Seguridad
Industrial y Prevención de Riesgos
Laborales
Seguridad Medio
Ambiental y Protección del Entorno
 |
|
| |
 |
|
|
Material médico, se usa
pero no se tira
El 80% de los
hospitales madrileños reutiliza dispositivos desechables. Está
prohibido, pero es unapráctica generalizada en todo el país por motivos
económicos. Centros públicos y privados reciclan sin control
Los expertos piden un
consenso para regular el reciclaje pero con estrictos controles de
seguridad
El juicio al anestesista
Juan Maeso, por el contagio masivo del virus C de la hepatitis a 276
personas, ha revelado el potencial riesgo de contraer una infección que
se corre cuando se acude a un hospital. No se trata de un hecho aislado.
El pasado año se conocieron otros dos brotes, en un hospital madrileño y
en un centro de Barcelona, ocasionados por el mismo patógeno, si bien el
número de afectados fue muy inferior. Las investigaciones de sendos
sucesos señalaron como origen del contagio la reutilización de
dispositivos de un solo uso en varios pacientes consecutivos. A raíz de
estos accidentes, los establecimientos afectados modificaron sus normas
para garantizar que los productos desechables acabaran realmente en la
basura tras una única aplicación. Parece una obviedad, pero no lo es. Un
estudio realizado en más de la mitad de los hospitales de Madrid
demuestra que el 80% está reciclando material desechable a pesar de que
oficialmente es una actividad ilegal. Sus autores no ocultan que este
hallazgo es extensible al resto de los centros del país.
¿Dejaría que el médico le pinchara con la jeringuilla que ya ha
utilizado con otro enfermo, aunque la hubiera desinfectado antes?
Seguro, que no. Pues sepa que sondas, catéteres, trócares, dispositivos
de cirugía endoscópica... y hasta 8.000 productos teóricamente de usar y
tirar, son empleados una y otra vez tras pasar por el túnel de lavado
del hospital. Los expertos denuncian que esta limpieza 'casera' no
garantiza que sean seguros para el siguiente paciente.
 |
|
Para ampliar, por favor,
pulse sobre la imagen |
Según la normativa
vigente en España, si el fabricante indica que el producto es de un
solo uso, éste debería tirarse a la basura después de su primera
aplicación. Pero la realidad es que la mayoría de los centros
nacionales los envían a sus servicios de esterilización y,
tras un lavado, los ponen de nuevo en circulación. Eso sí, sin
informar al paciente. La Administración conoce esta práctica, también
muchos profesionales y las sociedades científicas la han denunciado en
más de una ocasión, pero la actividad no cesa.
«Es alarmante. Se pueden poner en riesgo la salud y la vida de los
pacientes. A veces no basta con esterilizar para garantizar la seguridad
del producto», alerta Vicente Domínguez, presidente de la Sociedad
Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene.
La lista de artículos que se fabrican para ser usados en un único
paciente y en una sola ocasión es cada día mayor. Sondas urinarias,
catéteres para cirugía coronaria, trócares de traumatología, pinzas de
laparoscopia, material de cirugía endoscópica... Pocas especialidades
médicas se libran de ellos, aunque existen áreas críticas donde se
utilizan en mayor medida: oftalmología, hemodinámica, urología,
ginecología, endoscopia...
El metal y el cristal, materiales fácilmente esterilizables y muy
duraderos, han ido siendo sustituidos poco a poco por plásticos de
diverso tipo en su elaboración. «De aproximadamente unos 400.000
artículos de tecnología médica disponibles en el mercado, 8.000 son
desechables y, en teoría, no reutilizables», indica Domínguez.
LOS PELIGROS.
