«Aluniceros», delincuentes a más de 200 por hora
Llevan una década
dándoles demasiados dolores de cabeza a la Policía y la Guardia Civil
Aunque sus «palos» no son
ya tan numerosos, estas bandas van nutriendo sus filas con nuevos
menores que se suman al robo con fuerza por excelencia: empotrar coches
en escaparates
Todo empezó como algo
anecdótico, hace unos ocho años. Los delincuentes que viven en la zona
de Las Torres, de lo peor de Villaverde, se dieron cuenta de la
facilidad que suponía robar un coche y empotrarlo contra el escaparate
de una tienda. No se les resistían ni las joyerías, con sus lunas
blindadas. Ahora se cuentan por decenas en la región, se han
multiplicado en otras zonas de España y traen de cabeza tanto a
comerciantes como a las Fuerzas del Orden.

Son los «aluniceros»,
expertos en utilizar la mayor de las fuerzas en sus robos a
establecimientos de artículos de lujo. Como lujosos son también los
vehículos que utilizan para dar sus palos. Fuentes policiales explicaron
a ABC que los primeros coches que utilizaron estos delincuentes eran los
Ford Mondeo. Su «modus operandi» era el robo del vehículo, que después
empotraban contra la luna de la tienda, para poder desvalijarla -incluso
con gente dentro-; si la Policía hacía acto de presencia, se echaban a
la carrera, sin miramiento alguno, a más de 200 por hora. Darles caza
era de lo más difícil. Cuando lograban zafarse de la presión policial,
quemaban el coche en el polígono de Villaverde. Y vuelta a empezar.
Pronto, estos delincuentes, a menudo, de extrema peligrosidad, se dieron
cuenta de que la impunidad de las leyes corría a su favor. «Y cogieron
nivel», afirman las mismas fuentes. Y tanto. Del Mondeo pasaron a los
Audi y BMW: rápidos, caros y de resistente carrocería.

Conforme crecía el poder de estos grupos, los «aluniceros» se fueron
extendiendo por otros distritos del sur como una mancha de aceite:
aparecieron en Carabanchel, en Usera, en las dos Vallecas... Eso sí,
salen de esos barrios, pero sus «palos» los dan en otros, como Salamanca
o Chamartín, donde el poder adquisitivo y el nivel de los comercios es
infinitamente mayor. Las joyerías ya eran su objetivo predilecto.
Juventud, «maldito tesoro»
Una característica les acompaña siempre: suelen ser personas muy
jóvenes, incluso menores. ¿La razón? «La legislación, que es muy
permisiva; es un delito que cogió mucho bombo por la inoperancia
judicial sobre ellos», apuntan desde la Policía.
Cometen el delito y, al poco tiempo, ya están en la calle. Si, además,
aún no han cumplido la mayoría de edad, la acumulación de «alunizajes»
es aún mayor. Suman y siguen. Muchos de ellos han pasado hasta seis
veces por centros de internamiento para menores. Otros se han fugado de
ellos. No tienen escrúpulos, pese a su corta edad.
«Orgía» de robos
Cuando empezaron, todos eran españoles payos; pero su relación con
personas de raza gitana hizo a estos últimos subirse al carro. Además,
la zona de Villaverde está plagada de quinquilleros realojados; muchos
de ellos no dudaron en sumarse a la «orgía» de robos con fuerza.
En la actualidad, el «modus operandi» ha cambiado. Ahora roban dos
coches, en vez de uno, y cada vez más potentes. El primero lo utilizan
para empotrarlo contra el escaparate; el otro, para llevarse la
mercancía.
Asimismo, al haberse especializado en comercios de «alto standing», han
aprendido lo importante que es camuflarse de las cámaras de seguridad y
de los vigilantes, por lo que suelen ir tapados hasta los dientes, con
pasamontañas y guantes, y procuran no articular palabras por si se les
identifica su acento extranjero. Porque, ahora, muchos de los «aluniceros»
son de fuera de España.
Por otra parte, en un principio tenían debilidad por los estancos.
Ahora, no hay joyero o perfumero -sobre todo, cuando llegan las
Navidades- que no tiemblen cada noche esperando a que suene la alarma
conectada en casa con su comercio. Así de fácil, así de crudo.
Se han hecho un hueco en la lista negra de la Policía, que redobla
esfuerzos y ganas para perseguirles hasta la asfixia. La Guardia Civil
también colabora en ese tipo de operaciones, principalmente, en los
municipios de los alrededores de la capital.
Su «patria chica»
En la actualidad, siguen existiendo, pero su actividad se ha visto
mermada. La presión policial, pero también el hecho de que muchos de los
que empezaron en esto siendo menores ahora superan los 18 años, ha
logrado que las penas impuestas por la Justicia les mantengan algo más
de tiempo lejos de la calle.
Pese a todo, continúan teniendo a Villaverde como su patria chica. A la
zona de Las Torres, deprimida económicamente pero donde no faltan
Mercedes, BMW y Audi estacionados en sus calles, se le ha sumado el
poblado del Romancero Gitano, uno de los más desconocidos y extraños de
Madrid: combina chabolas de cartón con pequeñas casas adosadas.
Allí es donde viven dos de los pioneros en el robo por el método del
«alunizaje»: Barragán y la familia Lázaro, buena parte de la cual cayó
recientemente a consecuencia de una operación policial.
Cuatro vehículos deportivos de lujo están hoy aparcados a las puertas de
su domicilio.
Mientras, en mercadillos como El Rastro, el círculo delincuencial se
cierra. Allí, grupos de extranjeros se dedican a vender parte del género
robado por las mafias, normalmente productos de perfumería. Las pieles
suelen caer en manos de peristas, las joyas, al mercado negro...
|
Jóvenes y peligrosos |
| El golpe. El pasado 9 de
julio se vivía una de las detenciones por "alunizaje" más
sonadas del año en Madrid. Los arrestados fueron dos hombres,
padre e hijo. El joven, de 21 años contaba con 43 antecedentes
penales. Ambos robaron en un estanco de la calle del Padre Rubio
y se llevaron un botín de 65.000 euros. Amenazaron un arma de
fuego para intimidar a sus víctimas.
Sin escrúpulos. Los "alucineros"
pese a su corta edad, no se andan con miramientos. El pasado
enero, uno de ellos, menor de edad, intentó clavar un
destornillador a un agente de la Policía en un forcejeo junto a
una gasolinera de San Sebastián de los Reyes. |
Fuente: ABC
05.09.05
*
Experto: Eficacia frente a los "alunizajes" con
maza en las joyerías, por José Luis Gómez Calvo (27.09.04)
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