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Lunes, 5 de septiembre de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

La Cruz Roja italiana curó a terroristas iraquíes a cambio de las dos cooperantes secuestradas

El «pago del rescate» se hizo a espaldas de los mandos militares de Estados Unidos en Irak, según las revelaciones publicadas ayer en el diario «La Stampa»

 

El ex comisario de la Cruz Roja italiana Maurizio Scelli, protagonista en primera persona de las negociaciones para la liberación de los rehenes italianos en Irak -desde los cuatro guardaespaldas hasta las dos cooperantes, Simona Pari y Simona Torretta-, liberado de su cargo y con tantas historias y anécdotas que contar, en una conversación con un periodista del diario La Stampa dejó escapar que para liberar a las dos Simonas se tuvo que curar a cuatro presuntos terroristas, todo ello con la aprobación del Gobierno italiano y a espaldas de los norteamericanos.

Las declaraciones de Scelli recogidas ayer en el periódico de Turín han levantando una auténtica polvareda en el país, no sólo por el hecho de que Italia haya aceptado curar y salvar la vida a terroristas, buscados por el Ejército norteamericano, sino sobre todo por la ocultación de las negociaciones a los aliados estadounidenses.

Ante estas afirmaciones, no se hizo esperar el desmentido oficial del Gobierno italiano, que en una nota comunicó que la Cruz Roja italiana actuó «autónomamente» y decidió por sí sola ayudar a los presuntos terroristas, por si pudiera ayudar en las negociaciones, pero sin ningún tipo de autorización del Ejecutivo. Scelli, sin embargo, daba detalles precisos de la operación, comentando que estaban al corriente tanto el subsecretario de la presidencia del Gobierno italiano, Gianni Letta, como el agente de los servicios secretos, Nicola Calipari, y que fue el mismo Calipari quien después informó al vicecomandante de las fuerzas aliadas en Irak, el general italiano Mario Marioli.

«No ser descubiertos»

Scelli cuenta al diario que una de las condiciones durante la negociación era que los estadounidenses no tenían que ser advertidos para garantizar la seguridad de los rehenes, y revelaba que el gran problema para llevar a cabo la operación era el «no ser descubiertos por los norteamericanos, ya que ante el hospital de Bagdad, donde se encuentran los médicos italianos, había dos puestos de control».

«Hicimos salir del hospital una ambulancia y un jeep que oficialmente iban a entregar medicinas. En realidad los vehículos llegaron al lugar convenido para recoger a los cuatro heridos. Escondidos bajo mantas y cajas de medicinas, los cuatro terroristas -tres de ellos en condiciones desesperadas- fueron operados y salvados», narra Scelli, que añade que otra de las condiciones era curar a cuatro niños de sus familias enfermos de leucemia, «que llegaron a Italia el día después de la liberación de las cooperantes».

Lo inédito de las revelaciones obligó ayer al mismo Scelli a salir de nuevo a la luz para intentar explicarse mejor y para rectificar sus declaraciones. Scelli afirmó que realmente se trató de «un acto informal» de la Cruz Roja, que ni siquiera sabía que eran terroristas» y que sólo después se informó al Ejecutivo.

Sin embargo, la rectificación de Scelli no ha salvado al gobierno de las críticas de la oposición de centro-izquierda que ante tal desbarajuste ha pedido la comparecencia urgente del Ministro de Exteriores, Gianfranco Fini, para aclarar el asunto de los secuestros de italianos en Irak, y de paso todos los misterios sobre negociaciones y rescates, pagados o no, que parecían completamente olvidados.

Dudas en torno a la liberación de Giuliana Sgrena
Las declaraciones de Scelli sobre las negociaciones ocultadas a Washington para la liberación de las dos «Simonas» han vuelto a destapar el caso de la muerte del agente de los Servicios Secretos Nicola Calipari a manos de una patrulla norteamericana, mientras se dirigía al aeropuerto de Bagdad junto a la periodista Giuliana Sgrena, recién liberada.

Scelli, que reconoce que en las negociaciones de este secuestro la Cruz Roja no estuvo implicada, asegura sin embargo que los norteamericanos conocían la operación y que había sido el mismo Calipari quien les informó de camino al aeropuerto donde encontró la muerte.

La comisión mixta italo-norteamericana que se creó entonces para estudiar los hechos no sirvió de nada ya que el Gobierno norteamericano declinó cualquier responsabilidad en el asunto, explicando que los italianos no les comunicaron el paso del vehículo de Calipari. Hoy, como entonces, el Ejecutivo italiano vuelve a repetir que «la colaboración con los Aliados ha sido siempre recíproca, franca y leal en todas las ocasiones».

Las palabras de Scelli no sólo han obligado al Gobierno de Berlusconi a reafirmar que en todos los casos de secuestro EE.UU. fue informado, sino que ha reavivado en la izquierda la hipótesis de una emboscada del Ejército norteamericano a Calipari como represalia por haberles ocultado información.

Fuente: ABC
26.08.05

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