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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 13 de junio de 2006

Bin Laden se atrinchera en su cueva afgano-paquistaní

La CIA sitúa a Osama en un área muy limitada, pero más inaccesible que Tora Bora por la protección que le brindan las tribus que lo esconden

 

Si se ha de creer a los servicios occidentales de Inteligencia, tanto Osama bin Laden, líder de Al Qaeda y el terrorista más buscado del mundo, como su número dos, el no menos perseguido Ayman al Zawahiri, se ocultan en algún lugar de la vasta frontera afgano-paquistaní, arropados por las levantiscas e indómitas tribus de la zona, mayoritariamente pastunes (la etnia que nutrió al Talibán) y suníes que les brindan incondicional protección.

La extensa frontera entre Afganistán y Pakistán
Gráfico: La Gaceta
Composición del Gobierno de Irak
NÚMERO DE MINISTROS

Y sí, todo indica que Bin Laden ha trocado el escondrijo de su cueva de Tora Bora (Montañas Blancas), en las escarpadas e inhóspitas estribaciones afganas, de donde fue expulsado por los marines en 2001, por otra cueva más inexpugnable, la de unas zonas tribales fuera del control gubernamental. Se cree, además, que ambos terroristas se mueven en un área limitada de la zona.

Recién comenzado el invierno de 2001, cuando un acosado, Bin Laden se escondía en los intricados túneles construidos en Tora Bora en la época de la resistencia muyahidin contra los soviéticos, y las tropas de EEUU se acercaban, pocos pensaban que el líder terrorista iba a ser tan difícil de capturar. Pero el saudí consiguió eludir el cerco, y desde entonces, aunque se ha hablado mucho de dónde está, ha sido imposible localizarlo fehacientemente.

Sí lo ha sido Al Zawahiri, que sufrió meses atrás un atentado fallido precisamente en esas áreas tribales donde el Estado paquistaní no tiene cooperación y donde el frágil Estado afgano no llega.

A esa falta de cooperación tribal para luchar contra el terrorismo se suma, además, la tensión existente y creciente entre el régimen de Kabul y el de Islamabad y el hecho de que el líder paquistaní, general Pervez Musharraf, se ve obligado a andar con cuidado para no azuzar una gran desestabilización en un país donde aumenta el radicalismo islámico.

El área problemática abarca tres provincias paquistaníes, desde la norteña Provincia Fronteriza del Noroeste (NWFP) cuya capital es Peshawar y donde se ubican el histórico desfiladero del Khyber y la ciudad de Chitral, a la sureña de Baluchistan, región partida en dos entre Pakistán e Irán y donde resurge el nacionalismo. En el centro está la zona más difícil, poblada por pastunes: la Federally Administered Tribal Areas (FATA), la Provincia de las Zonas Tribales, divida en siete agencias: Khyber, Kurram, Orakzai, Mohmand, Bajaur y las dos partes del Waziristán. Y ahí es donde podría ocultarse Bin Laden. De hecho, frente a Kurram, y ya en Afganistán, se sitúa Tora Bora. Y allí, en el otro lado, se extiende el Pastunistán afgano, que abarca desde el epicentro de Kandahar, hasta las cercanías de Herat, en el oeste afgano, pasando por Jalalabad. Tanto en la parte paquistaní como afgana de ese Pastunistán, fuertemente islamizado, se cobijan también los restos de Talibán y quizá su jefe, el mulá Omar.

En los últimos meses, el Ejército de Musharraf ha emprendido una cruenta campaña en Waziristán, una área extremadamente conservadora en usos sociales y religiosos, tomando como centro su capital sur, Wana.

Tensión en Baluchistán. Algunas fuentes han llegado a situar en esta extensa y despoblada provincia del sur paquistaní, a caballo entre Pakistán e Irán, a Bin Laden. Baluchistán es cuna del radicalismo musulmán y albergó las madrasas de las que salieron los talibanes para tomar el poder en Kabul. La mayor provincia paquistaní apenas tiene un millón de habitantes, pero Quetta, su capital, se ha convertido en el punto central del radicalismo.

