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Revista de Prensa: Noticias

Jueves, 27 de octubre de 2011

Escuela de sangre

El terrorista que dejó más de cien muertos en Mogadiscio, estudiantes en su mayoría, odiaba a los somalíes «que estudiaban, lograban salir del país y después se olvidaban de los musulmanes»

 


El atentado de Mogadiscio tuvo lugar en la puerta del Ministerio de Educación cuando
centenares de jóvenes miraban las listas de concesión de becas

El 4 de octubre, Bashar Abdullahi Nur decidió montarse en un camión y cuando llegó a la distancia en la que sus explosivos serían más dañiños, detonó la bomba frente al Ministerio de Educación de Somalia, en Mogadiscio. Los primeros analistas africanos responsabilizaban a la milicia islamista Al Shabaab del terrible atentado. Argumentaban que el grupo terrorista estaba más debilitado que antes ya que no había sido capaz de atacar edificios más importantes y difíciles de acceder como, por ejemplo, el del primer ministro. Al menos cien personas murieron en el peor ataque de Al Shabaab en Somalia desde que comenzó a operar en 2007, orquestado totalmente a propósito contra el futuro del país: los jóvenes que lograron evitar las armas e ir a la escuela, la juventud mejor preparada de Somalia que soñaba con una beca para salir del atolladero, del estado fallido, del paraíso de terroristas y piratas.

Bashar Abdullahi Nur sabía que la mayoría de sus víctimas tenían su edad y que, al igual que él, estarían esa mañana en el edificio del Ministerio de Educación. El Gobierno turco iba a premiar con una beca universitaria a los mejores estudiantes, y decenas de ellos, acompañados por sus padres o hermanos, acudieron con ilusión a mirar la lista de seleccionados que se hacía pública por fin. Abshir Mahdi Abukar no llegó a ver el listado, pero sí cómo la metralla le rompía la pierna y decapitaba a uno de sus compañeros de clase. Antes de que el equipo de emergencia le rescatara vio a otro amigo quemarse. «Sólo aspirábamos a un futuro más brillante», reconocía Abukar, de 20 años,  a la agencia AP desde la cama del hospital. «Ahora estoy preocupado. Nunca pensé que alguien podría atacarnos por ser estudiantes, pero ha pasado».

Si se tenía alguna duda del blanco del atentado, el propio Abdullahi Nur concedió una entrevista a la radio Al-Andalus minutos antes de subirse al mortífero. «Ahora, aquellos que viven en el extranjero van a la universidad y nunca piensan en el más allá. No vuelven a pensar en los hostigados musulmanes».

Al Shabaab, que ha secuestrado a las dos cooperantes españolas, no es la primera vez que Al Shabaab ataca objetivos educativos. En 2009, un suicida sorprendió a los estudiantes de Medicina durante su ceremonia de graduación. Era la segunda promoción, ya que durante los 20 años anteriores nadie consiguió terminar la carrera de Medicina. Murieron 33 personas. El grupo terrorista, ligado a Al Qaeda, tiene otras maneras de atacar al sistema educativo de una forma menos mediática pero no por ello menos eficiente. «Al investigar, hemos hallado casos en los que Al Shabaab ha disparado directamente contra colegios; cómo han quitado asignaturas demasiado “occidentales”, ya sea inglés o biología (por el tema de la reproducción); hemos recogido testimonios de profesores amenazados, y también de cómo fuerzan a los menores a unirse a las milicias», cuenta a LA RAZÓN Laetitia Bader, investigadora en el Cuerno de África para la organización pro Derechos Humanos, Human Rights Watch (HRW).

«El reclutamiento se produce de dos maneras, o bien ideológicamente, a través de las clases centradas en la Yihad en las que te ofrecen un futuro, o bien ofreciendo armas, dinero... Siempre han sido forzadas, pero desde después del Ramadán en 2010, se han vuelto sistemáticas», dice Bader, a quien le sorprendió mucho saber cómo sacaban a los niños del colegio y se los llevaban a sus campamentos.

Efectivamente, en 2010, el portal de noticias para la diáspora somalí Bar Kulan publicó que en las áreas controladas por Al Shabaab se prohibieron las clases de inglés y ciencias y se reforzó el estudio de árabe y religión. También redujeron el número de alumnos y rechazaron los libros de texto donados por la Unesco. «El abandono escolar ha sido masivo», denuncia la investigadora de HRW, quien recuerda que las niñas también son reclutadas para los matrimonios forzados.

En palabras del responsable del atentado del 4 de octubre, Abudallahi Nur, «los infieles tratan de entretener a la gente con la educación secular, como hemos visto con la lengua inglesa. Estarás preocupado con la educación secular por lo que te distraerás de la religión». En dicha entrevista, que después ha sido censurada por los propios terroristas de Al Shabaab para que no dañara su imagen, el joven miliciano también reconoció que el somalí que consigue irse a estudiar fuera «se levanta por la mañana, va a la Universidad, estudia y acepta lo que le dicen los infieles, mientras los infieles masacran a los musulmanes».

Él, tan sólo mató a más de cien musulmanes e hirió a más de 90. Y para mayor fracaso de Abdullahi Nur, este periódico ha podido saber que Turquía trasladó a 37 heridos, en precarias condiciones, a sus 31 acompañantes y a dos intérpretes a Ankara. «Ahora están estables, están bien», contó una fuente del Ministerio de Sanidad turco. «No sólo les estamos ayudando en nuestros hospitales, también les daremos educación en nuestras universidades e institutos».

De premio:  ¡un Ak-47!

Al Andalus, la misma emisora que entrevistó al terrorista antes de atentar en Mogadiscio, realizó el 20 de septiembre su competición anual de recitales de El Corán. Los concursantes, niños de 10 a 17 años, demostraron en directo sus conocimientos, y es que había premio. El joven que ganó el «bronce» recibió dos granadas F1  y 287 euros; el segundo, un AK-47 y 367 euros; el primero, otro AK-47 y 517 euros.

Fuente: La Razón
15/10/11

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