Sin embargo, el precio de algunos de estos sofisticados y modernos
aparatos, ligados en muchas ocasiones al desarrollo de nuevas
tecnologías como la cirugía mínimamente invasiva (endoscópica), puede
rondar los 600 euros por unidad, lo que ha hecho del reciclaje una
actividad generalizada en todo el mundo (ver gráfico), y peligrosa,
según denuncian los fabricantes. La Asociación Europea de la Industria
de Tecnología Sanitaria (Eucomed, sus siglas en inglés) lleva años
alertando de que los procesos de limpieza habituales de los hospitales
no garantizan la eliminación de todos los residuos corporales
(sangre, restos de tejido), ni que se desactiven todos los
microorganismos (virus y bacterias). «En ocasiones, los agentes
esterilizantes no cubren totalmente el producto, sobre todo en
dispositivos canulados de calibre estrecho [como sondas y catéteres] y
con espirales», argumenta María Aláez, directora técnica de la
Federación Española de Empresas de Tecnología Médica (FENIN).
 |
|
Para ampliar, por favor,
pulse sobre la imagen |
Se sabe, por ejemplo,
que los sistemas de desinfección e higiene habituales no son capaces de
destruir el agente causal de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (la
variante humana de las 'vacas locas'). Otros patógenos que
suscitan preocupación por su resistencia y agresividad son los virus de
las hepatitis B y C. Australia reguló la reutilización de estos
materiales a raíz de varios brotes de hepatitis C en diversos
hospitales.
Eucomed ha denunciado reiteradamente la situación ante las autoridades
de la Unión Europea pero, de momento, la respuesta ha sido muy desigual.
Mientras algunos países como España lo prohíben, al menos, en teoría,
otros permiten la reutilización bajo ciertas condiciones, como que se
informe de antemano al paciente de que va a ser tratado con un producto
de 'segunda mano'. «Europa mira para otro lado y España se escuda en que
está prohibido terminantemente reutilizar, pero la
realidad es otra y la conocen», advierte José Fereres, presidente del
Club Español de Esterilización (CEDEST) y jefe de Medicina Preventiva
del Hospital Clínico de Madrid.
Esta entidad ha realizado un estudio sobre la práctica de la
reutilización de material médico desechable en 45 de los 76 hospitales
madrileños. Sus conclusiones son inquietantes: «el 82,5% de los centros,
tanto públicos como privados, recicla. Si esto pasa en Madrid, en otras
comunidades puede ser el 100%», especula Fereres.
SIN CONTROL.
Aunque se sospecha, se desconoce la extensión global del problema. «El
Club propuso a la Agencia Española del Medicamento y Productos
Sanitarios [dependiente del Ministerio de Sanidad y Consumo] analizar
seriamente la situación a nivel estatal. El estudio costaba unos 80.000
euros. La idea era ver qué pasaba en todas las Comunidades Autónomas,
cómo se estaba reciclando, qué tipo de productos, cuantificar los
riesgos que podría conllevar...Nos dieron la callada por respuesta»,
rememora el presidente del CEDEST.
¿A quién compete que se cumplan las normas? «Depende de las
Comunidades Autónomas», señala la directora de FENIN. En noviembre de
2004, la Agencia Española del Medicamento hizo una llamada al orden y
cursó a los hospitales una circular recordando las condiciones de uso
del material desechable. La notificación se acompañaba de una imagen del
logotipo que identifica a los productos sanitarios desechables: un
número dos tachado.
Los expertos coinciden en que el principal motivo de que persista esta
actividad irregular no es la ignorancia. Reconocen que se hace a
sabiendas, por motivos económicos, y que el recorte de gastos sanitarios
está detrás de cada reutilización. Para muchos ésta ha sido la razón de
que países como EEUU y Alemania decidieran tomar cartas en el asunto y
buscaran fórmulas que permitieran volver a usar estos dispositivos, pero
con garantías.
CÓMO REPROCESAR.
En 2002, la FDA (la agencia estadounidense del medicamento, que también
regula este tipo de dispositivos) dio luz verde al reprocesamiento de
los dispositivos de un solo uso. Con este fin elaboró una exhaustiva
normativa en la que explica los requisitos de limpieza,
desinfección, esterilización y reprocesado al que hay que someter
este tipo de materiales antes de emplearlos de nuevo. «Las normas son
muy rigurosas y persiguen garantizar que, tras esos tratamientos, las
propiedades del producto sean iguales que las del original», subraya
José Fereres.