En el terrorismo en la zona se confunden los rebeldes nacionalistas baluchis, que piden mayor autonomía y control sobre los recursos mineros, y que atacan frecuentemente los gasoductos que atraviesan la zona, y el islamismo radical. En Quetta se produjeron los principales disturbios en las protestas contra EEUU por las guerras de Afganistán e Irak.

La situación ha empeorado desde que, en diciembre pasado, Islamabad inició una operación militar para combatir a los insurgentes. Unos 50.000 efectivos militares están permanentemente destacados en Baluchistán y el Gobierno alega que los líderes locales de las tribus Bugti y Marri son responsables de la crisis de seguridad. A mediados de marzo, un atentado con 26 muertos en Bugti, calentó un poco más la zona. En último ataque, 15 personas murieron al hacer estallar en abril los supuestos rebeldes separatistas (fararis) una bomba en un autobús.

En Baluchistán son, además, frecuentes los episodios de violencia entre chiíes (minoritarios) y suníes (mayoritarios), pero el último gran atentado, con 50 muertos, se produjo en abril en Karachi.

Guerra en Waziristán. En el centro de la extensa frontera afgano-paquistaní están las provincias (agencias) tribales, con dos de ellas, Waziristán Norte y Waziristán Sur, como centro del conflicto. Son zonas de continuos choques entre el Ejército paquistaní y las milicias tribales pastunes y waziris.

En esa remota área, la última ofensiva militar paquistaní se saldó con la muerte de casi 100 insurgentes en un supuesto feudo de Al Qaeda. Fue en abril, y en acción de represalia por el continuo asesinato de soldados. Con este tipo de acciones, enmarcadas en una guerra que se inició en 2004 para desalojar a los terroristas refugiados allí, Islamabad quiere desmentir las acusaciones del presidente afgano, Hamid Karzai, de que Pakistán no se esfuerza tanto como Kabul en la lucha contra Al Qaeda.

La traición de uno de los suyos permitió acabar con Al Zarqaui

El líder terrorista no murió en el acto, lo hizo después de que llegasen los soldados de EEUU.

Mohamed Ismail, un taxista iraquí, estaba en la puerta de su casa en la diminuta localidad de Hibib el miércoles por la noche cuando vio algo raro. Tres camiones GMC con los cristales tintados pasaron a toda velocidad por delante de él hacia una pequeña casa situada en un palmeral cercano abandonada hace tres años.

Mientras, en Bagdad, los mandos militares americanos sabían que tenían al menos acorralada a su presa más codiciada: Abu Musab al Zarqaui, el terrorista jordano cuyos sangrientos ataques contra civiles iraquíes y soldados estadounidenses le habían convertido en el hombre más buscado de Irak.

Por primera vez, EEUU tenía una fuente dentro del grupo terrorista y les había dicho que Zarqaui iba a estar en esa casa. Los cazas concluyeron el trabajo.

En las últimas semanas, según fuentes norteamericanas, habían comenzado a seguir a un hombre que creían podría llevarles directamente a Zarqaui: su consejero espiritual, jeque Andel Rahman. Un miembro de Al Qaeda capturado había cantado que el jeque era su mano derecha, de hecho murió junto a él. Así que le sometieron a vigilancia con un avión con control remoto.

Pero faltaba una pieza crítica del puzzle: los americanos podían seguir a Rahman, pero, ¿cómo sabrían cuando se reunía con Zarqaui?

EEUU ya había estado antes cerca, pero el objetivo siempre se las había arreglado para huir. Era escurridizo y precavido sujeto muy consciente del apego de los americanos a la tecnología para seguir a sospechosos, por eso tanto él como sus hombres evitaban usar móviles, en su lugar disponían de teléfonos por satélite portátiles, mucho más difíciles de seguir la pista.

Lo que nunca había logrado EEUU era tener a alguien dentro de la red de Zarqaui que le traicionase –alguien lo suficientemente cercano y de confianza como para revelarles dónde estaba.

Finalmente, lo consiguieron. Según un funcionario del Pentágono, un informador iraquí infiltrado en la rama de Al Qaeda en ese país proporcionó el dato clave de Inteligencia sobre la reunión de Rahman con Zarqaui. “Tenemos a un tipo dentro que nos llevaron directamente hasta Zarqaui”, señaló.

