Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Seguridad
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El macuto que carga las
pilas
Inventan una
mochila que genera electricidad a partir de los movimientos de las
caderas
La obtención de energía
barata e inagotable es uno de los principales quebraderos de cabeza de
la ciencia actual, pero lo cierto es que los recursos necesarios para
mantener en funcionamiento nuestras máquinas se pueden obtener de un
sinfín de formas. La última de ellas, desarrollada por un equipo
estadounidense de científicos, emplea una especie de mochila para
convertir en electricidad el movimiento de las caderas. A partir de
ahora, el tumbao que tienen los guapos al caminar también será una
fuente de energía.
El ingenio, que se
presenta hoy en la revista Science, podría ser muy útil en misiones
militares, de rescate o de ayuda humanitaria, ya que el usuario va
produciendo al andar la electricidad que necesita y así no tiene que
cargar con pilas, baterías ni generadores. De este modo, las linternas,
teléfonos móviles, instrumentos de localización o gafas de visión
nocturna que se emplean en estas tareas no se quedarán nunca sin carga.
Basta con que su propietario siga caminando.

Los humanos estamos
acostumbrados a producir energía a partir de los alimentos que ingerimos
y del aire que respiramos, pero la energía mecánica que genera nuestro
esqueleto suele desperdiciarse. De ella se aprovecha el nuevo mecanismo
para poner en marcha un generador y transformarla en energía eléctrica.
Así, una persona de 38 kilogramos puede producir hasta siete vatios de
electricidad, suficientes para alimentar varios aparatos.
Encargo de la Marina
Larry Rome, catedrático de Biología de la Universidad de Pennsylvania y
principal responsable del proyecto, ideó la mochila generadora por
encargo de la Marina estadounidense, que estaba interesada en reducir el
peso con que cargan los soldados en misiones como la de Afganistán.
Allí, un militar común marcha al campo de batalla con más de 35 kilos a
sus espaldas, de los cuales casi 10 corresponden a las baterías que
precisan sus instrumentos de alta tecnología.
Hasta ahora, los intentos de aliviar la carga de los soldados se
habían centrado en dispositivos acoplados a los talones de las botas, pero Rome
y su equipo le han dado al problema un enfoque mucho más biológico: su
mecanismo se aprovecha de ciertas peculiaridades en el movimiento de los
huesos, un tema que ellos dominaban tras haber estudiado el modo de
desplazarse de peces y anfibios.
«Al caminar, los humanos saltan sobre su pierna extendida, haciendo que
la cadera se levante entre cinco y siete centímetros a cada paso. Como
la mochila está conectada a la cadera, también sube entre cinco y siete
centímetros», explica Rome. «Es este movimiento vertical de la mochila
el que, en última instancia, impulsa la generación de electricidad».
Para que los balanceos del saco produzcan la suficiente energía, éste
debe ir cargado con un peso de entre 20 y 38 kilogramos (ideal para los
soldados estadounidenses, pero también para exploradores, científicos
que hagan trabajo de campo o trabajadores de servicios de emergencia).
La mochila tiene una estructura fija que se apoya en la espalda y una
bolsa para llevar la carga, que es la que sube y baja gracias a un
sistema de raíles. Este movimiento alimenta a un pequeño generador que
va acoplado al mecanismo, y que produce electricidad al hacer girar
bobinas dentro de un campo magnético.
Además, el diseño de la mochila, al mantener estable el armazón y dejar
que el saco se mueva, resulta especialmente cómodo, por lo que apenas
cuesta más esfuerzo portar este equipo que llevar una mochila corriente.
Reducir lesiones
De hecho, Rome y su equipo ya han pensado en emplear el ingenio, aunque
esta vez sin generador de energía, para que los niños lleven a la
escuela sus libros sin dañarse la espalda. Según han calculado los
investigadores, si la bolsa se mueve arriba y abajo mientras la
plataforma que va unida a la espalda permanece estable, el peso se
distribuye mejor por todo el cuerpo y se reduce el riesgo de lesiones.
En realidad, el diseño que se presenta hoy es tan sólo un prototipo, por
lo que aún harán falta mejoras para que pueda emplearse en la vida
cotidiana. Sin embargo, para el ingeniero de la Universidad de Michigan
Arthur Kuo, que no ha participado en la investigación, las futuras
versiones de la mochila podrían «reducir aún más los requerimientos
musculares» y dar lugar a sistemas de generación de energía que fuesen
incluso más cómodos de llevar que una mochila convencional.
En todo caso, no sería la primera vez que los científicos se apoyan en
los movimientos naturales de nuestro cuerpo para crear artilugios que
nos hagan la vida más cómoda: «A lo largo de la Historia, los humanos
han resuelto muchos problemas inventando artilugios pasivos que realcen
los movimientos de sus músculos (como cañas de bambú elásticas para
transportar cargas o esquís para moverse por la nieve). La mochila de
carga suspendida es otro artilugio pasivo que puede ayudar a resolver un
problema creciente en el siglo XXI», según concluye el informe de Rome y
sus colegas.
Fuente: El Mundo
09.09.05