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Jueves, 15 de septiembre de 2005


Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Seguridad

El macuto que carga las pilas

Inventan una mochila que genera electricidad a partir de los movimientos de las caderas

 

La obtención de energía barata e inagotable es uno de los principales quebraderos de cabeza de la ciencia actual, pero lo cierto es que los recursos necesarios para mantener en funcionamiento nuestras máquinas se pueden obtener de un sinfín de formas. La última de ellas, desarrollada por un equipo estadounidense de científicos, emplea una especie de mochila para convertir en electricidad el movimiento de las caderas. A partir de ahora, el tumbao que tienen los guapos al caminar también será una fuente de energía.

El ingenio, que se presenta hoy en la revista Science, podría ser muy útil en misiones militares, de rescate o de ayuda humanitaria, ya que el usuario va produciendo al andar la electricidad que necesita y así no tiene que cargar con pilas, baterías ni generadores. De este modo, las linternas, teléfonos móviles, instrumentos de localización o gafas de visión nocturna que se emplean en estas tareas no se quedarán nunca sin carga. Basta con que su propietario siga caminando.

Gráfico: EL Mundo

Los humanos estamos acostumbrados a producir energía a partir de los alimentos que ingerimos y del aire que respiramos, pero la energía mecánica que genera nuestro esqueleto suele desperdiciarse. De ella se aprovecha el nuevo mecanismo para poner en marcha un generador y transformarla en energía eléctrica. Así, una persona de 38 kilogramos puede producir hasta siete vatios de electricidad, suficientes para alimentar varios aparatos.

Encargo de la Marina

Larry Rome, catedrático de Biología de la Universidad de Pennsylvania y principal responsable del proyecto, ideó la mochila generadora por encargo de la Marina estadounidense, que estaba interesada en reducir el peso con que cargan los soldados en misiones como la de Afganistán. Allí, un militar común marcha al campo de batalla con más de 35 kilos a sus espaldas, de los cuales casi 10 corresponden a las baterías que precisan sus instrumentos de alta tecnología.

Hasta ahora, los intentos de aliviar la carga de los soldados se habían centrado en dispositivos acoplados a los talones de las botas, pero Rome y su equipo le han dado al problema un enfoque mucho más biológico: su mecanismo se aprovecha de ciertas peculiaridades en el movimiento de los huesos, un tema que ellos dominaban tras haber estudiado el modo de desplazarse de peces y anfibios.

«Al caminar, los humanos saltan sobre su pierna extendida, haciendo que la cadera se levante entre cinco y siete centímetros a cada paso. Como la mochila está conectada a la cadera, también sube entre cinco y siete centímetros», explica Rome. «Es este movimiento vertical de la mochila el que, en última instancia, impulsa la generación de electricidad». Para que los balanceos del saco produzcan la suficiente energía, éste debe ir cargado con un peso de entre 20 y 38 kilogramos (ideal para los soldados estadounidenses, pero también para exploradores, científicos que hagan trabajo de campo o trabajadores de servicios de emergencia).

La mochila tiene una estructura fija que se apoya en la espalda y una bolsa para llevar la carga, que es la que sube y baja gracias a un sistema de raíles. Este movimiento alimenta a un pequeño generador que va acoplado al mecanismo, y que produce electricidad al hacer girar bobinas dentro de un campo magnético.

Además, el diseño de la mochila, al mantener estable el armazón y dejar que el saco se mueva, resulta especialmente cómodo, por lo que apenas cuesta más esfuerzo portar este equipo que llevar una mochila corriente.

Reducir lesiones

De hecho, Rome y su equipo ya han pensado en emplear el ingenio, aunque esta vez sin generador de energía, para que los niños lleven a la escuela sus libros sin dañarse la espalda. Según han calculado los investigadores, si la bolsa se mueve arriba y abajo mientras la plataforma que va unida a la espalda permanece estable, el peso se distribuye mejor por todo el cuerpo y se reduce el riesgo de lesiones.

En realidad, el diseño que se presenta hoy es tan sólo un prototipo, por lo que aún harán falta mejoras para que pueda emplearse en la vida cotidiana. Sin embargo, para el ingeniero de la Universidad de Michigan Arthur Kuo, que no ha participado en la investigación, las futuras versiones de la mochila podrían «reducir aún más los requerimientos musculares» y dar lugar a sistemas de generación de energía que fuesen incluso más cómodos de llevar que una mochila convencional.

En todo caso, no sería la primera vez que los científicos se apoyan en los movimientos naturales de nuestro cuerpo para crear artilugios que nos hagan la vida más cómoda: «A lo largo de la Historia, los humanos han resuelto muchos problemas inventando artilugios pasivos que realcen los movimientos de sus músculos (como cañas de bambú elásticas para transportar cargas o esquís para moverse por la nieve). La mochila de carga suspendida es otro artilugio pasivo que puede ayudar a resolver un problema creciente en el siglo XXI», según concluye el informe de Rome y sus colegas.

Fuente: El Mundo
09.09.05

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