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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Lunes, 11 de septiembre de 2006

EEUU ha sufrido más muertos en Afganistán e Irak que en el 11-S

El quinto aniversario de los atentados coincide con la muerte del soldado número 3.000 en ambas contiendas

 

El Pentágono difundió su nombre ayer por la tarde.Se llamaba David W. Gordon, tenía 23 años y era de Ohio. Murió el viernes, en Bagdad, «de las heridas sufridas cuando un artefacto explosivo improvisado» estalló cerca de su Humvee, los gigantescos jeeps del Ejército de EEUU.

Gordon, que formaba parte de la Cuarta División de Infantería, es el militar estadounidense número 3.000 muerto en la guerra contra el terrorismo lanzada por la Administración Bush como respuesta a los atentados del 11-S. Falleció a las dos de la mañana. Cuatro horas y media después llegaron los muertos 3.001 y 3.002, caídos en el atentado suicida contra un convoy cerca de la Embajada estadounidense en Kabul. Sus nombres aún no han sido desvelados.

Los ataques contra Washington y Nueva York causaron 2.997 muertos y desaparecidos. Así pues, desde anteayer, el número de militares estadounidenses muertos en Irak y Afganistán supera al de las víctimas de aquella masacre. Es una cifra simbólica, y en una fecha simbólica, aunque ha sido ignorada por los medios de comunicación estadounidenses.

En realidad, el número de caídos es mayor, ya que no hay cifras oficiales del número de contratistas civiles fallecidos. Se trata de un grupo heterogéneo, que incluye desde mercenarios hasta camioneros. Según organizaciones independientes, sólo en Irak han muerto 136. El último del que se tiene noticia se llamaba Carey Robinson, de 39 años, un ex soldado que ahora trabajaba para EOD, una empresa especializada en la destrucción de arsenales.Una mina que estalló al paso de su vehículo en Tikrit segó su vida el 28 de agosto.

Desierto y montañas

De Afganistán no hay cifras, a pesar de que ese país «es mucho más peligroso que Irak», según explicaba en julio a este periódico un empleado de uno de los mayores contratistas de defensa de EEUU. «En Irak no hay montañas, y hay una infraestructura. En Afganistán no. Todo es desierto y montañas», añadía. De hecho, un soldado estadounidense tiene 3,5 veces más posibilidades de morir en Afganistán que en Irak. Hasta ayer, habían muerto 335 militares estadounidenses en ese país.

En Irak, los soldados estadounidenses se están retirando a inmensas bases como Campo Anaconda, en Balad, que cuenta con 10.000 soldados de EEUU, y Campo Victoria, en Bagdad, con 15.000 militares. Pero, pese a ello, sus bajas no disminuyen. Tal vez porque, como ha explicado a EL MUNDO un ex funcionario estadounidense en Irak, «para nosotros, el país se compone de dos partes: la Zona Verde, que es la parte de Bagdad fortificada en la que está la Embajada de EEUU, y la Zona Roja, que es el resto del país. Y toda la Zona Roja es un frente de guerra».

Pero aún hay más muertos. Por un lado, están los caídos entre los que los soldados estadounidenses en Irak llaman TCN, que significa Third Country Nationals, es decir, ciudadanos de terceros países: paquistaníes, bangladeshíes, nepalíes o turcos. En total, han caído, sólo en Irak, más de 200. Finalmente, están los soldados de países aliados de EEUU. En Irak y Afganistán ya han muerto 372, de los que 158 son británicos, sin contar a los 62 españoles muertos cuando el avión en el que regresaban de Kabul se estrelló en 2003 en Turquía.

A medida que se prolongan las guerras, los soldados están sufriendo los mismos tipos de atentados en Irak y Afganistán. Es lógico, porque los militantes de ambos países intercambian información y, a veces, hasta combatientes. A principios de este año fue detenido un iraquí en la provincia afgana de Helmand, que había ido hasta allí para cometer un atentado suicida. Peter Bergen, del think-tank New America Foundation, que se encuentra estos días en la frontera entre Pakistán y Afganistán, ha confirmado a EL MUNDO las crecientes similitudes entre los dos teatros de operaciones: «Kabul se parece cada día más a Bagdad».

Pero, pese a las bajas, el apoyo a la política de George W. Bush sigue siendo alto entre los soldados estadounidenses. Tal vez porque, como ha explicado a este periódico un ex oficial de un grupo de elite de las Fuerzas Especiales de EEUU que sirvió en Afganistán seis meses -y que, de no haberse licenciado, hoy estaría muerto dado que su unidad sufrió un devastador ataque en 2005-: «Nunca en mi vida tuve un sentido de misión tan grande como cuando serví en Afganistán».

Fuente: www.elmundo.es
10.09.06

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