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Lunes, 26 de septiembre de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Guerra en blanco y negro

En el Conde Duque se exhibe Brigadistas. La muestra de fotografías, un extracto de la colección personal del general Walter, ilustra cómo vivieron la Guerra Civil los miembros de las Brigadas Internacionales

 

En los rostros que asoman desde las fotografías hay impreso un abanico de emociones tan ancho como la valentía, como el miedo, como una noche sin dormir, como una jornada de trabajo duro, como una guerra.

Los hombres de las estampas, viejas ya, vinieron desde lejos para combatir en una guerra que no era la suya, pero dispuestos a involucrarse hasta la muerte. Consideraban la causa que defendían propia e inviolable.

Vinieron de lejos: de Alemania, de Francia, de Hungría, de Bélgica...Convirtieron la Guerra Civil española en una Babel en la que en cada brigada se pronunciaba el verbo luchar con ecos que hablaban de tierras lejanas de la seca y maltrecha España.

Foto: El Mundo
El mayor Egon Kisch, en Aragón, en el año 1938

Vinieron de lejos y combatieron, codo con codo, con quienes consideraban sus hermanos. Probaron en su carne la esencia más pura, y también el sabor más amargo, de España. Eran los brigadistas, los integrantes de las Brigadas Internacionales. Y el centro cultural Conde Duque se ha convertido en un balcón desde el que mirar hacia su universo, un mundo perdido, lejano pero aún lleno de vida.

Se exponen al público escenas que -salvo dos de ellas- nadie había visto hasta ahora, porque las imágenes del archivo fotográfico del general Walter están en su mayoría inéditas.

El polaco Karol Swiercewski, general del Ejército Popular de la República bajo el nombre de Walter, hizo algo más que combatir en la Guerra Civil.

Durante el tiempo que estuvo en España recopiló más de 300 fotografías -333, exactamente- que dan una idea fiel de la vida que llevaban los brigadistas durante la guerra.

En el Conde Duque se exhibe hasta el 6 de noviembre una tercera parte de ellas, en total más de un centenar de instantáneas tomadas entre finales de 1936 y mediados de 1938.

Angel Rojo, comisario de la exposición, detalla que el criterio que se ha utilizado a la hora de elegirlas ha sido evaluar la calidad de las mismas. Se ha supervisado que el enfoque fuese el adecuado o la cantidad de luz la justa; se han separado las fotografías más expresivas o representativas. También se han clasificado por orden cronológico.

Foto: E Mundo
Estado Mayor, con el coronel Miaja en 1937

 

La tarea no siempre ha resultado fácil. A veces había elementos que hacían indiscutible la situación de una instantánea en un momento o lugar determinados.

Algunas fotografías no ofrecían ninguna duda. Alrededor de 60 de ellas llevaban en el reverso datos escritos a lápiz. En algunos casos la anotación la hizo el propio general Walter en ruso o en francés; en otras ocasiones, las anotaciones están en español y se refieren al general en tercera persona.

Pero otras veces, anotaciones que de entrada parecían ofrecer ayuda complicaron inesperadamente la labor. Así, por ejemplo, hay fotografías datadas en Torralba, pero no se ha podido establecer a qué provincia, de entre las que cuentan con una localidad llamada de este modo, corresponde el pueblo fotografiado.

Tampoco es fácil saber quién tomó las fotografías, porque sólo 16 están firmadas. En 15 ocasiones se halló el sello de Foto Acero con la indicación «cítese», mientras que en una de las fotografías figura la leyenda Foto Mayo.

Con la ayuda que prestan las propias imágenes se ha estudiado cada detalle y se ha elegido cada una de ellas en función de sí misma y de las demás. También se han escaneado, ampliado y reproducido mediante impresión digital.

Y así, con cuidado y paciencia, se ha reconstruido paso a paso una delgada cinta de imágenes, que desarrolla sobre la pared una secuencia muda y vivísima: el devenir de una guerra vista a través de sus protagonistas.

Porque lo que se ve no es un ente abstracto llamado guerra, son personas. Gente envuelta en el fragor y la inquietud, rígida a veces por la tensión previa al ataque, posando con armas, aparentemente impávidos, en ocasiones. Rostros que no han perdido vigor con el paso del tiempo.

No hay ninguna fotografía tomada en combate. Quizá porque, como apunta Rojo, «Walter no quería civiles en el frente, y eso incluía a los fotógrafos».

