró la reivindicación por su cuenta y riesgo y sin seguir los protocolos de seguridad

 

El día 13 de marzo de 2004 la Policía recogió una cinta de vídeo de una papelera cercana a la mezquita de la M-30 de Madrid. Contenía la reivindicación de los atentados del 11-M. Eso es al menos lo que se nos contó en su momento pero las cosas no fueron exactamente así. La cinta la encontró un funcionario de Policía, por iniciativa propia y al margen de cualquier servicio oficial. Un hombre de 51 años que ya no ejercía labores operativas porque se encontraba en lo que se llama técnicamente segunda actividad.

El relato pormenorizado de los hechos que refleja el sumario del 11-M demuestra que al recoger la cinta se incumplieron todas las normas de seguridad de cara a la posterior investigación de los hechos.

El primer dato llamativo, sin duda debido a una casualidad, es que quien recibe la llamada de los terroristas para contar que han dejado una cinta reivindicativa ha nacido en Marruecos. Se trata de María del Carmen C. P., natural de Tetuán, Marruecos, de 51 años, que trabaja como telefonista en Telemadrid desde 1985.

Los terroristas no quieren entregar la cinta a la policía, sino a un medio de comunicación. Llaman a Telemadrid a las 19.40 horas y explican que si no recogen la cinta en 10 minutos se la van a dar a otros. Sólo se pueden estar refiriendo a otros medios de comunicación.

La telefonista manifestó en la Brigada Provincial de Información el día 14 de marzo de 2004 que un varón que, en su opinión, podía tener entre 25 y 30 años y que hablaba en español pero con acento árabe, le comunicó textualmente -desde el móvil 610781759- : «Si quieren saber lo que ha pasado el día 11 de marzo, hemos dejado una cinta de vídeo entre la mezquita de la M-30 y el quiosco de los helados, en una papelera, y tenéis 10 minutos para recogerla o se la daremos a otros».

Inmediatamente después de recibir la llamada, la telefonista se puso en contacto con la comisaría de Pozuelo. Ahí le dijeron que llamase a la sala del 091 de Madrid y así lo hizo.

Lógicamente, María del Carmen comentó lo que acababa de escuchar con la gente que estaba en ese momento junto a su puesto de trabajo. Entre esas personas se encontraba Eva María A., que trabajaba en Telemadrid como agente de seguridad. Todos estaban nerviosos por el plazo tan corto que habían dado los terroristas, y ya habían pasado dos o tres minutos desde la llamada. Eva María le dijo a un responsable de seguridad de Telemadrid que, si querían, podía llamar a su padre, que vivía en las proximidades de la mezquita y a lo mejor se podía acercar por allí.

El propio padre de Eva María, José Vicente A., el policía en segunda actividad, relataría al juez Juan del Olmo, en su declaración de 25 de mayo de 2004, que cuando le llamó su hija se encontraba a 500 metros del objetivo. Fue para allá, llegó a la esquina y vio el puesto de helados y la papelera que le habían indicado.

Miró a su alrededor por si veía algún movimiento raro, se acercó al quiosco y desde allí echo un vistazo al interior de la papelera, que era de las perforadas. En apariencia, la cinta no estaba. Vio un bote de cocacola, un periódico y unos vasos de plástico.

A pesar de ser policía, cometió varias imprudencias absurdas.

Primero: no tuvo en cuenta que, tratándose de la llamada de unos terroristas, podía ser una simple trampa explosiva. Se acercó al lugar sin que hubiera sido cercado por las Fuerzas de Seguridad y sin tomar las precauciones lógicas para estas situaciones.

Segundo: sabiendo que los terroristas han dicho que retirarían la cinta en 10 minutos, lo lógico hubiera sido montar un operativo discreto en la zona para ver si se acercaba alguien a la papelera una vez transcurrido el plazo.

Tercero: tocó el contenido de la papelera y, más tarde, la cinta, contaminando las huellas que podían haber dejado los terroristas. Cualquiera que haya visto algún episodio de la serie CSI sabe la importancia que tiene el que estén intactos los objetos a investigar.

José Vicente no hizo nada de eso. Se había figurado que lo que buscaba era una cinta de vídeo grande del tipo VHS. Por ese motivo, al no ver en el primer vistazo la cinta que supuestamente andaba buscando, cogió el periódico que estaba en la papelera y empezó a revolver en los restos. Fue así como se dio cuenta de que había un guante de lana de niño, como de ocho o 10 años, que parecía tener algo duro en su interior.

Recogió el guante y encontró dentro una cinta pequeña -la Policía Científica certificó que había sido grabada tres horas antes- metida en un cuarto de sobre blanco abierto por los dos lados. Lo miró con detenimiento por si «tuviera un hilo de seda»; se supone que buscaba alguna posible trampa.

Al levantar el envoltorio, encontró una pequeña cinta en su caja de plástico. En la carátula podía leerse, escrito en castellano a bolígrafo, «Muy urgente». Es entonces cuando llamó desde su móvil a su hija, la vigilante de Telemadrid, para decirle que la cinta estaba en su poder. Tras comentárselo y pedirle que llamara al 091, se puso al teléfono un policía amigo de José Vicente que se encontraba de servicio en Telemadrid con motivo de las elecciones. Le comentó que por allí no había llegado todavía ningún agente.

Al rato, José Vicente recibió dos llamadas, la primera de un teléfono muy largo y que se cortó antes de que pudieran hablar. En la segunda, alguien le preguntó si «es la persona que estaba cerca de la mezquita y que si tenía la cinta». Al preguntarle por su identidad, el comunicante le dijo que era el señor H., el jefe de seguridad de Telemadrid.

A continuación le llamó otra persona que se identificó como jefe de sala del 091 y le preguntó por qué había ido por la cinta.José Vicente le aclaró su condición de policía en segunda actividad y le contó el aviso urgente de su hija y su cercanía al lugar de los hechos. Le indicaron que no se moviera.

A las 20.15 horas apareció una dotación policial (coche Z-151) que le reprochó su temeridad. A las 20.20 horas llegó otro coche patrulla de Ciudad Lineal, a cuya dotación entregó la cinta. Algo más tarde, acude otro coche de la Brigada Provincial de Información. Uno de los inspectores le dijo que tenían orden de detenerle porque poseía la cinta.

En las dos declaraciones que efectuó José Vicente (ante la Brigada Provincial de Información el 13 de marzo de 2004, y ante el juez Del Olmo, el 25 de mayo) hay una discrepancia incomprensible.

En la declaración policial, dijo que había entregado la cinta a los inspectores de Información y que éstos lo llevaron a las dependencias de Canillas. Ante el juez, José Vicente declaró que «los de Información me pidieron la cinta, y les comentó el dicente que la cinta se la había entregado al inspector del coche policial de la zona de Ciudad Lineal».

Una absurda contradicción más. La cinta no sólo pasó por las manos de José Vicente, sino que también fue trasladada a Ciudad Lineal antes de recalar finalmente en Información.

Fuente: El Mundo
31.08.05

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* Especial Atentado 11-M.

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