La esterilización que se practica en los hospitales está muy lejos de
cumplir estos requisitos. «Los centros pueden desinfectar y esterilizar
pero no reprocesar. Para esto hay que realizar pruebas de viabilidad del
producto. Por ejemplo, comprobar que un catéter flexible sigue en
perfectas condiciones, que conserva su integridad, que funciona
bien...Se necesita una tecnología sofisticada y muy costosa», explica el
presidente del CEDEST.
Cuatro o cinco empresas se dedican en el mundo a reprocesar
material sanitario. En España no existe ninguna, ya que se
trata de una actividad es ilegal. Además de EEUU, Alemania, Australia y
Canadá, ya permiten este procedimiento. Las reprocesadoras recogen el
material usado en el hospital, lo lavan y someten a distintas pruebas
para evaluar si reúne las condiciones necesarias y lo revenden al centro
a un precio un tercio más barato del que costaría un dispositivo virgen.
¿Significa esto que los productos de un solo uso sí son reciclables?
El problema es que la decisión de clasificar un producto sanitario
como de un solo uso queda en manos del fabricante y esta información se
recoge en el obligado etiquetado del producto. Pero nadie le pide que
demuestre que, efectivamente, no se puede reutilizar. «Cuando la FDA
revisó la literatura científica respecto al riesgo para la salud de
reciclar estos dispositivos no encontró casos significativos de
infecciones, aunque sí se han demostrado accidentes puntuales que se
pueden evitar con un reprocesamiento adecuado», señala José Fereres. Sin
embargo, el experto tampoco descarta este peligro: «Los hospitales
tenemos una tasa de infecciones de entre el 5% y 8% de la que nos es muy
difícil bajar, pero desconocemos qué proporción podría ser atribuible a
una mala praxis».
Eucomed muestra algunos ejemplos del potencial riesgo
biológico en su web, pero destaca también otros efectos
adversos del reprocesado. Con ampliaciones fotográficas,
exhibe el deterioro físico sufrido por algunos dispositivos reciclados y
recuerda cómo ciertos procedimientos de limpieza pueden alterar la
elasticidad, resistencia y dureza de los productos o, incluso, dañar los
pegamentos que unen los distintos componentes. «El fabricante sólo puede
garantizar un uso seguro la primera vez», subraya Aláez.
Por el contrario, las empresas recicladoras presumen de
que, por su calidad y diseño, algunos artículos pueden someterse al
reprocesamiento hasta 16 veces. En este sentido, la Asociación
Europea para el Reprocesado de Dispositivos Médicos (EAMDR, sus siglas
en inglés), un 'lobby' promovido por las recicladoras, ha enviado un
mensaje a la Comisión Europea, que está pendiente de revisar la
directiva de 1996 que impedía la reutilización. «Podría suponer un
ahorro de 45.000 euros anuales a un hospital pequeño y varios millones a
uno grande», señala la EAMRD en su web. Esta organización estima que
hasta un 16% de los productos de un solo uso, que representan entre el
30% y 40% de la factura sanitaria, es reciclable sin que se comprometa
su seguridad. El ahorro global para Europa se calcula en 20.000 millones
de euros al año. CEDEST ha evaluado lo que podría ahuchar la sanidad
española si reprocesara: 500 millones de euros cada año.
Los números son tan importantes, máxime en países con sistemas de salud
de titularidad pública, que los propios fabricantes discuten la
conveniencia de flexibilizar su postura. «Se está analizando qué es lo
mejor para el paciente», reconoce María Aláez. «Antes o después llegará
el reprocesamiento», tercia Fereres, quien cree, además, que obligará al
sector industrial a adaptarse y a «fabricar equipos más sólidos y
resistentes» para facilitar la tarea.
