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Revista de Prensa: Noticias

Jueves, 10 de mayo de 2012

Las dos caras del salafismo

ABC recorre Bury Park, en Luton, conocida como Londonistan. Allí viven moderados y defensores de la Sharia

 

Sentaos aquí, yo voy a cuidar de vosotros», explica un miembro del comité de la mezquita mientras acomoda a dos extraños al fondo de una sala cuadrada semivacía en la que, de manera disciplinada, respetuosa y silenciosa, irán tomando posiciones para la oración del viernes hasta 200 seguidores del salafismo, la corriente más puritana del Islam. El Centro Islámico ocupa desde 2000 una antigua sinagoga en el corazón de Bury Park, un barrio de Luton —pequeña localidad aeroportuaria de 250.000 habitantes, situada a 30 millas al norte de Londres— que simboliza como pocos lo que algunos autores denominan como «Londonistan». La ciudad tiene un 15% de población musulmana (5 veces la media nacional), pero adentrarse por Dunstable Road es sumergirse en una paisaje humano y urbano equivalente a una mezcla de Islamabad, Medina y El Cairo. Los nombres de los comercios apiñados en la calle lo dejan claro: Haji Foods, Medina Superstore, Kashmir Store o Kebab Ambala. Un entorno considerado como hostil por cada vez más ingleses. La línea del frente para grupos xenófobos como la Liga de Defensa Inglesa (EDL, por sus siglas en inglés).

D «Bury Park no es un gueto», defiende Abdil Qadir Baksh, imán responsable de la oración principal del viernes al mediodía en el Centro Islámico. «Nos definen siempre como una zona prohibida, un lugar solo para musulmanes, pero aquí hay polacos, ingleses, negros», asegura en su entrevista con ABC. Cuando la grabación de la llamada al rezo del almuédano resuena por el barrio, musulmanes de distintas razas y orígenes se encaminan a la mezquita que dirige. Muchos llevan el gorro de algodón blanco o casquillo característico de Pakistán. Hay unos pocos ingleses blancos conversos, personas de origen árabe y, cada vez más, negros de islas caribeñas que abandonan el cristianismo en este tipo de barrios. «No deberían asimilar el término salafi a wahabi “corriente saudí”, yihadi “salafista defensor del terrorismo” o takfiri “Al Qaida y sus seguidores”», advierte. «Nosotros nos consideramos puritanos. Simplemente defendemos que existe una única vía, que es la de Mahoma y sus compañeros, para purificar nuestra religión y nuestra vida», explica.

Los fieles van ocupando su lugar en filas delante de Qadir. Muchos traen a sus hijos del brazo. Las mujeres rezan en otra sala. La sobria decoración se limita a unas estanterías con libros islámicos, un reloj con varios husos y una pantalla de televisión. Los preparativos aúnan el componente físico de unos estiramientos de gimnasio con la concentración espiritual de antes de la batalla. Unos pocos van de traje. Muchos en vaqueros, o chándal. La mayoría, jóvenes y mayores, lleva chilaba. «Alá es grande, Alá es grande...», repiten a coro, en árabe. Hasta que el imán pasa al inglés para abordar el tema del día: «¿Hay espacio para la risa en esta religión de seriedad?». Su prédica, como es habitual, reproduce el tono prescriptivo del Corán. Y, tras repasar varios ejemplos de Mahoma y sus seguidores de hace 15 siglos, destila de ellos una recomendación de vida equilibrada para el XXI: «La cantidad de chistes y humor en vuestra vida debe ser como la cantidad de sal en vuestra comida».

De inspector a integrista

D De esta y otras mezquitas del barrio fue vetado Mohammed Ishtiaq Alamgir, conocido como Saif al Islam (espada o espíritu del Islam). Un joven de una familia inmigrante de clase media del barrio que permanece oculto desde Navidad por su activismo en grupos extremistas como «Al-Muhajiroun», «Islam4UK» o «Musulmanes contra las Cruzadas», todos ellos ilegalizados al amparo de la legislación antiterrorista. Su conversión de inspector de la Hacienda local a integrista se produjo en el homenaje a los autores de los atentados del 11-S como los «19 Magníficos», influido por Omar Bakri Mohammed, el gran referente —junto a Abu Qatada, el clérigo jordano que el gobierno Cameron intenta extraditar— del integrismo británico. Saif al Islam cree que «el sistema británico se hunde por el alcohol, las drogas y la prostitución, la Sharia acabaría con todo eso». Es el típico discurso de regeneración moral del rigorismo islamista. «A estos yihadistas les decimos que son una desviación del Corán», asegura Qadir, que ha editado panfletos para «refutar al extremismo». «Los salafistas puritanos defendemos la integración con la sociedad general», dice.

Fuente: ABC
22/04/12

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