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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Viernes, 11 de agosto de 2006

El patrón terrorista: británicos con origen paquistaní

Como en el ataque del 7-J, los detenidos tienen fuertes vínculos con el país de Musharraf

 

 Pakistán se convirtió anoche en el foco de las pesquisas policiales sobre la trama terrorista desmantelada por Scotland Yard después de que las autoridades del país asiático confirmaran que han detenido recientemente a «dos o tres sospechosos». De hecho, fuentes de inteligencia aseguraron que ya han identificado a tres de los cabecillas de la conjura terrorista, al parecer ciudadanos británicos de origen surasiático. Según ABC News, dos de ellos viajaron recientemente a Pakistán y poco después recibieron una transferencia bancaria destinada a sufragar los billetes de avión de los suicidas que iban a reventar los aviones en pleno vuelo. «Los arrestos británicos se han producido con la colaboración activa de la inteligencia pakistaní», confirmó Tasnim Aslam, una funcionaria del ministerio de Exteriores.
   El especialista en terrorismo de la BBC, Frank Gardner, aseguró anoche que la operación policial en suelo británico está directamente conectada con una serie de redadas antiterroristas que se produjeron hace escasos días en la ciudad de Karachi. La información recabada tras estos arrestos convenció a los agentes de Scotland Yard de la necesidad de acelerar sus investigaciones y detener a los sospechosos antes de lo previsto. «Estaban a punto de hacerlo», reconoció un funcionario de los servicios secretos estadounidenses a Reuters.
   De confirmarse esta conexión, se trataría de una confirmación irrefutable de la peor pesadilla del espionaje británico: que los descendientes de inmigrantes paquistaníes se han convertido en la principal amenaza terrorista en el país, por encima de los extremistas de origen extranjero. Ese fue el caso de los cuatro autores del 7-J, tres de los cuales viajaron al país asiático semanas antes de perpetrar los atentados. Uno de ellos incluso asistió a un seminario del grupo radical Jamaat al-Dawat, aunque no ha conseguido demostrarse que recibiera instrucciones ni apoyo logístico durante su desplazamiento. Curiosamente, las autoridades paquistaníes impusieron ayer un arresto domiciliario al líder de esta organización, Hafiz Mohammed Saeed, pese a que no conste que exista ninguna prueba concreta de su conexión con la trama británica.
   De todas formas, diversos expertos recalcaron las diferencias entre los atentados del año pasado y el complot desarticulado ayer. Según el informe oficial del 7-J, la célula terrorista fue capaz de organizar los atentados de forma casi autónoma, tras ensamblar ellos mismos sus artefactos con explosivos caseros. Aunque no se descarta que recibieran ayuda del extranjero, el espionaje británico ha sido incapaz de establecer un vínculo directo entre los atentados y militantes pakistaníes. Además, los cuatro jóvenes suicidas eligieron un objetivo «blando» para sus atentados, la red de metro de Londres, por la que pasan millones de pasajeros diariamente sin apenas control policial.
   Mientras tanto, los islamistas arrestados ayer se plantearon una meta mucho más ambiciosa, reventar aviones en pleno vuelo, lo que requería que esquivaran las intensas medidas de seguridad de los aeropuertos occidentales. Para llevar a cabo una serie de atentados simultáneos contra estos objetivos «duros», necesitarían una red logística y financiera fuera del alcance de grupos de «espontáneos» como los cuatro jóvenes responsables del 7-J. Además, si se confirma que la red británica planeaba emplear sofisticados explosivos líquidos, cobraría aún más fuerza la hipótesis de que la trama disfrutaba de un respaldo directo de Al Qaeda, al contrario que los autores de la masacre londinense.


El ‘criadero’ de terroristas de Gran Bretaña

Los intentos de atentados frustrados demuestran que la amenaza para Estados Unidos proviene del exterior. Las preocupaciones por que Gran Bretaña sea un eslabón débil en la lucha contra el terror se han renovado al frustrarse el plan para hacer explotar aviones en pleno vuelo desde Londres.

A las agencias estadounidenses de inteligencia hace mucho que les preocupa el potencial de los grupos islámicos radicales que operan fuera de Reino Unido y Europa, debido a la gran cantidad de comunidades musulmanas. Esas inquietudes aumentaron a raíz de los atentados del 11 de septiembre contra EEUU– con la participación de una célula de al-Qaeda en Hamburgo– las bombas en los trenes de Madrid y las detonaciones del año pasado en la red de transportes de Londres.

La noticia de que hombres sospechosos de pertenecer a grupos terroristas utilizaran Reino Unido como base para urdir un supuesto plan que tuviera como objetivo a aviones estadounidenses probablemente renueve la preocupación de que EEUU –que no ha visto un ataque terrorista en su territorio desde 2001– cada vez se enfrenta a más amenazas provenientes del exterior.

