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Martes, 13 de septiembre de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

El sueño de una «ciudad flotante»

Los ingenieros presentan sus ideas para reconstruir Nueva Orleans n Un geólogo de la Universidad de Columbia rechaza levantar diques y propone que se edifique sobre estructuras similares a las petrolíferas

 

Se trató de una muerte anunciada por ingenieros, científicos y ecologistas. Los expertos piden ahora que se tengan en cuenta las características geológicas de la ciudad y se rediseñe radicalmente para evitar otro desastre.

A tres metros de media bajo el nivel del mar, acorralada entre el gigante río Misisipi y el lago Pontchartrain, y situada en el centro de una de las zonas con más actividad de huracanes del planeta, la inundación de Nueva Orleans era la historia de una muerte anunciada. Los estragos causados por el «Katrina » así lo han confirmado. Los políticos ignoraron a científicos, ingenieros y ecologistas. Ahora, aunque el mítico barrio Francés y las mansiones coloniales del Garden District se van a recuperar de la embestida de la naturaleza, la mayoría de las zonas residenciales de la ciudad han sufrido daños tan dramáticos que la única opción razonable es tirarlo todo abajo y empezar de nuevo. La fractura de los diques de Nueva Orleans ha dejado 200.000 casas inundadas hasta el tejado por lo que «son insalvables », en palabras de Mike McDaniel, secretario de Medioambiente del estado de Luisiana. De esta forma, el medio millón de habitantes que tiene la ciudad podría tardar meses en regresar a sus hogares.

Gráfico: La Razón
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Los ingenieros deben drenar todo el agua, una operación que llevará unos 80 días. Sólo entonces veremos la dimensión de la tragedia: un escenario dantesco de carreteras y cañerías destruidas que tendrán que hacerse de nuevo. Estamos hablando de una reconstrucción que podría costar 100.000 millones de dólares, según las primeras estimaciones. Una cifra impredecible porque sobre Nueva Orleans planea la sombra de una herida ecológica que podría tardar años en cerrarse. Los agentes tóxicos que flotan en el agua y el nivel general de contaminación van a jugar un papel definitivo en el curso de la reconstrucción. La tierra sobre la que se asienta la ciudad es muy absorbente, casi como si de una «esponja » se tratara.

A medida que se sequen las calles dicha «esponja » se contraerá moviendo todo el sistema de alcantarillado y demás servicios básicos de la metrópolis. BellSouth, una de las empresas de telefonía más grandes del país, calcula que le costará al menos seis meses de trabajo y entre 400 y 600 millones de dólares reparar el daño en las áreas más afectadas de Nueva Orleans y de la costa de Misisipi. Devolver la luz a los habitantes será uno de los mayores dolores de cabeza de las autoridades. En la superficie, todos los transformadores han quedado destrozados y, en la parte subterránea, los daños son incalculables.

Por si fuera poco, las aguas putrefactas que ocultan las calles de Nueva Orleans contienen gasolina, químicos industriales, heces y cuerpos en descomposición. Sólo el contacto físico puede representar una amenaza a la salud pública. Las autoridades han advertido de que los vecinos tendrán que comprar agua embotellada durante mucho tiempo. De hecho, el acceso seguro al agua no estará a disposición «en años». Este panorama desolador ha hecho que los científicos rueguen al Gobierno para que, en esta nueva etapa histórica de Nueva Orleans, se tengan en cuenta las realidades geológicas. Para algunos, el huracán «Katrina » supone la oportunidad de rediseñar radicalmente esta ciudad para evitar otro desastre natural.

Por ejemplo, el geólogo y físico, Klaus Jacob, que da clase en la Universidad de Columbia, ha presentado una de las propuestas más drásticas. Jacob sueña con transformar Nueva Orleans en una «ciudad flotante », construida en una estructura como las que sustentan las plataformas petroleras. El profesor afirma que el riesgo de que se produzcan inundaciones sólo puede crecer, y rechaza la idea de construir diques ya que «sólo invitan a un desastre mayor que el - Katrina- ». También, Jimmy Reiss, presidente de autoridad de transportes regional de Nueva Orleans, señala que la devastación producida por el huracán es «una oportunidad única» para cambiar la dinámica de una ciudad que estaba entre las más pobres de Estados Unidos. Incluso el secretario de defensa, Ronald Rumsfeld, se ha mostrado esperanzado. Rumsfeld citó los casos del terremoto que asoló San Francisco en 1906 y el «gran incendio » que destrozó Chicago en 1871 como ejemplos de ciudades que han emergido de la catástrofe.

A diferencia de estos desastres, el de Nueva Orleans ha sido presagiado durante años, y no ha sido «acto de Dios », como muchos de los refugiados claman ante las proporciones de su desgracia, sino el «acto del hombre » que lleva siglos explotando las costas y eliminando sus barreras naturales. Sirva de píldora este ejemplo: en las orillas de Misisipi había, hasta hace 13 días, 20 casinos que daban trabajo a 16.000 personas. Hoy no son más que escombros. Los científicos señalan que los estadounidenses han confiando demasiado en la suerte para evitar la catástrofe. El río Misisipi muere en el delta más industrializado del mundo, pero el huracán fue capaz de desarmarlo en unas horas. De todas formas, los diques estaban diseñados para proteger a la ciudad de un huracán de categoría 3 (Katrina fue de 4) y ni siquiera está claro que pusieran aguantar esa fuerza. La explotación humana ha hecho que el estado de Luisiana haya perdido un millón de acres de costa desde 1930, según datos de la revista Time, que señala que Nueva Orleans se hunde «un metro cada siglo que pasa ».

En 2001, Scientific American publicó un artículo titulado: «Hundiendo a Nueva Orleans ». Sus expertos predecían que «un gran huracán sumergiría la ciudad a siete metros de profundidad ». También, la reconstrucción de la economía de Nueva Orleans va a ser una empresa extraordinaria. La ciudad, que ya contaba con penurias económicas antes de que llegara el «Katrina », tendrá que asumir todos los gastos que no cubran las aseguradoras. Asimismo, deberá rehacer toda su industria y dar trabajo y educación al medio millón de habitantes que la pueblan. Además, ha perdido los 7.000 millones de dólares al año que le proporcionaba el turismo, y la capacidad de abastecer a muchos estados de una gran cantidad de productos que fluían en barcos a través del río Misisipi.

La ciudad del jazz, cuenta eso sí, con la generosidad de muchísimos norteamericanos que están realizando donativos récord. Sin embargo, es significativo su pesimismo a la hora de pensar en la resurrección. Más de la mitad de los estadounidenses, un 54%, considera que las zonas inundadas que se encuentran bajo el nivel del mar deberían ser reconstruidas en otros terrenos a mayor altura, según un sondeo realizado por AP-Ipsos. Sus sentimientos coinciden con la opinión de los científicos, para los que sólo hay dos tipos de diques: los que han fallado y los que fallarán. De momento, lo único seguro es que el sonido del blues y del claqué de los niños bailando en las calles tendrá que sonar más fuerte en los próximos meses para superar a los ensordecedores bulldozers de la reconstrucción.

Fuente: La Razón
10.09.05

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