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Jueves, 15 de septiembre de 2005


Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

De los cortes de agua, a la "gota fría"

Las altas temperaturas del verano podrían contribuir a que los fenómenos tormentosos de septiembre y octubre, la ‘gota fría’, sean más potentes.

 

Las inundaciones, como se ha visto en Europa Central, son su peor consecuencia.

A finales de agosto, varias regiones de Europa Central se convirtieron en un infierno de agua y barro. En Rumanía llegaron a caer más de 100 litros de agua por metro cuadrado en menos de quince minutos. Las inundaciones causaron también grandes destrozos en Alemania, Austria y Suiza. El balance del desastre se cerró con 50 fallecidos y miles de personas desplazadas. Mucho peor es la situación que cada año se vive en China, uno de los países más afectados por estos fenómenos.

Las inundaciones son el desastre natural que más muertes ha causado en el mundo durante el siglo XX –unos 3,2 millones de personas–, e implican enormes costes económicos: se estima que entre 1998 y 2002 supusieron 25.000 millones de euros asegurados. En España, el ejemplo más cercano es el del cámping de Biescas, donde 87 personas fallecieron en agosto de 1996. A veces, como en el caso de Nueva Orleans, vienen asociadas a otros fenómenos naturales, como los huracanes.

En estos días, el panorama es bien diferente: se prolonga una de las peores sequías de la historia, los embalses se sitúan en mínimos nunca conocidos y el abastecimiento de agua peligra en algunas zonas. Por ejemplo, Cataluña y la Comunidad de Madrid ya han tenido que empezar a aplicar medidas restrictivas en el consumo de agua.

Gráfico: Expansión

A principios de este verano se especuló que las altas temperaturas previstas para los meses de estío reforzarían los fenómenos tormentosos que cada año se repiten entre septiembre y octubre, conocidos como ‘gota fría’. Sin embargo, Ángel Rivera, jefe de Predicción del Instituto Nacional de Meteorología (INM), asegura que, en la creación de estos fenómenos, “la temperatura es un potenciador, pero no un elemento decisivo. Las inundaciones producidas en Europa Central se deben a una borrasca fría en capas altas de la atmósfera; que el aire esté cálido sólo es un ingrediente más”. Según Rivera, los modelos climatológicos, siempre experimentales, no indican ningún síntoma de que las tormentas este año sean más virulentas de lo normal.

Aún así, dentro de esta “normalidad”, las tormentas pueden acarrear problemas. Sobre todo si se conjugan con determinados factores, según explican técnicos de la Comisaría de Aguas de la Confederación Hidrográfica del Ebro. En primer lugar, la violencia de la lluvia, que dificulta su absorción en el suelo. La tipología de este último también influye mucho dependiendo de su cobertura vegetal: por ejemplo, los terrenos incendiados en zonas colindantes a los ríos están desprovistos de esa cobertura y quedan más expuestos a los aguaceros. Por ello, es fácil que el agua se escurra y arrastre materiales a los cauces, disminuyendo así su capacidad de desagüe. El estado de los cauces también es fundamental: el arrastre de materiales puede taponar algunos puntos conflictivos, como puentes o tramos canalizados cerrados.

Sistemas de respuesta
Cada Confederación Hidrográfica disponde de sistemas de información para el seguimiento de potenciales inundaciones, en los que se miden, con la información aportada por el INM, la cantidad de precipitación que se puede convertir en aportación a los ríos y el nivel de absorción. Aunque hacer frente a una borrasca fría similar a la que ha azotado Europa Central parece una misión imposible, Ángel Rivera asegura que “tres o cuatro días antes de que se produzca, se puede saber exactamente la potencia que va a tener”.

En la UE, el caso reciente de Europa Central ha provocado que la Comisión Europea haya propuesto que se tracen mapas de riesgo de inundaciones y se elaboren planes de gestión de crisis, con el objetivo de evitar unas consecuencias a menudo catastróficas.

¿Consecuencias del cambio climático?
Según un reciente estudio de WWF/Adena, el calentamiento global ha provocado el aumento de un grado en la temperatura media europea en los últimos cien años, y "se calienta cada vez más", lo que casa perfectamente con los fenómenos climáticos "extremos" que ocurren en el continente, como es el caso de las inundaciones en Europa Central y la sequía, en la zona mediterránea. Los modelos climatológicos consultados por esta organización arrojan un descenso de las lluvias entre un 1% y un 2% cada década en el Sur de Europa, mientras que en el centro y el Norte del continente podrían aumentar hasta un 2%. En España, la sequía podría contener un paradójico papel potenciador de las inundaciones. Por ejemplo, las altas temperaturas y la sequedad favorecen al propagación de incendios, que elimina la cobertura vegetal del suelo y lo hace más vulnerable a las lluvias torrenciales.

 

Efectos en la salud
Cuando las aguas vuelven a su cauce, la evaluación de los daños económicos pasa a un segundo plano si, como en el caso de lo ocurrido en Europa Central, hay pérdidas de vidas humanas. Sin embargo, junto a la mortalidad, las inundaciones contienen muchos efectos sobre la salud humana. Además las lesiones que pueden provocar las corrientes fuertes o los objetos que son arrastrados en los cauces, existen riesgos sanitarios indirectos, como las infecciones gastrointestinales, dermatitis o conjuntivitis. Incluso, se puede dar la aparición de enfermedades parasitarias poco comunes.

Por otro lado, la rotura de cañerías subterráneas, las inundaciones de zonas destinadas a residuos tóxicos o la liberación de productos químicos almacenados a bajo nivel pueden causar contaminaciones medioambientales y envenenamientos. Incluso meses después de las inundaciones, sus efectos persisten en forma de desórdenes postraumáticos, ansiedad, depresión, problemas psicosociales y suicidios. Estos problemas surgen por el drama de los desplazamientos geográficos, la pérdida de familiares, el daño a la vivienda y, muchas veces, una sensación de falta de seguridad. Los síntomas pueden durar durante meses, e incluso años, depués de la catástrofe.

Fuente: Expansión
10.09.05

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