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Revista de Prensa: Noticias

Martes, 22 de agosto de 2006

Todos los aeropuertos de Londres son españoles

Los cuatro aeródromos comerciales de la capital británica pertenecen a Ferrovial y Abertis, que ayer estuvieron entre los valores más castigados en bolsa

 

 Heathrow, Gatwick, Stansted y Luton. Son los cuatro aeropuertos comerciales de Londres, la capital por antonomasia del transporte aéreo. Ninguna otra ciudad aglutina en sus entrañas tantas maletas, pasaportes, nervios de última hora y tarjetas de embarque. Porque sólo Londres puede presumir de acoger en sus aeródromos a uno de cada siete viajeros de todo el mundo.

Datos como estos despertaron el apetito de las compañías españolas, que en apenas un año han comprado todos los aeropuertos comerciales de la capital británica.

La catalana Abertis fue la primera en colonizar el cielo londinense. Lo hizo el año pasado, cuando adquirió el gestor de aeropuertos TBI, dueño de Luton, Cardiff y Belfast Internacional. Un año después, Ferrovial robó a los ingleses su joya más preciada: Heathrow, la mayor puerta aérea del mundo.

La compañía presidida por Rafael del Pino, que ayer cayó un 1,53 por ciento en bolsa, tiene nueve aeropuertos en las Islas Británicas. Tres de ellos, en la capital: Heathrow, Gatwick y Stansted. Además posee Bristol (Inglaterra), Southampton (Gales), Glasgow, Edimburgo, Aberdeen (Escocia) y Belfast City. Por sus pasillos transitan cerca de 152 millones de pasajeros al año y concentran más del 80 por ciento de los viajeros internacionales en Reino Unido.

Memoria del 11-S
Todos estos intereses colocan a Ferrovial y Abertis en el epicentro de los fallidos planes terroristas. Ayer, todos sus aeropuertos se vieron sacudidos por la nueva amenaza de atentados, cuyas similitudes con el trágico 11 de septiembre de 2001 pueden pasar una amarga factura a las dos compañías españolas.

Hace cuatro años, los aeropuertos que ahora pertenecen a Ferrovial sufrieron una caída del seis por ciento en sus resultados respecto al mes de septiembre de 2000. Heathrow y Gatwick fueron, prácticamente, los únicos responsables de este descenso, debido a su mayor exposición al tráfico internacional, especialmente, con Estados unidos. En cambio, el resto de aeródromos británicos, incluidos Stansted, Glasgow y Edimburgo, consiguieron incrementar su volumen de pasajeros entre el siete y el trece por ciento.

Ayer, la historia volvió a repetirse. El espacio aéreo de Heathrow permaneció cerrado desde las doce de la mañana. Ningún avión pudo atravesar la primera puerta aérea del mundo que, sólo con los aeropuertos españoles tenía concertados 56 vuelos regulares. Únicamente pudieron operarse dos vuelos antes de que las autoridades británicas ordenaran cerrar a cal y canto su principal aeropuerto.

Iberia, la aerolínea de bandera española, que está aliada con British Airways, tuvo que suspender trece de las quince conexiones que tenía previstas con la capital británica. No obstante, pudo dar pista libre a dos aviones pasadas las siete y media de la tarde, cuando Heathrow volvió a abrir su espacio aéreo.

El tráfico de Stansted, Gatwick y Glasgow también se vio seriamente dañado por las férreas medidas de seguridad. Desde por la mañana, estos aeródromos advertían a los pasajeros que tenían severos problemas de funcionamiento. Por eso, recomendaban no acudir a las terminales salvo que fuera absolutamente necesario. Además de sufrir largos retrasos y numerosas cancelaciones, recomendaban a los viajeros acudir al aeropuerto en transporte público y prohibían entrar en las terminales a toda aquella persona que no tuviera que coger un vuelo.

Los vuelos que consiguieron operar desde Edimburgo y Aberdeen sufrieron una media de 90 minutos de retraso, además de numerosas cancelaciones. Sobre todo, porque todos los vuelos locales operados por British Airways fueron cancelados. Southampton fue la Terminal que operó con mayor normalidad, dentro del caos que sufrió el espacio aéreo británico.
Desde Ferrovial, señalan que todavía es pronto para hacer un balance del impacto que tendrá esta amenaza tanto en el volumen de tráfico como en los resultados de la compañía. Desde el pasado 1 de julio, la compañía española consolida en su balance los resultados de BAA, la compañía de aeropuertos que adquirió hace dos meses, por 16.000 millones de euros, y le convirtió en el gigante mundial de las infraestructuras.