Sin embargo, este deseo del general no impidió que quedara constancia de la vida de estos hombres en un tiempo hostil. Entre la esperanza del grupo de hombres sonrientes que posan en la primera imagen con cigarros risueños en la boca y la melancolía fundida en los grises de la última cabe todo un universo. Quizá varios.

Algunas imágenes muestran sin rodeos la realidad dolorosa de una guerra: los soldados de mirada desconfiada que tiran la bicicleta y se agazapan con rapidez en la cuneta para protegerse mejor de un ataque aéreo; el soldado apostado tras una enorme ametralladora; el obús que se dispara; el desfile.

Pero no hace falta presencia humana para dibujar ese panorama estremecedor: está ese caballo tan famélico que se le pueden contar sin ninguna dificultad los huesos, y está también el letrero indicador -a Belchite por un lado, a Vinaceite por otro- que avisa debajo, se tome la dirección que se tome, Al frente. Peligro.

Otras instantáneas, si bien inquietantes, no son tan agresivas, y hablan de las dificultades del nómada. Se ven el improvisado rancho en pleno campo para el que se utilizan como vajilla unos cuencos de latón abollado, la lectura rápida del periódico mural Unidad, el aseo rápido y a manotazos en una charca, la pesada máquina de escribir apoyada sin más sobre la hierba en pleno campo, el reparto de agua desde la cisterna.

Algunas imágenes contrarrestan con calidez el ambiente inhóspito de la contienda sin apartar la mente de ella. Se respira camaradería en la visita a un cuartel de los Cuerpos de Seguridad aunque el miedo esté abrazado a cada espalda. Da una inesperada sensación de serenidad el retrato de esa intérprete con el cabello cuidadosamente trenzado y dispuesto a modo de corona sobre la cabeza que entrelaza las manos y mira con melancolía por la ventana.

También hay escenas de franca alegría, como las de los niños sentados en su pupitre a la puerta de la casa, aunque sea ante una puerta mísera, o las camionetas del Socorro Rojo Internacional dejando a su paso una larga estela de paquetes que representaban algunas comodidades, quizá alguna carta, para los soldados.

Aunque a veces los contactos con el mundo iban mucho más allá de unas líneas garabateadas. Está registrada la visita al frente de parlamentarios europeos, y también la de Rafael Alberti y María Teresa León.

Pero, a pesar de ser la guerra el denominador común entre estas fotos, no todo se circunscribe a ella. Más allá, las imágenes traen también prendidos retazos de la España -la de entonces y la de siempre- que les sirve de telón de fondo.

Así, tras el grupo de hombres uniformados que posa se ven los azulejos del zócalo del patio, el farol de forja, la ropa tendida sujeta con pinzas y la imagen de la Virgen con su lamparilla.Y en otra fotografía, el perfil rojizo de los campanarios se eleva sobre las fachadas enjalbegadas.

Algunos lugares aparecen próximos y perfectamente reconocibles, y, a la vez, extrañamente lejanos. El protagonista de la antología es el campo, pero hay algunas tomas urbanas perfectamente reconocibles.El estanque del parque de El Retiro, con el monumento de Alfonso XII al fondo, que aparece en una foto tomada en 1938 está como hoy, sólo que con algunos uniformes en primer término y desierto de las barcas alegres de los domingos.

El legado documental del general Walter
Las fotografías de la colección personal de Karol Swiercewski, el general Walter, suponen la sexta parte de los fondos de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales (AABI), de cuyo archivo forman parte.

Se conservan, con el resto de documentos que los componen -alrededor de 2.000 fotografías, documentos y libros- en el Archivo Histórico de Albacete, según se acordó mediante un convenio suscrito entre la ABBI y la Junta de Castilla La Mancha en el año 1998.

Las instantáneas del general Walter fueron donadas por sus hijas a la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales.El legado se componía de un total de 333 fotografías. De ellas, 330 corresponden a la Guerra Civil española y las otras tres, que posiblemente se incluyeron con ellas por error, se han podido ubicar en Rusia, pero no corresponden al conflicto que ensangrentó España.

Las instantáneas expuestas se han obtenido mediante escaneado e impresión digital de las originales, que se encuentran casi todas en buen estado de conservación. Si bien en el catálogo que se ha editado de la misma se ha incluido la totalidad de la colección.

Para terminar de completar esta visión de la Guerra Civil española, la exposición del Conde Duque está apoyada por una proyección, The Spanish Earth. Los pases de la película se hacen dos veces al día, a las 13.00 horas y a las 19.00 horas.

Fuente: El Mundo
20.09.05

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