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Viernes, 16 de septiembre de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Un desastre agravado por el hombre

La destrucción paulatina del delta del Misisipí ha dejado a Nueva Orleans desprotegida frente al mar

 

Se dice que lo ocurrido en Nueva Orleans es el mayor desastre natural de la historia de EEUU. Pero muchos expertos recuerdan estos días que la catástrofe tiene más causas humanas que naturales. Los científicos creen que la alteración artificial del delta del Misisipí ha agravado el poder destructivo del huracán Katrina. La transformación del territorio ha eliminado las barreras naturales que protegían la ciudad de las tormentas, como los pantanos y las islas arenosas de la costa, hoy casi inexistentes y que servían para absorber y disipar la fuerza de las olas y el viento.

Esta desaparición se debe en gran parte a que el hombre ha frenado el intercambio natural de arena y espacio entre el río y el mar. Los diques y canales construidos desde hace siglos para evitar las periódicas inundaciones del Misisipí impiden también que los sedimentos que arrastra desde tierra adentro lleguen a la desembocadura. ¿Cuáles son las consecuencias? Pues que el delta, al carecer de material para renovarse, ha empezado literalmente a desaparecer. La región de Nueva Orleans se desliza, desde hace décadas, hacia el fondo del Golfo de México.

Los mapas del territorio muestran que el terreno se ha hundido un metro en los últimos 100 años y que el mar avanza hacia el interior. Ya antes de la catástrofe del Katrina, el periódico de Nueva Orleans, The Times-Picayune, advertía: «A todos los efectos, el Golfo de México está 30 kilómetros más cerca de nosotros que cuando el huracán Betsy golpeó la costa en 1965». La ciudad, que antes se asentaba en el interior, ahora está prácticamente en primera línea de playa y mucho más expuesta al océano que cuando se fundó.

Gráfico: El Mundo
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Barreras naturales

«Si las barreras naturales hubieran seguido en pie, al menos parte de la energía de la marejada se habría disipado. Esta es una herida autoinfligida», ha declarado el geólogo Jeffrey Mount, de la Universidad de California, al diario The Wall Street Journal.El mismo periódico citaba estudios que demuestran que cada kilómetro cuadrado perdido de humedales eleva el efecto de la mareas unos 20 centímetros. Unos 4.000 kilómetros cuadrados de humedales costeros (una superficie como la de Pontevedra) se han perdido desde 1930 debido a las intervenciones sobre el territorio y a la construcción de diques y canales. Las islas de barrera de la costa se desvanecen por la falta de nuevos sedimentos.

Los científicos recuerdan que ha sido el hombre quien ha terminado con los sistemas naturales de defensa en su intento por dominar al Misisipí. Porque, dejando aparte la discusión sobre si los diques que se rompieron en Nueva Orleans podían haber sido mejor diseñados y construidos, la verdad es que su existencia ha ido gestando el desastre desde hace siglos.

Cuando en 1718 los franceses fundaron la ciudad en el delta, ya sabían que el lugar era inestable. Ofrecía ventajas para el comercio, pero estaba en la movediza desembocadura del río más grande de EEUU.

Nueva Orleans es un rehén del lugar donde se asienta y el paso del tiempo sólo ha empeorado su cautiverio. Obligada a protegerse del río con diques, esos diques también hacen cada vez más insostenible la situación, pues impiden la regeneración del delta.

El fenómeno es bien conocido, pues otros lugares sufren la misma dinámica. La construcción de la presa de Asuán, en Egipto, ha privado al delta del Nilo del limo que durante milenios abonó su desembocadura. En España, el delta del Ebro también está en retroceso, pues las arenas que lo alimentaban yacen en el fondo de los pantanos que regulan el cauce. En el Misisipí, el delta se hunde cada década mientras que al mismo tiempo crecen sobre él la población y las instalaciones industriales.

Cuestión de tiempo

Durante tres siglos, ha habido un pulso continuo del hombre para dominar con medios mecánicos y rígidos un sistema de enorme dinamismo. La consecuencia está a la vista. Era cuestión de tiempo que el océano destrozara un lugar debilitado y una ciudad construida en un lugar imposible. «Después de siglos de controlar el territorio, el Golfo ha demostrado quién manda», afirmaban hace unos días en The New York Times Cornelia Dean y Andrew C. Revkin

El debate científico es fundamental para el futuro. Para los expertos, la millonaria reconstrucción no debe llevarse a cabo sin que al mismo tiempo se acometa una recuperación de los sistemas naturales de defensa.

La ciudad es cada vez más vulnerable y recurrir sólo a medios artificiales obligaría a elevar cada vez más el tamaño y el volumen de los diques, lo que provocaría nuevos problemas más adelante. Por ello, creen que lo más útil sería también tratar de recuperar el delicado equilibrio del estuario. De hecho, ya antes del desastre había planes para regenerar la costa, con un coste calculado en 1.600 millones de euros, aunque expertos de la Universidad de Luisiana creen ahora que haría falta casi 10 veces más para hacer el trabajo.

Una ciudad con pies de barro
La batalla entre el delta del Misisipí y el océano se libra también de forma solapada en el subsuelo. El mar no sólo ha ido ganando terreno en la superficie, como puede apreciarse en los mapas, sino que también avanza lentamente por debajo debido al fenómeno de la 'intrusión salina'.

Al disminuir la llegada de sedimentos y de agua dulce a la desembocadura, el agua salada penetra como una cuña bajo el delta, lo que afecta a las zonas pantanosas y a los humedales.

La sal infiltrada en el subsuelo mata a las plantas, cuyo crecimiento fijaba el movedizo terreno. Cuando las raíces dejan de sujetar la tierra, el viento desplaza rápidamente la arena. De este modo, el mosaico de lagunas de agua dulce y manchas de vegetación se convierte en una lámina de agua salobre, por encima de la cual las tormentas se desplazan a gran velocidad sin obstáculos materiales.

Ese es hoy el paisaje que rodea Nueva Orleans. Los científicos creen que la perforación del subsuelo para extraer petróleo, gas y agua ha debilitado aún más el terreno sobre el que se asienta la ciudad, agravando el grado de la intrusión salina en el delta.

Fuente: El Mundo
14.09.05

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* Especial: Huracán Katrina

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