Seguridad Pública y Protección Civil
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Un desastre agravado por
el hombre
La destrucción
paulatina del delta del Misisipí ha dejado a Nueva Orleans desprotegida
frente al mar
Se dice que lo ocurrido
en Nueva Orleans es el mayor desastre natural de la historia de EEUU.
Pero muchos expertos recuerdan estos días que la catástrofe tiene más
causas humanas que naturales. Los científicos creen que la
alteración artificial del delta del Misisipí ha agravado el poder
destructivo del huracán Katrina. La transformación del territorio ha
eliminado las barreras naturales que protegían la ciudad de las
tormentas, como los pantanos y las islas arenosas de la costa, hoy casi
inexistentes y que servían para absorber y disipar la fuerza de las olas
y el viento.
Esta desaparición se debe
en gran parte a que el hombre ha frenado el intercambio natural de
arena y espacio entre el río y el mar. Los diques y canales
construidos desde hace siglos para evitar las periódicas inundaciones
del Misisipí impiden también que los sedimentos que arrastra desde
tierra adentro lleguen a la desembocadura. ¿Cuáles son las
consecuencias? Pues que el delta, al carecer de material para renovarse,
ha empezado literalmente a desaparecer. La región de Nueva Orleans se
desliza, desde hace décadas, hacia el fondo del Golfo de México.
Los mapas del territorio muestran que el terreno se ha hundido un
metro en los últimos 100 años y que el mar avanza hacia el interior.
Ya antes de la catástrofe del Katrina, el periódico de Nueva Orleans,
The Times-Picayune, advertía: «A todos los efectos, el Golfo de México
está 30 kilómetros más cerca de nosotros que cuando el huracán Betsy
golpeó la costa en 1965». La ciudad, que antes se asentaba en el
interior, ahora está prácticamente en primera línea de playa y mucho más
expuesta al océano que cuando se fundó.
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Barreras naturales
«Si las barreras naturales hubieran seguido en pie, al menos parte de la
energía de la marejada se habría disipado. Esta es una herida
autoinfligida», ha declarado el geólogo Jeffrey Mount, de la Universidad
de California, al diario The Wall Street Journal.El mismo periódico
citaba estudios que demuestran que cada kilómetro cuadrado perdido de
humedales eleva el efecto de la mareas unos 20 centímetros. Unos 4.000
kilómetros cuadrados de humedales costeros (una superficie como la de
Pontevedra) se han perdido desde 1930 debido a las intervenciones sobre
el territorio y a la construcción de diques y canales. Las islas de
barrera de la costa se desvanecen por la falta de nuevos sedimentos.
Los científicos recuerdan que ha sido el hombre quien ha terminado con
los sistemas naturales de defensa en su intento por
dominar al Misisipí. Porque, dejando aparte la discusión sobre si los
diques que se rompieron en Nueva Orleans podían haber sido mejor
diseñados y construidos, la verdad es que su existencia ha ido gestando
el desastre desde hace siglos.
Cuando en 1718 los franceses fundaron la ciudad en el delta, ya sabían
que el lugar era inestable. Ofrecía ventajas para el comercio, pero
estaba en la movediza desembocadura del río más grande de EEUU.
Nueva Orleans es un rehén del lugar donde se asienta y el paso del
tiempo sólo ha empeorado su cautiverio. Obligada a protegerse del río
con diques, esos diques también hacen cada vez más insostenible la
situación, pues impiden la regeneración del delta.
El fenómeno es bien conocido, pues otros lugares sufren la misma
dinámica. La construcción de la presa de Asuán, en Egipto, ha
privado al delta del Nilo del limo que durante milenios abonó su
desembocadura. En España, el delta del Ebro también está en
retroceso, pues las arenas que lo alimentaban yacen en el fondo de los
pantanos que regulan el cauce. En el Misisipí, el delta se hunde cada
década mientras que al mismo tiempo crecen sobre él la población y las
instalaciones industriales.
Cuestión de tiempo
Durante tres siglos, ha habido un pulso continuo del hombre para
dominar con medios mecánicos y rígidos un sistema de enorme dinamismo.
La consecuencia está a la vista. Era cuestión de tiempo que el
océano destrozara un lugar debilitado y una ciudad construida en un
lugar imposible. «Después de siglos de controlar el territorio, el Golfo
ha demostrado quién manda», afirmaban hace unos días en The New York
Times Cornelia Dean y Andrew C. Revkin
El debate científico es fundamental para el futuro. Para los expertos,
la millonaria reconstrucción no debe llevarse a cabo sin que al mismo
tiempo se acometa una recuperación de los sistemas naturales de defensa.
La ciudad es cada vez más vulnerable y recurrir sólo a medios
artificiales obligaría a elevar cada vez más el tamaño y el volumen de
los diques, lo que provocaría nuevos problemas más adelante. Por ello,
creen que lo más útil sería también tratar de recuperar el delicado
equilibrio del estuario. De hecho, ya antes del desastre había planes
para regenerar la costa, con un coste calculado en 1.600 millones de
euros, aunque expertos de la Universidad de Luisiana creen ahora que
haría falta casi 10 veces más para hacer el trabajo.
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Una ciudad con pies de barro |
La batalla entre el delta del
Misisipí y el océano se libra también de forma solapada en el
subsuelo. El mar no sólo ha ido ganando terreno en la
superficie, como puede apreciarse en los mapas, sino que también
avanza lentamente por debajo debido al fenómeno de la 'intrusión
salina'.
Al disminuir la llegada de sedimentos y de agua dulce a la
desembocadura, el agua salada penetra como una cuña bajo el
delta, lo que afecta a las zonas pantanosas y a los humedales.
La sal infiltrada en el subsuelo mata a las plantas, cuyo
crecimiento fijaba el movedizo terreno. Cuando las raíces dejan
de sujetar la tierra, el viento desplaza rápidamente la arena.
De este modo, el mosaico de lagunas de agua dulce y manchas de
vegetación se convierte en una lámina de agua salobre, por
encima de la cual las tormentas se desplazan a gran velocidad
sin obstáculos materiales.
Ese es hoy el paisaje que rodea Nueva Orleans. Los científicos
creen que la perforación del subsuelo para extraer petróleo, gas
y agua ha debilitado aún más el terreno sobre el que se asienta
la ciudad, agravando el grado de la intrusión salina en el
delta. |
Fuente: El Mundo
14.09.05
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