Los comandantes americanos insinuaron que un miembro del círculo más próximo al jordano había allanado el camino. “Sobornos e inteligencia de destacados líderes iraquíes de su entorno llevó a las fuerzas al objetivo”, señalaron.

Papel de Jordania

Y funcionarios iraquíes confirmaron que Zarqaui había sido vendido por uno de los suyos. “Logramos infiltrarnos en su organización”, señaló el consejero de seguridad nacional iraquí, Mowafaq al Rubaie.

El papel de Jordania en esta operación también parece clave. Un responsable jordano cercano a la investigación señaló que la misión que mató a Zarqaui fue producto de la cooperación entre las Inteligencias estadounidense y jordana. El topo habría sido entrenado al menos en parte por agentes jordanos.

De los tres camiones que llegaron a la casa, sólo dos se quedaron, el tercero se marchó y nunca regresó. Tal vez ahí estaba el que dio el soplo y quizá, con los 25 millones de dólares de la recompensa.

Y ayer se supo que lo último que vio Al Zarqaui antes de morir fueron las caras de los soldados americanos. El general de división William Caldwell explicó ayer que el ataque no provocó la muerte del terrorista en el acto, sino que falleció un poco después por lo que los militares americanos “le vieron con vida”.

La policía iraquí, que fue la primera en llegar, colocó a Zarqaui en una camilla y posteriormente llegaron las tropas americanas que le identificaron por unas cicatrices. “Evidentemente, reconoció quiénes eran porque intentó levantarse de la camilla y huir”, pero inmediatamente murió por la gravedad de las heridas. Caldwell quiso dejar muy claro que no le tocaron y que falleció por el ataque.

Sobre la posibilidad de capturarles con vida, el propio Donald Rumsfeld señaló que el temor a que volviese a escapar si iniciaban una operación terrestre, les llevó a tomar esa decisión.

El régimen paquistaní, además, sale así al paso de las críticas de EEUU, que ha pedido más entusiasmo en el combate contra el terrorismo a su aliado.

Ya en marzo, miles de personas tuvieron que huir de las zonas tribales paquistaníes, después de tres días de intensos combates entre supuestos talibanes y miembros de Al Qaeda, de un lado, y del Ejército por otro. Muchos de los habitantes de Miranshab, capital de Waziritán Norte, dejaron la ciudad.

En realidad, la ofensiva paquistaní se inició en 2002, cuando las tropas entraron en la agencia de Khyber por primera vez en 55 años, desde donde se desplazaron hacia Waziristán, en un intento de erradicar el terrorismo y dar muerte al emir del Talibán paquistaní, Haji Omar.

Al Zawahiri escapa

Justo en Waziristán, EEUU desencadenó a mediados de enero un ataque aéreo contra la ciudad de Damadola, en la agencia de Bajaur, después de que los servicios de Inteligencia paquistaníes (ISI) y la CIA informaran de la presencia del número dos de Al Qaeda, Ayman  Al Zawahiri, para una fiesta en el poblado.

Aunque en principio se creyó haber acabado con el lugarteniente de Bin Laden, luego se supo que éste había estado unos días antes en la aldea, procedente de las grandes áreas pastones del lado afgano de la frontera, pero no en el momento del ataque. Con esta fallida operación, EEUU no sólo no consiguió que el egipcio acabara como Al Zarqaui, sino que generó una gran tensión en el área y una tremenda agitación social: el bombardeo mató a 18 personas.

El retiro del muyahidin

Al norte de la línea fronteriza está la Provincia Fronteriza del Noroeste (NWFP), cuya principal ciudad es Peshawar, el lugar donde repostaban y descansaban los muyahidines afganos en su guerra contra los soviéticos. Sus habitantes, pastones, tienen amplios lazos familiares con sus hermanos del sur afgano y pertenecen a la etnia mayoritaria del Talibán. Bin Laden tampoco tendría problemas en ocultarse allí.

Tirantez Kabul-Islamabad

La actual tensión en la lucha contra el terrorismo entre Afganistán y el país que otro alentara a los talibanes en su vecino Pakistán, no hacen más que facilitar las cosas al enemigo número uno de EEUU, refugiado en un área en la que cuenta con grandes simpatías, inmenso respaldo y hasta veneración. El presidente afgano, Hamid Karzai, ha asegurado que Osama está en Pakistán y que ese país “presta poco interés” en capturarlo, acusación que enfrió esta primavera las relaciones bilaterales y obligó a EEUU a intervenir para poner paz entre sus aliados.

