Seguridad Pública y Protección Civil
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El sueño de una «ciudad
flotante»
Los ingenieros
presentan sus ideas para reconstruir Nueva Orleans n Un geólogo de la
Universidad de Columbia rechaza levantar diques y propone que se
edifique sobre estructuras similares a las petrolíferas
Se trató de una muerte anunciada
por ingenieros, científicos y ecologistas. Los expertos piden ahora
que se tengan en cuenta las características geológicas de la ciudad y se
rediseñe radicalmente para evitar otro desastre.
A tres metros de media bajo el nivel
del mar, acorralada entre el gigante río Misisipi y el lago
Pontchartrain, y situada en el centro de una de las zonas con más
actividad de huracanes del planeta, la inundación de Nueva Orleans era
la historia de una muerte anunciada. Los estragos causados por el «Katrina
» así lo han confirmado. Los políticos ignoraron a científicos,
ingenieros y ecologistas. Ahora, aunque el mítico barrio Francés y las
mansiones coloniales del Garden District se van a recuperar de la
embestida de la naturaleza, la mayoría de las zonas residenciales de la
ciudad han sufrido daños tan dramáticos que la única opción razonable
es tirarlo todo abajo y empezar de nuevo. La fractura de los diques
de Nueva Orleans ha dejado 200.000 casas inundadas hasta el tejado por
lo que «son insalvables », en palabras de Mike McDaniel, secretario de
Medioambiente del estado de Luisiana. De esta forma, el medio millón de
habitantes que tiene la ciudad podría tardar meses en regresar a sus
hogares.
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Los ingenieros deben drenar todo el
agua, una operación que llevará unos 80 días. Sólo entonces veremos la
dimensión de la tragedia: un escenario dantesco de carreteras y cañerías
destruidas que tendrán que hacerse de nuevo. Estamos hablando de una
reconstrucción que podría costar 100.000 millones de dólares, según las
primeras estimaciones. Una cifra impredecible porque sobre Nueva Orleans
planea la sombra de una herida ecológica que podría tardar años en
cerrarse. Los agentes tóxicos que flotan en el agua y el nivel general
de contaminación van a jugar un papel definitivo en el curso de la
reconstrucción. La tierra sobre la que se asienta la ciudad es muy
absorbente, casi como si de una «esponja » se tratara.
A medida que se sequen las calles
dicha «esponja » se contraerá moviendo todo el sistema de
alcantarillado y demás servicios básicos de la metrópolis. BellSouth,
una de las empresas de telefonía más grandes del país, calcula que le
costará al menos seis meses de trabajo y entre 400 y 600 millones de
dólares reparar el daño en las áreas más afectadas de Nueva Orleans y de
la costa de Misisipi. Devolver la luz a los habitantes será uno de los
mayores dolores de cabeza de las autoridades. En la superficie, todos
los transformadores han quedado destrozados y, en la parte subterránea,
los daños son incalculables.
Por si fuera poco, las aguas
putrefactas que ocultan las calles de Nueva Orleans contienen gasolina,
químicos industriales, heces y cuerpos en descomposición. Sólo el
contacto físico puede representar una amenaza a la salud pública. Las
autoridades han advertido de que los vecinos tendrán que comprar agua
embotellada durante mucho tiempo. De hecho, el acceso seguro al agua
no estará a disposición «en años». Este panorama desolador ha hecho
que los científicos rueguen al Gobierno para que, en esta nueva etapa
histórica de Nueva Orleans, se tengan en cuenta las realidades
geológicas. Para algunos, el huracán «Katrina » supone la oportunidad de
rediseñar radicalmente esta ciudad para evitar otro desastre natural.
Por ejemplo, el geólogo y físico,
Klaus Jacob, que da clase en la Universidad de Columbia, ha presentado
una de las propuestas más drásticas. Jacob sueña con transformar Nueva
Orleans en una «ciudad flotante », construida en una estructura como las
que sustentan las plataformas petroleras. El profesor afirma que el
riesgo de que se produzcan inundaciones sólo puede crecer, y rechaza la
idea de construir diques ya que «sólo invitan a un desastre mayor que el
- Katrina- ». También, Jimmy Reiss, presidente de autoridad de
transportes regional de Nueva Orleans, señala que la devastación
producida por el huracán es «una oportunidad única» para cambiar la
dinámica de una ciudad que estaba entre las más pobres de Estados
Unidos. Incluso el secretario de defensa, Ronald Rumsfeld, se ha
mostrado esperanzado. Rumsfeld citó los casos del terremoto que asoló
San Francisco en 1906 y el «gran incendio » que destrozó Chicago en 1871
como ejemplos de ciudades que han emergido de la catástrofe.
A diferencia de estos desastres, el de
Nueva Orleans ha sido presagiado durante años, y no ha sido «acto de
Dios », como muchos de los refugiados claman ante las proporciones de su
desgracia, sino el «acto del hombre » que lleva siglos explotando las
costas y eliminando sus barreras naturales. Sirva de píldora este
ejemplo: en las orillas de Misisipi había, hasta hace 13 días, 20
casinos que daban trabajo a 16.000 personas. Hoy no son más que
escombros. Los científicos señalan que los estadounidenses han confiando
demasiado en la suerte para evitar la catástrofe. El río Misisipi muere
en el delta más industrializado del mundo, pero el huracán fue capaz de
desarmarlo en unas horas. De todas formas, los diques estaban
diseñados para proteger a la ciudad de un huracán de categoría 3 (Katrina
fue de 4) y ni siquiera está claro que pusieran aguantar esa fuerza.
La explotación humana ha hecho que el estado de Luisiana haya perdido un
millón de acres de costa desde 1930, según datos de la revista Time, que
señala que Nueva Orleans se hunde «un metro cada siglo que pasa ».
En 2001, Scientific American publicó
un artículo titulado: «Hundiendo a Nueva Orleans ». Sus expertos
predecían que «un gran huracán sumergiría la ciudad a siete metros de
profundidad ». También, la reconstrucción de la economía de Nueva
Orleans va a ser una empresa extraordinaria. La ciudad, que ya contaba
con penurias económicas antes de que llegara el «Katrina », tendrá que
asumir todos los gastos que no cubran las aseguradoras. Asimismo, deberá
rehacer toda su industria y dar trabajo y educación al medio millón de
habitantes que la pueblan. Además, ha perdido los 7.000 millones de
dólares al año que le proporcionaba el turismo, y la capacidad de
abastecer a muchos estados de una gran cantidad de productos que fluían
en barcos a través del río Misisipi.
La ciudad del jazz, cuenta eso sí, con
la generosidad de muchísimos norteamericanos que están realizando
donativos récord. Sin embargo, es significativo su pesimismo
a la hora de pensar en la resurrección. Más de la mitad de los
estadounidenses, un 54%, considera que las zonas inundadas que se
encuentran bajo el nivel del mar deberían ser reconstruidas en otros
terrenos a mayor altura, según un sondeo realizado por AP-Ipsos. Sus
sentimientos coinciden con la opinión de los científicos, para los que
sólo hay dos tipos de diques: los que han fallado y los que fallarán. De
momento, lo único seguro es que el sonido del blues y del claqué de los
niños bailando en las calles tendrá que sonar más fuerte en los próximos
meses para superar a los ensordecedores bulldozers de la reconstrucción.
Fuente: La Razón
10.09.05
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