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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Lunes, 01 de octubre de 2012

La guerra contra el terrorismo, el Sahel y la asignatura africana de Canarias

La faceta humanitaria y la faceta militar de la acción internacional han venido de la mano a instalarse en el Puerto de La Luz durante el verano

 

La proyección económica de Canarias en África Occidental es un eterna asignatura pendiente que, no obstante, la crisis económica ha vuelto apremiante para el tejido empresarial y el empleo canarios. Tanto a través de inversiones isleñas y adjudicaciones de obras y servicios públicos africanos para empresas canarias como de prestación de servicios portuarios, comerciales y de transformación industrial desde suelo insular a las costas vecinas, la asignatura africana es, tras el negocio turístico, la baza más inmediata de la economía de Canarias con un cierto alcance, sobre todo para el sector de la construcción. Sin embargo, se da la circunstancia de que el despliegue concreto de las acciones emprendidas por los inversores de las Islas para "dar el salto" coincide con un momento delicadísimo en esa África Occidental hacia la que se mira. Por no ir más lejos baste recordar que a finales de este mes Naciones Unidas tienen previsto dar su respaldo a una operación militar internacional en el Sahel para evitar que el vasto norte de Malí, en manos de grupos yihadistas aliados al negocio latinoamericano de la droga -que utilizan esta región para introducirla en Europa-, se consolide ahora como un nuevo Afganistán. Conviene tener en cuenta, para evitar despistes o falsas apreciaciones, que este territorio se encuentra de Canarias a la misma distancia que Madrid.

Y como muestra de la extensión a las Islas de lo delicado del momento baste un botón: la misma semana -última de agosto- en la que altos técnicos de las Naciones Unidas daban el visto bueno definitivo al Puerto de La Luz y de Las Palmas como base logística del Programa Mundial de Alimentos (PMA) para África, en sustitución de Bengasi (Libia) -un viejo anhelo grancanario-, el personal de un buque de guerra norteamericano de última generación, la fragata USS Taylor-Berth, calibraba en un simulacro con personal del puerto grancanario la seguridad de éste último ante un caso de incendio a bordo. Ni que decir tiene, además, que en la mente de todos se halla un clamoroso y único -en esa dimensión, sin duda- caso de incendio a bordo de buques de la Armada estadounidense en aguas africanas. Fue en 2000, cuando el destructor USS Cole resultó atacado por un comando suicida de Al-Qaeda que se inmoló junto al buque desde una embarcación neumática matando en la explosión a 17 tripulantes. El USS Cole estaba atracado en el puerto de Adén (al sur de Yemen). Más allá de comparaciones aventuradas y alarmistas, lo cierto es que tales antecedentes ponen de manifiesto con escaso margen de error un dato sin duda inquietante, aunque, a la vez, probablemente inevitable en las actuales circunstancias del mundo: el hecho de que la faceta humanitaria y la faceta militar de la acción internacional hayan venido de la mano a instalarse en el Puerto de La Luz durante el verano.

Desde luego que en esta ocasión la zona de influencia natural del Archipiélago se ha vuelto a convertir en un polvorín, el "polvorín africano", en una dimensión, por lo demás, potencialmente muy superior en términos de riesgos para la seguridad que la que ya se diera para las Islas en los años 70 del siglo XX tras el abandono del Sahara por parte de España. En aquel entonces, la entrega de facto del Sahara a Marruecos disparó las iras de Argelia. El mundo vivía las últimas décadas de una Guerra Fría que, amainada como factor de tensión en Europa y Asia, se había recrudecido, sin embargo, en África en una carrera de las dos superpotencias -Estados Unidos y la hoy extinta Unión Soviética- por sus materias primas. La famosa Marcha Verde de supuestos civiles marroquíes sobre la excolonia española estaba apoyada por Estados Unidos, de la que Rabat era su peón en el Magreb Occidental. Y Argelia, el peón soviético en el área, viendo peligrar el equilibro territorial en esta área caliente en su contra, se vengó. Acogió y armó al Frente Polisario -hasta la actualidad-, haciendo con ello del Sahara uno de esos conflictos eternos, y se dispuso a desestabilizar Canarias a través del movimiento independentista liderado por el abogado laboralista Antonio Cubillo, exilado en Argel, en plena Transición política española. Los comandos de Cubillo ponían bombas de baja intensidad en las Islas -salvo, claro está, la que obligó a desviar aviones del aeropuerto de Gran Canaria al de Los Rodeos, provocando el peor accidente de la historia de la aviación en 1977-, lo que inquietaba a la sociedad canaria, sobre todo por lo que pudiera venir. Argelia trasladó a las instancias supranacionales regionales el Dossier Canarias, y la entonces OUA (la Organización para la Unidad Africana) aprobó llevarlo al comité de descolonización de la ONU. La escalada política antiespañola en África la frenó el atentado de los servicios secretos españoles contra Cubillo y el giro de la posición española sobre el Sahara, que pasó entonces a ser formalmente de neutralidad. Y, por último, hubo intentos de Estados Unidos para colocar en el sur de Gran Canaria una base militar de la OTAN, con amenazas veladas al gobierno de Adolfo Suárez, lo que provocó en las Islas un fuerte rechazo y el surgimiento de un movimiento social mayoritario por la neutralidad. En Canarias, de hecho, ganaría el 'no' a la OTAN. El miedo a que las Islas profundizasen su condición de peón involuntario del polvorín africano y pudieran despeñarse por él era patente.

Hoy en día las circunstancias son totalmente otras. El Muro de Berlín cayó en 1989. Y el terrorismo islamista se ha convertido en la mayor amenaza no solo para Occidente, sino para el mundo entero. No hay más que observar el efecto disolvente que Al Qaeda y grupos afines está teniendo para la revolución árabe, en origen un movimiento democrático que está siendo sepultado por el integrismo religioso musulmán. La guerra contra ese radicalismo violento concita unanimidad internacional, con los matices que se quieran. Y el Sahel Occidental (partes de Níger, Malí, Burkina, Mauritania y Senegal así como de los países limítrofes del Golfo de Guinea) se ha convertido en el nuevo vivero islamista, con las peores perspectivas: estados fallidos, nido terrorista, reino de la industria del secuestro de occidentales y el negocio de los cárteles de la droga. Contribuir, con todas las garantías legales internacionales, a su erradicación no contempla excepción alguna; es ya parte de la asignatura africana de Canarias.


 

Fuente: www.laprovincia.es
16/09/12

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