Con esta adquisición, el negocio de infraestructuras representará el 60 por ciento de las ventas del grupo, y el 85 por ciento del beneficio operativo, disparando los ingresos de Ferrovial hasta 14.000 millones de euros y el resultado antes de impuestos, tasas y amortizaciones (ebitda) por encima de 3.000 millones.

No obstante, los resultados de este semestre recogerán el impacto negativo de ayer. Sobre todo, porque este tipo de amenazas tienen especial repercusión en el corto plazo y golpean, fundamentalmente, a los trayectos internacionales con Estados unidos. En septiembre de 2002, el tráfico aéreo norteamericano continuaba cosechando cifras inferiores a la fecha de los atentados contra las Torres Gemelas. En cambio, las grandes compañías aéreas de Alemania, Francia y Gran Bretaña cosecharon incrementos superiores al cuatro por ciento en esas mismas fechas.

Impacto para Abertis
“Todavía es pronto para hacer una valoración sobre el impacto que tendrá la amenaza de ayer en los resultados. Durante los próximos dos o tres días van a seguir arrastrándose las consecuencias de los atrasos y cancelaciones, y hasta dentro de una semana no se recuperará por completo la normalidad”, admitía ayer un portavoz de Abertis.

Lo previsible es que el golpe del fallido intento terrorista sea menor para la compañía catalana que para Ferrovial, gracias a su diferente modelo de negocio. Luton, el principal activo  aeroportuario de Abertis, concentra nmás del 90 por ciento de su negocio en vuelos de corto recorrido y aerolíneas de bajo coste. De hecho, easyJet tiene instalado en Luton su base de operaciones hasta 2021.

Ryanair, el otro rey del bajo coste, también es uno de los principales clientes de Abertis. Estas dos compañías de bajo coste, como el resto de sus competidoras, suelen estar expuestas a estas amenazas, porque operan fundamentalmente vuelos domésticos. Pero ayer fue distinto, porque el ataque fue en el corazón de La City, su cuartel general. Un cambio de tornas respecto al 11_S que llevó a easyJet a cancelar todos sus vuelos con Luton, Gatwick y Stansted.

Todos los aeropuertos del grupo catalán sufrieron largos retrasos y cancelaciones. Unos problemas que impactarán directamente en las cifras de tráfico y en los resultados. Por el momento, Abertis cayó ayer en bolsa un 1,21 por ciento. Sin embargo, los responsables de la compañía insistieron en transmitir un mensaje de optimismo.

Los protagonistas
Juan Béjar
Ha sido el Cerebro de Ferrovial en la compra de los aeropuertos británicos y ha convertido al grupo en el gigante de las infraestructuras.

Salvador Alemany
El consejero delegado de Abertis siempre ha apostado por ampliar el negocio del grupo hacia los aeropuertos. Por eso compró Luton.

Fernando Conte
El presidente de Iberia vivió ayer la primera amenaza de atentado al frente de la aerolínea, que ayer tuvo que cancelar 13 vuelos a Londres.


EL TERROR VIAJA DEL METRO AL AVIÓN
La policía británica detiene a 24 personas que querían explotar aeronaves con destino a EEUU.
El barril de petróleo Brent no acusó el golpe e incluso descendió por debajo de los 76 dólares.

El círculo no pudo cerrarse. El terrorismo internacional se dio a conocer con atentados aéreos el 11-S y continuó sus golpes sobre raíles, en Madrid y en el Metro de Londres. Ayer, el objetivo volvió a ser Londres y el arma, un avión. Pero fallaron. La Policía británica anunció al amanecer la desarticulación de un plan para derribar con explosivos líquidos entre seis y diez aviones que hacían su ruta entre Londres y varias ciudades de Estados unidos.

Al menos 24 personas fueron detenidas, empezó un día caótico en las conexiones aéreas y los mercados demostraron que han aprendido a encajar el terrorismo: el precio del petróleo cayó y las bolsas apenas se inmutaron. ¿Y por qué cayó el precio del petróleo?. Porque, al igual que las bolsas, hace tiempo que se descontó el efecto de los tentados por la guerra de Irak. Desde el lunes, el mercado estaba atento al cierre del yacimiento de Prudhoe Bay (Alaska), el mayor de Norteamérica, y eso se notó con subidas en el precio del barril de Brent hasta los 78,64 dólares. Ayer, el precio se desplomó por debajo de los 76 dólares al pesar más la noticia de que quizás no se cierre del todo la planta petrolífera. Algunos expertos añadieron que la cancelación de vuelos y la menor demanda de combustible también empujaron al oro negro hacia abajo.