Identidad
Mientras que las autoridades británicas y estadounidenses no han desvelado detalles acerca de la identidad de los 21 sospechosos arrestados en Reino Unido, Michael Chertoff, el secretario de Seguridad Nacional de EEUU, dijo que el plan frustrado tenía todas las características de una operación de al Qaeda.

Robert Leiken, un experto en seguridad nacional en el Nixon Centre, escribió el año pasado, en la revista Foreign Affairs, que EEUU tenía que poner más atención a la protección y vigilancia de sus fronteras debido a la gran asimilación de inmigrantes musulmanes en el país en comparación con Europa. “Para atacar EEUU, al-Qaeda cuenta menos con las células internas durmientes que con la infiltración desde el extranjero. Tal y como expresó un informe de la Comisión para la investigación de los atentados del 11-s, al Qaeda se enfrenta a un ‘problema de transporte’: ¿Cómo puede llevar a sus muyaidines desde el criadero hasta el objetivo? Los muyaidines europeos podrían suponer una solución”.

Leiken escribió que uno de los principales problemas a los que se enfrentan las autoridades en la lucha contra el terrorismo es que muchos de los miembros de la jihad en Europa y EEUU eran ciudadanos franceses o británicos, lo que implica que pueden viajar a los EEUU sin visados.

Bob Baer, un antiguo agente de la Agencia Central de Inteligencia, está de acuerdo en que el problema de los terroristas formados en casa es más grave en Europa debido al número en aumento de jóvenes musulmanes que no se sienten representados en la sociedad europea.

Una antigua autoridad veterana de la inteligencia estadounidense explicó que EEUU ha considerado durante mucho tiempo a Reino Unido como un eslabón débil en la lucha contra el terrorismo islámico, en parte porque no ha tomado medidas drásticas contra la actividad islamista radical en las mezquitas a lo largo de Reino Unido.

Añadió que mientras que se percibe que el MI5– el servicio de seguridad nacional británico– obtiene mejores resultados en la lucha contra el terrorismo, Reino Unido también se ve obstacultizado por los impedimentos legales para tomar medidas drásticas contra el terrorismo debido a las libertades civiles.

Aseguró que los franceses han tenido más éxito con sus medidas contra el fundamentalismo islámico porque su legislación les ha permitido una mayor flexibilidad para deportar a los imanes que extienden una ideología radical y violenta.

John McLaughlin, antiguo director de la CIA, asegura que la inteligencia británica está más familiarizada con los asuntos referentes al terrorismo interno desde los atentados del año pasado. Sin embargo, en su opinión se enfrentan a una dura tarea debido a la gran cantidad de musulmanes descontentos presentes en Reino Unido.

John O.Brennan, presidente de la Analysis Corporation y antiguo director del National Counterterrorism Center estadounidense, está de acuerdo en que no se trata tanto de que Reino Unido sea un eslabón débil en la guerra contra el terrorismo. Asegura que el gran tamaño de la comunidad musulmana en el país ha creado un ambiente propicio para que los grupos fundamentalistas islámicos “ejerzan su labor”.

Explosivos líquidos
En cuanto al tipo de explosivo, los expertos en la lucha contra el terrorismo aseguraron ayer que,  aunque para los terroristas no habrá resultado sencillo transportar los explosivos líquidos que supuestamente se iban a utilizar en los vuelos, éstos eran mucho más difíciles de detectar en un control de seguridad.

Los materiales utilizados para fabricar las bombas que no necesitan detonador son fáciles de conseguir, pero se corre el riesgo de que la mezcla resultante explote de forma prematura. La trama recuerda en parte al caso de Ramzi Ahmed Yousef, condenado en 1996 por planear la explosión de una docena de aviones de EEUU utilizando bombas fabricadas con nitroglicerina líquida.

John Wyatt, experto antiterrorista que actualmente trabaja como asesor de seguridad para distintos gobiernos y multinacionales aseguró que la ventaja de comprar materiales para fabricar una bomba líquida tiene que verse compensada con el riesgo de que se produzca una detonación prematura. “Aunque incluso si hubiera estallado en el aeropuerto, en cierto modo habría resultado un éxito para ellos”, añadió.

En opinión de Michael Chertoff, secretario de Seguridad de EEUU, el plan consistía en introducir los explosivos líquidos camuflados como bebidas junto con detonadores. A partir de ahora los pasajeros no podrán llevar bebidas o productos de aseo líquidos en el equipaje de mano. Según Wyatt, cabe la posibilidad de que la policía haya descubierto los planes de los terroristas por la compra de cantidades poco habituales de materiales utilizados en bombas líquidas.


Fuente:www.larazondigital.es
www.expansion.es
11.08.06

 Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

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