Pero, en las últimas semanas, y en coincidencia con la ofensiva militar de Islamabad en la frontera, se ha desatado una especial de violencia sin parangón desde 2001 en la zona pastún de Afganistán, en el entorno de Kandahar, con más de 450 muertos.

Tras esta oleada de ataques, Karzai acusó a Pakistán de entrenar y enviar insurgentes talibanes a territorio afgano. “Ha pasado el tiempo en que los gobiernos afganos se formaban y disolvían en Pakistán” sentenció Karzai.

“Nuevo comienzo” para Irak, pero toque de queda y prohibición de circular

El día después del asesinato del líder de Al Qaeda en Irak, Abu Musab al Zarqaui, volvieron a repetirse las advertencias de que la violencia no es probable que acaba con su desaparición.

Gráfico: La Gaceta
Composición del Gobierno de Irak
NÚMERO DE MINISTROS

El recién designado ministro del Interior del país, Yauad al Bolani, recalcó que era “un nuevo comienzo” para Irak, pero el primer ministro, Nuri al Maliki, prohibió el tráfico rodado en Bagdad y en Baquba y decretó el toque de queda en toda la provincia de Diyala, donde se produjo el ataque, ante el temor a una venganza de los seguidores del hombre que puso cara a la insurgencia.

Zarqaui fue el primero que habló de una “guerra sectaria” y todo apunta a que el odio y la violencia que generó entre chiíes y zuñes le sobrevivirá por que era más un símbolo que un líder irremplazable.

Por su parte, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, volvió a advertir ayer que la muerte de Al Zarquaui no terminará con la guerra en Irak ni con la violencia, pero “ayudará mucho” porque su ambición era “detener la expansión de la democracia en Irak y genera un conflicto sectario”.

“Acabar con él es un duro golpe para Al Qaeda. No va a terminar la guerra, seguro que no va a acabar con la violencia, pero va a ayudar mucho”, afirmó Bush.

El Ejército de EEUU, con el apoyo de militares iraquíes, lanzó ayer una ofensiva contra los refugios de la insurgencia suní en Ramada, capital de la provincia de Al Anbar. Según informó la cadena Al Arabiya, la ciudad era escenario de violentos combates.

A nadie se le escapa que el nuevo Gobierno de Irak, que entró en funciones en mayo pero que sólo pudo ser completado el jueves, tiene por delante una ardua tarea en materia de seguridad.

Gobierno iraquí
Los titulares de Interior, Yauad al Bolani; Defensa, Abdul Qader Jassim; y de Seguridad Nacional, Sherwan al Waili, completaron las 40 carteras de un Ejecutivo de unidad nacional integrado por 22 chiíes, nueve zuñes, ocho kurdos y un cristiano que, en teoría al estar formado por todos los grupos étnicos debería garantizar la estabilidad y el fin de la violencia, pero para eso primero tienen que dejar a un lado sus diferencias y ponerse de acuerdo.


El objetivo de retirar 30.000 soldados en 2006, cada vez más lejos

Bush reúne el lunes a sus principales asesores en Camp David para anlizar la situación, pero los altos mandos militares son pesimistas.

La situación en Irak se mueve. Sin perder ni un minuto, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, reunió el lunes a sus principales asesores políticos y militares en Camp David. Y aunque han quitado hierro a la situación asegurando que no es ni mucho menos un consejo de guerra, parece claro que el futuro de las tropas desplegadas allí ocupará buena parte de la cita.

Altos funcionarios de la Administración y militares ya han comenzado a reconocer que hay pocas posibilidades de que EEUU pueda cumplir su objetivo de reducir los soldados estadounidenses hasta 100.000 en diciembre, lo que a comienzos de año sí parecía posible.

Según The New Cork Times, en preparación de esta reunión, los planificadores militares en Irak y en el Pentágono ha pulido sus propuestas de rotación de tropas que, en el mejor de los casos, reduciría el nivel de efectivos a entre 110.000 y 120.000 antes de que acabe el año, desde los 130.000 actuales.

