Reino Unido no logra que la UE apoye su dura política antiterrorista
tras el 7-J
Holanda y Alemania
se oponen a que las compañías tengan que retener un año llamadas,
mensajes y e-mails
Londres presionó a sus
socios comunitarios para que apoyen nuevas iniciativas contra el
terrorismo como la retención de los datos de comunicaciones, pero la
medida ha dividido al consejo, donde algunos países han expresado su
oposición
Los ministros del
Interior de la UE debatieron una propuesta antiterrorista que
forzaría a las operadoras a retener información durante al menos un año
sobre todas las llamadas telefónicas, mensajes de móvil y correos
electrónicos que procesen. El británico Charles Clarke, que preside
hasta hoy una cumbre comunitaria en Newcastle, mostró ayer sus
esperanzas de que la medida entre en funcionamiento a finales de año,
pese a las reticencias de algunos países como Holanda o Alemania. «Es
importante que alcancemos un acuerdo lo antes posible porque es una
herramienta trascendental en la lucha contra la delincuencia y el
terrorismo», declaró a la entrada de la reunión.
Datos electrónicos.
Reino Unido, que ostenta la Presidencia semestral de la Unión
Europea, ha colocado esta iniciativa en lo más alto de su lista de
prioridades tras los atentados del pasado 7 de julio, en los que
murieron 52 personas. En principio, la retención afectaría a todo
tipo de comunicaciones, ya sean llamadas telefónicas, correos
electrónicos o mensajes de móvil. Las operadoras almacenarían
información sobre el destinatario, la fecha, la hora, la duración y
el lugar de estos contactos, pero en ningún caso sobre su contenido.
Aunque todavía no se ha precisado cuánto tiempo se conservarían estos
registros, lo más probable es que sea un año, una opción que apoya tanto
la Presidencia británica como la delegación española.
Sin embargo, la
iniciativa se ha topado con las reticencias de países como Holanda,
preocupados con los posibles efectos sobre las libertades de los
ciudadanos. En la actualidad, cada nación decide sus propias reglas,
pero Clarke quiere armonizar la legislación para que las medidas
resulten más efectivas. Según él, los socios comunitarios comparten una
«total determinación» para alcanzar un acuerdo tras experiencias
traumáticas como el 11-M o el 7-J, por lo que espera sellar un acuerdo
definitivo el mes que viene, para que la medida entre en vigor lo antes
posible, quizás antes de fin de año.
Otro asunto pendiente es
quién pagará los ingentes gastos de almacenar billones de registros
sobre comunicaciones de todo tipo. Las compañías telefónicas ya han
expresado su preocupación por los enormes desembolsos que tendrían que
realizar para cumplir esta normativa. Además, si se vieran obligados a
registrar las llamadas perdidas, por las que no cobran, podrían perder
dinero con cada una de ellas.
La ministra alemana de
Justicia, Brigitte Zypries, estimó estos costes en más de 100 millones
de euros sólo en su país, por lo que alertó del riesgo de que los
consumidores acaben sufragando indirectamente esta medida con aumentos
de tarifas.
Así, una posibilidad es
que los Gobiernos paguen a las operadoras para que retengan estos datos.
Según el ministro del Interior español, José Antonio Alonso, «el coste
no puede ser un problema político» porque «no se puede decir que es muy
caro retener datos que pueden ser decisivos en la lucha contra el
terrorismo». Además, Alonso se mostró partidario de un acuerdo a escala
europea, aunque dejó abierta la posibilidad de que cada país legisle por
su cuenta si las negociaciones fracasan.
Por otra parte, los
ministros debatieron una propuesta británica para «repensar» la actual
aplicación judicial de la Convención Europea de Derechos Humanos, que
prohíbe la deportación de sospechosos si se sospecha que pueden ser
torturados en sus países de origen. Es el caso de Abu Qatada, supuesto
líder de Al Qaida en Europa, que no ha podido ser expulsado a Jordania
por este motivo. Según el titular de Interior del Gobierno de Tnoy Blair,
este tipo de precauciones han quedado obsoletas por la creciente amenaza
del terrorismo islamista.
Fuente: La Razón
09.09.05
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