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Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Seguridad.

 

Noticias del Sector

Jueves, 14 de mayo de 2009

Ramen desarrolla un sensor olfativo que detecta drogas, explosivos o sustancias tóxicas en concentraciones mínimas

El equipo podrá usarse para diagnosticar enfermedades a través del aliento, detectar una fuga de gas o descubrir un laboratorio clandestino de drogas, armas químicas o explosivos

 

Es difícil imaginar que parte de los equipos de ensayo que científicos de la Estación Espacial Internacional usan para experimentar con la ingravidez a 380 kilómetros de la superficie terrestre han salido de una estrecha calle en cuesta próxima a la Plaza de Toros de Las Ventas. Pero es tan cierto como que una caprichosa parra de uvas cubre la fachada del inmueble donde se diseñaron los instrumentos.

“Somos una  empresa de barrio”, dice con orgullo Emilio Ramiro, director general de Ramem, una pequeña compañía madrileña con medio siglo de dedicación al diseño y fabricación de equipos mecánicos para coches y aeronaves.

La empresa de Ramiro, que también participa en proyectos de alta tecnología como el avión de combate Eurofighter, el Airbus 380 y el Gran Telescopio de Canarias, es uno de los nueve casos de aplicación exitosa de la I+D+i en España, recogidos en un libro publicado recientemente para la innovación tecnológica Cotec.

El documento describe 10 proyectos de investigación y desarrollo gestados por nueve empresas españolas de diferentes sectores y tamaños, desde una multinacional como telefónica hasta una pyme de origen familiar como Ramen. El denominador común de estas 10 experiencias es que los proyectos no se han quedado en teoría sino que han resultado útiles para las compañías en términos de eficiencia, ampliación de mercados, reducción de costes o expansión internacional.

En el caso de Ramem, la empresa se dio cuenta de que pese a la buena aceptación de sus equipos, trabajaba siempre a pedido porque no tenía un producto propio. Sólo prototipos. Además, tenía pocos clientes y dependía mucho de dos: el fabricante de aeronaves EADS y el de motores de aviación ITP.

Para corregir esta situación, hace siete años decidió invertir de forma sistemática y ordenada en I+D+i.

Como consecuencia de esta decisión, la firma ha desarrollado un sensor de olores que detecta drogas, explosivos o sustancias tóxica en concentraciones de escala nanométrica, algo que sólo pueden hacer los perros, buitres, tiburones y las polillas. “Es como detectar la concentración de una aspirina en el volumen que ocupan 100 piscinas olímpìcas”, explica Ramiro.

Hasta ahora la mayoría de los sensores olfativos buscan el sitio donde el olor de la sustancia rastreada es más fuerte. El problema de este método es que las partículas no siempre se concentran en un punto sino que pueden ser esparcidas por una corriente de aire. Por eso, Ramem está trabajando para que su sensor imite a las polillas, uno de los pocos animales que primero exploran el ambiente y luego explotan los datos. De esta forma, el equipo será capaz de localizar la fuente del olor incluso en ambientes turbulentos.

El equipo podrá usarse para diagnosticar enfermedades a través del aliento, detectar una fuga de gas o descubrir un laboratorio clandestino de drogas, armas químicas o explosivos. “Con esta tecnología se hubieran podido evitar los atentados (de julio de 2005) en Londres porque los vecinos de la vivienda donde se almacenaron los explosivos olían acetona, pero no sabían de donde venía el olor”, explica.

Gracias  a este proyecto, al que el año pasado dedicó unos 800.000 euros, es decir un tercio de su presupuesto total, Ramem cuenta ahora con tres patentes internacionales y una marca, está colaborando con centros de investigación de Francia y Alemania, y participa en contactos con la OTAN para asesoramiento en la tecnología de detección de explosivos terroristas.

Las ayudas públicas se reducen
Con la difusión de casos como el de Ramem, Cotec pretende demostrar que la inversión en I+D+i es beneficiosa para la sociedad y la competitividad de un país que sólo gasta en este concepto el 1,2% de su PIB. “El sistema de innovación español es muy pequeño, pero en los últimos años ha tenido una evolución positiva”, asegura Juan Mulet, director general de Cotec.

 “Lo que nos preocupa ahora es que la crísis destruya lo que hemos conseguido y tengamos que volver a empezar de cero”, añade.

Por lo pronto, las Administraciones ya están reduciendo las subvenciones a  esta actividad. Ramem, que el año pasado recibió poco menos de 500.000 euros en ayudas de la Comunidad de Madrid, lo está sufriendo. “Somos una empresa de 30  personas y cualquier aparatito vale 10.000 euros”, comenta Eladio Montoya, director de I+D de Ramem. “Si las ayudas siguen disminuyendo, tendremos que ionvertir menos y retardar un proceso que de por sí es ya bastante largo”.
 

Fuente: Cinco Días

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