Los responsables militares sobre el terreno admiten en privado que no es el momento de reducir las tropas, dada la incesante violencia y la necesidad de dar tiempo al nuevo Gobierno iraquí para demostrar su competencia y ganarse el apoyo popular.

Las proyecciones de tropas que está previsto se discutan en ese encuentro, que se planificó para coincidir con la entrada en funciones del nuevo Gobierno, se formularon antes del asesinato de Abu Musab Al Zarqaui, pero fuentes consultadas por el diario norteamericano ayer señalaron que no esperaban que esta noticia por sí sola influyese en las valoraciones sobre cuántos soldados serán necesarios en los próximos meses.

Aunque la muerte de Al Zarqaui permitirá a la unidad de Operaciones Especiales, organizada específicamente para seguir la pista de los líderes terroristas, centrarse en nuevos objetivos, la misión de la mayoría de las tropas estadounidenses en Irak seguirá igual.

Al Zarqaui ha caído, pero Osama y Omar aún eluden el cerco norteamericano

El mulá afgano llama a continuar la cruzada.

EEUU ha tenido éxito en encontrar y detener o matar a importantes fugitivos y líderes terroristas en Irak, como ha sido el caso del sanguinario Abu Musad al-Zarqaui, pero aún tiene graves dificultades para capturar al líder de Al Qaeda, el saudí Osama bin Laden; al ex jefe del grupo Talibán, el mulá Omar y a otros hombres de su lista de buscados.

Justo ayer, el mulá Omar aseguró, en una supuesta declaración aún por verificar, que la muerte del líder de Al Qaeda en Irak no debilitará “la resistencia contra las fuerzas de la cruzada”. En un comunicado a varias agencias de noticias en Afganistán, el máximo líder talibán, huido desde 2001, dijo estar “profundamente triste por el martirio”, de Al Zarqaui. “Quiero decirle a los musulmanes del mundo que no paremos nuestra lucha contra las fuerzas de la cruzada en Afganistán”, señaló.

“Hoy ya no está Al Zarqaui, pero ha dejado a miles de jóvenes detrás para fortalecer aún más la resistencia”, señaló en el comunicado Omar, quien, desde la caída del régimen talibán, se encuentra oculto, como al parecer Bin Laden, en zonas tribales pastones en las montañas entre Afganistán y Pakistán. EEUU ha ofrecido una recompensa de diez millones de dólares por él y 25 millones por Bin Laden, la misma cantidad que se ofrecía por Al Zarqaui.

Bin Laden, responsable del 11-S, ha eludido hasta ahora a las fuerzas estadounidenses, como también lo han hecho el segundo al mando de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, que ayer dio señales de vida con un llamamiento a los palestinos, y el clérigo Omar. El secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld dijo desconocer el paradero de Osama en su viaje de diciembre a Pakistán.

El aliado paquistaní

Los analistas de defensa señalan que EEUU ha dedicado mayores recursos y efectivos a Irak (131.000 efectivos, frente a 22.000 en Afganistán) y que tiene mayor posibilidad de reunir información de Inteligencia allí. También señalan que por razones políticas (no desestabilizar internamente a su aliado Pakistán), Washington no ha enviado fuerzas a las zonas tribales paquistaníes próximas a Afganistán.

El hecho es que han pasado casi cinco años desde el 11-S y sus organizadores, Bin Laden y Zawahiri están aún libres, lo que para muchos sectores de EEUU es enviar un mensaje de que se puede atacar a su país y sobrevivir.

En Irak, y en diciembre de 2003, EEUU capturó al ex presidente iraquí Sadam en un refugio subterráneo en Tikrit. En julio de 2003, los marines habían dado muerte a sus hijos, Udai y Qusai, en Mosul. EEUU también capturó a prohombres del régimen como Tarik Aziz, Taha Ramadán o Alí el Químico. Sólo el número dos, SIAT Ibrahim al-Duri, resiste. Según unos, organiza la insurgencia; según otros, habría fallecido.

Lo más cerca que EEUU estuvo de atrapar a Bin Laden se cree que fue a fines de 2003, cuando el líder de Al Qaeda se refugió en un complejo de cuevas en la región afgana de Tora Bora. Pese a los esfuerzos de marines y milicias afganas, Bin Laden logró escapar y permanece oculto, enviando ocasionalmente videos y grabaciones.

