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Viernes, 23 de septiembre de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Detectan fallos en los planes de evacuación de ciudades de EEUU

Nueva York y Washington son las más desprotegidas ante posibles catástrofes como la que arrasó Nueva Orleans

 

Nueva York, año 1985: un huracán de la categoría 3, el Gloria, se avecina por el Atlántico con vientos de 200 kilómetros por hora. El vendaval se debilita antes de golpear la costa y causa al final dos víctimas mortales. Pero la amenaza persiste, y la Gran Manzana es la tercera ciudad norteamericana -después de Miami y Nueva Orleans- más vulnerable a los huracanes.

Y también la más indefensa... Más de un millón de personas se quedarían probablemente atrapadas en la «ratonera» de Manhattan y no podrían ser evacuadas en el caso de un desastre comparable al del Katrina.

La voz de alarma la ha dado esta misma semana el congresista local Richard Brodsky: «Los planes locales de emergencia ante un huracán o cualquier otro tipo de catástrofe presentan peligrosas lagunas y graves inconsistencias».

En una ciudad en la que la mitad de la población no tiene coche privado, el gran peso de la evacuación recae sobre el transporte público, y sin embargo la autoridad local, la MTA, carece de suficientes autobuses y de personal preparado para un desalojo masivo. Los refugios están muy alejados de las zonas más pobladas y el 75% de la población ignora la existencia de las «zonas de seguridad» para huracanes.

Y quien dice Nueva York, dice también Washington: el último simulacro de evacuación en la capital, el pasado verano, resultó un sonoro fiasco, con graves fallos de comunicación y de coordinación, más el problema añadido de la pobreza endémica en el sureste de la ciudad y la incapacidad para evacuar a ese 37% de la población que no tiene coche.

En San Francisco, golpeada en 1906 por un potentísimo terremoto que causó miles de víctimas y dejó sin casa a 250.000 vecinos, el alcalde Gavin Newsom acaba de reactivar el Consejo de Planificación de Desastres y ha iniciado una «campaña de supervivencia» para mentalizar a sus vecinos.

«Lo ocurrido en Nueva Orleans ha servido para demostrar que no podemos quedarnos cruzados de brazos esperando la ayuda federal», ha dicho Newsom. «Todos los ciudadanos de San Francisco deben tener en sus casas equipos, alimentos y agua para sobrevivir al menos tres días».

En los próximos 30 años existe un 60% de posibilidades de que un terremoto de magnitud 6,7% sacuda la bahía de San Francisco, y el Newsom cree que ha llegado el momento de mentalizar a los vecinos.

En Los Angeles, la concejala Janice Hahn ha urgido al alcalde Antonio Villarraigosa para que ultime un plan tsunami, en el caso de que la ciudad sea afectada por un maremoto.

El propio presidente Bush, en su discurso televisado del pasado jueves, anunció que el Departamento de Seguridad Interior revisará a fondo todos los planes de evacuación de las grandes ciudades norteamericanas, a la vista de lo ocurrido en Nueva Orleans.

«En este país hay más de 28 millones de personas que no tienen coche y que están totalmente desasistidas ante una catástrofe», advierte Havidan Rodríguez, del Centro para la Investigación de los Desastres de la Universidad de Delaware. «Una de las imágenes más lamentables del Katrina fue la de aquel aparcamiento totalmente inundado, con más de un centenar de autobuses escolares inutilizados que deberían haber servido para sacar de allí a la población».

Si un huracán de la categoría 3, un grado inferior al Katrina, golpeara Nueva York, más de un millón de personas correrían igual suerte que los que se quedaron atrapados en el cenagal de Nueva Orleáns.

Según cálculos del Equipo de Ingenieros del Ejército de Tierra, una emergencia de ese calibre obligaría a evacuar 2,5 millones de personas y a dar refugio a un millón. La Oficina de Control de las Emergencias de Nueva York, sin embargo, está como mucho capacitada para evacuar a un millón y poner bajo techo a 224.000 personas, de acuerdo con el informe presentado esta semana por Richard Brodsky.

En Washington, entre tanto, el concejal David Snyder ha denunciado que los 2.500 millones de dólares invertidos en seguridad desde el 11-S han servido para poco más que fortificar la Casa Blanca, el Capitolio y los edificios federales.

El ex presidente Bill Clinton, arremetió el domingo pasado contra la Administración de George W. Bush por haber puesto en marcha planes de emergencia que sólo funcionan para la clase media alta.«Cuando das una orden de evacuación, hay que tener en cuenta a la gente pobre. Muchos ciudadanos de Nueva Orleans no tenían coche, y no se los puede dejar abandonados... Esta es una prioridad política que debe ser abordada cuanto antes», aseguró Clinton.

Fuente: El Mundo
20.09.05

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