Vicente Domínguez es también partidario de «ir hacia la regulación». No
cree, sin embargo, que el impacto económico sea tan llamativo como vende
el 'lobby' del reciclado: «reprocesar no es mucho más barato si hay que
validar todo el procedimiento».
Unos y otros coinciden es en la necesidad de poner coto a la situación
actual, con una prohibición teórica que se incumple de
forma rampante. «O se persigue al 82% de los hospitales
españoles que reutilizan material de un solo uso o se permite
reprocesar, pero de manera regulada, creando una industria con equipos e
instalaciones adecuados», dice Fereres tajante.
La directiva de FENIN puntualiza, sin embargo, que el reciclaje no será
la panacea: «No todo es reprocesable». La FDA ha tenido que dar marcha
atrás en algunos casos y retirar la autorización de reciclaje a
numerosos productos tras comprobar que el procedimiento de limpieza no
era satisfactorio o no garantizaba las mismas condiciones de uso que el
original. En noviembre de 2004 denegó, por este motivo, el reprocesado a
1.816 artículos, el 48% de los previamente autorizados.
|
La privada reutiliza más que la
pública |
Las clínicas privadas
reutilizan material desechable en mayor medida que los centros
públicos, si bien éstos tampoco se libran de esta mala
costumbre. Para José Fereres, presidente del Club Español de la
Esterilización, la entidad que ha llevado a cabo el estudio
sobre el nivel de reciclaje en los hospitales madrileños, los
motivos son, de nuevo, económicos: «En la pública se recicla
menos porque no hay tanta presión y existe menos conciencia del
gasto. En los centros privados, las aseguradoras marcan un
margen muy estrecho a la hora de abonar los servicios...».
El incremento imparable del coste de la atención médica
representa un importante desafío para los gestores sanitarios.
Muchos de los dispositivos desechables se corresponden con
artículos desarrollados gracias a tecnologías de vanguardia.
¿Cómo conjugar el derecho a un acceso universal a los avances
médicos con unos presupuestos limitados? En países como Suecia
se permite la reutilización cuando se cuenta con el
consentimiento informado del paciente, aunque la experiencia
demuestra que la mayoría opta por que se le aplique un producto
nuevo. En EEUU, los enfermos que aceptan ser tratados con
material reprocesado pagan menos que aquellos que usan productos
vírgenes.
En España, ni lo uno ni lo otro. «No se puede pedir
consentimiento previo al paciente porque oficialmente es ilegal
reutilizar dispositivos etiquetados como de un solo uso», señala
Fereres. Respecto al precio, ¿conoce a alguien al quien le hayan
ofrecido pagar menos por usar material de segunda mano?
Muchos profesionales sanitarios empiezan a expresar su
preocupación. Temen que el uso indebido de un dispositivo
desechable dé lugar a un efecto adverso, como, por ejemplo, un
brote infeccioso, y puedan ser acusados penalmente de
imprudencia. Un oculista solicitaba en octubre del pasado año en
un editorial de la revista 'Archivos de la Sociedad Española de
Oftalmología' «un consenso entre los representantes de los
fabricantes, de los profesionales, de la Administración y de los
consumidores sobre la inquietante cuestión de la reutilización»
de este material.
Para los expertos, un primer paso podría ser lograr un acuerdo
sobre el el problema de los productos desechables que se abren
por error pero no llegan a ser utilizados. «Ahora, una vez que
abres el envase debes tirarlo porque ya no es estéril y se
supone que no debes usarlo, aunque esté nuevo. Un porcentaje
alto de los dispositivos reciclados pertenece a este grupo. Pero
esto, en realidad, no es reutilización, habría que buscar
fórmulas para poder recuperarlo», subraya Vicente Domínguez,
presidente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva.
Esta sociedad científica presentará en noviembre, con motivo de
su congreso anual, un informe sobre la práctica de la
reutilización y sus implicaciones. Una de sus conclusiones es,
según Domínguez, que «el coste de no prestar un servicio de
calidad puede ser aún mayor». |
Fuente: El Mundo
17.09.05
|