Seguridad Colectiva y Defensa Nacional
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La
Cruz Roja italiana curó a terroristas iraquíes a cambio de las dos
cooperantes secuestradas
El «pago del
rescate» se hizo a espaldas de los mandos militares de Estados Unidos en
Irak, según las revelaciones publicadas ayer en el diario «La Stampa»
El ex comisario de la
Cruz Roja italiana Maurizio Scelli, protagonista en primera persona de
las negociaciones para la liberación de los rehenes italianos en Irak
-desde los cuatro guardaespaldas hasta las dos cooperantes, Simona Pari
y Simona Torretta-, liberado de su cargo y con tantas historias y
anécdotas que contar, en una conversación con un periodista del diario
La Stampa dejó escapar que para liberar a las dos Simonas se tuvo que
curar a cuatro presuntos terroristas, todo ello con la aprobación del
Gobierno italiano y a espaldas de los norteamericanos.
Las declaraciones de Scelli recogidas ayer en el periódico de Turín han
levantando una auténtica polvareda en el país, no sólo por el hecho de
que Italia haya aceptado curar y salvar la vida a terroristas, buscados
por el Ejército norteamericano, sino sobre todo por la ocultación de las
negociaciones a los aliados estadounidenses.
Ante estas afirmaciones, no se hizo esperar el desmentido oficial del
Gobierno italiano, que en una nota comunicó que la Cruz Roja italiana
actuó «autónomamente» y decidió por sí sola ayudar a los presuntos
terroristas, por si pudiera ayudar en las negociaciones, pero sin ningún
tipo de autorización del Ejecutivo. Scelli, sin embargo, daba detalles
precisos de la operación, comentando que estaban al corriente tanto el
subsecretario de la presidencia del Gobierno italiano, Gianni Letta,
como el agente de los servicios secretos, Nicola Calipari, y que fue el
mismo Calipari quien después informó al vicecomandante de las fuerzas
aliadas en Irak, el general italiano Mario Marioli.
«No ser descubiertos»
Scelli cuenta al diario que una de las condiciones durante la
negociación era que los estadounidenses no tenían que ser advertidos
para garantizar la seguridad de los rehenes, y revelaba que el gran
problema para llevar a cabo la operación era el «no ser descubiertos por
los norteamericanos, ya que ante el hospital de Bagdad, donde se
encuentran los médicos italianos, había dos puestos de control».
«Hicimos salir del hospital una ambulancia y un jeep que oficialmente
iban a entregar medicinas. En realidad los vehículos llegaron al lugar
convenido para recoger a los cuatro heridos. Escondidos bajo mantas y
cajas de medicinas, los cuatro terroristas -tres de ellos en condiciones
desesperadas- fueron operados y salvados», narra Scelli, que añade que
otra de las condiciones era curar a cuatro niños de sus familias
enfermos de leucemia, «que llegaron a Italia el día después de la
liberación de las cooperantes».
Lo inédito de las revelaciones obligó ayer al mismo Scelli a salir de
nuevo a la luz para intentar explicarse mejor y para rectificar sus
declaraciones. Scelli afirmó que realmente se trató de «un acto
informal» de la Cruz Roja, que ni siquiera sabía que eran terroristas» y
que sólo después se informó al Ejecutivo.
Sin embargo, la rectificación de Scelli no ha salvado al gobierno de las
críticas de la oposición de centro-izquierda que ante tal desbarajuste
ha pedido la comparecencia urgente del Ministro de Exteriores,
Gianfranco Fini, para aclarar el asunto de los secuestros de italianos
en Irak, y de paso todos los misterios sobre negociaciones y rescates,
pagados o no, que parecían completamente olvidados.
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Dudas en torno a la liberación de
Giuliana Sgrena |
Las declaraciones de Scelli
sobre las negociaciones ocultadas a Washington para la
liberación de las dos «Simonas» han vuelto a destapar el caso de
la muerte del agente de los Servicios Secretos Nicola Calipari a
manos de una patrulla norteamericana, mientras se dirigía al
aeropuerto de Bagdad junto a la periodista Giuliana Sgrena,
recién liberada.
Scelli, que reconoce que en las negociaciones de este secuestro
la Cruz Roja no estuvo implicada, asegura sin embargo que los
norteamericanos conocían la operación y que había sido el mismo
Calipari quien les informó de camino al aeropuerto donde
encontró la muerte.
La comisión mixta italo-norteamericana que se creó entonces para
estudiar los hechos no sirvió de nada ya que el Gobierno
norteamericano declinó cualquier responsabilidad en el asunto,
explicando que los italianos no les comunicaron el paso del
vehículo de Calipari. Hoy, como entonces, el Ejecutivo italiano
vuelve a repetir que «la colaboración con los Aliados ha sido
siempre recíproca, franca y leal en todas las ocasiones».
Las palabras de Scelli no sólo han obligado al Gobierno de
Berlusconi a reafirmar que en todos los casos de secuestro EE.UU.
fue informado, sino que ha reavivado en la izquierda la
hipótesis de una emboscada del Ejército norteamericano a
Calipari como represalia por haberles ocultado información. |
Fuente: ABC
26.08.05
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