El fracaso del plan asesino alivió al mundo, pero provocó un considerable atasco en todos los aeropuertos ingleses y en la mitad de los europeos, ya que el mayor aeródromo del continente, el londinense Heat5hrow, permaneció cerrado casi todo el día. Sólo en Inglaterra hubo más de 400.000 afectados y las principales aerolíneas que operaban con Londres cancelaron sus vuelos. De inmediato, tanto Estados unidos como Reino Unido establecieron sus respectivas situaciones de alerta máxima y se extremaron los controles sobre los pasajeros hasta el punto de que se prohibió subir con equipaje de mano a los aviones. Como mucho, una bolsa transparente para meter pasaporte y medicinas. Ni pasta de dientes, ni gel, ni refrescos fueron permitidos. A petición de EEUU, la venta de alcohol y comida quedó prohibida en tierra para pasajeros con salida de las islas y destino a Estados Unidos.

“ No estaban sentados en los aviones, pero poco le faltaban”, admitió un oficial de la lucha antiterrorista norteamericana. Desde Washington, de hecho, llegaron muchos más detalles de las intenciones terroristas que desde Londres. LA capital británica informó que los terroristas buscaban “un asesinato en masa” y que formaban “una red de dimensión mundial”. También especificaron que la intención era explosionar los aviones con unos productos líquidos. Fue el ministro francés de Interior, Nicolas Sarkozy, quien desveló la nacionalidad de los detenidos: paquistaníes.

En el otro lado del Atlántico se especificó que las ciudades de destino eran Nueva York, Washington y Los Ángeles, y que las aerolíneas implicadas serían las americanas Continental, United y American Airlines, además de British Airways. El secretario del Departamento de Seguridad, Michael Chertoff, matizó que el atentado era inminente, y el plan “altamente sofisticado”, lo que lo vincula a Al Qaeda. Unas horas después, el presidente George W. Bush subrayó: “Estados Unidos sigue en guerra con los fascistas islámicos”.

La economía mundial se acostumbra a los sobresaltos
Análisis

En las semanas posteriores a los atentados terroristas del 11 de septiembre, los analistas económicos norteamericanos parecieron iniciar una singular competición por ver quién era el que pintaba un futuro menos halagüeño para la principal economía del mundo.

Los augurios apocalípticos sobre el desplome de los mercados, la pérdida de confianza de los consumidores, el pánico de os turistas a visitar los Estados Unidos y la obstrucción de los intercambios comerciales tomaron las páginas de diarios, semanarios y revistas especializadas. Sin embargo, pasado el tiempo, lo único que quedó  demostrado fue que el brutal golpe actuó como acicate sobre una economía que pasó de un estado de decaimiento a una nueva efervescencia.

La economía estadounidense sufrió un daño estimado en 120.000 millones de dólares (otras estimaciones hablan de 500.000 millones), pero la mezcla de acertadas medidas políticas (rebaja de tipos, rebaja fiscal) y audaces iniciativas empresariales (las compañías de automóviles ofrecieron financiación al 0 por ciento de interés para adquirir vehículos) lograron cambiar el signo de los acontecimientos.

Hubo sectores muy afectados (turismo y compañías aéreas), pero la economía remontó el vuelo hasta el punto de que con la perspectiva del tiempo no se aprecia una quiebra en su evolución.

El 11-S demostró que la actividad económica puede resistir al terror sin sufrir un colapso y los atentados del 11-M en Madrid y el 7-J en Londres lo certificaron. De hecho, el impacto se ha ido suavizando. El ataque sobre las Torres Gemelas provocó un alza inmediata del 5,87 por ciento en el precio del barril de petróleo; la masacre de Madrid elevó el precio del crudo un 2,6 por ciento. El atentado terrorista del año pasado en Londres coincidió con una caída del 1 por ciento en la tarifa del combustible. La economía global se ha acostumbrado a los sobresaltos.

El turismo y la inversión internacional, los ámbitos quizá más expuestos ante acontecimientos de esta naturaleza, experimentan problemas en el corto plazo, pero vuelven a la normalidad con el paso de los meses. Los atentados del 11-M en Madrid redujeron las visitas durante la Semana Santa, pero no tuvieron efecto significativo alguno sobre la llegada de turistas en verano.

Sería insensato, no obstante, decir que nada ha cambiado. El crudo inició en septiembre de 2001 una escalada que aún continúa, los seguros son más caros y la demandas de seguridad ha elevado los costes de la actividad económica.

Por Bruno Pérez


Fuente: www.eleconomista.es
11.08.06

 Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

 Especial: Terror en Londres el 7-J 

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