Guerra en blanco y negro
En el Conde Duque
se exhibe Brigadistas. La muestra de fotografías, un extracto de la
colección personal del general Walter, ilustra cómo vivieron la Guerra
Civil los miembros de las Brigadas Internacionales
En los rostros que asoman
desde las fotografías hay impreso un abanico de emociones tan ancho como
la valentía, como el miedo, como una noche sin dormir, como una jornada
de trabajo duro, como una guerra.
Los hombres de las
estampas, viejas ya, vinieron desde lejos para combatir en una guerra
que no era la suya, pero dispuestos a involucrarse hasta la muerte.
Consideraban la causa que defendían propia e inviolable.
Vinieron de lejos: de Alemania, de Francia, de Hungría, de
Bélgica...Convirtieron la Guerra Civil española en una Babel en la que
en cada brigada se pronunciaba el verbo luchar con ecos que hablaban de
tierras lejanas de la seca y maltrecha España.
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El mayor Egon Kisch, en
Aragón, en el año 1938 |
Vinieron de lejos y
combatieron, codo con codo, con quienes consideraban sus hermanos.
Probaron en su carne la esencia más pura, y también el sabor más amargo,
de España. Eran los brigadistas, los integrantes de las Brigadas
Internacionales. Y el centro cultural Conde Duque se ha convertido en un
balcón desde el que mirar hacia su universo, un mundo perdido, lejano
pero aún lleno de vida.
Se exponen al público escenas que -salvo dos de ellas- nadie había visto
hasta ahora, porque las imágenes del archivo fotográfico del general
Walter están en su mayoría inéditas.
El polaco Karol Swiercewski, general del Ejército Popular de la
República bajo el nombre de Walter, hizo algo más que combatir en la
Guerra Civil.
Durante el tiempo que estuvo en España recopiló más de 300 fotografías
-333, exactamente- que dan una idea fiel de la vida que llevaban los
brigadistas durante la guerra.
En el Conde Duque se exhibe hasta el 6 de noviembre una tercera parte de
ellas, en total más de un centenar de instantáneas tomadas entre finales
de 1936 y mediados de 1938.
Angel Rojo, comisario de la exposición, detalla que el criterio que se
ha utilizado a la hora de elegirlas ha sido evaluar la calidad de las
mismas. Se ha supervisado que el enfoque fuese el adecuado o la cantidad
de luz la justa; se han separado las fotografías más expresivas o
representativas. También se han clasificado por orden cronológico.
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Estado Mayor, con el
coronel Miaja en 1937 |
La tarea no siempre ha
resultado fácil. A veces había elementos que hacían indiscutible la
situación de una instantánea en un momento o lugar determinados.
Algunas fotografías no ofrecían ninguna duda. Alrededor de 60 de ellas
llevaban en el reverso datos escritos a lápiz. En algunos casos la
anotación la hizo el propio general Walter en ruso o en francés; en
otras ocasiones, las anotaciones están en español y se refieren al
general en tercera persona.
Pero otras veces, anotaciones que de entrada parecían ofrecer ayuda
complicaron inesperadamente la labor. Así, por ejemplo, hay fotografías
datadas en Torralba, pero no se ha podido establecer a qué provincia, de
entre las que cuentan con una localidad llamada de este modo,
corresponde el pueblo fotografiado.
Tampoco es fácil saber quién tomó las fotografías, porque sólo 16 están
firmadas. En 15 ocasiones se halló el sello de Foto Acero con la
indicación «cítese», mientras que en una de las fotografías figura la
leyenda Foto Mayo.
Con la ayuda que prestan las propias imágenes se ha estudiado cada
detalle y se ha elegido cada una de ellas en función de sí misma y de
las demás. También se han escaneado, ampliado y reproducido mediante
impresión digital.
Y así, con cuidado y paciencia, se ha reconstruido paso a paso una
delgada cinta de imágenes, que desarrolla sobre la pared una secuencia
muda y vivísima: el devenir de una guerra vista a través de sus
protagonistas.
Porque lo que se ve no es un ente abstracto llamado guerra, son
personas. Gente envuelta en el fragor y la inquietud, rígida a veces por
la tensión previa al ataque, posando con armas, aparentemente impávidos,
en ocasiones. Rostros que no han perdido vigor con el paso del tiempo.
No hay ninguna fotografía tomada en combate. Quizá porque, como apunta
Rojo, «Walter no quería civiles en el frente, y eso incluía a los
fotógrafos».
Sin embargo, este deseo del general no impidió que quedara constancia de
la vida de estos hombres en un tiempo hostil. Entre la esperanza del
grupo de hombres sonrientes que posan en la primera imagen con cigarros
risueños en la boca y la melancolía fundida en los grises de la última
cabe todo un universo. Quizá varios.
