El
Cougar que cayó en Afganistán realizaba un vuelo de «alto riesgo» a 5
metros del suelo
El ministro
descarta la hipótesis de que el helicóptero hubiera sido objeto de un
ataque externo. Expertos militares atribuyen el accidente, cuyas causas
se siguen investigando, a un fallo humano
El ministro de Defensa,
José Bono, dio por cancelada la investigación en torno a la hipótesis
de que un ataque hubiera sido la causa del siniestro sufrido por dos
helicópteros Cougar, el pasado 16 de agosto en Afganistán, y que se
saldó con la muerte de los 17 militares españoles que viajaban a bordo
de uno de ellos.
Con el segundo informe
técnico -y todavía provisional- en la mano, Bono explicó que todos los
datos recabados por la Comisión para la Investigación Técnica de
Accidentes de Aeronaves Militares (CITAAM) apuntan a que la caída del
primer aparato, con fatales consecuencias, se debió a un «accidente
cuyas causas están todavía en proceso de investigación».
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Sin embargo, destacadas
fuentes del Ejército del Aire precisan que, a falta de detalles
sorpresa, los técnicos dan por seguro que, a la vista de la gran
velocidad y la muy baja cota -apenas cinco metros- a la que volaban, el
citado accidente se debió a un «fallo humano» y no a una deficiencia
técnica del aparato.
Según el informe leído ayer por el ministro, queda «prácticamente
descartado» que el primer Cougar se estrellara contra el suelo a causa
de un ataque externo, o por impacto o explosión de munición procedente
del armamento que llevaba.
Se descarta también «totalmente» que el siniestro de los dos
helicópteros (el segundo resultó accidentado pero no hubo víctimas
mortales) se debiera a un choque entre ambos.
Los técnicos de la comisión de investigación han elaborado su informe
tras examinar las declaraciones de los testigos de un pueblo cercano,
las de los tripulantes del segundo helicóptero, los certificados de las
autopsias y el estudio realizado por la Guardia Civil de los restos de
los aparatos, trasladados al acuartelamiento de la Maestranza en Madrid.
El documento señala que el tipo de vuelo que se realiza en
Afganistán puede calificarse como de «riesgo elevado», por la
gran velocidad, baja altura (fuentes de Defensa precisan que la cota de
vuelo no superaba los cinco metros) y la necesidad de adaptarse al
terreno para «evitar la posible amenaza existente en la zona».A todo
ello, hay que añadir una orografía con grandes altitudes y fuertes
vientos reinantes.
El ministro apuntó que la tripulación cumplía con la capacitación
exigida para volar en este escenario y que todos sus miembros
habían pasado el reconocimiento médico anual. El aparato también contaba
con el certificado de aeronavegabilidad y había pasado las revisiones.
Los helicópteros no incluyen ningún sistema de caja negra, ni mantienen
contacto con la torre de control una vez que salen del aeródromo. No
obstante, según los tripulantes del segundo aparato, sí se produjo una
comunicación entre ambos segundos antes del accidente. En aquel
contacto, el capitán Guitard, a los mandos del primer aparato, no
informó de ningún problema.
El accidente del segundo helicóptero resulta mucho más claro. Los
expertos concluyen que realizó una «maniobra agresiva» para escapar de
la zona «por sentirse amenazado» al ver la columna de humo que se alzaba
tras estrellarse el primer aparato. La tripulación creyó que podía ser
objeto de un ataque, realizó una maniobra brusca y perdió las
condiciones de sustentación. Finalmente hubo de realizar un
aterrizaje de emergencia y quedó encajonado en una vaguada. Este
segundo helicóptero también volaba a muy baja cota y a gran velocidad.
El ministro de Defensa recibió ayer este informe preliminar y dio cuenta
del mismo de forma inmediata a los portavoces de Defensa de todos los
grupos parlamentarios.
Fuente: El Mundo
20.09.05
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