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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Jueves, 26 de mayo de 2011

Pakistán; ¿cuál es el papel real del ejército?

No sorprende que el parlamento, los partidos políticos y el público hayan condenado las operaciones estadounidenses que eliminaron a Osama bin Laden. Pero el ataque talibán contra los cadetes militares inicia otra historia para las fuerzas armadas.

 

En realidad, la reacción pakistaní por Abbottabad fue apenas anterior al atentado al instituto castrense cerca de Islamabad. Resultó irónico que los terroristas esgrimiesen dos pretextos: vengar a bin Laden (no era talibán, ni siquiera afgano) y castigar a Estados Unidos. Justo cuando los legisladores exigían replantear los vínculos con Washington.

Algunos dirigentes inclusive sugerían cortar las rutas de abastecimiento de la Otán a Afganistán. Al respecto, una presentación de doce puntos –en urdu e inglés- coincidió con una palinodia del coronel Shudya Pashá, jefe del servicio secreto (ISI), en relación con “actos unilaterales que han violado la soberanía nacional”. Esta sesión parlamentaria fue inédita en un país donde los militares han derrocado tantos primeros ministros y hecho liquidar tantos gobernantes.

Ahora, ese poderoso aparato se halla en medio de la tormenta. Según la experiencia desde 1947 –año de la independencia- o desde 1971 (escisión de Bangladesh con apoyo de India), la cúpula militar ha sido una corporación con claro predominio sobre la sociedad. El ejército (600.000) tiene contralor financiero en áreas desde petróleo o gas natural hasta granos o bienes raíces. De hecho, su modelo fue copiado, desde 1956, por Gamal Abdel Nasser y su sucesores en Egipto.

En esas condiciones, perfectamente conocidas por EE.UU. y Gran Bretaña, resulta muy difícil creer que el ISI ignoraba el paradero de bin Laden, “oculato” hace cuatro años a cincuenta kilómetros de la capital, en Abbottabad. La elección de un instituto castrenses no fue casual y buscaba golpear tanto a Washington como a Islamabad.

Ahora bien, los estrategas de la Organización del Tratado Nortlántico deben dar con la forma de limitar el poder omnímodo y la corrupción de las fuerzas armadas. Pero esto es muy improbable en un estado cuyas administraciones civiles nunca han terminado los cinco años constitucionales de ejercicio.

Este contexto explica que el zamarreo público de los militares sea un hecho tan novedoso y les quite el sueño a los generales. También desvela a la Otán, pues Pakistán en “la mitad más grande de un conflicto cuyo lado más inestable es Afganistán”, subraya Ayesha Siddiqá, autora de Military Inc. (“Militares SA” sería en castellano).

Fuente: Mercado
15/05/11

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