Algunas imágenes muestran sin rodeos la realidad dolorosa de una guerra:
los soldados de mirada desconfiada que tiran la bicicleta y se agazapan
con rapidez en la cuneta para protegerse mejor de un ataque aéreo; el
soldado apostado tras una enorme ametralladora; el obús que se dispara;
el desfile.
Pero no hace falta presencia humana para dibujar ese panorama
estremecedor: está ese caballo tan famélico que se le pueden contar sin
ninguna dificultad los huesos, y está también el letrero indicador -a
Belchite por un lado, a Vinaceite por otro- que avisa debajo, se tome la
dirección que se tome, Al frente. Peligro.
Otras instantáneas, si bien inquietantes, no son tan agresivas, y hablan
de las dificultades del nómada. Se ven el improvisado rancho en pleno
campo para el que se utilizan como vajilla unos cuencos de latón
abollado, la lectura rápida del periódico mural Unidad, el aseo rápido y
a manotazos en una charca, la pesada máquina de escribir apoyada sin más
sobre la hierba en pleno campo, el reparto de agua desde la cisterna.
Algunas imágenes contrarrestan con calidez el ambiente inhóspito de la
contienda sin apartar la mente de ella. Se respira camaradería en la
visita a un cuartel de los Cuerpos de Seguridad aunque el miedo esté
abrazado a cada espalda. Da una inesperada sensación de serenidad el
retrato de esa intérprete con el cabello cuidadosamente trenzado y
dispuesto a modo de corona sobre la cabeza que entrelaza las manos y
mira con melancolía por la ventana.
También hay escenas de franca alegría, como las de los niños sentados en
su pupitre a la puerta de la casa, aunque sea ante una puerta mísera, o
las camionetas del Socorro Rojo Internacional dejando a su paso una
larga estela de paquetes que representaban algunas comodidades, quizá
alguna carta, para los soldados.
Aunque a veces los contactos con el mundo iban mucho más allá de unas
líneas garabateadas. Está registrada la visita al frente de
parlamentarios europeos, y también la de Rafael Alberti y María Teresa
León.
Pero, a pesar de ser la guerra el denominador común entre estas fotos,
no todo se circunscribe a ella. Más allá, las imágenes traen también
prendidos retazos de la España -la de entonces y la de siempre- que les
sirve de telón de fondo.
Así, tras el grupo de hombres uniformados que posa se ven los azulejos
del zócalo del patio, el farol de forja, la ropa tendida sujeta con
pinzas y la imagen de la Virgen con su lamparilla.Y en otra fotografía,
el perfil rojizo de los campanarios se eleva sobre las fachadas
enjalbegadas.
Algunos lugares aparecen próximos y perfectamente reconocibles, y, a la
vez, extrañamente lejanos. El protagonista de la antología es el campo,
pero hay algunas tomas urbanas perfectamente reconocibles.El estanque
del parque de El Retiro, con el monumento de Alfonso XII al fondo, que
aparece en una foto tomada en 1938 está como hoy, sólo que con algunos
uniformes en primer término y desierto de las barcas alegres de los
domingos.
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El legado documental del general
Walter |
Las fotografías de la
colección personal de Karol Swiercewski, el general Walter,
suponen la sexta parte de los fondos de la Asociación de Amigos
de las Brigadas Internacionales (AABI), de cuyo archivo forman
parte.
Se conservan, con el resto de documentos que los componen
-alrededor de 2.000 fotografías, documentos y libros- en el
Archivo Histórico de Albacete, según se acordó mediante un
convenio suscrito entre la ABBI y la Junta de Castilla La Mancha
en el año 1998.
Las instantáneas del general Walter fueron donadas por sus hijas
a la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales.El
legado se componía de un total de 333 fotografías. De ellas, 330
corresponden a la Guerra Civil española y las otras tres, que
posiblemente se incluyeron con ellas por error, se han podido
ubicar en Rusia, pero no corresponden al conflicto que
ensangrentó España.
Las instantáneas expuestas se han obtenido mediante escaneado e
impresión digital de las originales, que se encuentran casi
todas en buen estado de conservación. Si bien en el catálogo que
se ha editado de la misma se ha incluido la totalidad de la
colección.
Para terminar de completar esta visión de la Guerra Civil
española, la exposición del Conde Duque está apoyada por una
proyección, The Spanish Earth. Los pases de la película se hacen
dos veces al día, a las 13.00 horas y a las 19.00 horas. |
Fuente: El Mundo
20.09.05