Meses atrás, EEUU fracasó en su intento de asesinar a Zawahiri en la frontera paquistaní, en un ataque con bombas que causó 18 muertos. La primera gran figura de Al Qaeda en caer fue el egipcio Mohamed Atef, muerto en bombardeo estadounidense sobre Kabul durante la guerra afgana. Y el penúltimo fue, en 2005, Abu Hamza Rabia, alcanzado por la CIA en Waziristán. Su sucesor como número tres, de Al Qaeda, Farraj al Libi, fue detenido por la Policía paquistaní.

Una muerte que da alivio al dañado sector iraquí del petróleo

La muerte de Al Zarqaui, ayudará a mejorar la producción de crudo de Irak, particularmente en el norte, dijo ayer el ministro de Petróleo, Husein al Shahristani. La distribución de los productos petroleros hacia Bagdad se verá facilitada, agregó.

“El fin de Zarqaui permitirá la reducción del nivel de violencia y de ataques terroristas, lo que ayudará a mejorar nuestra producción, particularmente en los yacimientos y oleoductos del norte, los más atacados, y nuestras exportaciones”, dijo Shahristani. Sin embargo, declinó comentar sobre cuándo volverá a funcionar el importante oleoducto que se extiende desde el norte de Irak a través de Turquía hasta el Mediterráneo.

Ese oleoducto agregará 400.000 barriles/día a las exportaciones, elevándolas por encima del objetivo de 1,65 millones diarios este año.

El crudo retrocedió el jueves a menos de 70 dólares, debido a las noticias sobre Zarqaui, pero ayer volvió a subir, tras prometer Al Qaeda en Irak continuar en su lucha contra EEUU y el Gobierno de Bagdad, y por el temor a que la persistente violencia en Irak desvanezca la esperanza de una mayor estabilidad en el suministro. Estos factores, más la crisis con Irán, hicieron que el West subiera 58 centavos, a 70,93 dólares, y que el Brent ganara 88 centavos, a 69,93. Shahristani dijo que la exportación alcanzará en junio 1,6 millones por día.

Al Qaeda pide a los palestinos el boicot al referéndum del 31 de julio

Israel mata a 15 personas después de asesinar al líder de la policía de Hamas

El número dos de Al Qaeda, el egipcio Ayman Al Zawahiri, puso una nueva piedra en el camino del proceso de paz en Oriente Medio, al instar a la población palestina a que rechace el referéndum convocado por el presidente de la autoridad Nacional de Palestina (APN), Mahmud Abás, para el próximo 31 de julio, sobre una propuesta de conformación del estado palestino que implícitamente reconoce a Israel.

A través de un vídeo difundido por la cadena de televisión Al Yazira, Zawahiri criticó a los líderes musulmanes por no apoyar al pueblo palestino. “Pido a los musulmanes de todo el mundo que ayuden a sus hermanos palestinos que sufren un asedio. La ayuda deber ir primero a los muyahidines (guerreros santos) palestinos y después a las familias de los mártires”, explicó Zawahiri.

El líder terrorista también pidió explícitamente “a todos los musulmanes que rechacen el referéndum. Palestina no puede negociarse, su liberación es una tarea islámica que implica a todos los musulmanes”, insistió.

Este referéndum sería visto como un voto de confianza al nuevo Gobierno, cuya elección llevó a Occidente e Irreal a cortar la entrada de fondos a la ANP. Abás, que tiene el poder de despedir al Gobierno, asegura que también tiene la autoridad para convocar esta consulta, algo que Hamas no le atribuye.

Muerte de Samhadana
La muerte el pasado jueves por parte del ejército israelí del jefe de los Comités Populares de Resistencia, Yamal Abu Samhadan, ha añadido más tensión a la franja de Gaza, después de que cientos de milicianos prometieran venganza, lo que puede provocar una nueva escalada de violencia en la región y devolver a la milicia de Hamas al campo de batalla.

Abu Samhadana, que había sido nombrado el pasado mes de abril responsable de los organismos de seguridad en el Ministerio del Interior de la ANP por el Gobierno de Hamas, murió el jueves junto a otros tres milicianos en un ataque aéreo contra una base de entrenamiento entre las poblaciones de Rafah y Jan Yunes. Esta acción también causó heridas a más de una decena de personas.

El portavoz de las Brigadas de los Mártires de Al Aksa, Abu Qusai, brazo armado de Al Fatal en la franja de Gaza, condenó la muerte del dirigente de los Comités Populares y añadió que “tomará cumplida venganza de esta muerte “.

Por su parte, el Ejército hebreo se ha negado a confirmar si la muerte del dirigente palestino forma parte de su política de asesinatos selectivos o si desconocían su presencia en la zona antes del bombardeo. Sin embargo, fuentes de la radio israelí señalaron que el líder palestino fue atacado cuando daba instrucciones a un grupo de militantes para realizar ataques contra Israel.

Nuevos ataques
En el día de ayer las acciones de castigo contra palestinos por parte de las fuerzas israelíes se cobraron cerca de una quincena de muertos y más de 40 heridos. Doce personas, de las cuales siete pertenecían a la misma familia, fallecieron en un ataque efectuado por la Fuerza Naval israelí contra el norte de la franja de Gaza.

Fuentes palestinas aseguraron que la mayoría de los muertos son niños que jugaban en la playa, mientras que los israelíes dijeron que dispararon contra milicianos que lanzaban misiles.

Otros tres palestinos murieron en la misma zona después de un nuevo ataque de la aviación de Israel contra un supuesto comando.

Chirac confía en solucionar rápido la ayuda palestina

El presidente francés, Jacques Chirac, aseguró hace unos días, en una rueda conjunta con el primer ministro británico Tony Blair, que se encontrará “muy rápidamente” una solución para ayudar a los palestinos, que vieron suspendidas parte de las ayudas de la UE con la llegada al poder de los radicales e Hamas.

A la finalización de la cumbre franco-británica celebrada ayer, el dirigente galo aseguró que pondría más el acento “en la urgencia que en el principio”, ya que esta cuestión concierne a más de un millón de personas, incluyendo a los funcionarios que no cobran desde hace más de dos meses.

Por su parte, Tony Blair insistió en la necesidad de que se reanude el proceso de negociación entre Israel y los palestinos “muy importante para la reconciliación y la paz en el mundo”, indicó.

 

Miles de seguidores despiden a Samhadana y prometen venganza

Los funerales del líder de los Comités Populares de Resistencia, muerto en la noche del pasado jueves por un ataque israelí, contaron con la participación de entre 10.000 y 30.000 palestinos en medio de las promesas de sus seguradores de vengar su asesinato con la reanudación de los atentados suicidas en Israel.

El cadáver del desde hace dos meses inspector jefe de la policía de Hamas y hombre fuerte del primer ministro palestino, Ismail Haniya, fue sepultado en su ciudad natal, Rafah, y miles de sus seguidores acudieron después a un estadio para rezar por su alma.

Yamal Abú Samhadana era uno de los cinco milicianos más buscados por los servicios secretos de Israel. Su posición de líder de este nuevo cuerpo policial, conocido como “los hombres de negro”, motivaron este estatus. En este cuerpo de más de 3.000 hombres, formado por militantes de los Comités Populares de Resistencia y del brazo armado de Hamas, pronto se convirtió en una guardia pretoriana de los líderes del movimiento islámico.

Abú Samhadana, padre de cinco hijos y quien no dormía dos noches seguidas en un mismo lugar, pertenecía a uno de los clanes más importantes del sur de Gaza. A mediados de los años 80 se dedicó al contrabando y escapó al extranjero. Sólo volvió a Gaza en 1994 con el establecimiento de la ANP.

En septiembre de 2000, al estallar la Intimada de Al Aksa, formó los Comités de Resistencia Popular, una milicia integrada por tránsfugas de distintos grupos armados y que en los últimos años se ha convertido en la punta de lanza de los ataques contra Israel.

Los servicios secretos israelíes le responsabilizaban de diversos crímenes y atentados. También era requerido por EEUU, que lo implicaba en la detonación de una bomba contra un convoy estadounidense.

Fuente: La Gaceta
10 y 11 de junio de 2006

Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

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